Antiguo puente del tranvía…San Francisco de Guadalupe

Costa Rica de antaño

Puente del tranvía sobre la línea del tren a Heredia, en San Francisco de Guadalupe. El tranvía hacia la ruta San josé, Guadalupe. La estructura se mantuvo durante muchos años, hasta que fue cambiado por una más moderna de cuatro carriles, para soportar el paso de vehículos.

Costa Rica de antaño
Así se ve actualmente

Referencias:

  • Periódico Cambio Político, Abril 14, 2018.

EL SABER PATRIMONIAL DE LAS VIEJAS BOTICAS EN COSTA RICA

Buscando nuevos temas para contarles a mis amigos de Mi Costa Rica de Antaño, me encontré con una publicación de la Revista Herencia de la UCR y simplemente me encantó y es acerca de las primeras  boticas en Costa Rica. Espero que disfruten tan excelente reportaje. 

Resultado de imagen para anuncios de medicinas antiguas en periodicos, costa rica

Para los que hemos nacido y crecido en la segunda mitad del siglo XX, resulta difícil no recordar aquellos mágicos lugares que se llamaban boticas. Sitios llenos de cajoncitos, estantes y numerosos gaveteros de finas maderas, con frascos maravillosos de vidrios marrones y azules y recipientes blancos de porcelana,donde el boticario y la boticaria preparaban, con polvos, aceites, líquidos y hojas secas, las recetas del médico.

Resultado de imagen para boticas antiguas
Botica Francesa

Mientras hacían las preparaciones, los niños pedíamos los únicos dulces que había en esos patrimoniales recintos: gomitas de eucalipto y confites de menta, mantequilla y mora, resguardados en grandes frascos a la vista del mostrador. Eran una verdadera delicia.

Todo ello se compraba en las boticas San José, La Primavera, Mariano Jiménez, Francesa, La Violeta o la botica Pirie, en Cartago, por citar solo algunas de ellas.

Resultado de imagen para Botica Española, costa rica
Botica Francesa

En todas ellas, los boticarios molían y mezclaban los químicos y los productos de origen natural, rellenaban las cápsulas y hacían los papelitos de los envoltorios para colocar bicarbonato, mostaza, anís estrellado y otro sinfín de productos, no solo de la industria farmacéutica sino, también, de uso culinario.

Resultado de imagen para boticas antiguas en Costa Rica
Botica García en Cartago

Y ahí, también, estaban los remedios para aliviar los nervios, el cuerpo pesado, el tener la piel como un caimito, las chichotas, las poco elegantes agruras, los patatuses y los efectos del chiflón que, por cierto, se quitaban frotando la nuca con agua del Carmen.

 

Botica La Violeta, San José

Pues, además de las recetas que preparaba el farmacéutico, con sus artificios y conocimientos, se acudía a comprar el famoso IODEX –un antiséptico de muy fuerte olor que lo curaba casi todo– al igual que las famosas y milagrosas píldoras del Dr. Ross, para aliviar todo lo de la zona del estómago, del hígado y los intestinos y esas zonas del cuerpo. Se compraban mucho las vitaminas Viseneral, que lo curaban casi todo, aunque eran carísimas. Sin olvidarnos en este recuento de la que sería una leyenda urbana, la Pomada Canaria, que esa sí lo curaba todo.

Resultado de imagen para Botica Española, costa rica
Botica Solera

 

Igual se recurría a la temida leche de magnesia, las nada agradables cápsulas de bacalao y la sabrosa Kinocola, que no sabía tan feo como los anteriores y nos ponía más pochotones e inteligentes junto con la recomendada ingestión del Sucrol, para ser más pipas. Había un anuncio en la radio que decía: “El patito siempre toma la sabrosa Kinocola; de tan fuerte que se ha puesto, hasta le creció la cola”.

Resultado de imagen para antiguos medicamentos, anuncios, costa rica

Para las agruras, las abuelas tomaban el mentado citrato de magnesio, medicamento agridulce que no sabía nada mal. Si estábamos resfriados, pues una Mejoral que decían, valga la redundancia, mejoraba pero, sobre todo, untarse mucho Zepol con “Z” (“Si no es con Z no es Zepol”) creado por un empresario de origen venezolano radicado en Costa Rica, que tenía botica por acá, de apellido López, quien invirtió su apellido para nombrar al ungüento. En la casa nos envolvían en periódicos como si fuéramos momias, y nos embarraban la espalda y el pecho con el tal ungüento y otros mejunjes llenos de alcanfor y nos colocaban unos cartuchos en las orejas para combatir el tan frecuente resfrío. La gripe se combatía, también, con Vic Vaporuc y las pastillitas Valda servían para los males de garganta.

