Paseo de los Estudiantes (alrededores de la Iglesia La Soledad)

El jueves 14 de setiembre del 2017 fui a caminar a los que los costarricenses llamamos Paseo de los Estudiantes aunque hoy es el Barrio Chino pero para mi seguiré con el primer nombre, ya que esté marcó la historia de C.R.  Por cierto en otra de mis entradas describo con más detalle este Paseo de los Estudiantes. Aquí les dejo con algunas fotografías que logré tomar esa mañana.  Espero que les gusten.

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Iglesia La Soledad

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Paseo las Damas

Esta imagen, de guiasdecostarica.com, nos lleva hasta el Paseo de los Damas. Según la descripción, a la izquierda se ubica el Parque Nacional y a la derecha está hoy la Biblioteca Nacional. Hacia el oeste de la biblioteca se ve un portón negro, esa es la antigua Fábrica Nacional de Licores, convertida hoy en el Centro Nacional de la Cultura (CENAC). La casa a la izquierda pertenecía al Presidente Tomás Guardia y entre 1920 y 1978 fue la Casa Presidencial de Costa Rica. Hoy, en ese lugar, está el Tribunal Supremo de Elecciones.

Paseo de las Damas

Avenida las Damas 1890, foto Fotos antiguas de C.R.
 La foto data de 1890, efectivamente cuando vivía en ella doña Emilia, viuda de don Tomás Guardia. El pie de foto dice “Calle de la Estación, ya que va justo a la Estación del Ferrocarril al Atlántico. La cerca a mano izquierda corresponde al Parque Nacional, fundado cinco años después de tomada esta foto, en 1895. (Comentario de Guido Álvarez González). Fotografía publicada en Fotos Antiguas de C.R. Facebook.

 

Aquí vemos el Paseo de las damas en el pasado y en el presente.

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Tribunal Supremo de Elecciones (antes Antigua Casa Presidencial, ver fotografía superior)

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Vemos la Biblioteca Nacional y al fondo a la derecha el Tribunal Supremo de Elecciones, Paseo de las Damas
Avenida los Damas 1921 (Guerra C.R.-Panamá)
Paseo de las Damas (Fuente Manuel Gómez Miravalles). La guerra C.R.-Panamá 1921. Colección del Museo Nacional IGB 11010. “Tropas del Batallón de la Muerte.”
Paseo de las Damas 1910
Paseo de las Damas a la altura del puente, 1910

Algo de historia sobre el Paseo de las Damas

(Por Florencia Quesada Avendaño, La Nación)

En cierto modo, la avenida de las Damas surgió del agua. El origen de esta calle-bulevar, emblemática de San José, se vincula a la inauguración de los tanques de la cañería del barrio Aranjuez en 1867. Ya instalados esos tanques, la Municipalidad decidió crear un paseo público sobre la vía que conducía a los recipientes de agua potable: “Un paseo público a aquel lugar, al cual concurrirá la Municipalidad en cuerpo”.

Sin embargo, lo que promovió el crecimiento de esa parte de la ciudad fue la construcción de la estación del Ferrocarril al Atlántico (1890) y la plaza de la Estación, posteriormente rebautizada “parque Nacional”, por lo que a la vía se la llamó la calle de la Estación.

Eje y ejemplo. La zona representó uno de los primeros ensanches de la ciudad de 1870, que rompieron la cuadrícula urbana colonial. Fue el inicio de una nueva forma de asentamiento, y fue el eje de la transformación de la San José de finales del siglo XIX e inicios del XX.

Se creó así un eje de parques en el nordeste, que se inició en el Morazán y terminó en el Nacional, unidos por la avenida de las Damas. Esta era la puerta de entrada a la ciudad y el espacio público de mayor importancia en las primeras décadas del siglo XX.

Una nueva concepción urbanística e ideológica se materializó en los parques y en los monumentos instalados en ellos. Los parques higienizaron, embellecieron y crearon un nuevo espacio de sociabilidad. Los parques y los monumentos también fueron espacios para la educación y el civismo pues en ellos se fomentaron los nuevos valores nacionales que las elites gobernantes intentaban inculcar en todos los costarricenses.

Este nuevo eje de comunicación empezó a desplazar la importancia simbólica del espacio público del parque Central (antiguo centro de poder) a esta zona durante el período liberal (fines del siglo XIX). El nordeste fue el escaparate de la modernidad.

Aunque fue y es una angosta calle, se la rebautizó como “avenida de las Damas”, nombre más acorde con el status de bulevar que se le quería dar. Se la llamó así debido los árboles de damas ( Citharexylum caudatum ) plantados a lo largo de la calle en 1895. También se la llama “avenida de los Damas” (por los árboles).

