El Sistema Hospitalario en Costa Rica…sus orígenes.

PRIMER HOSPITAL EN COSTA RICA
SAN JUAN DE DIOS – CARTAGO –
1742 REFERENCIAS Y ORÍGENES DEL
SISTEMA HOSPITALARIO

PRIMEROS MÉDICOS EN COSTA RICA
En tiempos coloniales, la llegada de los primeros médicos a nuestras tierras está más relacionada con la conquista de los españoles, que con el deseo colonizador y de establecerse en estas latitudes.

Al respecto, Barrionuevo indica:
«Cabe señalar que los primeros galenos que arribaron a Costa Rica, Don Cipión Armérico y el Lic. Antonio de Oliveira, que en 1562 llegaron con las tropas del magnánimo y generoso gobernador de Costa Rica don Gonzalo Vázquez de Coronado y Anaya en calidad de cirujanos militares.» (Barrionuevo, 1982 Pág.31)

1691 Cartago tenía una población de 575 personas.
1719, La ciudad «… consta de una iglesia, una ayuda de parroquia, un convento de San Francisco, dos ermitas y setenta casas hechas de adobes de tierra y cubiertas de teja…» (Chacón,1967. Pág. 47.)

1719– GOBERNADOR DON DIEGO DE LA HAYA FERNÁNDEZ
El Gobernador don Diego de la Haya Fernández manifiesta, que una de esas ermitas recibe el nombre de la Soledad (Chacón, 1967. Pág. 48), y en relación con la capital, que «en toda ella, (…), no se encontraba un médico ni cirujano, ni barbero y sus vecinos no disfrutaban de comodidad alguna.» (Supra, Pág. 49).

La medicina que se aplicaba era de hierbas y menjurjes. En relación con su práctica, se informa que: «…hacia 1719 don Antonio Jordán era arbulario y exquadriñador de yerbas y cáscaras medicinales» (Blanco, 1967. Pág. 247)

INSTITUCIONES HOSPITALARIAS EN LA COLONIA
Los primeros intentos que se realizaron durante la época colonial por contar con un centro hospitalario datan desde inicios del siglo XVIII, con el Gobernador Don Diego de la Haya Fernández (1718-1727) quien ante la ausencia de médicos y boticas y la atención de los enfermos por parte curanderos irresponsables, funda un hospicio en una habitación de su casa.

Don Diego de la Haya Fernández.

Al respecto se informa que:
» Lo proveyó de ocho camas, enfermera, cirujano y medicamentos. Estos incluían jarabes, polvos, ungüentos y emplastos importados de Panamá por él mismo. Los puso al servicio, no solo de la pequeña clínica, sino de todos los pobres que los necesitaran. Es muy posible que este hospicio se estableciera al finalizar 1719.» (Chacón , 1967. Pág. 113).

También es importante destacar la dedicación que el mismo Don Diego le dio a este centro, ya que se menciona que no solamente se hizo cargo de la alimentación de los pacientes, sino también de la sepultura de aquellos que por diferentes motivos hubiesen fallecido.

Se preocupó Don Diego, por obtener conocimientos sobre medicina y consiguió libros que estudió regularmente.

Prácticamente, se manifestó como benefactor de la salud de este pobre pueblo de Cartago, a cuyos vecinos auxiliaba sin cobrarles ni siquiera el valor de los medicamentos.

Heredó su afición por la medicina a su hijo, Capitán José Nicolás de la Haya, quien ejerció la medicina práctica. (Chacón, 1967. Págs.114,115).

La colonización de la provincia y el asentamiento en Cartago se hizo lento y difícil, como se mencionó anteriormente, en parte por la miseria de sus habitantes y la poca atracción que ejercía una tierra inhóspita, cuyos vecinos sucios, llenos de odios, amarguras y quebrantos; se caracterizaban además, por ser pleiteros, chismosos e intrigantes contra las autoridades establecidas. (Blanco, 1967. Pág. 202; Fernández, 1967. Pág. 140).

El atraso, el aislamiento, la pobreza del pueblo unidas a las iras de la naturaleza se confabularon también, contra el deseo de los pobladores, de erigir su hospital.

La provincia de Costa Rica fue una de las zonas más pobres de todos los territorios conquistados y más alejados de la Capitanía General, por lo que no se constituyó un punto de atracción para los españoles que deseaban tener éxito en sus empresas o labores.

(…) » La pobreza del país fue factor determinante para que muchos de los profesores que se aventuraron a colaborar en la colonización de las tierras del Centro de América, no pensaran en radicarse permanentemente en la provincia. Ni era posible, por la misma razón, contratar los servicios de un profesor de medicina» (Barrionuevo, 1982. Pág. 31).

