Un viaje al pasado…

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Al mirar hacia nuestro pasado encuentro mis raíces, mi tierra, mi parentela… No tengo duda alguna que el pasado tiene que ver con quien yo soy en el presente. Ese pasado es lo que muy a menudo busco, quienes eran mis abuelos, que aroma tenía su casa, que huella dejaron en mi y que le dejaré a mi descendencia.

Es por eso que inicié este sitio… para buscar entre el baúl del tiempo las bellezas del pasado, la realidad del  presente y la esperanza del futuro.

Mi querido amigo, espero que juntos emprendamos este bello viaje al pasado y tú también puedas aportar tu historia…nos vemos en la carreta del tiempo, respirando olor a tierra mojada, tomando un jarro de café, sentados en la poltrona de madera y cuero que nos arrullará y sacará lo mejor de nosotros.

Nos vemos en la poesía, en la anécdota, en el cuento, en el relato…en la historia de Mi Costa Rica de Antaño!

Bienvenido!!

Maritza Cartín Estrada

El Art Decó en Costa Rica

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Botica Solera en San José (Fotografía viralagenda.com)

El Art Decó en la historia:

El Art Decó fue un movimiento de diseño popular a partir de 1920 hasta 1939 (cuya influencia se extiende hasta los ’50 en algunos países), afectando las artes decorativas tales como arquitectura, diseño interior, y diseño gráfico e industrial, también a las artes visuales tales como la moda, pintura, grabado, escultura, y cinematografía.

Después de la exposición universal de 1900 de París, varios artistas franceses (como Hector Guimard, Eugène Grasset, Raoul Lachenal, Paul Follot, Maurice Dufrene, y Emile Decour) formaron un colectivo formal dedicado a las artes decorativas de vanguardia. En 1925 organizan la ‘Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes’ en París, transcurrida la cual, se acuña el termino Art Decó para definir al estilo en particular.

Este movimiento es, en un sentido, una amalgama de muchos diversos estilos y movimientos del temprano siglo XX, y a diferencia del Art Nouveau se inspira en las Primeras Vanguardias. Las influencias provienen del Constructivismo, Cubismo, Futurismo, del propio Art Noveau del que evoluciona, y también del estilo racionalista de Bauhaus. Los progresivos descubrimientos arqueológicos en el Antiguo Egipto marcaron asimismo su impronta en ciertas lineas duras y la solidez de las formas del Art Decó, afín, a la monumentalidad y elementos de fuerte presencia en sus composiciones.

Como estilo de la edad de la máquina utilizó las innovaciones de los tiempos para sus formas: las líneas aerodinámicas producto de la aviación moderna, iluminación eléctrica, la radio, el revestimiento marino y los rascacielos. Estas influencias del diseño fueron expresadas en formas fraccionadas, cristalinas, con presencia de bloques cubistas o rectángulos. El color se nutre de las experiencias del Fauvismo. Trapezoides, facetamientos, zigzags; y una importante geometrización de las formas son comunes al Deco.

Correspondiendo a sus influencias maquinistas, el Deco se caracteriza también por los materiales que prefiere y usa, tales como aluminio, acero inoxidable, laca, madera embutida, piel de tiburón (shagreen), y piel de zebra. El uso de tipografía en negrilla, sans-serif o palo seco, el facetado y la línea recta o quebrada (opuesto a las curvas sinuosas y naturalistas del Art Nouveau), los patrones del galón (chevrón), y el adorno en forma de sunburst son típicos del Art Deco. Ciertos patrones de ornamento se han visto en aplicaciones bien disímiles desde diseño de zapatos para señoras, a parrillas de radiadores, diseño de interiores para teatros, y rascacielos como el Chrysler Building.

El Art Decó en Costa Rica:

“Costa Rica, en especial su ciudad capital, tan occidental en su economía, su cultura y su apariencia como había sido desde el siglo XIX, no pudo ni quiso quedar al margen de eso en el XX, sobre todo en los años treinta, década déco por excelencia aunque provinciano, austero, limitado en su escala y en su esquema”, escribió el arquitecto e investigador Andrés Fernández en su artículo “Barrio México: art déco”, publicado en la revista Herencia de la Universidad de Costa Rica.

