Cuatro Filazos

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Ambos son de alma templada,
mozos ambos y fornidos;
no hay diferencia en edades,
ni en la guapeza y el brío.
Iguales son en donaire,
en coraje son lo mismo
e idénticas las realeras
en el tamaño y el filo.
Por la bella Marcelina,
la nieta de ñor Jacinto,
a darse cuatro filazos
los dos mozos han salido.
Escogen para el combate
la Vega de los Molinos,
y a la luna silenciosa
tienen sola por testigo;
no cruzan una palabra
durante el largo camino:
cada cual piensa en la madre,
en el padre, en el amigo…
y los dos en la muchacha
causadora de aquel cisco.
Tristes son sus pensamientos,
pero marchan decididos,
porque los hombres valientes
no suelen ser reflexivos.
Una vez que al campo llegan
y ya puestos en el sitio,
tiran chaqueta y sombrero
sobre un pedrusco vecino.
– ¡Me perdonás si te mato?
– ¡Está claro!, ¿y vos?
– Lo mismo.
– Pos si querés empezamos.
– Empecemos, Secundino.
A un tiempo de la ancha vaina
sacan ambos los cuchillos,
que a los rayos de la luna
despiden siniestro brillo.
Si uno avanza el otro ceja:
ya están distantes, ya unidos;
saltan, gritan, vuelven, zafan,
fieros, resueltos, bravíos…
Los aceros al chocar
producen extraños ruidos,
y la claridad incierta
pueblan de rayos fatídicos…
Rueda el pobre Juan de Dios
sin exhalar un gemido…
Piensa un instante en sus padres,
en su adorada y en Cristo,
y entra al reino de la Muerte
tan sereno, tan tranquilo,
como en los brazos maternos
se duerme el cándido niño.
El sol de la mañanita
alumbra su cuerpo frío,
y bebe la sangre roja
que mano airada ha vertido,
para colorear sus mantos
por el tiempo desteñidos.

Concherías de Aquileo Echeverría

Equileo Echeverría, biografía

Aquileo J. Echeverría Zeledón.jpg

Fue bautizado con el nombre de Adolfo Dolores Aquileo de la Trinidad Echeverría Zeledón. Sus padres fueron Aquileo Echeverría y Trinidad Zeledón. Cursó estudios primarios y secundarios en su ciudad natal, pero debió abandonar el colegio por su pobreza, obligado a buscar trabajo. El 1 de septiembre de 1885 se casó en Heredia con María Dolores Flores Zamora.

En 1885 se enroló como soldado en la campaña militar contra el presidente guatemalteco Justo Rufino Barrios , quien pretendía restablecer la unión centroamericana por la fuerza de las armas. Al finalizar la campaña se estableció en Nicaragua, al servicio del presidente Adán Cárdenas del Castillo. Fue en ese país donde conoció y entabló amistad con el poeta Rubén Darío, quien posteriormente escribiría: «… y Costa Rica tiene un Poeta. Tiene, en verdad, otros poetas, pero SU poeta, el poeta nacional, el poeta familiar se llama Aquileo J. Echeverría».

De regreso en Costa Rica fungió como periodista en varios periódicos y revistas, entre los que destacan La RepúblicaEl comercioCosta Rica IlustradaLa PatriaEl periódico, entre otros. Publicó varios poemas y artículos serios bajo los seudónimos de Boccaccio, El Duende Rojo y Dixie.

Fungió como Agregado de la Embajada de Costa Rica en Washington, Estados Unidos, a partir de 1887, en la época en que se celebró el acuerdo fronterizo entre Costa Rica y Nicaragua por el Laudo Cleveland.

En el año 1889 colaboró con Rubén Darío en el periódico La Unión en El Salvador, posteriormente colabora con el periódico Guatemala Ilustrada. Regresa a Costa Rica en 1893, donde continúa ejerciendo el periodismo, posteriormente trabaja en la Biblioteca Pública de la ciudad de Heredia, donde se traslada a vivir y establece una pulpería, dedicándose al comercio. En lo económico las cosas no anduvieron nada bien, porque Aquileo no era comerciante pero el trato directo con sus clientes campesinos le proporciono al pulpero, que si era escritor, un material folclórico invaluable que supo aprovechar de maravilla para crear sus famosas Concherías, consideradas hoy como un tesoro en las letras nacionales.

Muere en España el 11 de marzo de 1909, país al que había viajado para ser sometido a un tratamiento en la Casa de Salud de Barcelona, luego de un serio quebranto de salud. Sus restos fueron llevados a Costa Rica en marzo de 1915.

Fue designado Benemérito de las Lenguas Patrias en octubre de 1953. En 1961 el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes de Costa Rica crea el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en honor a la labor de este autor.

