El Turno en Costa Rica

Presentamos una pincelada del significado de la fiesta popular en Costa Rica y sus actividades más tradicionales, tomando como referencia las actividades desarrolladas predominantemente en el Valle Central. Desde la óptica de fiesta tradicional, la misma se caracteriza por ser un espacio comunitario que propicia la participación, la convivencia social, la expresión cultural y gastronómica. Se promueve la identidad local, regional y nacional, se fortalece el sentido de pertenencia que tienen las personas con las costumbres y tradiciones, y se contrapone con la globalización que ha desdibujado las fronteras y ha impactado de múltiples formas a la sociedad.

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Turnos, una fiesta muy tica con olor a pueblo

 

Referencias:

  • Este documento presenta los resultados parciales de la investigación “El turno como vivencia colectiva y expresión sociocultural y gastronómica en las comunidades del Valle Central de Costa Rica” inscrito por la Escuela de Nutrición de la Universidad de Costa Rica en la Sección de Extensión Cultural de la Vicerrectoría de Acción Social, EC-317, período 2012-2013.
    Investigación y edición de contenidos: Patricia Sedó Masís.
    Diagramación y diseño: Alejandra Arrieta Alfaro (Estudiante del proyecto TCU-486)
    Enero, 2014.

Calle Real, Liberia, Guanacaste.

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Una calle en el corazón de Liberia es uno de los pocos sitios arquitectónicos de Costa Rica donde los edificios de bahareque y adobe aún sobreviven para contar historias.

Aquí les dejo un precioso reportaje de lo que ha sido y es Calle Real en Libería…un lugar que nos traslada al tiempo de nuestra Costa Rica de antaño. Espero que la disfruten.

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https://vozdeguanacaste.atavist.com/untitled-project-fk931

 

Referencias:

  • Por María Fernanda Cruz-mariafernanda@vozdeguanacaste

Parque de Béisbol Antonio Escarré (Historia del béisbol en Costa Rica)

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Hay constancia de que el primer juego que se realizó en Costa Rica, se celebró en el año de 1897 en Puerto Limón, dedicado al entonces Presidente de este país Rafael Iglesias Castro, entre un equipo josefino y otro limonense.

Se relata que gracias a la construcción del ferrocarril y las transnacionales extranjeras que explotaron el banano, fue que este deporte pudo desarrollarse en nuestro país. Llegaron con sus implementos de juego y comenzaron a practicar hasta que se formaron los equipos para competir.Resultado de imagen para Estadio Antonio Escarre, san jose

El 16 de abril de 1906 se fundó en San José el primer club de Béisbol denominado SOCIEDAD SPORT SAN JOSE BASEBALL, fundado por los señores Santos Mendieta y Manuel Palomo. Entre tanto y con el fin de jugar frente a esta agrupación, el señor Louis Michaut, formó la SOCIEDAD ATLETICA DEL LICEO DE COSTA RICA y se realiza el segundo juego oficial en nuestro país, ganando los josefinos 19×13 a los liceístas. Seguir leyendo Parque de Béisbol Antonio Escarré (Historia del béisbol en Costa Rica)

La numismática en Costa Rica

La colección de numismática del Banco Central de Costa Rica tiene su origen en la antigua Casa de la Moneda de Costa Rica, que funcionó entre 1828 y 1949, la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica fundó el Museo Arqueológico y Numismático -actualmente llamado Museos del Banco Central- con lo cual se continuó con la adquisición, la conservación y la investigación de la colección que es estudiada para conocer la historia de la moneda, su relación con la economía, la política y el desarrollo cultural costarricense y, así difundir este conocimiento a la comunidad nacional e internacional.

La exhibición «Del Real al Colón. Historia de la Moneda en Costa Rica», presenta un recorrido por la historia de la moneda desde la llegada de los españoles -en el siglo XVI- hasta la actualidad. En ella, también se ha incluido la historia de otros medios de pago, como los billetes, los boletos de café y las fichas comerciales, los cuales facilitaron las transacciones de bienes y de servicios a partir del siglo XIX.

Insto a mi amigos lectores visitar los Museos del Banco Central, los cuales se encuentran en los bajos de la Plaza de la Cultura. Estoy segura que disfrutarán de un recorrido fascinante por nuestra Costa Rica de antaño.

Referencias:

  • Museos del Banco Central de C.R.

Comida Afrocaribeña de Costa Rica

Durante siglos, el Caribe fue el lugar del mundo al que mayor número de esclavos africanos llegó en los barcos de los europeos. Cuba, Haití o Puerto Rico son algunas de las muchas islas en la que el mestizaje y la fusión surgieron como producto de las interacciones entre blancos y morenos, desembocando en una influencia por parte del continente negro tanto en la cultura como en la sociedad y también la gastronomía.

Costa Rica es hasta ahora uno de los países de influencia africana menos señalados y por ese motivo os traemos un suculento y exótico menú a base de comida afrocaribeña de Costa Rica para chuparse los dedos.