Ni qué decir de la emulsión de Scott, recomendable cuando iba a llegar la cigüeña, y la heroína Bayer –sustancia que era un sustituto de la morfina– en los adultos y, también, curiosamente, aliviaba la llamada tos de perro de los niños.

Para el cuidado del cuero cabelludo había muchos productos. Se despachaba la laca, que la vendían por onzas, y la brillantina y el tulipán para los copetes de las señoras y de los señores. Todos quedaban y se veían muy encopetados. También la famosa Glostora y la gomina para el peinado de los más peques. Y para tener el cutis libre de manchas, de pecas y de espinillas, se vendía la crema Filoderma. El anuncio enfatizaba que cuatro generaciones la habían disfrutado en Costa Rica y daba un encanto al rostro que no tenía rival.

Y no podemos olvidarnos de la naftalina, especial para matar y ahuyentar los molestísimos insectos domésticos, y la raíz de violeta en ramitos para aromatizar los roperos. La carbolina, para desinfectar baños y cocina, así como las azules bolitas de añil para blanquear la ropa, junto con el almidón de yuca para “almidonar” las camisas.

Resultado de imagen para Botica mariano jimenez costa rica
Botica Mariano Jiménez en Avenida Central hoy Plaza de la Cultura.

Quizá por la confianza que depositábamos en el boticario –este gran y respetado personaje de la salud del costarricense– y en su conocimiento de todos los vecinos, vecinas y de la chiquillada del barrio o de aquel San José aldeano de pocos habitantes, es que surge el dicho, muy de la cultura de los pueblos que hablamos aún en español, de: “Encontrar de todo como en botica”.

Resultado de imagen para boticas antiguas en Costa Rica

Espacios, algunos, que se conservaron desde el año 1900 hasta la década de 1970 y que nos trasladaban a una irremediable “belle époque”, por sus mobiliarios y objetos, incluso por los recetarios y sus fórmulas de preparación, traídos de París, Bruselas y Gran Bretaña. Aun conservo el olor de esos recintos, pese al paso de los años. Todo este universo cotidiano de nostalgias, de gratos recuerdos y de lejanas cercanías, me remonta de inmediato a una de mis vecinas de la infancia, doña Emilia, en el josefino barrio de González Lahman.

No hay texto alternativo automático disponible.
Botica de don Hermogenes Mata en Guadalupe (Costado Este de la Antigua Noche Buena)

Doña Emilia, decían los tertulianos, era muy padecienta de cuanto mal hubiera. Pero, en especial, sufría de nervios. Con una nada se caía al suelo, se ponía a llorar y se esmorecía. Había  que  ponerla a  inhalar el famoso  espíritu  de azahar para reanimarla.
Es que se atacaba mucho y seguido de los nervios por cualquier melindre. Por ejemplo, cada vez que le venía el recibo de la luz, ya perdía el conocimiento y se quedaba como privada. Y como la luz la cobraban todos los meses, en el barrio nos acostumbramos a verla atacada siempre al ver el monto del recibo y ver cómo se descomponía, dizque por los nervios y ya ni la juntábamos del suelo, de tanto que pasaba este drama de vecinos. ¡Lo que era la gente de desconsiderada! Padecía, también, mucho de sofocos, por la edad. Ya tendría unos cuarenta años y su desatino era desaforado. Eso decía la gente mayor del
vecindario.

Foto Principal: 1699616
 

Desde 1896 este sitio alberga una de las más antiguas y respetadas farmacias de Cartago. Esta edificación, construida a finales del siglo XIX, es de ladrillo y muestra un lenguaje arquitectónico sincrético, con elementos de la herencia hispana colonial y la influencia del neoclásico. Fue declarada patrimonio en el 2002. (Jorge Castillo, La Nación)

 

Por cierto que, un día, al pobre de su marido, don Miguel Ángel, se le hizo una gran chichota, lo que hacía que se le viera la jupa más ayote que de costumbre. Además, el doncito padecía mucho de aventazón y se ponía muy malito cada vez que cogía un chiflón, aunque fuera en el zaguán de la casa. Al recordar esta historia de barrio en mi infancia, fue cuando se me ocurrió hacer un breve glosario de enfermedades del cuerpo y del alma que, a veces, padecemos los ticos y que aún usamos para designar las “dolamas”. Quién sabe, tal vez le sirva a algún doctor del “Seguro” para diagnosticar a alguien.

