Arquitectura Eclesiástica de C.R.

La vida económica de la Costa Rica colonial se caracterizó por una falta constante de mano de obra indígena, poca población española y gran aislamiento comercial.

Todo esto configura un panorama en que la arquitectura religiosa no puede sino ser escasa y sencilla. No hubo grandes congregaciones doctrineras, por lo tanto escasean los conventos; no hubo grandes masas indígenas, por lo tanto hubo contadas iglesias; no hubo mano de obra entrenada, por lo tanto no hubo el despliegue decorativo de los imafrontes mexicanos y antigüenos.

Sólo se produjeron cuatro iglesias que llegaron en pie hasta nuestros días:

Templo de Nicoya (1644):

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Templo San Blás de Nicoya (Fotografía Maritza Cartín)

Ubicada en territorio entonces nicaragüense, su fachada es plana, sin torres y con espadaña central de curvatura barroca. Recuerda las iglesias nicaragüenses de Subtiava, Masaya y Rivas. Tiene hornacinas abiertas que cobijan las campanas. Decoración muy simple.

Templo de Ujarrás (1681):

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Templo de Ujarrás (Wikipedia)

Ujarrás fue un pueblo de indios y su iglesia misionera fue tan sencilla como la de Nicoya. La fachada está dividida verticalmente en tres secciones, sin ornamentos; tiene tres hornacinas abiertas y dos óculos. La espadaña presenta curvatura barroca; hay remates piramidales.

Orosi (1753-66):

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Templo de Orosi (Fotografía Sicultura)

San Francisco de Orosi es un convento misionero erigido simultáneamente a las misiones californianas que Junipero Sierra sembró a lo largo de la costa.

Su estructura es básica: un galerón de tejas con una torre externa y, adosado, un pequeño convento en L.

Su fachada es blanca y casi sin ornamentos. La torre es baja con dos campanas y pináculos piramidales en las esquinas. La iglesia tiene tres naves separadas por horcones de guachipelín. Ramón Gutiérrez le llama “buen ejemplo de arquitectura maderera popular”.

Parroquia de Heredia:

Fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII, por eso La Orden le llama “parroquia borbónica”; debió tener una fachada barroca que un sismo destruyó. La que vemos hoy es neoclásica y la construyó Kurtze adelantada de las torres.

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Tiene más cuerpo y volumetría que las otras iglesias coloniales. Sus dos torres son achaparradas coronadas con pirámides octogonales, sus muros cuentan con pesados arriostres; el Baptisterio está cubierto con una cúpula; al apoyarse en el tambor su perfil propone una sutil contracurva de origen barroco.

Como conclusión podemos afirmar que la arquitectura eclesiástica costarricense sigue en lineamientos generales el estilo barroco elaborado en Antigua Guatemala, donde se generó el llamado “barroco sísmico”: Volúmenes bajos, grandes masas estáticas, torres a veces más pequeñas que la fachada; todo con el afán de bajar el centro de gravedad de las masas para hacerlas menos vulnerables a los terremotos.

Referencias:

  • Algunas características de la arquitectura costarricense. Juan Bernal Ponce (*) Suplemento 30

Art Decó Galería de fotografías

Galería de fotografías del Estilo Victoriano en Costa Rica

Estilo Art Nouveau

¿Cuándo y cómo nacieron?

El Art Nouveau (literalmente, “arte nuevo” en francés) surgió en la última década del siglo XIX, y su influencia se extendió hasta finalizada la primera del XX. Sus raíces pueden encontrarse en el Reino Unido, en el movimiento Arts & Crafts liderado por el artista y diseñador William Morris. Los primeros ejemplos arquitectónicos aparecen en Bélgica, aunque París fue el gran foco de un movimiento que se extendió con cierta rapidez, básicamente por Europa. Ha recibido distintos nombres según los países que lo adoptaron: así, en Italia se lo conoce como stile Liberty o stile floreale, en Alemania y Escandinavia Jugendstil, en Austria Sezessionstil y en España “modernismo”, lo que crea cierta confusión con el movimiento moderno de arquitectura y, en general con el arte y el pensamiento de la sociedad moderna, conocido en inglés como modernism.(1)

Características del estilo Art Nouveau:

El estilo de decoración Art Nouveau se caracterizó desde sus inicios por utilizar motivos y formas derivados de la naturaleza. A fines del siglo XIX, y con el auge de la industrialización, los artistas temían que las formas duras llegaran al arte.