A partir de la conquista del continente americano por parte de los españoles en el siglo XV, las oleadas de esclavos traídos de África Occidental (principalmente de Senegal, Gambia, Ghana, Guinea o Benin) comenzaron a inundar el mar Caribe, siendo Costa Rica uno de los lugares donde más se apreció esta influencia.

Los esclavos negros fueron enviados a Jamaica, a Cuba o Nicaragua, mientras que en Costa Rica las zonas del país centroamericano que mayor número de africanos contrataron fueron algunas como Guanacaste, en la zona noroeste, donde priman el maíz y las parrilladas, o las plantaciones de cacao de Matina. Sin embargo, sería a finales del siglo XIX cuando una segunda ola de inmigrantes africanos llegaría junto a los culíes chinos e indios al Caribe como reclamo por parte de las grandes colonias tras la abolición de la esclavitud. En el caso de Costa Rica, los inmigrantes formaron parte de la extensión de Ferrocarril del Atlántico o en el cultivo de las plantaciones de banana en el estado de Limón, la zona de mayor herencia afrocaribeña de toda Costa Rica.

Pata con calamares

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Instituto Costarricense de Electricidad, su historia, 1949.

1970, Maureen Quesada, FACR y su H.
1970

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) fue creado por el Decreto – Ley No.449 del 8 de abril de 1949.

¿Cómo nació?
Su creación fue el resultado de una larga lucha de varias generaciones de costarricenses que procuraron solucionar, definitivamente, los problemas de la escasez de energía eléctrica presentada en los años 40 y en apego de la soberanía nacional, en el campo de la explotación de los recursos hidroeléctricos del país. Como objetivos primarios el ICE debe desarrollar, de manera sostenible, las fuentes productoras de energía existentes en el país y prestar el servicio de electricidad.

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El Sanatorio Durán y la tuberculosis en C.R., 1901-1950.

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Fotografía Blog Leyendas Urbanas.

El Sanatorio Durán  en sus inicios llevó el nombre de Sanatorio Carit en homenaje al Doctor Adolfo Carit Eva. Se levantó en una finca comprada por el Gobierno en Potrero Cerrado de Oreamuno, Cartago de entre una lista de lugares disponibles para poner el Sanatorio como por ejemplo fincas en Alajuela, Puntarenas, San José, entre otros. Fue una institución con todas las características de un hospital de primer mundo capacitado para albergar alrededor de 300 enfermos en la provincia de Cartago, Costa Rica.  Fue creado para albergar y tratar a pacientes que padecían de tuberculosis, también conocida como la peste blanca.

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Fotografía de Trip Advisor.

Localización:

Ubicado en la Provincia de Cartago, entre los distritos de Tierra Blanca  y Potrero Cerrado de Oreamuno. Se localiza a 7 km al norte de la ciudad de Cartago y a unos 18 kilómetros al sureste del Volcán Irazú, a una altitud de poco más de 2,335 msnm.

Fundador:

Dr. Carlos Durán Cartín, Fundador del Sanatorio Durán y expresidente de C.R. (1890)

Fue fundado en 1918 por el médico y político costarricense Carlos Durán Cartín (1852-1924), expresidente de la República y Benemérito de la Patria.

Historia del Sanatorio Durán

Antecedentes:

El tratamiento adecuado de la tuberculosis era prácticamente nulo a inicios del siglo XX, tanto en Costa Rica como en Centroamérica, pues no se contaba con instalaciones, equipo ni personal idóneo para asistir a los pacientes como lo requería su enfermedad.

El doctor Durán, un médico tenaz y visionario, mostró interés en la creación de un sanatorio en gran parte motivado por el hecho de que una hija suya padeció la enfermedad, dijo la historiadora Carmela Velázquez, investigadora de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR)​. Seguir leyendo El Sanatorio Durán y la tuberculosis en C.R., 1901-1950.

Templo Católico San Cayetano, San José, 1901-1950.

Situada en Avenida 28, Calles 3 y 5

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Fotografía de Ticoclub

El templo se ubica en lo que antiguamente se conoció como el Barrio Colección, un caserío que en sus inicios era eminentemente obrero. En 1937, el cura dominico Ángel Álvarez, párroco de la Iglesia La Dolorosa, convocó a los vecinos para que se organizaran y construyeran un templo para su comunidad. La idea fue acogida con beneplácito y pronto se empezaron a dar las colectas y los turnos. En 1944, Claudio Cortés decidió entregar dos campanas de bronce para la futura iglesia.