Fue primo del laureado escritor costarricense Manuel González Zeledón, “Magón”; y abuelo de la escritora de cuentos para niños Marilyn Echeverría Zurcher, quien firma bajo el seudónimo de Lara Ríos.

Obra literaria

…ningún otro poeta en Costa Rica tiene como él ni tantos lectores, ni tantos afectos conquistados.

Rubén Darío.

El éxito de la poesía de Aquileo J.Echeverría fue la exactitud con que describió la vida, el pensamiento, las costumbres y el lenguaje de los campesinos costarricenses, debido a que tuvo la oportunidad de vivir entre ellos, dándole la oportunidad de estudiar sus defectos, sus creencias, sus tradiciones, su modo de vida cotidiana, lo que hizo que Aquileo lo plasmara en su obra con el mismo modo de hablar del campesino. La época en la que Aquileo Echeverría escribió tuvo un predominio de posiciones europeístas o academicistas, por lo que el costumbrismo de Echeverría y de su primo Magón vinieron a ampliar el discurso literario costarricense, incorporando las culturas y lenguajes orales y populares ajenos a la cultura letrada.

  • Romances (1903)
  • Romances y misceláneas
  • Concherías (1905)
  • Poesía, concherías y epigramas (1918)
  • Crónicas y cuentos míos (1934)
  • Concherías, romances y epigramas (1950)
  • Concherías, romances, epigramas y otros poemas (1953)

 

Referencias:

  • Zeledón Cartín, Elías (2013). Biografías de costarricenses (1° edición). Editorial Universidad Nacional de Costa Rica. pp. 133-135. ISBN 9789977653822.
  • Quesada Soto, Álvaro (2008). Breve historia de la literatura costarricense. Editorial Costa Rica. pp. 148 páginas. ISBN 9977-23-893-6.

Un caballero pirata

En la época de su grandeza no tuvo España enemigo tan encarnizado como Sir Francis Drake, el intrépido corsario que llegó a ser uno de los más famosos almirantes de la reina Isabel. Nacido en el mar y discípulo de su deudo Sir John Hawkins, corsario no menos audaz, Drake fue uno de los fundadores del poderío naval de Inglaterra y el primer marino de su nación que dio la vuelta al mundo, proeza realizada cincuenta y ocho años antes por Magallanes y Sebastián de Elcano. Su odio contra los españoles era tan grande que solía decir: “Haya paz o haya guerra entre España e Inglaterra, siempre habrá guerra entre Drake y los secuaces de la Inquisición”. Seguir leyendo “Un caballero pirata”

Miguel Salguero…

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En honor al famoso costarricense Miguel Salguero autor, director de cine, periodista, fotógrafo, actor y un enamorado del país quien falleció este miércoles a sus 84 años ( 24 de marzo del 2018) deseo compartir su biografía.

Miguel Zúñiga Díaz, conocido como “Miguel Salguero”, nació en Guaitil de Acosta, el 1 de Julio de 1933. Su mayor pasión siempre ha sido el periodismo, pero la gente lo ha considerado como escritor, político y cineasta, cosa que también desempeñó en años pasados. Colaboró con algunos periódicos de circulación nacional como La República, La Prensa Libre y La Nación.

Ha publicado más de 30 libros. Productor y director de El Fogón de doña Chinda, que llegó a acumular más de 500 capítulos que fueron transmitidos en diversos canales de televisión. Ha producido y dirigido cuatro películas, y diversos documentales. También estuvo al frente de programas de radio. Ha hecho una valiosa labor de rescate de tradiciones y manifestaciones folclóricas de Costa Rica, y ha estimulado y descubierto a diversos artistas nacionales, algunos de los cuales todavía siguen activos en el medio nacional.

Su paso por el cine y la televisión fue pensado mucho por el costarriqueñismo que existe: La Apuesta, El Trofeo, El Fogón de Doña Chinda, Los Secretos de Isolina, Gentes y Paisajes y La Familia Mena Morahan ocupado en los televidentes un espacio que entretiene y a la vez enseña, tal es el caso de la producción Gentes y Paisajes, el cual transmitía un enfoque a las tradiciones e historia costarricenses.

Diputado y Presidente Ejecutivo del Sistema Nacional de Radio y Televisión (SINART), fue, además, el soldado más joven (14 años) en la Guerra del 48, en la cual se jugó la vida cuando pasó 36 horas en una trinchera acorralado por el enemigo, y tomó parte en la legendaria “Marcha fantasma”.

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Se casó siete veces y tuvo 13 hijos. Sus últimas dos esposas han sido María Mayela Padilla y la cantante de música infantil Vera Patricia. En 1994 se funda el partido Fuerza Democrática del que es su primer candidato presidencial. La agrupación popularmente conocida como el Naranjazo obtuvo dos diputados. Posteriormente deja el tema de la política y sería sucedido en la candidatura de dicho partido por el historiador y profesor Vladimir de la Cruz de Lemos.