El movimiento ( The Arts and Craft) o ‘las artes y oficios’ trató de mostrar a través de la decoración y la arquitectura, el valor de las formas naturales y el valor artesanal de los objetos.

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Las líneas son curvas imitando a las plantas e incopora formas de animales como mariposas, dragones, aves, plumas de pavo real y plantas como enredaderas.

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Muebles Art-Nouveau

Los patrones de diseño florales y curvos eran la característica principal del Art Nouveau.

Los colores de la decoración Art Nouveau son sutiles y apagados, incluidos los pasteles, oliva, mostaza, marrón, lila, salvia, blanco, blanco opaco, azul eléctrico y color oro. Las paredes se decoran con papeles florales o patrones de plantas. Los materiales utilizados son los vitrales, la madera y el hierro.Image result for Estilo Art Nouveau

Los vitrales se usan en ventanales, que transforman el interior por los colores y la iluminación que ofrece al ambiente. Los trabajos en hierro tienen formas sinuosas o curvas.

Los arcos y los marcos de las puertas también son curvos y excéntricos. La lámpara multicolor de Tiffany’s es un símbolo de la decoración Art Nouveau.

El Art Nouveau, a diferencia de otros estilos decorativos, está inspirado en la naturaleza y es eco-friendly, ya que permite el uso de madera y papel tapiz pintado orgánicamente.
El Art Nouveau con pocos elementos en un espacio y fondos simples, hace que cada objeto se vuelva significante.

Art Nouveau en Costa Rica:

En palabras del historiador Bill Risebero, todos ellos parecían “preocupados con la misma nueva estética, basada en las curvas fluidas y blandas que se asemejaban a los zarcillos de las plantas en crecimiento; y en formas retorcidas como impulsadas por el viento que se asemejan a llamas, en fuerte contraste con la ordenada geometría del neoclásico y la rigidez del neogótico” (Historia dibujada de la arquitectura occidental).

En la ciudad de San José, donde la conclusión del ferrocarril al Atlántico había facilitado y acentuado la asimilación de lo europeo, el Art Nouveau tuvo un pronto efecto en la decoración interior y exterior de la arquitectura, mas no en la integralidad de las obras.

Por lo complejo de los diseños modernistas, la mano de obra necesaria para lograrlo –o acercársele siquiera– era tan especializada como costosa. Además, por su misma cercanía temporal y el espíritu de novedad que la embargaba, la estética aquella solo estaba en posesión de los técnicos europeos que por entonces llegaban aquí a modelar el gusto urbano y burgués.

El más destacado de ellos, precisamente, era el ingeniero-arquitecto italiano Francesco Tenca Pedrazzini (1861-1908). Este había arribado a la ciudad a fines del siglo XIX para dedicarse al “arte de las construcciones, que hasta cierto punto él sacó del molde colonial en que vegetaba”, como apuntó Justo A. Facio con ocasión de su óbito.

 

Casa Jiménez de la Guardia, construida en 1905
Casa Jiménez de la Guardia,  Calle 5, Ave. 1 y 3 San José

En ese ambiente, Tenca recibió el encargo de diseñar y construir una casa en la calle 5, entre las avenidas 1 y 3. Así, como un cisne solitario en los alrededores de lo que antaño fue una laguna y ya entonces era el parque Morazán, apareció la que sería la única mansión Art Nouveau de nuestro país. Ver también Casa Jiménez de la Guardia

Esa casa, de varios cientos de metros cuadrados de construcción, sería la obra en la que las pretensiones integrales del Art Nouveau llegarían más lejos en la carrera del artista italiano y en nuestra ciudad capital.

 

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Edificio Steinvorth, San José

El Edificio Steinvorth, San José, como obra del arquitecto milanés Francesco Tenca, evidencia el compromiso del italiano con la corriente estética francesa del art nouveau, predominante a finales del siglo XIX y principios del XX. Este estilo es evidente en la decoración externa del inmueble, donde pueden encontrarse figuras de inspiración animal y vegetal esculpidas en bajorrelieve. Estas decoraciones se caracterizan por la presencia de animales como camellos, chompipes, gatos, mariposas, conejos, abundante fauna rodeada de plantas y flores, además de mascarones, todas características del stile floreale, como se conoció en Italia al art nouveau.