Ese popular barrio, ubicado al noroeste de San José, es un rico muestrario de dicha corriente arquitectónica, con edificios emblemáticos como la botica Solera y el antiguo cine Líbano.

Los diseños arquitectónicos del art déco se caracterizan por ser abstractos, puros y sobrios. Destacan los patrones geométricos con figuras como círculos, triángulos y rectángulos así como líneas rectas, en zigzag o en diagonal. Algunos arquitectos exponentes de esta corriente en el país fueron Paul Ehrenberg, Luis Llach, Ferdinand Gabrielle, Daniel Domínguez Párraga, así como los nacionales José Francisco Salazar y José María Barrantes. Este último es autor de un sinnúmero de edificios para centros educativos, como las escuelas República de Argentina (barrio México), Jesús Jiménez (Cartago), Pilar Jiménez (Goicoechea), Cleto González Víquez (Heredia) y Jorge Washington (San Ramón de Alajuela).

Las edificaciones art déco también ilustran la tecnología constructiva de la época, con materiales como el concreto armado, hierro forjado y amplios bloques de vidrio. Fue precisamente durante los gobiernos de Ricardo Jiménez Oreamuno (1932-1936) y León Cortés Castro (1936-1940) que se construyó gran cantidad de edificios públicos e infraestructura vial siguiendo este estilo.

Referencias:

  • ICOMOS. Noviembre de 2015. Publicación en Periódico La Nación.

 

Estilo Victoriano

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Casa en Santo Domingo de Heredia.

En la segunda mitad del siglo XIX, una vez agotados los recursos estilísticos del neoclasicismo, y bajo el impulso de las tendencias románticas que buscaban una mayor libertad de inspiración fuera de las raigambres grecorromanas, aparece un mosaico de tendencias de transición. Son los diversos eclecticismos: neogótico, neorrenacimiento, neorrománico. También se despliegan las formas arbóreas del Art Nouveau. En el estentóreo panorama de “fin de siecle” destaca el llamado Estilo Victoriano, que a su vez es también un abanico de subtendencias: Queen Anne, Italianate, Stick.

El romanticismo europeo fue una huida del prosaico mundo industrial hacia la naturaleza y la originalidad primitiva. Se rechazó la geometría del clasicismo simétrico, junto a todo orden de racionalidad que aludiera a la vida cotidiana. El estilo Victoriano esta intrínsecamente unido a ese espíritu romántico. Su máxima expresión son las residencias Queen Anne, de plantas asimétricas y volúmenes que parodian los castillos medievales por medio de torrecillas.

El desarrollo industrial de los países del hemisferio norte se impone en la actividad constructiva. Comienza la producción seriada de revestimientos de todas clases especialmente metálicos, estructuras de hierro, columnas, frontones, balaustres, pilastras, ventanera, puertas y adornos de madera recortada, labrada y torneada por medio de maquinarias.

Esta oferta permitió a los propietarios de nuevas viviendas adquirir a su gusto el repertorio de terminaciones interiores y exteriores, aplicándolo a una sencilla estructura de tabiques de madera (ballom frame).

La influencia de esta arquitectura residencial se extendió por los Estados Unidos cuyos núcleos urbanos estaban creciendo rápidamente, y por las islas del Caribe pertenecientes al Imperio Británico. En todos los países en donde los británicos mantuvieron una fuerte influencia comercial, y donde penetraron sus capitales la influencia victoriana se aclimató profundamente.

Esta influencia se plasmó a través de los mismos negociantes e industriales británicos que construyeron sus residencias en esos países, así como por los técnicos y empleados locales que viajaron a Gran Bretaña, o que sencillamente imitaron a sus patrones extranjeros al escoger el estilo de sus casas.

Centroamérica recibió la influencia victoriana directamente de los Estados Unidos, preferentemente de la cuenca del Mississippi, cuyo flujo comercial estaba ligado a las repúblicas del istmo.

Arquitectura victoriana en Costa Rica

Según el seminario “Ambientes Victorianos”, las primeras viviendas victorianas en Costa Rica aparecieron en las fincas de café en los alrededores de Cartago por los años 80 del siglo XIX.