Resultado de imagen para boticas antiguas en Costa Rica

Revisemos los nombres de las enfermedades más corrientes y las formas de curarlas acá en el terruño.

La pega. Esta molesta enfermedad le da a uno por atiparse, o sea, por ser hartón. Es peor que empacharse, dolencia de síntomas cercanos. Hay dos remedios: primero, tratar con una sal de frutas o sal de uvas; a veces recomiendan, también, la leche de magnesia o frotarse con manteca de chancho y un poco de sal. Si no se cura, vaya donde un sobador a que le saque el empacho. Yo le puedo recomendar uno muy bueno.

La idea de recuperar la antigua farmacia del monasterio, del siglo XVI, fue de la directora de la hospedería, Mari Carmen Furelos. Ella, junto con la ayuda del rector del seminario, don Carlos Álvarez, investigó tesis doctorales y libros de recetas médicas de algunas monjas y reconstruyó lo que en su día fue todo el complejo farmacéutico de San Martín Pinario, desde el jardín botánico hasta el dispensario.

Un aire. Los aires se cogen debido a los chiflones. Se dice también: “bañar un aire”. Suelen alojarse en la nuca (también llamada nuque). Medicina contra este tipo de tiesura o aigrida: frotarse. Antes era con manteca de chancho o enjundia de gallina. Modernamente, se recetan Zepol, Cofal, ungüento León y, para las clases
adineradas, Vic Vaporup.

El soponcio. Dícese del padecimiento de personas mayores, que se manifiesta en sensaciones de miedo, horror y enojo. Esta palabra se usa si el paciente tiene plata, o sea, si es pudiente. Para el resto de los mortales, basta con llamarlo “patatús”. El remedio puede ser una tacita de café vacío o, si es muy grave, un traguito.

El desconsuelo. Algunos le llaman desasosiego. Se trata de una vaga sensación de dolor, poco localizada pero que lo pone a uno muy triste, como apachurrado.

No confundir con la angustia, que es una dolencia más localizada en la sección abdominal. De nuevo aquí el remedio sigue siendo el traguito de guaro de caña. Eso sí, con moderación, porque si no aparece la siguiente enfermedad.

La goma. Consecuencia horrorosa de pegarse una soca o jumarse. Ni les
digo con qué se cura porque me cae la censura.

Tener calentura de pollo.
¿ R e c u e r d a n cuando se hacían los enfermos para no ir a la escuela? Entonces se decía que tenían calentura de pollo. Y la medicina para esa enfermedad eran unos fajazos, si mal no recuerdo. Claro, en aquellos tiempos había otras enfermedades. Por ejemplo, a los tatas de uno se les regaba la bilis cada vez que el vecino les tiraba la basura en el patio. Los pobres se ponían como agua para chocolate.

Y, a usted, ¿nunca se le clavó una estaca en el pecho que no lo dejaba respirar? ¿Y nunca se sintió como un chuica? ¿Y nunca se le reventó la hiel por ver a un amigo
comiendo algo rico sin convidar?

¿Recuerda cuando los bebés se quebrantaban y la gente se moría del cólico miserere? A algunos les daba un pasmo y, a otros, un trancazo, con tosedera y fiebre. Y no había más remedio que coger cama a sudar la calentura. Eso sí, ocho días sin bañarse por aquello de que más vale tierra en cuerpo que cuerpo en tierra. Qué
verdadera cochinada.

¿Y qué decir de los diviesos y los carates? ¿O de las ronchas y salpullidos que picaban tanto y que salían en las partes nobles? Buenos, a veces todavía salen, lo que no sé es por qué se le dice “partes nobles” a aquellas partes.

Estar p´al tigre.
Hay un estado de salud muy fregado, porque es peor que estar jodido o chueco o lleno de males, y apenas menos malo que patear el balde, enrollar el petate, irse para el otro potrero o a estudiar botánica: se llama “estar p´al tigre”. Y lamento decirles que la ciencia no ha encontrado todavía la cura para ese padecimiento.

Si ponemos atención, vemos que el español que hablamos posee mucha riqueza y
denota una gran imaginación.