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Fotografía de Wikimapia

El proceso de construcción inició en 1947, según un diseño de influencia neoclásica del Arq. José María Barrantes Monge. Además colaboraron el Ing. Guillermo Álvarez Vargas y José Manuel Ramírez Araya, como maestro de obras. Cuenta con una estructura de concreto armado y paredes de ladrillo repellado. Posee una nave central y dos laterales con una tendencia al neobarroco. Una torre central provista de relojes en sus caras y remate de cúpula esférica definen una fachada simétrica. El 8 de Agosto de 1954, el cura Alejandro Ramón Peinador inauguró el templo. Acto seguido, los dominicos donaron una imagen de San Cayetano, patrón de los pobres, para que fuera su patrono y con ello se cambió el nombre del barrio. En 1960 recibió el título de parroquia. Fue declarado patrimonio histórico arquitectónico el 25 Noviembre de 1999.

Referencias:

  1. Distrito Catedral Ciudad de San José
    Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural Ministerio de Cultura y Juventud. Carlos Ml. Zamora Hernández

El Hipódromo de La Sabana: esplendor y fracaso de un sueño josefino A finales del siglo XIX, cuando San José aspiraba a convertirse en una capital moderna, La Sabana comenzó a ser vista como mucho más que aquel extenso llano de Mata Redonda donde pastaba el ganado y los habitantes acudían a pasear. En medio de aquella búsqueda de progreso surgió un ambicioso proyecto: construir un gran hipódromo destinado a las carreras de caballos, al entretenimiento público y al mejoramiento de la raza caballar. El monumental edificio fue presentado como una señal de adelanto y civilización. Sin embargo, detrás de aquella hermosa estructura se escondía una historia breve y accidentada. El Hipódromo de La Sabana, inaugurado con grandes expectativas en diciembre de 1897, terminó convertido en uno de los proyectos más singulares —y también más desafortunados— del San José de antaño. [Colocar aquí una fotografía general del Hipódromo] El Hipódromo de La Sabana, uno de los primeros grandes edificios construidos en aquel extenso llano al oeste de San José. Los primeros proyectos La idea de establecer un hipódromo en La Sabana no era completamente nueva. En 1885, el estadounidense Silas Wright Hastings había presentado una propuesta que contemplaba no solamente la construcción de un hipódromo, sino también el establecimiento de un tranvía que facilitara el traslado de los visitantes hasta aquel lugar. El proyecto, sin embargo, nunca llegó a realizarse. Años después, en diciembre de 1896, la Municipalidad de San José celebró un contrato con Rafael Alvarado, mediante el cual se le concedía el usufructo de diez hectáreas de La Sabana durante un periodo de 25 años. El propósito era establecer un hipódromo que contribuyera al mejoramiento de la raza caballar, fomentara la práctica de la equitación y ofreciera a los josefinos un nuevo centro de recreo. En 1897, Alvarado cedió sus derechos a la empresa The Costa Rica Race and Track Amusement Company, de la cual formaba parte el poderoso empresario Minor Cooper Keith y cuyo presidente era Fabián Esquivel. La compañía contrató a Samuel Schwartz Goldblaum, representante general de Luis León Lowe, para llevar adelante la construcción del nuevo edificio. Un símbolo de modernidad Durante aquellos años, las carreras de caballos eran consideradas una diversión elegante y propia de las grandes capitales. La prensa comparaba el futuro hipódromo josefino con los establecimientos existentes en ciudades como París y Madrid. Para determinados sectores de la sociedad, las carreras representaban una forma de entretenimiento moderna y civilizada, en contraste con otras diversiones tradicionales, como las corridas de toros y las peleas de gallos. San José deseaba mostrar que también podía contar con espacios de recreación semejantes a los de las ciudades europeas. La Sabana, por su amplitud, paisaje y cercanía con la capital, parecía el sitio ideal para hacer realidad aquel sueño. Así era el Hipódromo de La Sabana en 1897 Una valiosa descripción publicada por el periódico El Diarito el miércoles 22 de diciembre de 1897 permite conocer cómo era el hipódromo cuando acababa de concluirse. Según la noticia, el establecimiento ocupaba diez hectáreas rodeadas por planchas de hierro. Se llegaba hasta él siguiendo la Avenida Central, que conducía al visitante hacia el amplio y pintoresco valle de La Sabana. Junto a la entrada principal había dos pequeñas casetas destinadas a la venta de boletos. La pista medía 20 varas de ancho y estaba delimitada por cercas de madera cuidadosamente pintadas. Su recorrido exterior alcanzaba los 904 metros, mientras que el interior medía aproximadamente 800 metros. El edificio principal tenía 60 metros de frente y 25 metros de fondo. En su parte posterior alcanzaba una altura de 15 metros y poseía un mirador situado a unos 20 metros de altura. Desde aquel punto podían contemplarse el paisaje de los alrededores y poblaciones como San Isidro, San Juan, Heredia y Alajuela. [Colocar aquí el grabado restaurado] Grabado del recién construido Hipódromo de La Sabana, publicado por El Diarito el 22 de diciembre de 1897. Restauración: Mi Costa Rica de Antaño. Palcos, graderías y un mirador para el juez La construcción estaba sostenida por siete armazones principales y seis secundarios. Dos amplias escaleras situadas en el frente comunicaban con un pasadizo que daba acceso a 80 palcos, distribuidos en espacios de dos, cuatro y ocho asientos. También había un mirador junto a la pista que funcionaba como palco para el juez encargado de observar las competencias. La descripción periodística afirmaba que el edificio podía acomodar cómodamente a unas 2.000 personas. Investigaciones históricas posteriores señalan una capacidad de hasta 2.500 espectadores, por lo que posiblemente esa cifra incluyera otros espacios o áreas de pie. Las instalaciones se encontraban