Tres razones sustentan esta aseveración:

El auge del cultivo del café en esa zona, con la aparición de asentamientos tardíos por Tres Ríos y San Pedro de Montes de Oca. En el desarrollo de los nucleoides urbanos proliferó la nueva estilística victoriana. El 60% de las casas son urbanas, el 40% rurales.

-La maduración de una industria maderera que podía proveer piezas elaboradas con sierra, tupi, caladoras.

El abandono de las formas del adobe se incrementó a raíz del terremoto de 1910; se buscaron modos de construir más livianos: allí se impuso el -ballom frame- Victoriano, revestido de madera o chapas metálicas estampadas. Si el modelo Victoriano está caracterizado por el énfasis en los hastíales, la presencia de volumetría agregada (bay windows), techos complejos, plantas asimétricas, énfasis en la verticalidad y en las texturas, no todas las viviendas de “espíritu industrial Victoriano” presentan todos esos elementos.

Muchas conservan elementos costarricenses tradicionales del adobe y del bahareque.

La característica compacta de la vivienda se mantiene; se mantiene, en algunas “Victorianas ticas”, el volumen unitario de planta cuadrada y zaguán. Siguen utilizándose los techos a dos aguas de pendiente moderada.

La casa victoriana de entre siglos, oponiéndose a sus antecesoras de origen colonial y republicano, presenta gran riqueza textural y ornamental. En efecto, los muros están revestidos de tablas de madera, puertas y ventanas están enmarcadas de pilastras ricamente molduradas, los balastros tienen diseños atractivos y las columnas finas de madera están coquetamente torneadas.

El clima tropical impone otra variación al modelo europeo americano muy cerrado e introvertido para protegerse del frío. En efecto, la casa victoriana local se abre al exterior generosamente por medio del corredor que, a veces, rodea tres lados de la construcción.

La planta tica da hacia el zaguán presentaba aposentos de tamaño normalizado y cuya función era fijada por los ocupantes, mientras que el modelo Victoriano, respondiendo a una ética familiar sajona, impone una vocación precisa a los espacios; así surgen aposentos para el señor y la señora, para los niños, se impone una sala de costura y otra de juegos.

Ver también:  Casas victorianas en Costa Rica

Referencias:

  • Juan Bernal Ponce. Algunas características de la arquitectura costarricense. Suplemento  30.

Estilo Neomudéjar

 

El neomudéjar es un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló principalmente en la península ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época.1​ El nuevo estilo se asoció especialmente a construcciones de carácter festivo y de ocio, como salones de fumar, casinos, estaciones de tren, plazas de toros o saunas.

En España el estilo neomudéjar fue reivindicado como estilo nacional, por estar basado en un estilo propiamente hispánico. Arquitectos como Emilio Rodríguez Ayuso o Agustín Ortiz de Villajos vieron en el arte mudéjar algo únicamente español y empezaron a diseñar edificios utilizando rasgos del antiguo estilo, entre ellos las formas abstractas de ladrillo y los arcos de herradura.

Sin embargo, lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, son en muchos casos obras de estilo neoárabe, puesto que utilizan elementos califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto.2​

Frecuentemente se ha considerado a la plaza de toros de Madrid de Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra de 1874 como el inicio del neomudéjar, que sería seguido por otros arquitectos como Enrique María Repullés y Vargas, Joaquín Rucoba, Augusto Font Carreras, José Espelius Anduaga, Felipe Arbazuza o Aníbal González.1​

 

Plaza de Toros de Madrid

Sus características inmutables serían: la utilización del ladrillo como elemento principal constructivo, y el uso decorativo de motivos islámicos como lazos, rombos, arcos de herradura, etc. Todo ello concebido como herencia de ese gusto por lo exótico propio del romanticismo, y que ya desde el siglo XVIII se dejaba notar en la arquitectura europea, fruto del pintoresquismo.

El Estilo Neo-mudéjar en Costa Rica:

Así, con los nombres de “morisco”, “andaluz” o “español”, el neomudéjar pasó pronto a América de la mano de arquitectos y artesanos peninsulares, o como parte de la oferta del eclecticismo entonces en boga.