No se sabe si durante este período ingresaron al país médicos y cirujanos o cualquier otro facultativo en ciencias médicas, provenientes de la península Ibérica o de Guatemala.

1728 PANTALEÓN DE LA PADROSA, MÉDICO Y PSIQUIATRA
Se conoce por archivos y expedientes, que por estos años (1728), se encuentra en la ciudad de Cartago don Pantaleón de la Padrosa, «médico y psiquiatra, famoso por las curaciones y demandas presentadas contra él, por los que salieron peor de sus manos.»

1741- FRANCISCO DE LAFONS VIDOR, MÉDICO Y CIRUJANO
Y que por 1741, ejerció la medicina en la provincia, don Francisco de Lafons Vidor, médico y cirujano. (Blanco, 1967. Pág. 247; Barrionuevo, 1977, Nos. 12 y 13 Pág. 27).

FRAILE JERÓNIMO SOTOMAYOR CURANDERO
Además, con fecha desconocida, el fraile Jerónimo Sotomayor, curandero que por su afición a la medicina y a falta de facultativos, ejerció la medicina en la provincia por contratos con vecinos quienes se comprometían a pagarle doce pesos cacao al año siempre que el fraile estuviera en la ciudad y cuidara del contratante y de toda su familia. (Barrionuevo, 1977. N. 14 Págs.21-22).

1742- CONVENTO
HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS Y LA OBLIGACIÓN DE CONSTRUIR HOSPITALES

En cuanto a la necesidad de un centro hospitalario, cabe resaltar que en 1742, la Cofradía de la Virgen de la Soledad, construyó un convento en el predio de la ermita, (Chacón, Pág. 118) el que a mediados del siglo XVIII fungía como » convento Hospital de San Juan de Dios» (Fernández, 1967. Pág. 174).

De acuerdo con leyes promulgadas por Carlos V y Felipe II de España, se obligaba a construir hospitales anexos a las iglesias para los enfermos cuyos males no eran contagiosos y fuera de la población, los portadores de males infecciosos. En esta labor de atención a enfermos se destacaron las órdenes de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios y las Religiosas de Nuestra Señora de Belén. (Barrionuevo, 1975. N. Pág. 17).

Monseñor Esteban Lorenzo de Tristán, Obispo de Nicaragua y Costa Rica.

1782– en visita que hizo, Monseñor Esteban Lorenzo de Tristán, Obispo de Nicaragua y Costa Rica, se compadeció de las miserias de este pobre pueblo y puso gran empeño en fundar un hospital para los moradores de la provincia. Esta idea tuvo gran acogida en el Gobernador Juan Flores. Se sabe que la salud de los ibéricos desmejoraba grandemente por razones higiénicas, climáticas (terrenos llenos de charcos y pantanos, inundaciones, humedad) y por la alimentación tan pobre. (Valle, 1975. Págs.7 y 8).

OPOSICIÓN PARA CREAR EL HOSPITAL Y LA CASA DE LOS ÁNGELES
Sin embargo, la creación del hospital enfrentó en el último tercio del siglo XVIII, una gran oposición por parte de gobernadores y autoridades civiles y ciudadanos quienes no le perdonaron a Monseñor Tristán que terminara con el uso indebido de la «casa de los Ángeles», casa que había mandado construir don Diego de la Haya Fernández para fines religiosos, y que les servía de pretexto para borracheras, orgías y extravíos a estas gentes, durante las fiestas religiosas y cívicas.

1784 – EL OBISPO TRISTÁN SOLICITA
ESTABLECER EL HOSPITAL – RECURSOS ECONÓMICOS

El obispo envió a la Real Audiencia de Guatemala, un memorial, el 25 de agosto de 1784 en el que solicitó que se concediese el convento de la Soledad, ocupado por religiosos, recoletos, para establecer un hospital, al cual donó, para su mantenimiento, la suma de 200 pesos.(Fernández, León, Págs.210, 211) Se debe hacer mención que al efectuar su donación el Obispo Tristán señalaba:
«Para ello (el hospital) ofrezca a V.S doscientos pesos que inmediatamente pondré a su disposición y en poder de quien destine, porque nada me importa que la Ciudad de Cartago, proceda ingrata y olvidada de los beneficios que le hice, para que yo siga constante en el amor que me deben aquellos infelices pobres» (León Fernández, 1975. Pág.205)

La petición del prelado fue resuelta favorablemente el 23 de setiembre de ese mismo año, para lo cual se ordenó a los Oficiales Reales de Nicaragua, el noveno y medio que correspondía a la Parroquia de Cartago, el que nunca llegó. (Blanco, 1967. Pág. 210).