Pensemos en otras enfermedades que hemos oído mencionar
a los mayores y, ojalá, no las olvidemos para conservar ese tesoro de expresionesdivertidas. Y, bueno, mejor pensemos en irnos para la casa tempranito, para no serenarnos y coger algunos de estos males… Hasta lueguito…, porque, además, si
sigo escribiendo tanto, se me puede abrir la muñeca.

Aquí les dejo algunos de los anuncios publicitarios que las boticas hacían en los periódicos que circulaban en aquellas épocas. En esta ocasión encontré más información de la Botica Violeta.

 

Referencia:

  • Revista Herencia Vol. 25 (1 y 2), 149-154, 2012
  • Fotografías e ilustraciones tomadas de Internet.
  • Sinabi, periódicos antiguos.

Estaciones del Ferrocarril al Atlántico

Aquí les dejo algunas de las Estaciones Antiguas que recorría el tren al Atlántico en aquellos bellos años. Me imagino que me faltan más; sin embargo, si usted tiene algunas que yo no tengo, me las puede hacer llegar para completar esta entrada. Disfruten!

Resultado de imagen para Estaciones del tren al atlantico, costa rica
Estación Ferrocarril al Atlántico, San José
Resultado de imagen para Estaciones antiguas del ferrocarril al Atlántico, costa rica
Locomotora #53 hacia el Atlántico

 

Resultado de imagen para antiguos trenes del atlantico, costa rica
Tren llamado el Pachuco viajaba a Limón.

Referencias:

  • Fotografías de Internet
  • Fotografías tomadas de CRTrenes, Costa Rica

El día que las aguas del Virilla se tiñeron de rojo…La Tragedia del Virilla

Las aguas del Río Virilla se tiñeron de rojo

noticia

 

Este video fue tomado de Forcos Costa Rica

El día domingo 14 de marzo de 1926, el convoy de la Northern Railway Company realizaba una excursión de 40 km entre las ciudades de Alajuela y Cartago, pasando por la capital, San José. En el tren viajaban más de 1000 personas y fallecieron 248, muchas de las cuales se dirigían a participar en un turno organizado por el cura Claudio Volio Jiménez para recaudar fondos para el Hogar de la Vejez de Cartago​De hecho, los más de mil boletos colocados para el viaje fueron impresos bajo el lema «Para el beneficio de los ancianos de Cartago». En principio, se había dispuesto solamente una locomotora sencilla para realizar el viaje, sin embargo, la popularidad de la excursión hizo que la suscripción de personas aumentara, por lo que los encargados decidieron utilizar el convoy ofrecido por la Northem Railway Co., el cual constaba de una locomotora, un cabús (vagoncito para maletas, generalmente ubicado al final del convoy) y seis vagones de pasajeros.

A las 7:30 de la mañana del 14 de marzo, la locomotora partió de la ciudad de Alajuela con la mitad de su capacidad total. Realizó dos paradas más en la localidad de San Joaquín y en la ciudad de Heredia, donde se le unieron otros tres vagones de pasajeros. La cantidad de personas provocó que muchos no pudieran abordar el tren, por este mismo motivo los encargados decidieron no hacer la última de las paradas que estaban previstas.

El accidente:

Al entrar a San José, unos cincuenta metros antes del puente sobre el cañón del río Virilla, el tren debía atravesar un descenso que a su vez formaba una curva.

fotonoticia_20170314081244-991249_580

A las 8:20 de la mañana, la máquina y los primeros tres vagones ingresaron al puente. En este momento el maquinista aceleró para poder superar una cuesta que se encontraba más adelante, pero no se percató de que el último de los vagones aún no había atravesado la curva. La aceleración, sumada a la cantidad excesiva de personas en los carros, hizo que el último de estos inclinara hacia la izquierda y se saliera de las vías, arrastrando a su vez a los dos carros que lo precedían y que no habían llegado al puente. El último vagón quedó sobre un pastizal al lado de las vías del tren, en cambio los otros dos corrieron peor suerte: el penúltimo carro se ladeó por completo y cayó una altura de sesenta metros en la barranca norte del cañón del río Virilla, matando instantáneamente a todos los pasajeros que se encontraban en su interior. El antepenúltimo vagón chocó contra la estructura del puente y se dobló por la mitad, quedando una parte sobre el puente y la otra colgada sobre el precipicio.

promo_virilla

Inmediatamente después del accidente, la máquina y los tres vagones que se encontraban a salvo siguieron su camino con el objetivo de informar lo antes posible la emergencia. En cuestión de minutos empezaron a llegar socorristas, médicos y policías para iniciar las tareas de rescate, labores que se vieron dificultadas pues muchos de los cadáveres y heridos habían caído hasta las aguas del río o se encontraban colgados sobre los árboles y la vegetación de la pendiente. El rescate se extendió durante todo el día domingo, toda la noche y el día lunes. Muchos de los heridos fueron trasladados en otros trenes a hospitales en Heredia y Alajuela. Los cadáveres, en cambio, fueron alineados a orillas del río para su posterior reconocimiento.