De ese modo, por ejemplo, apareció en San José hacia 1893. Se trata del implante que de un balcón morisco se le hizo en Bélgica –su lugar de origen– al prefabricado edificio de estampa neoclásica del que sería precisamente el Edificio la Alhambra San José, llamado el primer rascacielos de S.J.de la firma J. R. R. Troyo, en la calle 2 y las avenidas Central y 2.

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Almacén La Alhambra en San José.

Cosmética y arquitectura.

En la ciudad hay varias aplicaciones superficiales como aquella, casi todas con seguridad de inicios del siglo XX: así, las que adornan la puerta principal y la ventana derecha de la casa que por décadas ha ocupado la Sociedad Teosófica, al pie de la Cuesta de Núñez.

Otras aplicaciones engalanan el vestíbulo del inmueble de la Edificio de la Librería Católica, San José, en la esquina suroeste de la avenida 4 y la calle 1, donde, además del exquisito trabajo de las maderas labradas en los zócalos, luce una delicada pintura de llamativos colores e islámicos motivos en el cielo raso.

Lo impostado de tal decoración –en una casa criolla como esa o en una victoriana como la anterior– no es de extrañar pues, en San José, los lenguajes historicistas se adoptaron muchas veces en las fachadas, mientras que la distribución interior de las viviendas seguía siendo la tradicional.

Tal es el caso de la vivienda que fue del español Mariano Álvarez Melgar. Muy activo entre sus compatriotas, hacia 1912, Álvarez fue vicecónsul de España en nuestra capital, por lo que en el antejardín de su residencia llegó incluso a ondear un pabellón de su país, como muestra una fotografía de época.

 

Ubicada en la esquina suroeste de la avenida 9 y la calle 3 bis, fue construida en ladrillo en 1910 siguiendo una planta, una distribución y una volumetría netamente criollas, mas decoradas por entero en una estética neomudéjar que da a entender su referente.

En el mismo barrio, sobre la calle Central, entre las avenidas 7 y 9, parapetada sobre una terraza y con estrecho acceso de fortín, se encuentra una vieja casa neomudéjar donde por años funcionó un night-club llamado –no en balde– El Alcázar. Arriba se aprecia su simétrica disposición de mezquita, sus volúmenes apenas horadados al frente por tres arcos lobulados, y, en su fachada, las huellas de lo que pudo ser una decoración aplicada, hoy desaparecida.

De castillos a patios. No obstante, en el cruce de la avenida 11 con la calle 3, se ubica nuestra más importante construcción neomudéjar: el llamado Castillo del Moro, San José. Se levantó en ladrillo según un diseño atribuido al ingeniero constructor catalán Gerardo Rovira, y data de 1930.

Encargo del comerciante español Anastasio Herrero Vitoria, la singular vivienda, en efecto, posee una concepción espacial que responde al de una fortaleza morisca, emplazada en el bajo de Amón sobre una plataforma con cocheras como sótano, pedestal al que siguen tres niveles.

La vivienda se realizó con materiales y decoraciones interiores y exteriores traídos enteramente de España por su dueño, y se caracteriza por la profusión de arcos de herradura, ménsulas y almenas, encajes y filigranas, coloridos vidrios y mosaicos; y, rematando el conjunto, se ve una cúpula de bronce que evacúan las únicas gárgolas conocidas en San José: una obra para admirar.

Casi una década después, en 1939, se iniciaba en Cuesta de Moras lo que sería la Casa Presidencial, hoy la Asamblea Legislativa. Diseño del arquitecto José María Barrantes, era un gran edificio neocolonial al que la Segunda Guerra Mundial dejaría sin concluir.

 

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No obstante, todavía en 1943 se terminaría una de sus partes: el denominado originalmente “Jardín de la Madre Patria España”, patio interior que evoca al palacio de la Alhambra y que sería la última manifestación del neomudéjar en la ciudad.

Obra integral en concepción y diseño, se debe al arquitecto catalán Luis Llach, mientras que la excepcional calidad artesanal del modelado es del también español Mario Romero Fucigna. Ambos trabajaron para la empresa constructora Adela viuda de Jiménez e Hijos.