En relación con el mismo asunto, manifiesta Lachner, que la Real Audiencia de Guatemala ordenó:
«Una contribución anual obligatoria para toda la provincia de Costa Rica, repartida en esta forma: Cartago, 181 pesos, 3 fanegas de maíz, 3 de cacao, 6 arrobas de azúcar y panela; Valle Hermoso, 62 pesos, doce fanegas de maíz y 40 arrobas de azúcar y panela; Heredia, 50 pesos, 16 fanegas de maíz, 1 de trigo y 15 arrobas de azúcar y panela; Esparza 11 pesos; Bagaces 43 pesos

PROYECTO PARA CONSTRUIR HOSPITAL
De esta contribución que montaba 369 pesos anuales, fuera del producto de los frutos agrícolas, se pensaba construir definitivamente el edificio para el hospital y mantener sus servicios en lo sucesivo» (Lachner, 1909. Pág. 203).

1785 El obispo Tristán es removido del cargo y enviado a Durango, pero en abril de 1785, al trasladarse a su nueva sede, recomendó la creación del hospital al Presidente de la Real Audiencia y donó 700 pesos con el fin de que algunos religiosos de Guatemala fuesen a Costa Rica a servir a dicho hospital.

El hospital fue establecido en el convento de la Soledad, regentado por los padres de la Orden de San Juan de Dios, traídos de Guatemala, para dicho fin.

UBICACIÓN DEL PROYECTO EN LA IGLESIA LA SOLEDAD
La iglesia de la Soledad, estaba ubicada en parte de la cuadra en donde hoy se encuentran los Tribunales de Justicia, conocida durante la mayor parte del siglo XX como plaza de la Soledad.
Fuente: Fernández, F. La Plaza Mayor, Página 40, 1996.

Con el fin de dar una idea de lo difícil que era en esos tiempos la consecución de una institución de estas cualidades, se hará referencia al caso en forma breve.

Durante este período ingresó a la provincia, Fray Pablo Bancos, «solicitó al gobernador que le pusiese en posesión del hospital y le entregase la iglesia de la Soledad, que estaba anexa» (Blanco, 1967, Pág. 245)
Esta situación parece indicar que Fray Bancos no había podido tomar el mando del hospital al ingresar a la provincia.

Se hizo cargo del hospital como facultativo, aplicando una medicina de emplastos y menjurjes, que a la postre le costaron caras demandas de parte de los deudos de los pacientes. (Fernández, 1980. Pág. 80; Blanco, 1967, Pág. 247).

Barrionuevo evidencia esta problemática al afirmar que:
«Las señaladas circunstancias eran motivo de que personas de posición y preparación general aceptable, dentro del conglomerado español, asumieran parte de algunas de las labores médicas y de que el curanderismo encontrara campo propicio para su desarrollo.»

Eran numerosos los empíricos, también existían entre los religiosos, y bastante curiosos los medios que empleaban en sus labores, siendo los resultados, como es fácil de suponer poco satisfactorios la mayoría de las veces y también desastrosos.

«No había ni siquiera boticas y la falta de criterio científico, que en repetidos casos enviaba a los pacientes a otros planos, era a veces reemplazado por cierta lógica» (Barrionuevo, 1982. Pág.31)

Pero este incipiente hospital es víctima, durante este período, junto con sus servidores, de una serie de intrigas originadas como se mencionó anteriormente, por el cierre de «la casa de los Ángeles», la donación del noveno y medio, (que le correspondía a la curia de Cartago), para mantenimiento de los enfermos, la no entrega por parte de la Tesorería de Nicaragua de los dineros donados para el hospital y la oposición del cura don Ramón de Azofeifa.

Todo esto dio origen a que se desatara un enfrentamiento entre el gobernado, el cura, los regidores y el fraile, quien al finalizar el siglo abandona la provincia al llamado de su superior, «fastidiado por las molestias de que había sido víctima el buen sacerdote». (Blanco, 1967, Pág. 246)

Es importante hacer notar que durante este período, los obispos muestran gran injerencia en aspectos de salud, como se manifiesta en la pastoral que manda publicar el obispo Monseñor Villegas en 1786:

«…cuyo motivo era una exhortación pública a causa de una enfermedad llamada de la «bola». una de las tantas que se propagaron en tiempos de la colonia, y al final de la misma carta se publicó la receta contra dicha enfermedad, con toda naturalidad y como si ello fuera de injerencia eclesiástica» (Blanco, 1967. Pág. 213 )

Otra manifestación de esta situación se da en la cuaresma de 1788 en la que ante epidemias que azotaron a la ciudad que iban de simple calentura hasta lepra, el obispo dispensa a los fieles de la abstinencia por cuatro días (Supra, Pág. 213).