 

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Antigua casa del Señor Velázquez. (Fotografía Maritza Cartín)

Ver Casa Familia Velásquez

Referencias:

  • 1. AD Artchitectural Digest.
  • 2. Fotografías Internet

El Art Decó en Costa Rica

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Botica Solera en San José (Fotografía viralagenda.com)

El Art Decó en la historia:

El Art Decó fue un movimiento de diseño popular a partir de 1920 hasta 1939 (cuya influencia se extiende hasta los ’50 en algunos países), afectando las artes decorativas tales como arquitectura, diseño interior, y diseño gráfico e industrial, también a las artes visuales tales como la moda, pintura, grabado, escultura, y cinematografía.

Después de la exposición universal de 1900 de París, varios artistas franceses (como Hector Guimard, Eugène Grasset, Raoul Lachenal, Paul Follot, Maurice Dufrene, y Emile Decour) formaron un colectivo formal dedicado a las artes decorativas de vanguardia. En 1925 organizan la ‘Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes’ en París, transcurrida la cual, se acuña el termino Art Decó para definir al estilo en particular.

Este movimiento es, en un sentido, una amalgama de muchos diversos estilos y movimientos del temprano siglo XX, y a diferencia del Art Nouveau se inspira en las Primeras Vanguardias. Las influencias provienen del Constructivismo, Cubismo, Futurismo, del propio Art Noveau del que evoluciona, y también del estilo racionalista de Bauhaus. Los progresivos descubrimientos arqueológicos en el Antiguo Egipto marcaron asimismo su impronta en ciertas lineas duras y la solidez de las formas del Art Decó, afín, a la monumentalidad y elementos de fuerte presencia en sus composiciones.

Como estilo de la edad de la máquina utilizó las innovaciones de los tiempos para sus formas: las líneas aerodinámicas producto de la aviación moderna, iluminación eléctrica, la radio, el revestimiento marino y los rascacielos. Estas influencias del diseño fueron expresadas en formas fraccionadas, cristalinas, con presencia de bloques cubistas o rectángulos. El color se nutre de las experiencias del Fauvismo. Trapezoides, facetamientos, zigzags; y una importante geometrización de las formas son comunes al Deco.

Correspondiendo a sus influencias maquinistas, el Deco se caracteriza también por los materiales que prefiere y usa, tales como aluminio, acero inoxidable, laca, madera embutida, piel de tiburón (shagreen), y piel de zebra. El uso de tipografía en negrilla, sans-serif o palo seco, el facetado y la línea recta o quebrada (opuesto a las curvas sinuosas y naturalistas del Art Nouveau), los patrones del galón (chevrón), y el adorno en forma de sunburst son típicos del Art Deco. Ciertos patrones de ornamento se han visto en aplicaciones bien disímiles desde diseño de zapatos para señoras, a parrillas de radiadores, diseño de interiores para teatros, y rascacielos como el Chrysler Building.

El Art Decó en Costa Rica:

“Costa Rica, en especial su ciudad capital, tan occidental en su economía, su cultura y su apariencia como había sido desde el siglo XIX, no pudo ni quiso quedar al margen de eso en el XX, sobre todo en los años treinta, década déco por excelencia aunque provinciano, austero, limitado en su escala y en su esquema”, escribió el arquitecto e investigador Andrés Fernández en su artículo “Barrio México: art déco”, publicado en la revista Herencia de la Universidad de Costa Rica.

Ese popular barrio, ubicado al noroeste de San José, es un rico muestrario de dicha corriente arquitectónica, con edificios emblemáticos como la botica Solera y el antiguo cine Líbano.

Los diseños arquitectónicos del art déco se caracterizan por ser abstractos, puros y sobrios. Destacan los patrones geométricos con figuras como círculos, triángulos y rectángulos así como líneas rectas, en zigzag o en diagonal. Algunos arquitectos exponentes de esta corriente en el país fueron Paul Ehrenberg, Luis Llach, Ferdinand Gabrielle, Daniel Domínguez Párraga, así como los nacionales José Francisco Salazar y José María Barrantes. Este último es autor de un sinnúmero de edificios para centros educativos, como las escuelas República de Argentina (barrio México), Jesús Jiménez (Cartago), Pilar Jiménez (Goicoechea), Cleto González Víquez (Heredia) y Jorge Washington (San Ramón de Alajuela).