divididas en sectores destinados a hombres y mujeres, una distribución acorde con las costumbres sociales de finales del siglo XIX. Un edificio con todas las comodidades El Hipódromo de La Sabana no fue concebido únicamente como una gradería para contemplar las carreras. En su interior funcionaban cantinas, restaurantes y cocinas. También contaba con un local especialmente destinado a las apuestas y una oficina para la administración. El abastecimiento de agua provenía de la Acequia de Las Pavas. Un ariete hidráulico impulsaba el agua hacia un estanque con capacidad para 1.500 galones, desde donde se distribuía a los diferentes servicios del edificio. Había lavatorios, orinales y excusados separados para hombres y mujeres, además de un servicio reservado para el presidente de la República. Los desagües eran conducidos mediante cañerías de barro vidriado. Estos detalles, que hoy podrían parecernos cotidianos, eran dignos de destacarse en 1897 y demostraban el interés por presentar el hipódromo como una obra moderna y bien equipada. La instalación de la cafetería estuvo a cargo de Ricardo Borbón. El director general de los trabajos fue Enrique Daverio, mientras que Rafael Alvarado González figuraba como administrador de la empresa. De acuerdo con El Diarito, la actividad de Luis León Lowe permitió que aquel edificio se levantara en el sorprendente plazo de apenas tres meses. El periódico celebraba la obra afirmando: “Los progresos de nuestra capital exigían ya un lugar de recreo como éste”. La inauguración de 1897 La inauguración fue anunciada para el sábado 25 de diciembre de 1897. Como parte del programa se preparó una gran corrida de caballos con tres premios: 750 pesos para el primer lugar, 250 pesos para el segundo y 150 pesos para el tercero. Participarían cuatro caballos estadounidenses de pura raza, además de reconocidas bestias del país. El hipódromo también se preparaba para recibir actividades durante las fiestas cívicas de los días 30 y 31 de diciembre y el 1.º de enero. Todo parecía anunciar el comienzo de una exitosa etapa para el entretenimiento josefino. El edificio había costado alrededor de 55.000 pesos y sus promotores esperaban convertirlo en uno de los principales puntos de reunión de la sociedad capitalina. Pero la realidad sería muy diferente. Del entusiasmo a la desconfianza Desde su inauguración comenzó a circular entre los habitantes el rumor de que la estructura no resistiría el peso de una multitud. Según las investigaciones históricas, durante las primeras actividades solamente se ocupó aproximadamente la mitad de su capacidad. El temor del público, sumado a otros problemas administrativos, afectó seriamente el funcionamiento del establecimiento. Las carreras no se realizaban con la frecuencia esperada y el hipódromo permanecía cerrado durante largos periodos. El edificio que había sido presentado como símbolo del progreso comenzó a ser visto como un obstáculo dentro de La Sabana. Las críticas de la Municipalidad En 1899, la Municipalidad de San José solicitó la anulación del contrato con la Compañía del Hipódromo. Entre otras razones, las autoridades alegaban que los empresarios no habían cumplido con la obligación de importar dos caballos sementales de pura raza para mejorar la caballada nacional. También criticaban la ubicación y la apariencia del edificio, pues consideraban que interrumpía la vista y perjudicaba los atractivos naturales de La Sabana. La Municipalidad esperaba que allí se celebraran carreras y espectáculos al menos una o dos veces al mes. Sin embargo, denunciaba que el lugar permanecía cerrado y que los terrenos se utilizaban para el pastoreo del ganado de los empresarios. Rafael Alvarado y Minor Cooper Keith propusieron entonces llegar a un nuevo acuerdo: reducir la extensión ocupada, trasladar el edificio a un punto donde no obstaculizara la vista y entregar a la Municipalidad la mitad de las ganancias obtenidas durante las fiestas nacionales y municipales. El nuevo hipódromo fue inaugurado el 15 de septiembre de 1900, pero este segundo intento tampoco logró consolidar el proyecto. El final del Hipódromo de La Sabana Finalmente, en 1904 se anuló el contrato entre las partes y Rafael Alvarado y Minor Cooper Keith debieron desmantelar el edificio. Así terminó la breve existencia de una construcción que había nacido rodeada de elogios y grandes expectativas. Aunque el proyecto fracasó económicamente, su historia refleja un momento muy particular de San José: una capital que se transformaba, que miraba hacia Europa y que deseaba incorporar nuevas formas de deporte, recreación y convivencia social. Aquel hipódromo fue mucho más que una pista para carreras de caballos. Representó el deseo de convertir La Sabana en un espacio moderno, aun cuando el resultado no correspondiera a las aspiraciones de sus promotores. Con el tiempo, La Sabana continuaría cambiando. Allí surgirían campos deportivos, lagos, áreas recreativas, el antiguo aeropuerto y, posteriormente, el gran parque metropolitano que conocemos hoy. Del viejo hipódromo solamente quedaron algunas fotografías, grabados y noticias amarillentas en los periódicos. Sin embargo, esas imágenes todavía nos permiten asomarnos a aquella época en que un enorme edificio de madera, coronado por banderas y lleno de palcos, se levantó en medio del llano de Mata Redonda como uno de los grandes sueños del San José de antaño. Referencias * El Diarito, año V, número 1084, San José, 22 de diciembre de 1897. Sistema Nacional de Bibliotecas de Costa Rica. * Diario de Costa Rica, ediciones del 9 y 17 de octubre y 29 de diciembre de 1897. * Quesada Avendaño, Florencia. La modernización entre cafetales: San José, Costa Rica, 1880-1930. * Castro Harrigan, Álvaro y Carlos Castro Harrigan. Costa Rica: imágenes e historia. Fotografías y postales, 1870-1940. Editorial Técnica Comercial, 2005. * Archivo Nacional de Costa Rica, fondos y actas municipales de San José.