Anécdota del Profesor Mario Sancho Jiménez

Anecdotario Nacional

EN una de las administraciones de don Ricardo Jiménez Oreamuno, el Profesor Mario Sancho Jiménez fué nombrado Cónsul General de Costa Rica en México. Estando en el empeño de sus funciones, fue invitado a una reunión del cuerpo consular en la que se iban a trazar los planes para una mejor y eficaz comprensión entre los países latinoamericanos. Aquí fué donde Mario Sancho se pronunció uno de los mejores discursos de su vida, el cual fué calurosamente aplaudido y comentado por la concurrencia.

Uno de los señores cónsules, impresionado y sorprendido a la vez de la vasta cultura del señor Sancho, le expresó:

—”Dígame, colega: “¿es usted diplomático de carrera?”. La respuesta de Mario no se hizo esperar:

—”No amigo, en Costa Rica NI SIQUIERA LOS CABALLOS SON DE CARRERA”.

 

Referencias:

  • Tomado del Anecdotario Nacional de Carlos Fernández Mora. Dibujante: Noé Solano V.

La vela de un angelito.

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Estaré compartiendo con ustedes estas bellas Concherías de nuestra tierra, la Costa Rica de Antaño. Espero que les guste.

Trata del velorio de un niño pequeño, comparado con un ángel. Todos los invitados celebran, bailan, comen y beben por montones; celebrando a la propia vida.

Apenas el rezador
pone fin a lo que reza,
cuando sale a relucir
la hidrópica botijuela.
¡Qué besos tan cariñosos!
¡Qué caricias tan extremas!
Unos la apuntan al muro,
los más hacia las soleras.
Libre la sala de estorbos,
puesta en un rincón la mesa,
donde en caja destapada
duerme el “Angel” que se vela,
se adelanta el maestro Goyo,
que es el director de orquesta,
con el “chonete canchao”;
bajo el brazo la vihuela, ‘
en la boca el “cabo” hediondo
que ha llevado tras la oreja,
“cabo” que ha de ser al cabo
soberanísima “cuecha”.
Da principio el zapateado.
Cómo saltan y dan vueltas,
se detienen o adelantan,
se separan o se estrechan.
Ellas con la falda asida
y la mano en la cadera.
Ellos con pañuelo al cuello
o en la mano, según quieran.
Ahora dando pataditas,
ya girando con presteza,
van de la una a la otra banda,
van de la una a la otra puerta.
Envuélvelos una nube
que forma la polvareda
que por los pies arrancada
surge del piso de tierra,
nube contra la que luchan
en vano doce candelas
colocadas en “pantallas”
que de las paredes cuelgan,
o adheridas al horcón
de recia y tosca madera,
donde dejan al morir
sebo, hollín, pabilo y yesca.
Alguien grita: ¡bomba!, ¡bomba!
Párase al punto la orquesta
y un mozo de buena estampa
así dice a su mozuela:
“Como mi almuhada es de paja
y mi novia no está vieja,
toda la noche la paso
con la paja tras la oreja.”
– ¡Bravo!
– ¡Bien!
– ¡Viva Domingo!
– ¡Vivan ñor José y Grabiela!
– ¡Vivan los dueños de casa!
– ¡Otro trago “pa l’orquesta”!
– ¡Música “mestro, y arréle”
que ya encontré compañera!
– ¡Oh “viejito tan asiao”!
– ¡Que viva yó y mi pareja!
– ¡Que viva!
– ¡Bomba!
– ¡Otra bomba!
Párase al punto la orquesta,
y la niña puesta en jarras,
responde así zalamera:
“Quisiera ser ‘cojollita’
o flor de la yerbabuena,
para perfumarle el alma
al negro que me quisiera.-
– ¡Bueno! –
¡Muy bueno, caramba!
– “Alcáncensen” la limeta,
que la “casusa” hace falta
y es “casusa” de cabeza.
– Dame un trago, Valentín.
– Zampále, que no hay tranquera.
Los mozos de la familia
a las jóvenes obsequian,
repartiendo en azafates
sendas copas de mistela,
que toman en compañía
de empanadas de conserva,
polvorones, pan de rosa
o enlustrados con canela,
mientras las damas mayores;
con la escudilla en las piernas
se “atipan” de miel de ayote,
usando para comerla
de sus no pulidos dedos
las sus no muy limpias yemas.
Fortalecidas las panzas
sigue de nuevo la juerga,
y entre risas y palmadas
se inician juegos de prendas;
“San Miguel dame tus almas”;
luego “La gallina ciega”,
luego “El estira y encoge”,
“El muerto” y “La mula tuerta”.
En tanto allá en la cocina
la madre suda y se empeña,
ya batiendo chocolates,
ya saqueando su alacena
donde el bizcocho dorado
duerme en amplias cazuelejas,
o ya sacando empanadas
de papa y carne rellenas,
ruborizadas de achiote
y trasudando manteca.
El padre con una “soca”
de más allá de la cuenta,
suelta un rosario de verbos
y “rajonadas” tremendas,
diciendo que ahí no hay hombres
que se “paren”; que son hembras,
y que el que quiera probarlo
que se salga a la tranquera,
“pa arriarle” cuatro “planazos”
y hacerle ver las estrellas…
La gentil aurora pone
fin, con su luz, a la fiesta:
y al niño, en la caja blanca,
se llevan para la aldea,
donde le aguarda el regazo
cariñoso de la tierra.