Las edificaciones art déco también ilustran la tecnología constructiva de la época, con materiales como el concreto armado, hierro forjado y amplios bloques de vidrio. Fue precisamente durante los gobiernos de Ricardo Jiménez Oreamuno (1932-1936) y León Cortés Castro (1936-1940) que se construyó gran cantidad de edificios públicos e infraestructura vial siguiendo este estilo.

Referencias:

  • ICOMOS. Noviembre de 2015. Publicación en Periódico La Nación.

 

Estilo Victoriano

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Casa en Santo Domingo de Heredia.

En la segunda mitad del siglo XIX, una vez agotados los recursos estilísticos del neoclasicismo, y bajo el impulso de las tendencias románticas que buscaban una mayor libertad de inspiración fuera de las raigambres grecorromanas, aparece un mosaico de tendencias de transición. Son los diversos eclecticismos: neogótico, neorrenacimiento, neorrománico. También se despliegan las formas arbóreas del Art Nouveau. En el estentóreo panorama de “fin de siecle” destaca el llamado Estilo Victoriano, que a su vez es también un abanico de subtendencias: Queen Anne, Italianate, Stick.

El romanticismo europeo fue una huida del prosaico mundo industrial hacia la naturaleza y la originalidad primitiva. Se rechazó la geometría del clasicismo simétrico, junto a todo orden de racionalidad que aludiera a la vida cotidiana. El estilo Victoriano esta intrínsecamente unido a ese espíritu romántico. Su máxima expresión son las residencias Queen Anne, de plantas asimétricas y volúmenes que parodian los castillos medievales por medio de torrecillas.

El desarrollo industrial de los países del hemisferio norte se impone en la actividad constructiva. Comienza la producción seriada de revestimientos de todas clases especialmente metálicos, estructuras de hierro, columnas, frontones, balaustres, pilastras, ventanera, puertas y adornos de madera recortada, labrada y torneada por medio de maquinarias.

Esta oferta permitió a los propietarios de nuevas viviendas adquirir a su gusto el repertorio de terminaciones interiores y exteriores, aplicándolo a una sencilla estructura de tabiques de madera (ballom frame).

La influencia de esta arquitectura residencial se extendió por los Estados Unidos cuyos núcleos urbanos estaban creciendo rápidamente, y por las islas del Caribe pertenecientes al Imperio Británico. En todos los países en donde los británicos mantuvieron una fuerte influencia comercial, y donde penetraron sus capitales la influencia victoriana se aclimató profundamente.

Esta influencia se plasmó a través de los mismos negociantes e industriales británicos que construyeron sus residencias en esos países, así como por los técnicos y empleados locales que viajaron a Gran Bretaña, o que sencillamente imitaron a sus patrones extranjeros al escoger el estilo de sus casas.

Centroamérica recibió la influencia victoriana directamente de los Estados Unidos, preferentemente de la cuenca del Mississippi, cuyo flujo comercial estaba ligado a las repúblicas del istmo.

Arquitectura victoriana en Costa Rica

Según el seminario “Ambientes Victorianos”, las primeras viviendas victorianas en Costa Rica aparecieron en las fincas de café en los alrededores de Cartago por los años 80 del siglo XIX.

Tres razones sustentan esta aseveración:

El auge del cultivo del café en esa zona, con la aparición de asentamientos tardíos por Tres Ríos y San Pedro de Montes de Oca. En el desarrollo de los nucleoides urbanos proliferó la nueva estilística victoriana. El 60% de las casas son urbanas, el 40% rurales.

-La maduración de una industria maderera que podía proveer piezas elaboradas con sierra, tupi, caladoras.

El abandono de las formas del adobe se incrementó a raíz del terremoto de 1910; se buscaron modos de construir más livianos: allí se impuso el -ballom frame- Victoriano, revestido de madera o chapas metálicas estampadas. Si el modelo Victoriano está caracterizado por el énfasis en los hastíales, la presencia de volumetría agregada (bay windows), techos complejos, plantas asimétricas, énfasis en la verticalidad y en las texturas, no todas las viviendas de “espíritu industrial Victoriano” presentan todos esos elementos.

