Teatro Adela…Adela Gorgollo

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Se ubicaba detrás del Mercado Central de San José y su nombre se lo debía a Adela Gargollo, quien cuando tenía veinte años se casó con el General don Lesmes Jiménez Bonnefil, Arquitecto y Militar, con quien abrió una pequeña Fábrica de Ladrillos de mosaicos y derivados de cemento.

Cuando su esposo murió, ella Adela enfrentó una dura situación para criar a sus 8 hijos y tomar las riendas de la dirección general de la Fábrica de Ladrillos, que en esa época enfrentaba grandes deudas. Con firmeza sacó adelante a su familia, y a la empresa que por, más de 40 años, fue la principal compañía constructora del país. La fábrica se llamo “Adela v. de Jiménez e hijos.”

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María Adela Eulalia Gorgollo Freer

Entre sus edificaciones se destacan la iglesia de La Merced; la Basílica de Santo Domingo de Heredia; Faro de Cabo Blanco en la Península de Nicoya; Teatro Capitolio y, precisamente, el Teatro Adela.

Doña Adela por su gran empeño y trabajo fue conocida por los costarricenses como la  “Reina del Trabajo”.

Su espíritu emprendedor la llevó a traer un aeroplano para que sirviera de correo aéreo entre las naciones centroamericanas.  Participó en la Feria Internacional de la Construcción celebrada en Italia, en 1926, donde se le concedió una medalla de oro, triunfo que no solo fue de ella sino también de la Patria.

Fue cofundadora de la Lucha contra el Cáncer en el país, de la Asociación Vicentina y presentó grandes espectáculos recreativos en el Teatro Adela.

Su influencia política se hizo sentir en varias ocasiones, y su casa fue en muchas ocasiones un club donde se barajaron nombres de candidatos a la Presidencia de la República y donde se prestó ayuda eficiente, económica y moral, a movimientos políticos.

El escritor  “Marco Retana”  -en un reporte en el periódico La República del 20 de marzo de 1981- expresa:  “-Que el hombre haya ido dejando su estela no es normal, sino obligatorio. Que la mujer, en un mundo de prejuicios en una sociedad que todavía cree en gineceos, se atreva a romper los moldes y los rompa y luche y deje una huella difícil de superar por cualquier hombre, es digno de respeto, de emulación y sobre todo, de admiración”.  CRHoy, 13 de diciembre 2013

iGLESIA DE LA mERCED, FUNERALES DE DOÑA ADELA GORGOLLO VIUDA DE JIMENEZ, 1947
Iglesia de la Merced, funerales de doña Adela Gargollo viuda de Jiménez, 1947(Fotografía Walter Núñez, Fotos Antiguas de C.R.)

 

 

Fotografías de Internet sin nombre de autor.

Teatro Mora, construcción.

Construcción del Teatro Mora

El 11 de abril de 1850 se dio principio a la construcción del Teatro Mora en un lote de la manzana al sur de la del Mercado o sea, frente al Palacio de Justicia. El plano del edificio fue trazado por el coronel don Alejandro Escalante, calcado de un diseño de un teatro de Lima, Perú, país visitado por aquel señor años antes.