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Las fotos fueron digitalizadas del libro “Fotografías y. Postales 1870/1940, vol. II”, Álvaro Castro Harrigan y. Carlos Castro Harrigan, compiladores

 

hipodromo de la sabana
Fotografía de Costa Rica y su historia

El primer edificio que se construyó en la Sabana fue un hipódromo. En diciembre de 1896 la Municipalidad celebró un contrato con Rafael Alvarado para el usufructo de diez hectáreas de la Sabana, por 25 años y establecer un hipódromo para mejorar la raza caballar, la afición al sano ejercicio de la equitación y crear un centro de recreo útil. Seguir leyendo El Hipódromo de La Sabana: esplendor y fracaso de un sueño josefino A finales del siglo XIX, cuando San José aspiraba a convertirse en una capital moderna, La Sabana comenzó a ser vista como mucho más que aquel extenso llano de Mata Redonda donde pastaba el ganado y los habitantes acudían a pasear. En medio de aquella búsqueda de progreso surgió un ambicioso proyecto: construir un gran hipódromo destinado a las carreras de caballos, al entretenimiento público y al mejoramiento de la raza caballar. El monumental edificio fue presentado como una señal de adelanto y civilización. Sin embargo, detrás de aquella hermosa estructura se escondía una historia breve y accidentada. El Hipódromo de La Sabana, inaugurado con grandes expectativas en diciembre de 1897, terminó convertido en uno de los proyectos más singulares —y también más desafortunados— del San José de antaño. [Colocar aquí una fotografía general del Hipódromo] El Hipódromo de La Sabana, uno de los primeros grandes edificios construidos en aquel extenso llano al oeste de San José. Los primeros proyectos La idea de establecer un hipódromo en La Sabana no era completamente nueva. En 1885, el estadounidense Silas Wright Hastings había presentado una propuesta que contemplaba no solamente la construcción de un hipódromo, sino también el establecimiento de un tranvía que facilitara el traslado de los visitantes hasta aquel lugar. El proyecto, sin embargo, nunca llegó a realizarse. Años después, en diciembre de 1896, la Municipalidad de San José celebró un contrato con Rafael Alvarado, mediante el cual se le concedía el usufructo de diez hectáreas de La Sabana durante un periodo de 25 años. El propósito era establecer un hipódromo que contribuyera al mejoramiento de la raza caballar, fomentara la práctica de la equitación y ofreciera a los josefinos un nuevo centro de recreo. En 1897, Alvarado cedió sus derechos a la empresa The Costa Rica Race and Track Amusement Company, de la cual formaba parte el poderoso empresario Minor Cooper Keith y cuyo presidente era Fabián Esquivel. La compañía contrató a Samuel Schwartz Goldblaum, representante general de Luis León Lowe, para llevar adelante la construcción del nuevo edificio. Un símbolo de modernidad Durante aquellos años, las carreras de caballos eran consideradas una diversión elegante y propia de las grandes capitales. La prensa comparaba el futuro hipódromo josefino con los establecimientos existentes en ciudades como París y Madrid. Para determinados sectores de la sociedad, las carreras representaban una forma de entretenimiento moderna y civilizada, en contraste con otras diversiones tradicionales, como las corridas de toros y las peleas de gallos. San José deseaba mostrar que también podía contar con espacios de recreación semejantes a los de las ciudades europeas. La Sabana, por su amplitud, paisaje y cercanía con la capital, parecía el sitio ideal para hacer realidad aquel sueño. Así era el Hipódromo de La Sabana en 1897 Una valiosa descripción publicada por el periódico El Diarito el miércoles 22 de diciembre de 1897 permite conocer cómo era el hipódromo cuando acababa de concluirse. Según la noticia, el establecimiento ocupaba diez hectáreas rodeadas por planchas de hierro. Se llegaba hasta él siguiendo la Avenida Central, que conducía al visitante hacia el amplio y pintoresco valle de La Sabana. Junto a la entrada principal había dos pequeñas casetas destinadas a la venta de boletos. La pista medía 20 varas de ancho y estaba delimitada por cercas de madera cuidadosamente pintadas. Su recorrido exterior alcanzaba los 904 metros, mientras que el interior medía aproximadamente 800 metros. El edificio principal tenía 60 metros de frente y 25 metros de fondo. En su parte posterior alcanzaba una altura de 15 metros y poseía un mirador situado a unos 20 metros de altura. Desde aquel punto podían contemplarse el paisaje de los alrededores y poblaciones como San Isidro, San Juan, Heredia y Alajuela. [Colocar aquí el grabado restaurado] Grabado del recién construido Hipódromo de La Sabana, publicado por El Diarito el 22 de diciembre de 1897. Restauración: Mi Costa Rica de Antaño. Palcos, graderías y un mirador para el juez La construcción estaba sostenida por siete armazones principales y seis secundarios. Dos amplias escaleras situadas en el frente comunicaban con un pasadizo que daba acceso a 80 palcos, distribuidos en espacios de dos, cuatro y ocho asientos. También había un mirador junto a la pista que funcionaba como palco para el juez encargado de observar las competencias. La descripción periodística afirmaba que el edificio podía acomodar cómodamente a unas 2.000 personas. Investigaciones históricas posteriores señalan una capacidad de hasta 2.500 espectadores, por lo que posiblemente esa cifra incluyera otros espacios o áreas de pie. Las instalaciones se encontraban divididas en sectores destinados a hombres y mujeres, una distribución acorde con las costumbres sociales de finales del siglo XIX. Un edificio con todas las comodidades El Hipódromo de La Sabana no fue concebido únicamente