Evocándolo, el investigador Fernando González parece hacerlo también con las otras obras que dejó en la ciudad el arribo de lo moro:

“Allí quedó un oasis, un patio con su fresca fuente, la infaltable agua de los patios islámicos, las arcadas alrededor […], con sus arcos lobulados y sus delicadas y esbeltas columnas, la policromía de los mosaicos, los paños de sebka; es decir, con su intrincada red de rombos sin calados, primorosamente trabajados en yesería; todo forma un bello interior que, si no alcanza la exuberancia del período andaluz Nazarí, lo recuerda, lo recrea y le hace un bello homenaje” (Luis Llach: En busca de las ciudades y la arquitectura en América ).

Referencias:

  • Universidad de Barcelona (ed.). «Refuncionalizaciones polémicas, plazas de toros y arquitectura neomudéjar: algunos ejemplos en España». Consultado el 24 de noviembre de 2009.
  • UNED (ed.). «Neomudéjar versus neomusulmán: definición y concepción del medievalismo islámico en España.». Consultado el 23 de julio de 2012.
  • Reportaje de La Nación El neomudéjar. La estética historicista española que dejó su huella en San José. 17 nobiembre 2013.

Juan Manuel de Cañas-Trujillo y Sánchez de Madrid, primer Jefe Político de C.R.

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Nació en El Puerto de Santa María, (Cádiz, España), el 2 de julio de 1763 y fue bautizado en la parroquia de los Milagros de esa ciudad el 4 de julio. Sus padres fueron Nicolás Francisco de Cañas-Trujillo y García de Pastrana (nacido en 1735) y Magdalena Sánchez de Madrid y Bacaro, ambos nacidos en El Puerto de Santa María, que casaron el 4 de junio de 1758. Tanto por su línea paterna como por la materna descendía de prominentes familias hidalgas y su madre era sobrina del marqués de Casa Madrid.

Casó en Nicaragua con Tomasa Avendaño (Bendaña) Zurita y Moscoso, nacida en León de Nicaragua (hija de Don Juan Antonio de Avendaño y Moscoso, casado con Doña Josefa Jacinta de Zurita y Pasos, nacido en Granada, Nicaragua), ella falleció en San José, Costa Rica, el 24 de junio de 1810. De este matrimonio nacieron tres hijos:

  • Manuel Antonio, n. León, Nicaragua, ingreso a Costa Rica con apenas 5 años de edad, (casado en Costa Rica en 1814 con Ana Josefa Hidalgo Muñoz de la Trinidad, Costarricense).
  • Juana Francisca María Dolores.
  • José María Cañas-Trujillo y Avendaño (fallecido en 1797).

Tuvo además cuatro hijos extramoniales con Feliciana Ramírez Pacheco (fallecida el 21 de febrero de 1806): María del Pilar (soltera) n. Costa Rica, José Nicolás (nacido en 1802, Costa Rica y que aún vivía en 1883, casado con Feliciana Alvarado y Velasco), José Manuel (n. 1803 Costa Rica -1886, casado en 1825 con Rita Alvarado) y Juan Francisco de la Rosa Cañas Ramírez (nacido en 1805 Costa Rica). De Nicolás queda copiosa descendencia en Costa Rica.

Carrera militar
Sirvió en el batallón de infantería de Sevilla y posteriormente presentó servicios militares en Guatemala, San Salvador y Nicaragua.

Se radicó en Costa Rica en 1795. Fue sargento mayor del Batallón Provincial y le correspondió dirigirlo durante su expedición a Nicaragua en 1812. Llegó a alcanzar el grado de Coronel.

El rey Fernando VII le concedió el título de caballero de la Orden de San Hermenegildo en 1819.

Gobernador interino de Costa Rica
En junio de 1819, por muerte del gobernador Juan de Dios de Ayala y Toledo, asumió el mando militar de Costa Rica, y el 3 de diciembre de ese año la Real Audiencia de Guatemala lo nombró gobernador interino de la provincia. Se juramentó el 29 de ese mes en la ciudad de Cartago. Fue el último gobernador español de la provincia.