Concherías, Aquileo J. Echeverría.

Y aquello era una fiesta!

Cualquiera que haya hecho ese viaje a bordo del tren al Atlántico, más conocido bajo el seudónimo de “El Pachuco” (para los ferrocarrileros el Nº 101), concordarán en que hablo de una experiencia inolvidable, llena de colorido y folclor.

Por que no solo un medio tranquilo y oportuno de transporte, no, con él llegaba la vida a los pueblos.

La gente usaba su mejor traje (el de “dominguera” que llamaban) para viajar e incluso salir a verlo pasar. Desde muy temprano se levantaba a los chiquillos, se les daba el desayuno, que por lo general era “burrita” con huevo frito, tal vez plátano o banano, la cosa era que quedara lleno, para que no quedara pidiendo “cochinadas de camino”, después se le vestía y peinaba con bastante “glostora” para controlarle el pelo rebelde, no sin antes sermonearlo o advertirle, so pena de un cosco, que cuidara de no ensuciarse, ni andarse “encaramando” en todo lado, ni andar pidiendo porque “no se anda plata” y mucho menos ponerse a jugar en el coche, en síntesis: “Va a andar sosega’o”. Una vez amonestado, se sacaba al “querubín” a mirar aquel pueblo ambulante entre los coches azules.

Ya desde que los vecinos lo veían a uno “catrineado” le soltaban la pregunta “Aja vecina ¿vade paseo? Y casi siempre la respuesta era menos emotiva: “No que va, mandaditos”.

En cada estación era lo mismo, ir y venir de gentes (y “gentecillas”) apuradas para tomar el tren o para recibir algo o alguien. No faltaban las tristes despedidas también, tal vez del hijo que dejaba el terruño para estudiar o trabajar allá en “la capital”, o enamorados que por una u otra razón se alejaban con un beso en la grada del balcón y una lágrima. Los solitarios, aburridos miraban, quizá con nostalgia, por las grandes ventanas todo aquel movimiento.

Una de las estaciones más bellas y dinámicas, era la de Siquirres, “la ventana del Caribe”, para los capitalinos.

Allí siempre estaban sus negros hablando a voz fuerte en inglés, mientras cargaban cacao en los vagones, siempre audibles entre el ruidoso gentío, los grotescos escapes del tren al detenerse y la campanilla de patio que encendía la locomotora.

Otros, que sabían hacerse oír, eran sus comerciantes de alimentos tradicionales, quienes con ingeniosos estribillos publicitarios captaban la atención. ¿Quién no recuerda a una señora bajita y gorda, con un delantal blanco y limpio que se paseaba con una enorme palangana de aluminio gritando: “pescado, bofe chicharrones”? ¿O aquel negro corpulento de caminar ligero que vendía  (y aún vende) “pati” cerrando sus frases con un silbido fuerte y rítmico? Si, ese que decía “llévelo, rico, caliente el pati de Lay”. Silbaba y volvía con: “pruébelo, delicioso con chile, pati de Lay”.

Igual podríamos memorar a la negra que con una tina grande sobre la cabeza a la usanza africana, ofrecía “pan_bon y cocadas”, al negro flaco que traía cajetas de coco sobre las hojas de naranjo y melcochitas blancas con franjas rojas, al popular “Boli” (diminutivo de Bolívar) quien se ganaba la vida con sus deliciosos copos y granizados, entre otros que aprovechaban los minutos que permanecía el tren para no solo hacer  sus “centavitos”, sino también culturizar con sus platillos a los viajeros, que ya esperaban esa cálida bienvenida de aquel pueblo alegre, que con cariño nombraban “La Siquiera”.

Muy lamentablemente “El Pachuco” ya no recorre las venas de hierro de la provincia. Su pito lejano que encendía la algarabía se ahogó entre excusas burocráticas y provecho de algunos pocos, para “consuelo de tontos”.

Más su inmenso legado y bellos recuerdos, esos no nos abandonarán nunca.

 Referencias:

  • Cuentos y leyendas, anécdotas e historias de Vida. Provincia de Limón, editado por Yanory Álvarez Masís, del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, Certamen de Tradiciones Costarricenses, 2008