Muchas conservan elementos costarricenses tradicionales del adobe y del bahareque.

La característica compacta de la vivienda se mantiene; se mantiene, en algunas “Victorianas ticas”, el volumen unitario de planta cuadrada y zaguán. Siguen utilizándose los techos a dos aguas de pendiente moderada.

La casa victoriana de entre siglos, oponiéndose a sus antecesoras de origen colonial y republicano, presenta gran riqueza textural y ornamental. En efecto, los muros están revestidos de tablas de madera, puertas y ventanas están enmarcadas de pilastras ricamente molduradas, los balastros tienen diseños atractivos y las columnas finas de madera están coquetamente torneadas.

El clima tropical impone otra variación al modelo europeo americano muy cerrado e introvertido para protegerse del frío. En efecto, la casa victoriana local se abre al exterior generosamente por medio del corredor que, a veces, rodea tres lados de la construcción.

La planta tica da hacia el zaguán presentaba aposentos de tamaño normalizado y cuya función era fijada por los ocupantes, mientras que el modelo Victoriano, respondiendo a una ética familiar sajona, impone una vocación precisa a los espacios; así surgen aposentos para el señor y la señora, para los niños, se impone una sala de costura y otra de juegos.

Ver también:  Casas victorianas en Costa Rica

Referencias:

  • Juan Bernal Ponce. Algunas características de la arquitectura costarricense. Suplemento  30.

Estilo Neomudéjar

 

El neomudéjar es un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló principalmente en la península ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época.1​ El nuevo estilo se asoció especialmente a construcciones de carácter festivo y de ocio, como salones de fumar, casinos, estaciones de tren, plazas de toros o saunas.

En España el estilo neomudéjar fue reivindicado como estilo nacional, por estar basado en un estilo propiamente hispánico. Arquitectos como Emilio Rodríguez Ayuso o Agustín Ortiz de Villajos vieron en el arte mudéjar algo únicamente español y empezaron a diseñar edificios utilizando rasgos del antiguo estilo, entre ellos las formas abstractas de ladrillo y los arcos de herradura.

Sin embargo, lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, son en muchos casos obras de estilo neoárabe, puesto que utilizan elementos califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto.2​

Frecuentemente se ha considerado a la plaza de toros de Madrid de Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra de 1874 como el inicio del neomudéjar, que sería seguido por otros arquitectos como Enrique María Repullés y Vargas, Joaquín Rucoba, Augusto Font Carreras, José Espelius Anduaga, Felipe Arbazuza o Aníbal González.1​

 

Plaza de Toros de Madrid

Sus características inmutables serían: la utilización del ladrillo como elemento principal constructivo, y el uso decorativo de motivos islámicos como lazos, rombos, arcos de herradura, etc. Todo ello concebido como herencia de ese gusto por lo exótico propio del romanticismo, y que ya desde el siglo XVIII se dejaba notar en la arquitectura europea, fruto del pintoresquismo.

El Estilo Neo-mudéjar en Costa Rica:

Así, con los nombres de “morisco”, “andaluz” o “español”, el neomudéjar pasó pronto a América de la mano de arquitectos y artesanos peninsulares, o como parte de la oferta del eclecticismo entonces en boga.

De ese modo, por ejemplo, apareció en San José hacia 1893. Se trata del implante que de un balcón morisco se le hizo en Bélgica –su lugar de origen– al prefabricado edificio de estampa neoclásica del que sería precisamente el Edificio la Alhambra San José, llamado el primer rascacielos de S.J.de la firma J. R. R. Troyo, en la calle 2 y las avenidas Central y 2.

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Almacén La Alhambra en San José.

Cosmética y arquitectura.

En la ciudad hay varias aplicaciones superficiales como aquella, casi todas con seguridad de inicios del siglo XX: así, las que adornan la puerta principal y la ventana derecha de la casa que por décadas ha ocupado la Sociedad Teosófica, al pie de la Cuesta de Núñez.

Otras aplicaciones engalanan el vestíbulo del inmueble de la Edificio de la Librería Católica, San José, en la esquina suroeste de la avenida 4 y la calle 1, donde, además del exquisito trabajo de las maderas labradas en los zócalos, luce una delicada pintura de llamativos colores e islámicos motivos en el cielo raso.