Espantosa catástrofe ferroviaria ocurrida a las 8 y ½ horas del fatídico día 14 de marzo de 1926, cuando un tren conduciendo cerca de 1000 romeros de Alajuela y Heredia que se dirigían a Cartago a un turno-feria a beneficio de sus templos, al entrar al puente del río Virilla a desmedida velocidad obligó a los tres últimos carros a sufrir un tremendo colapso desplazándose el primero de estos tres carros contra los bastiones del puente, el segundo lanzado al abismo y el tercero volteado a un lado, dejando un saldo de 385 muertos y cerca de 150 heridos y mutilados; estos tres últimos carros los traía el tren de Alajuela y quiso la suerte que los tres de Heredia fueran cambiados y colocados de primeros salvándose de esta suerte de morir 400 heredianos.

Libro de las defunciones de la
Parroquia de la Inmaculada Concepción de Heredia

forcostarica.org Costa Rica Fotografia Antigua Tragedia del Virilla 1926 11

El gobierno declaró tres días de duelo nacional debido a la dimensión de la tragedia. Además, las banderas ondearon a media asta y los cines, bares y otros lugares de entretenimiento permanecieron cerrados. Varios Gobiernos de alrededor del mundo enviaron condolencias a los familiares de las personas muertas en el accidente. Las causas de la tragedia siguen siendo ampliamente discutidas, entre las razones más aceptadas se encuentran el mal estado de la locomotora y de las vías, el cambio de velocidad hecho por el maquinista y la cantidad excesiva de personas que viajaban en el tren.

Referencias:

  1.  «Galería de fotos: muerte en el río Virilla», fotografías del archivo del diario La Nación (San José de Costa Rica).
  2. Fotografía satelital de la ciudad de San José, que muestra la distancia entre el sitio de la tragedia (arriba) y el parque central de la ciudad de San José (abajo).
  3.  «Tragedia del río Virilla». Archivado desde el original el 23 de julio de 2011. Consultado el 22 de abril de 2011.
  4. Felipe Ovares Barquero. «Tragedia en el Virilla 1926». EUNED. Consultado el 20 de diciembre de 2017.
  5. Ovares Barquero, Felipe (2011): «El último domingo feliz de Antonio Nicómedes Loaiza», artículo del 1 de marzo de 2011 en el sitio web Felipe Ovares (Costa Rica).

 

Antigua Escuela Rafael Yglesias Castro…hoy Casa de la Cultura Bagaces.

Imagen relacionada

 

La antigua Escuela Rafael Iglesias de la ciudad de Bagaces, Guanacaste, es una obra arquitectónica representativa de la infraestructura escolar rural, propia de la arquitectura de la década de los años treinta. El inmueble es una obra del arquitecto José María Barrantes, insigne profesional que diseñó y dirigió la construcción de la mayor parte de las escuelas rurales y urbanas del país. El edificio construido en madera destaca por su fachada de planos volumétricos en que la simetría recuerda ejemplos de orden neoclásico y es muestra del desarrollo infraestructural rural en el plano educativo de los últimos cincuenta años. El inmueble llevó el nombre del ilustre ex presidente don Rafael Iglesias Castro (1894-1902) y jugó un destacado papel en la consolidación y difusión de la educación en la provincia de Guanacaste. Declarada de Interés Histórico Arquitectónico, según Decreto Ejecutivo Nº 17988-C, publicado en el Alcance Nº 7 a La Gaceta Nº 33 del 17 de febrero de 1988, de carácter estatal.

El edificio de la Casa de la Cultura de Bagaces fue declarado de Interés Histórico Arquitectónico, según Decreto Ejecutivo Nº 17988-C, publicado en el Alcance Nº 7 a La Gaceta Nº 33 del 17 de febrero de 1988, de carácter estatal.

Referencias:

  • Sitio web del Centro de Conservación del Patrimonio Cultural.