Simultáneamente, fue el paseo burgués por excelencia en las primeras décadas del siglo XX, la calle para verse y ser visto en San José.

El paseo fue precursor en la instalación, a partir de esta avenida, de los más importantes servicios públicos modernos: agua, electricidad y pavimentación con asfalto).

Al mismo tiempo, la avenida de las Damas ha tenido relevancia en la vida política, como lo captó Manuel Gómez Miralles en la fotografía de la llegada de las tropas del “Batallón de la Muerte”, enviado a la frontera a raíz del conflicto con Panamá en 1921. Las tropas desfilaron por la avenida arborizada, junto con una banda militar: momento de júbilo por la declaración del armisticio del 6 de marzo de 1921.

Casa errante. El asentamiento de la elite en los alrededores de esta calle, comenzó a fines de 1870 con la construcción de la vivienda del dictador liberal Tomás Guardia (promotor del ferrocarril al mar Caribe). Su casa se usó después para albergar las oficinas centrales de la United Fruit Company, y por algunos años fue la Casa Presidencial.

Se construyeron allí otros edificios educativos, como el religioso Colegio de Sion, y el Edificio Metálico al final de la vía.

La idea de agrupar un centro cívico nacional en esta parte de San José comenzó a gestarse a fines del siglo XIX como parte de la reorganización de poder en la ciudad, realizada por los liberales, iniciativa consolidada a lo largo del siglo XX.

En la década de 1910, la Casa Presidencial fue el Castillo Azul (en el sector sur del parque Nacional, hoy parte del complejo de edificios de la Asamblea Legislativa).

En 1939, al sureste del parque Nacional se construyó la Asamblea Legislativa. En la década de 1960 nuevamente se volvió a ubicar la Casa Presidencial, esta vez en el lugar originario de la casa de Tomás Guardia, en un nuevo edificio (demolido a finales de 1970). En ese mismo sitio, en 1990, se levantó el Tribunal Supremo de Elecciones.

Una rápida mirada desde el origen de esta parte de la ciudad hasta hoy, deja patente el legado de la ciudad moderna en la reconfiguración del espacio de poder en San José.

Florencia Quesada Avendaño, La Nación (23/05/2010)

Paseo de los Estudiantes

Paseo de los estudiantes, 1914

paseo de los estudiantes bulevar hacia el sur

Carlos Monge Alfaro.
Historia de Costa Rica, p. 275.

En esta segunda parte, les vamos a hablar sobre el porqué del cambio de nombre de la calle 9 por el de Paseo de los Estudiantes.

Según los historiadores, “Paseo de los Estudiantes” fue el nombre que se le dio a la calle 9 al sur de San José, como reconocimiento al valor demostrado por los estudiantes del Liceo de Costa Rica, el Colegio Superior de Señoritas y el Colegio Seminario.

En “gesta histórica” del año 1919, aquellos jóvenes estudiantes, que hasta ese momento se habían mantenido al margen de lo que sucedía políticamente en su país, se lanzaron a las calles en la lucha por la libertad y la democracia de Costa Rica.

Las tribunas, protestas y manifestaciones se realizaron en la calle 9 y la plazoleta frente a la iglesia de La Soledad, esta fue el área geográfica que constituyó el ámbito de acción.

Desde aquí, estudiantes, docentes y obreros se unieron, en una serie de hechos políticos transcendentales, hasta la caída de Federico Tinoco Granados (1917-1919), última dictadura en Costa Rica. Por lo que el Paseo de los Estudiantes es parte de nuestra herencia patrimonial y una de las expresiones la cultura nacional.

Por ello, en diciembre del año 1934, el gobierno de la república y por iniciativa de la Municipalidad de San José, premió a los estudiantes que se habían destacado en pro de la libertad y la democracia en Costa Rica. A saber, el Colegio Superior de Señoritas, el Liceo de Costa Rica y el Colegio Seminario.

Después de varios actos cívicos, se bautizó la calle 9 con el nombre de Paseo de los Estudiantes. (Publicado en la Memoria Municipal de 1936-1938).

En las últimas semanas, hemos escuchado a diferentes sectores de la sociedad civil sobre la construcción del “barrio chino”, precisamente en el histórico Paseo de los Estudiantes.

Creemos que el futuro de Costa Rica depende en buena parte de la actitud que resuelvan tener sus habitantes.

Independientemente de nuestras posiciones ideológicas, sabemos que una de las principales consecuencias de la globalización es sobre la cultura nacional, que nos ha sido legada por nuestros antepasados y que nos ha permitido forjar una idiosincrasia que nos caracteriza como país.