como una gradería para contemplar las carreras. En su interior funcionaban cantinas, restaurantes y cocinas. También contaba con un local especialmente destinado a las apuestas y una oficina para la administración. El abastecimiento de agua provenía de la Acequia de Las Pavas. Un ariete hidráulico impulsaba el agua hacia un estanque con capacidad para 1.500 galones, desde donde se distribuía a los diferentes servicios del edificio. Había lavatorios, orinales y excusados separados para hombres y mujeres, además de un servicio reservado para el presidente de la República. Los desagües eran conducidos mediante cañerías de barro vidriado. Estos detalles, que hoy podrían parecernos cotidianos, eran dignos de destacarse en 1897 y demostraban el interés por presentar el hipódromo como una obra moderna y bien equipada. La instalación de la cafetería estuvo a cargo de Ricardo Borbón. El director general de los trabajos fue Enrique Daverio, mientras que Rafael Alvarado González figuraba como administrador de la empresa. De acuerdo con El Diarito, la actividad de Luis León Lowe permitió que aquel edificio se levantara en el sorprendente plazo de apenas tres meses. El periódico celebraba la obra afirmando: “Los progresos de nuestra capital exigían ya un lugar de recreo como éste”. La inauguración de 1897 La inauguración fue anunciada para el sábado 25 de diciembre de 1897. Como parte del programa se preparó una gran corrida de caballos con tres premios: 750 pesos para el primer lugar, 250 pesos para el segundo y 150 pesos para el tercero. Participarían cuatro caballos estadounidenses de pura raza, además de reconocidas bestias del país. El hipódromo también se preparaba para recibir actividades durante las fiestas cívicas de los días 30 y 31 de diciembre y el 1.º de enero. Todo parecía anunciar el comienzo de una exitosa etapa para el entretenimiento josefino. El edificio había costado alrededor de 55.000 pesos y sus promotores esperaban convertirlo en uno de los principales puntos de reunión de la sociedad capitalina. Pero la realidad sería muy diferente. Del entusiasmo a la desconfianza Desde su inauguración comenzó a circular entre los habitantes el rumor de que la estructura no resistiría el peso de una multitud. Según las investigaciones históricas, durante las primeras actividades solamente se ocupó aproximadamente la mitad de su capacidad. El temor del público, sumado a otros problemas administrativos, afectó seriamente el funcionamiento del establecimiento. Las carreras no se realizaban con la frecuencia esperada y el hipódromo permanecía cerrado durante largos periodos. El edificio que había sido presentado como símbolo del progreso comenzó a ser visto como un obstáculo dentro de La Sabana. Las críticas de la Municipalidad En 1899, la Municipalidad de San José solicitó la anulación del contrato con la Compañía del Hipódromo. Entre otras razones, las autoridades alegaban que los empresarios no habían cumplido con la obligación de importar dos caballos sementales de pura raza para mejorar la caballada nacional. También criticaban la ubicación y la apariencia del edificio, pues consideraban que interrumpía la vista y perjudicaba los atractivos naturales de La Sabana. La Municipalidad esperaba que allí se celebraran carreras y espectáculos al menos una o dos veces al mes. Sin embargo, denunciaba que el lugar permanecía cerrado y que los terrenos se utilizaban para el pastoreo del ganado de los empresarios. Rafael Alvarado y Minor Cooper Keith propusieron entonces llegar a un nuevo acuerdo: reducir la extensión ocupada, trasladar el edificio a un punto donde no obstaculizara la vista y entregar a la Municipalidad la mitad de las ganancias obtenidas durante las fiestas nacionales y municipales. El nuevo hipódromo fue inaugurado el 15 de septiembre de 1900, pero este segundo intento tampoco logró consolidar el proyecto. El final del Hipódromo de La Sabana Finalmente, en 1904 se anuló el contrato entre las partes y Rafael Alvarado y Minor Cooper Keith debieron desmantelar el edificio. Así terminó la breve existencia de una construcción que había nacido rodeada de elogios y grandes expectativas. Aunque el proyecto fracasó económicamente, su historia refleja un momento muy particular de San José: una capital que se transformaba, que miraba hacia Europa y que deseaba incorporar nuevas formas de deporte, recreación y convivencia social. Aquel hipódromo fue mucho más que una pista para carreras de caballos. Representó el deseo de convertir La Sabana en un espacio moderno, aun cuando el resultado no correspondiera a las aspiraciones de sus promotores. Con el tiempo, La Sabana continuaría cambiando. Allí surgirían campos deportivos, lagos, áreas recreativas, el antiguo aeropuerto y, posteriormente, el gran parque metropolitano que conocemos hoy. Del viejo hipódromo solamente quedaron algunas fotografías, grabados y noticias amarillentas en los periódicos. Sin embargo, esas imágenes todavía nos permiten asomarnos a aquella época en que un enorme edificio de madera, coronado por banderas y lleno de palcos, se levantó en medio del llano de Mata Redonda como uno de los grandes sueños del San José de antaño. Referencias * El Diarito, año V, número 1084, San José, 22 de diciembre de 1897. Sistema Nacional de Bibliotecas de Costa Rica. * Diario de Costa Rica, ediciones del 9 y 17 de octubre y 29 de diciembre de 1897. * Quesada Avendaño, Florencia. La modernización entre cafetales: San José, Costa Rica, 1880-1930. * Castro Harrigan, Álvaro y Carlos Castro Harrigan. Costa Rica: imágenes e historia. Fotografías y postales, 1870-1940. Editorial Técnica Comercial, 2005. * Archivo Nacional de Costa Rica, fondos y actas municipales de San José.