Lo impostado de tal decoración –en una casa criolla como esa o en una victoriana como la anterior– no es de extrañar pues, en San José, los lenguajes historicistas se adoptaron muchas veces en las fachadas, mientras que la distribución interior de las viviendas seguía siendo la tradicional.

Tal es el caso de la vivienda que fue del español Mariano Álvarez Melgar. Muy activo entre sus compatriotas, hacia 1912, Álvarez fue vicecónsul de España en nuestra capital, por lo que en el antejardín de su residencia llegó incluso a ondear un pabellón de su país, como muestra una fotografía de época.

 

Ubicada en la esquina suroeste de la avenida 9 y la calle 3 bis, fue construida en ladrillo en 1910 siguiendo una planta, una distribución y una volumetría netamente criollas, mas decoradas por entero en una estética neomudéjar que da a entender su referente.

En el mismo barrio, sobre la calle Central, entre las avenidas 7 y 9, parapetada sobre una terraza y con estrecho acceso de fortín, se encuentra una vieja casa neomudéjar donde por años funcionó un night-club llamado –no en balde– El Alcázar. Arriba se aprecia su simétrica disposición de mezquita, sus volúmenes apenas horadados al frente por tres arcos lobulados, y, en su fachada, las huellas de lo que pudo ser una decoración aplicada, hoy desaparecida.

De castillos a patios. No obstante, en el cruce de la avenida 11 con la calle 3, se ubica nuestra más importante construcción neomudéjar: el llamado Castillo del Moro, San José. Se levantó en ladrillo según un diseño atribuido al ingeniero constructor catalán Gerardo Rovira, y data de 1930.

Encargo del comerciante español Anastasio Herrero Vitoria, la singular vivienda, en efecto, posee una concepción espacial que responde al de una fortaleza morisca, emplazada en el bajo de Amón sobre una plataforma con cocheras como sótano, pedestal al que siguen tres niveles.

La vivienda se realizó con materiales y decoraciones interiores y exteriores traídos enteramente de España por su dueño, y se caracteriza por la profusión de arcos de herradura, ménsulas y almenas, encajes y filigranas, coloridos vidrios y mosaicos; y, rematando el conjunto, se ve una cúpula de bronce que evacúan las únicas gárgolas conocidas en San José: una obra para admirar.

Casi una década después, en 1939, se iniciaba en Cuesta de Moras lo que sería la Casa Presidencial, hoy la Asamblea Legislativa. Diseño del arquitecto José María Barrantes, era un gran edificio neocolonial al que la Segunda Guerra Mundial dejaría sin concluir.

 

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No obstante, todavía en 1943 se terminaría una de sus partes: el denominado originalmente “Jardín de la Madre Patria España”, patio interior que evoca al palacio de la Alhambra y que sería la última manifestación del neomudéjar en la ciudad.

Obra integral en concepción y diseño, se debe al arquitecto catalán Luis Llach, mientras que la excepcional calidad artesanal del modelado es del también español Mario Romero Fucigna. Ambos trabajaron para la empresa constructora Adela viuda de Jiménez e Hijos.

Evocándolo, el investigador Fernando González parece hacerlo también con las otras obras que dejó en la ciudad el arribo de lo moro:

“Allí quedó un oasis, un patio con su fresca fuente, la infaltable agua de los patios islámicos, las arcadas alrededor […], con sus arcos lobulados y sus delicadas y esbeltas columnas, la policromía de los mosaicos, los paños de sebka; es decir, con su intrincada red de rombos sin calados, primorosamente trabajados en yesería; todo forma un bello interior que, si no alcanza la exuberancia del período andaluz Nazarí, lo recuerda, lo recrea y le hace un bello homenaje” (Luis Llach: En busca de las ciudades y la arquitectura en América ).

Referencias:

  • Universidad de Barcelona (ed.). «Refuncionalizaciones polémicas, plazas de toros y arquitectura neomudéjar: algunos ejemplos en España». Consultado el 24 de noviembre de 2009.
  • UNED (ed.). «Neomudéjar versus neomusulmán: definición y concepción del medievalismo islámico en España.». Consultado el 23 de julio de 2012.
  • Reportaje de La Nación El neomudéjar. La estética historicista española que dejó su huella en San José. 17 nobiembre 2013.