Ya los trabajos para la construcción de dicho “bulevar chino” se iniciaron, pero conscientes de nuestra responsabilidad en este campo entendemos que el Paseo de los Estudiantes es una evidencia material del pasado que nos permite conocer un proceso político de dolor y muerte que vivió nuestro país en el siglo pasado. Disfrutamos un país libre y democrático, gracias a nuestra estirpe y entre esta los estudiantes de tres colegios josefinos, como hemos visto anteriormente.

El Paseo de los Estudiantes no es una calle simplemente para “pasear” sino que forma parte de la memoria colectiva y ocupa un lugar especial en el fortalecimiento de la herencia histórico- cultural de nuestro pueblo.

Desde ese punto de vista, no se justifica eliminar el nombre “Paseo de los Estudiantes”, que es parte de nuestro patrimonio histórico urbano, y sustituirlo por una simple “placa histórica” que vendría a desdibujar hechos trascendentales como los descritos anteriormente.

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El Paso de la vaca

vaca

Recuerdo que una vez me hicieron ir a traer una encomienda cerca del Mercado Borbón, a unos doscientos metros al norte del antiguo Almacén La Granja, en calle ocho, avenidas cinco y siete camino a la antigua Botica Solera, Barrio México.

En mis escasos once años lo que más recuerdo es que se me dijo que era por el “Paso de La Vaca” y es hasta ahora que ya sé por qué se le ha denominado con este nombre; bueno, eso creo…

¿Qué origen tiene la denominación “El Paso de La Vaca”?

Me lo contó un anciano que se las sabe todas, de esos que no pierden ni el mínimo detalle de lo visto o escuchado.

San José era una ciudad “pichoncita”, tanto que las casas, al igual que las primeras plumas, iban apareciendo aqui y allá, entre verdura y sosiego. La gente fraternizaba un tanto, pero de lejos. El rudo trabajo apenas les permitía el tiempo de hacer la colación en familia, rezar el rosario, y cuando más antes de recogerse, salir a la “tranquera”, a comentar sobre el día de trabajo y escuchar algunas viejas leyendas o historias; a la vez, el poder compartir con algún vecino o viajero que con dificultad pasara por sus casas.

Los domingos asistían todos a la misa, y las comadres hablaban ya que era la única oportunidad para charlar y chismear, mientras regresaban en compañía de las vecinas.

Por aquella época -la de esta leyenda- se tenía, como ahora, mucha veneración por los santos y era difícil que en cada casa no se hallaran algunos, aunque fueran en pintura. Sobre todo los San José eran imprescindibles, con la ventaja de que lo mismo servía para la fiesta del patrono, que para figurar en el indispensable portal de fin de año.

Las mujeres, pues, tenían todos sus camarines en que alojaban muellemente las doradas imágenes, y era de verse la solicitud con que limpiaban y acicalaban al Niño Dios o pegaban un cuerno o una oreja -como ahora-, al buey o la mula, si la humedad se había atrevido al sacrilegio.

Y acertó a darse una vuelta por aquí un escultor que venía de Guatemala, recomendado al señor cura de Cartago, sumamente hábil en tallar madera. Todos a una quisieron proveerse de santos de bulto. Pero la desgracia era que el escultor cobraba caro. No hubo más que una casa de unos tales Abarca que pudiera costear los suyos. Y el artista se quedó, y los hizo precisamente al acercarse el fin de año.

He aquí que las comadres salían una mañana a misa despachadas por su pobreza, y una dijo:

-Vayan a ver el portal de Ñor Abarca…

-¿Qué tal les resultaron los santos? Son bonitos, pero yo creo que no los pueden bendecir.

-¿Y eso?

-¡Pues no va el fuerero ese, el artesano, y le hace los animales imperfectos! En vez del buey y la mula, hizo la mula y una vaca; y es que como a todos los Abarca los llamaban “bueyes” porque trabajaban muy fuerte desde que salía el sol hasta que se acostaba, eran tan trabajadores como los bueyes. Y además de esto, es que la familia de Ñor Abarca eran todos hombres y ninguno se le había casado. Ñor Abarca le dijo al artesano que le ponían tetas o no lo pagaba.

-Si, pero dicen que el cura les dio el permiso para que no les sirviera de mala tentación.

La noticia cundió allí mismo; y por la casa de Ñor Abarca desfiló todo San José, a ver la vaca del paso Y como la cosa era tan singular en realidad, después había quién preguntará:

-¿Me da razón dónde vive fulano?

-Coja allí, por la calle de los Abarca…

-No sé dónde vivirán…

-¡Hombre: aquellos que llaman los “bueyes”, los del paso de la vaca!

-¡Aja! Dios se lo pague.

Fuente: Fabio Baudrit “El Paso de la Vaca y otros relatos”, Editorial Costa Rica