Jefe político subalterno de Costa Rica
En 1820, al pasar Costa Rica a ser nuevamente un partido de la Provincia de Nicaragua y Costa Rica, Cañas Trujillo pasó a ser su jefe político subalterno, subordinado al jefe político superior residente en León de Nicaragua, Miguel González Saravia y Colarte. Por dificultades con este presentó la renuncia el 17 de abril de 1821, pero siguió en funciones porque el alcalde primero de Cartago Santiago de Bonilla y Laya-Bolívar, a quien correspondía encargarse interinamente del cargo, se negó a asumirlo.

Durante su administración se tuvo noticia en Costa Rica de la proclamación de la independencia de España por las autoridades superiores de León.

Jefe político patriótico de Costa Rica
En la madrugada del 29 de octubre de 1821, ante la noticia de que en León se había proclamado el 11 de octubre la independencia absoluta de Nicaragua y Costa Rica, el cuartel de Cartago fue tomado por José Santos Lombardo y Alvarado, con lo cual se disipó la posibilidad de que Cañas-Trujillo intentase impedirla, y más bien le correspondió firmar el acta de independencia de Costa Rica suscrita en esa ciudad el mismo día.

Durante unos días conservó el ejercicio del mando político, con el título de jefe político patriótico, pero el 12 de noviembre de ese año dimitió y el poder fue asumido por la Junta de Legados de los Pueblos presidida por Nicolás Carrillo y Aguirre.

Últimos años de su vida
Después de su renuncia, hubo rumores en Cartago en el sentido de que se proponía organizar un movimiento para volver a sujetar a Costa Rica al gobierno español, pero el 16 de noviembre de 1821 compareció ante la Junta de Legados para rechazar esas acusaciones.

A principios de 1822 se trasladó a Nicaragua. Se hallaba residiendo en la ciudad de León en 1830, cuando apadrinó en el bautismo a su nieto don Juan de la Rosa Cañas e Hidalgo.

Referencias:

Enciclopedia Wikipedia

Algunas Características de la Arquitectura Costarricense Por Juan Bernal Ponce.

Resumir los momentos descollantes de la arquitectura costarricense en tan breve espacio sería un intento temerario; por ello sólo anotaremos algunas de las características peculiares, si cabe decir, características costarricenses, de la arquitectura de los períodos llamados colonial, republicano y victoriano. Antes de responder a la pregunta ¿existe una arquitectura costarricense?, que sirve como título a esta conferencia, anotaré algunos conceptos básicos en que se basa la respuesta:

-En determinados períodos y lugares se generó una manera propia de construir, un estilo, sea este Egipcio, Griego, Gótico. Estas civilizaciones tuvieron capacidad de difusión cultural, y estos estilos fueron adoptados por otras naciones.

-Muy pocos estilos de arquitectura son exclusivos de un solo país; al difundirse forman parte de vastas tendencias regionales y continentales. Así sucedió con el estilo “barroco eclesiástico”, que vino de España y tomó en América innumerables formas. Seguir leyendo “Algunas Características de la Arquitectura Costarricense Por Juan Bernal Ponce.”

Bruno Carranza Ramírez, Octavo Presidente de Costa Rica

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Fue un político y diplomático costarricense, Presidente de la República, del 27 de abril al 9 de agosto de 1870, con el título de Jefe Provisorio de la República, luego del golpe de Estado de Tomás Guardia Gutiérrez contra Jesús Jiménez Zamora.

Biografía
Hijo de Miguel Carranza Fernández (vicejefe de Estado de 1838 a 1841) y Joaquina Ramírez y García, nace en San José de Costa Rica el 5 de octubre de 1822. Miembro de la Logia Unión Fraternal de la masonería costarricense de la cual fue Venerable Maestro.​

Estudios y actividades profesionales y empresariales
En febrero de 1840, Bruno Carranza Ramírez viajó a Guatemala, en compañía de su hermano Ramón y de José Antonio Pinto, para hacer sus estudios universitarios. Se graduó como bachiller en Medicina en la Universidad de San Carlos de Guatemala, el 19 de agosto de 1843, y posteriormente como licenciado en Medicina en esa misma casa de estudios.

De regreso en Costa Rica, ejerció su profesión en forma privada y también en el Hospital estatal San Juan de Dios y contrajo matrimonio el 29 de diciembre de 1846 con doña Gerónima Montealegre Fernández, hermana del futuro presidente de Costa Rica José María Montealegre Fernández.