El presidente Mora (don Juan Rafael), puso al cuidado del señor Escalante la dirección de aquella obra quien se asesoró del maestro-carpintero don Manuel Conejo al que dio el puesto de capataz de trabajadores. Esos señores trabajaron con tanto ahínco que en nueve meses levantaron el edificio que fue oficialmente inaugurado por el prestidigitador alemán Herr Alexander y su esposa una soprano italiana de prestigio, el 1 de diciembre, en función de gala. En el diario oficial “La Gaceta”, de la misma fecha y en la del siguiente día, -No. 105 y 106-, se editorializó, resaltando la labor cultural del Jefe del Estado al dotar a la ciudad de San José de un teatro de la importancia del Mora que en un todo correspondía al grado avanzado de progreso y civilización alcanzado por los capitalinos, al par que encomiado el altruismo y patriotismo empeño del coronel Escalante, ejecutando a la perfección, en tan breve tiempo, una obra tan gigantesca como la de aquel teatro. He de advertir, que, el ultramontanismo sofocado espiritualmente por los clérigos, se opuso tenazmente al propósito del Jefe del Estado, señor Mora, por estimar que el Teatro de acción libre, constituía un peligro para la moral social y era aliciente estimulador de la conquista de ideas antirreligiosas y disociadoras, tesis que combatieron desde las columnas del propio diario oficial, los señores Antonio A. Marie, Emilio Segura y don Francisco María Iglesias. Aunque en su exterior o fachada el nuevo teatro no presentaba ninguna novedad, por la sencillez de su estilo arquitectónico, interiormente ofrecía condiciones de comodidad acústica y hasta de elegancia con su platea en forma de herradura, con dos filas de palcos, sección de butacas, amplias galerías y amplio escenario. Para estrenar el Mora un veterano actor del teatro español, el señor Larriva, agente comercial, formó un cuadro de aficionados al drama con elementos nacionales, figurando como primeras partes un joven Barbosa, don Bartolomé Calsamiglia (el padre del siempre bien recordado intelectual coronel don Eduardo Calsamiglia), un señor Castro y Eloy Gudiño, regular poeta hondureño. Cuando esos nobles actores se estimaron aventajados en retórica y declamación, ardieron en entusiasmo por actuar en las tablas y anteponiendose a la terminación del teatro, debutaron en el salón de la Universidad de Santo Tomás con el drama de fuerza “El Pelayo”, con el que triunfaron. A esto hubo de ausentarse del país Larriva y tomó la dirección de la compañía el señor López Aldama, otro actor peninsular retirado de las actividades artísticas, que fue el que presentó a aquel grupo de aficionados en el Mora, terminaba la temporada de inauguración del prestidigitador Alexander llevando a escena con buen desempeño obras del corte de “Caín pirata”; “El campanero de San Pablo” y “El caballo del Rey don Sancho”. Ellos se hicieron pagar bien el trabajo, cobrando por entrada: a palco tres pesos, a luneta y butaca dos y a galería un peso. Hicieron una magnífica temporada abundante en dinero y aplausos. Alrededor de estos acontecimientos que indudablemente marcan una época de evolución en el primitivo desarrollo de la cultura nacional, hay una circunstancia digna de señalar. Tres años antes de disponer el presidente Mora la construcción del teatro que llevara su nombre, esto es en 1847, el doctor don José María Castro Madriz, se empeñó en realizar un propósito análogo formando una compañía por acciones para financiar le ejecución de la obra, fracasando en su iniciativa por no encontrar apoyo en el capital nacional, aun en caso de que “esas inversiones lleven fines de provecho y por ende sirvan a la civilización: progreso y cultura nacionales.”

La Corte Suprema de Justicia, en 1910. Avenida segunda hacia el oeste, donde se cruza con la calle sexta, frente al Bar Imperial. A la derecha por mucho tiempo estuvo el Teatro Mora, precursor del Teatro Nacional. (Fotojuntin)

Referencias:

  • Zeledón Cartín, Elías, Libro Del Viejo San José. Editorial UCR. Costa Rica

Cine Aranjuez

Cine Aranjuez
Cine Aranjuez (Fotografía de Maritza Cartín)

En 1956 abrió sus puertas el Cine Aranjuez, propiedad de don Santiago Durán, ya en ese entonces se pasaban películas con sonido y color en aparatos más modernos y de buena calidad.
Anteriormente al Cine Aranjuez, en aquel mismo barrio capitalino se instaló la primera sala de cine por don Luis Llach, se llamó Cine Eloísa, en honor a su esposa. Don Luis era un excelente dibujante. Las películas eran mudas y en blanco y negro, de mala calidad. Luego por ahí de 1925 se abrió en ese mismo barrio el cine Trípoli, donde se pasaban películas italianas también mudas, su dueño era don Santiago Savatino.
Información recopilada por  la señora Sara Isabel Cortés Sibaja, vecina de Barrio Aranjuez.

Teatro Colón

Teatro Colón
Fachada del Teatro Colón a mediados de la década de 1950. El teatro se ubicaba en la calle 20, en el centro del barrio México. Presentaba películas y, en ocasiones, espectáculos con artistas. Cerró sus puertas en 1970. Fotografía: Margarita Rojas para LN.Escribir una leyenda

 

El barrio México se hizo en la década de 1930. Su límite norte era el río Torres, con la cuesta de Neón Nieto y el barrio Iglesias Flores; al occidente finalizaba con el Liceo de San José, seguido por el barrio Claret, y al este con la antigua Penitenciaría. En algún momento, tres salas de cine coexistieron en el barrio: dos en la periferia y una en el centro.

Sobre la avenida séptima, a un par de cuadras de distancia, estaban el Gran Cine Líbano y el Cine Coliseo; sobre la calle 20, el Teatro Colón. A pocas calles de los dos primeros estaba también el Cine Adela, en la zona del mercado Borbón, cuya zona “roja” limitaba con el Barrio México por el lado sur. Seguir leyendo “Teatro Colón”