Pese a toda oposición, el HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS, se comenzó a acondicionar en 1791 en el mismo lugar y para ello se contó con la parte de las herencias que por decreto le correspondían. Un legado de 896 pesos del Teniente Coronel don Luis Méndez, donado en el año de 1789, no le fue entregado nunca a Fray Bancos, por las mismas intrigas con las que los ciudadanos, en este caso el albacea de don Luis Josef Prieto, enemigo del hospital, enfrentaban al Fraile.

Esta situación se agravó con la llegada del doctor en ciencias, Esteban Corti, en 1790 a Cartago. La venida del doctor Corti, obedeció a una invitación realizada por don José Vázquez Telles, enemigo encarnizado del hospital, a quien conoció en Madrid. Médico famoso en la sociedad cartaginesa, no sólo por sus curaciones, sino por sus enredos de faldas y amoríos, quien no se integró a trabajar en le hospital sino que ejerció la medicina en forma liberal, preocupándose grandemente por curar a los enfermos de lepra, a causa de un contagio muy grande que se generó en Cartago. (Fernández, León, 1975. Pág. 214)

«Tan precaria fue la situación del Hospital a finales del siglo XSVIII, que no podía competir con el famoso médico Esteban Corti, cuyas curaciones eran tan notables, que a nadie se le ocurría visitar el abandonado hospital.» (Fernández, 1980, Pág. 81)

Dr. Esteban Corti.

En 1972 ante el alejamiento de Fray Bancos, quien abandona el país en 1794, asumió la dirección otro fraile misionero llamado Fray Agustín Núñez.

1799 CIERRE DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS. EL EDIFICIO DESTINADO A HOSPITAL SE DERRUMBÓ EN 1822.

La falta de apoyo hacia el naciente hospital por parte de la Real Audiencia de Guatemala de la cual nunca se recibió la cuota de Tesorería de Nicaragua, como se indicó anteriormente y la promesa del envío de dos religiosos más de la Orden de San Juan de Dios, cosa que no se realizó, hizo que los propósitos de continuación de la obra fueran cada vez más difíciles, especialmente a partir de 1799, cuando los religiosos abandonan el hospital y se alejan de la provincia, dando por finalizado el primer intento serio de la apertura de esta casa de salud.

Siendo obispo, Monseñor José Antonio de la Huerta Caso, visualizo una forma para allegar fondos a la institución hospitalaria gravando de 200 a 300 pesos anuales a aquellos curatos solventes, además de «las limosnas de los fieles y de los sacerdotes de buenos medios.» (Blanco, 1967, Pág. 247) En el año 1800,
«… los esfuerzos para reanudar las labores del hospital, reparar o de ser posible hacer el edificio nuevo, continuaron por parte del ayuntamiento de Cartago y los vecinos de distintos lugares del país; la obra fue perdiendo mucho con le tiempo, especialmente por el retiro especialmente por el retiro de los padres de San Juan de Dios que cuidaban de ella.» (Blanco, 1967, Pág. 247)

Los habitantes de Cartago apoyados por el Gobernador don Tomás de Acosta, (1796-1812) quien se desveló por el bienestar de la provincia, con especial caridad con lo concerniente a la salud pública, de la cual informan los vecinos que «ha tratado de evitar la propagación del mal de Lázaro con un lazareto que no tuvo efecto por falta de fondos; por haber propagado la vacuna y por su desinterés y caridad visitando a los enfermos y regalándoles las medicinas que hacía venir desde Guatemala por no haber botica en Costa Rica.» (Fernández, León.1975. Pág. 225)

Temas Relacionados:

Hospital San Juan de Dios, San José.

Caja Costarricense de Seguro Social.

Referencias:

Una investigación del Sr. Luis Gerardo Zumbado, Investigador de Historia Costarricense.

1-En el documento «Historia Benemérito Hospital Dr. Maximiliano Peralta Jiménez» Tomado del Documento «Antecedentes – Evolución y Alcances Hospital Maximiliano Peralta Jiménez» Premio Institucional C.C.S.S. 1991 – Autor: Lic. Marco Antonio Medaglia Rojas.DLC.

2-“Señales en el Cielo…El Terremoto de 1910 y la Transformación de la Arquitectura de la Ciudad de Cartago” Álbum Fotográfico de Carlos Luis Fallas Pastor y Sonia Lucrecia Gómez Vargas.

3-“Delfines, leones y tritones Fuentes victorianas de hierro en plazas y parques de Costa Rica (1868-1880)!” de Sergio Orozco Abarca Revista Herencia Vol. 29 (1), 2016.

4- «Apuntes sobre viejas instituciones» 21381-49476-1-SM Revista Herencia Vol. 28 (1), 07-30, 2015 Carolina Mora Chinchilla.y Marcela Echandi Gurdián.

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