La Casa de Aranjuez

 

Hoy quiero compartir con ustedes una bella y real historia de una Casa de Barrio Aranjuez publicada por la Revista Herencias.  Espero la disfruten.

La Casa de Aranjuez

Referencias:

  • La Casa de Aranjuez. Testimonio de historias urbanas. Revista Herencia Vol. 24 (1 y 2), 147-150, 2011. Recibido 08-10-2011 Aprobado 22-11-2011

La vida en San José a mediados del siglo XIX, Remembranzas de don Chico Rohrmoser.

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Francisco Rohrmoser von Chamier

Se transcribe aquí el artículo Recuerdos de los años 1854-1857, cuando el que escribe tenía 18 a 21 años, de don Francisco ( Chico ) Rohrmoser von Chamier (1836-1919), escrito a solicitud del historiador Cleto González Víquez. Es de gran valor histórico, ya que describe aspectos geográficos y humanos de la capital de Costa Rica durante la época en que se libró la Guerra Patria (1856-1857) contra el ejército filibustero de William Walker. Aunque escrito en 1913, no se publicaría sino hasta en 1940 en el diario La Tribuna. En la presente versión, mediante numerosas notas al pie de página, se hace una interpretación de varios aspectos geográficos e históricos.

Presione el siguiente enlace:

la vida en sj a mediados del siglo xix chico rohmoser

 

Referencias:

  • Revista Herencia Vol. 23 (2), 25-47, 2010 Recibido 27-07-2010 Aprobado 17-08-2010

Galería de Casas de Adobe-Bahareque en C.R.

Aquí les dejo unas cuantas casas de adobe-bahareque. En realidad en todo el territorio nacional encontramos muchísimas de esta clase.

 

El Adobe y Bahareque en Santo Domingo, Heredia.