El licenciado Carranza fue inspector general de Vacuna y presidente del Protomedicato. Marchó a Nicaragua como médico militar durante la guerra contra los filibusteros de William Walker en 1856, pero hubo de regresar casi enseguida debido a la retirada del ejército costarricense y la epidemia del cólera morbus.

Además de su desempeño como médico, se destacó en el campo del periodismo, con la publicación de varios periódicos, entre ellos El Álbum y La Estrella del Irazú. Participó también en diversas actividades empresariales y comerciales. Fue propietario de fincas cafetaleras, una librería y una botica, entre otros negocios.

De 1855 a 1859 tuvo en concesión la administración de la Fábrica Nacional de Licores de Costa Rica y la entrega de licor al Estado.

Cargos públicos
Durante las administraciones de Juan Rafael Mora Porras fue varias veces Diputado. Tuvo a su cargo una misión diplomática a El Salvador en 1857. Representó a San José en la Asamblea Constituyente de 1869, aunque poco después de su elección renunció al cargo. Estuvo exiliado en varias oportunidades por razones políticas. Su ideología política fue liberal, con algunos rasgos de anticlericalismo.

El golpe militar del 27 de abril de 1870 lo elevó al poder, con el título de «jefe provisorio de la República». Durante su administración se creó la comarca de Limón, se dictaron medidas en pro de la libertad religiosa y se dictó una ley de garantías, que por primera vez en la historia de Costa Rica proscribió la pena de muerte. Se creó la comarca de Limón y se emitieron disposiciones para regular las Secretarías de Estado. También se efectuaron elecciones para una Asamblea Constituyente.

La principal figura de su gabinete, titular de las carteras de Relaciones Exteriores, Instrucción Pública y Culto, fue el abogado guatemalteco Lorenzo Montúfar y Rivera, exaltado anticlerical. Los restantes Secretarios de Estado fueron Joaquín Lizano Gutiérrez (Gobernación, Justicia, Policía, Agricultura e Industria), Rafael Gallegos Sáenz (Hacienda y Comercio) y Buenaventura Carazo Alvarado (Guerra, Marina y Obras Públicas).

Por desavenencias con el Comandante en jefe del Ejército, Tomás Guardia Gutiérrez, el 8 de agosto de 1870 presentó su renuncia a la Asamblea Constituyente, que le fue admitida al día siguiente. Su sucesor fue el mismo General Guardia.

Posteriormente fue miembro del Gran Consejo Nacional y Ministro Plenipotenciario de Costa Rica en El Salvador, donde firmó el tratado Carranza-Arbizú.

Murió en su ciudad natal, el 25 de enero de 1891, a los sesenta y ocho años de edad.

José María Montealegre Fernández, Cuarto Presidente de Costa Rica

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José María Montealegre Fernández cuarto Presidente de Costa Rica. Fue Presidente Provisorio del 14 de agosto de 1859 al 29 de abril de 1860 y Presidente constitucional del 29 de abril de 1860 al 8 de mayo de 1863.

Datos personales
Nació en San José de Costa Rica el 19 de marzo de 1815. Fue el hijo primogénito de Mariano Montealegre Bustamante y Gerónima Fernández Chacón. Su hermana fue Gerónima Montealegre de Carranza, quien se casó con Bruno Carranza, presidente provisional de Costa Rica.

Casó en primeras nupcias en San José en abril de 1840 con Ana María Mora Porras (1819-1854), hermana de los Presidentes Miguel Mora Porras y Juan Rafael Mora Porras. Hijos del matrimonio Montealegre Mora fueron Juan Gerardo, casado con Rafaela Mata Brenes, hija de Juan Rafael Mata Lafuente, canciller de Costa Rica en 1869 y 1876, Ana Benita, Ana Julia, Ana Sara (estas dos últimas fallecidas en la infancia), Rosa Ana María, Ricardo Montealegre Mora, Sara (casada con Rafael Gallegos Sáenz), José María, Manuel Ana (fallecido en la infancia), Manuel Joaquín, Dolores y Mercedes. Seguir leyendo “José María Montealegre Fernández, Cuarto Presidente de Costa Rica”