La arquitectura en tierra del cantón de Santo Domingo de Heredia, Costa Rica, representada por más de 120 casas de adobe y de bahareque solo en el distrito Centro, es una muestra importante de una de las épocas de mayor desarrollo del país, la bonanza cafetalera de mediados del siglo XIX, y podría convertirse en el nuevo motor de desarrollo de esta ciudad que aún conserva, además del patrimonio tangible, una identidad domingueña rica en valores tradicionales que conforman un paisaje cultural de gran calidad visual.

La puesta en valor de este patrimonio de la cotidianidad domingueña es urgente por el constante acecho del desarrollo urbano que ya ha empezado a arrasarlo. Iniciativas desde la comunidad han suscitado procesos de conservación que intervienen en tres ámbitos prioritarios:

  • Sensibilización: estrategia de acercamiento y de concientización de la población, de sus valores y tradiciones, así como de las relaciones de la ciudad con su entorno.
  • Capacitación: lineamientos para la recuperación del oficio tradicional de la arquitectura en tierra, con base en el aprendizaje de experiencias en otros países y la adaptación a las condiciones propias de nuestra arquitectura.
  • Restauración: estudios preliminares para la restauración de las casas de adobe y bahareque, que determine las características por rescatar y las mejoras necesarias de las condiciones estructurales y ambientales de esta tipología constructiva para adaptarse a la actualidad.

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Adobe y bahareque en santo domingo, heredia

Referencias:

  • Revista Herencia Vol. 24 (1 y 2), 15-27, 2011
    Recibido 08-05-2011 Aprobado 20-05-2011
    PUESTA EN VALOR DE LA ARQUITECTURA DE TIERRA

El Álbum de Figueroa

La rebelión de Pablo Presbere según el Álbum de Figueroa.

 

El álbum de Figueroa es una colección de mapas, dibujos de viajes, planos, genealogías, apuntes de heráldica, recortes y anexos diversos del periodo colonial, escrito e ilustrado en el siglo XIX por José María Figueroa Oreamuno, dibujante, comerciante, explorador, historiador y cartógrafo de Costa Rica.

En sus páginas hay información escrita y gráfica sobre regiones de Costa Rica poco conocidas en aquella época, imágenes del período colonial, asuntos políticos y mapas del país. El documento constituye la primera historia y geografía ilustradas de Costa Rica.

José María Figueroa nació en Alajuela en 1820, pero vivió la mayor parte de su vida en Cartago, donde falleció en 1900. No se sabe cuándo exactamente empezó a elaborar el álbum, pero en lo esencial es de las décadas de 1860 y 1890.

Su labor se basó en la obra de historiadores como León Fernández y Manuel María de Peralta, y en una colección de documentos recogidos en Sevilla por su hermano Eusebio Figueroa.

Figueroa fue desterrado varias veces e incluso fue condenado a muerte. Francisco Morazán, Braulio Carrillo y Juan Rafael Mora Porras forman parte de la larga lista de contemporáneos contra los que Figueroa guardaba resentimientos y miraba con desconfianza. Durante la presidencia de Rafael Yglesias Castro y por su dirección, Figueroa se desempeñó como explorador, expedicionario, etnógrafo, geógrafo, cartógrafo, cronista, genealogista y dibujante.

Sus destierros decretados por órdenes superiores, lo llevaron a conocer el territorio nacional casi en su totalidad, recorriendo de sur a norte y del Caribe al Pacífico las montañas vírgenes y los ríos más inalcanzables de Costa Rica desde finales de los años 1830 y hasta inicios de la década de 1890.

En 1891 el álbum fue exhibido en París, y en 1896 apareció en la prensa costarricense. En 1900 fue expuesto en Barcelona en la feria internacional realizada a propósito del cuarto centenario del primer viaje de Cristóbal Colón.

Los dos tomos que integran este documento siguen un orden lógico o cronológico. El documento ha sido rescatado y restaurado por el Archivo Nacional y es objeto de una exposición en el archivo.

En el año 2009 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. El Comité Regional para América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la Unesco (MOW-LAC) lo reconoció como Patrimonio Documental de la Humanidad.

Un verdadero tesoro para nuestra historia. Presione el siguiente enlace:

el album de figueroa

Casa Hermanos Abarca Herrera, San Gabriel, Aserrí, San José, 1901-1950.

casa de bahareque de san gabriel de Aserrí. La Nación foto
Fotografía de La Nación

Ubicada en San Gabriel de Aserrí esta casa data de1901. Perteneció por muchos años a la Familia Abarca; sin embargo los nuevos propietarios de la casa son Alcides y Jairo Ríos.

Esta casa de bahareque responde a una construcción ecléctica, porque combina, entre otros elementos, el adobe y el bahareque. La vivienda cuenta con una construcción de siete aposentos, cuatro en el primer piso y tres en el segundo, y en su momento todo el techo fue de teja. En los primeros años del siglo XX el corredor interno fue utilizado para moler café y para el ordeño de las vacas. El corredor daba a un patio de labranza en el que estaban los galerones, la troja y una huerta.

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