Estilo Neomudéjar

 

El neomudéjar es un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló principalmente en la península ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época.1​ El nuevo estilo se asoció especialmente a construcciones de carácter festivo y de ocio, como salones de fumar, casinos, estaciones de tren, plazas de toros o saunas.

En España el estilo neomudéjar fue reivindicado como estilo nacional, por estar basado en un estilo propiamente hispánico. Arquitectos como Emilio Rodríguez Ayuso o Agustín Ortiz de Villajos vieron en el arte mudéjar algo únicamente español y empezaron a diseñar edificios utilizando rasgos del antiguo estilo, entre ellos las formas abstractas de ladrillo y los arcos de herradura.

Sin embargo, lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, son en muchos casos obras de estilo neoárabe, puesto que utilizan elementos califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto.2​

Frecuentemente se ha considerado a la plaza de toros de Madrid de Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra de 1874 como el inicio del neomudéjar, que sería seguido por otros arquitectos como Enrique María Repullés y Vargas, Joaquín Rucoba, Augusto Font Carreras, José Espelius Anduaga, Felipe Arbazuza o Aníbal González.1​

 

Plaza de Toros de Madrid

Sus características inmutables serían: la utilización del ladrillo como elemento principal constructivo, y el uso decorativo de motivos islámicos como lazos, rombos, arcos de herradura, etc. Todo ello concebido como herencia de ese gusto por lo exótico propio del romanticismo, y que ya desde el siglo XVIII se dejaba notar en la arquitectura europea, fruto del pintoresquismo.

El Estilo Neo-mudéjar en Costa Rica:

Así, con los nombres de “morisco”, “andaluz” o “español”, el neomudéjar pasó pronto a América de la mano de arquitectos y artesanos peninsulares, o como parte de la oferta del eclecticismo entonces en boga.

De ese modo, por ejemplo, apareció en San José hacia 1893. Se trata del implante que de un balcón morisco se le hizo en Bélgica –su lugar de origen– al prefabricado edificio de estampa neoclásica del que sería precisamente el Edificio la Alhambra San José, llamado el primer rascacielos de S.J.de la firma J. R. R. Troyo, en la calle 2 y las avenidas Central y 2.

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Almacén La Alhambra en San José.

Cosmética y arquitectura.

En la ciudad hay varias aplicaciones superficiales como aquella, casi todas con seguridad de inicios del siglo XX: así, las que adornan la puerta principal y la ventana derecha de la casa que por décadas ha ocupado la Sociedad Teosófica, al pie de la Cuesta de Núñez.

Otras aplicaciones engalanan el vestíbulo del inmueble de la Edificio de la Librería Católica, San José, en la esquina suroeste de la avenida 4 y la calle 1, donde, además del exquisito trabajo de las maderas labradas en los zócalos, luce una delicada pintura de llamativos colores e islámicos motivos en el cielo raso.

Lo impostado de tal decoración –en una casa criolla como esa o en una victoriana como la anterior– no es de extrañar pues, en San José, los lenguajes historicistas se adoptaron muchas veces en las fachadas, mientras que la distribución interior de las viviendas seguía siendo la tradicional.

Tal es el caso de la vivienda que fue del español Mariano Álvarez Melgar. Muy activo entre sus compatriotas, hacia 1912, Álvarez fue vicecónsul de España en nuestra capital, por lo que en el antejardín de su residencia llegó incluso a ondear un pabellón de su país, como muestra una fotografía de época.

 

Ubicada en la esquina suroeste de la avenida 9 y la calle 3 bis, fue construida en ladrillo en 1910 siguiendo una planta, una distribución y una volumetría netamente criollas, mas decoradas por entero en una estética neomudéjar que da a entender su referente.

En el mismo barrio, sobre la calle Central, entre las avenidas 7 y 9, parapetada sobre una terraza y con estrecho acceso de fortín, se encuentra una vieja casa neomudéjar donde por años funcionó un night-club llamado –no en balde– El Alcázar. Arriba se aprecia su simétrica disposición de mezquita, sus volúmenes apenas horadados al frente por tres arcos lobulados, y, en su fachada, las huellas de lo que pudo ser una decoración aplicada, hoy desaparecida.

De castillos a patios. No obstante, en el cruce de la avenida 11 con la calle 3, se ubica nuestra más importante construcción neomudéjar: el llamado Castillo del Moro, San José. Se levantó en ladrillo según un diseño atribuido al ingeniero constructor catalán Gerardo Rovira, y data de 1930.

Encargo del comerciante español Anastasio Herrero Vitoria, la singular vivienda, en efecto, posee una concepción espacial que responde al de una fortaleza morisca, emplazada en el bajo de Amón sobre una plataforma con cocheras como sótano, pedestal al que siguen tres niveles.

La vivienda se realizó con materiales y decoraciones interiores y exteriores traídos enteramente de España por su dueño, y se caracteriza por la profusión de arcos de herradura, ménsulas y almenas, encajes y filigranas, coloridos vidrios y mosaicos; y, rematando el conjunto, se ve una cúpula de bronce que evacúan las únicas gárgolas conocidas en San José: una obra para admirar.

Casi una década después, en 1939, se iniciaba en Cuesta de Moras lo que sería la Casa Presidencial, hoy la Asamblea Legislativa. Diseño del arquitecto José María Barrantes, era un gran edificio neocolonial al que la Segunda Guerra Mundial dejaría sin concluir.

 

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No obstante, todavía en 1943 se terminaría una de sus partes: el denominado originalmente “Jardín de la Madre Patria España”, patio interior que evoca al palacio de la Alhambra y que sería la última manifestación del neomudéjar en la ciudad.

Obra integral en concepción y diseño, se debe al arquitecto catalán Luis Llach, mientras que la excepcional calidad artesanal del modelado es del también español Mario Romero Fucigna. Ambos trabajaron para la empresa constructora Adela viuda de Jiménez e Hijos.

Evocándolo, el investigador Fernando González parece hacerlo también con las otras obras que dejó en la ciudad el arribo de lo moro:

“Allí quedó un oasis, un patio con su fresca fuente, la infaltable agua de los patios islámicos, las arcadas alrededor […], con sus arcos lobulados y sus delicadas y esbeltas columnas, la policromía de los mosaicos, los paños de sebka; es decir, con su intrincada red de rombos sin calados, primorosamente trabajados en yesería; todo forma un bello interior que, si no alcanza la exuberancia del período andaluz Nazarí, lo recuerda, lo recrea y le hace un bello homenaje” (Luis Llach: En busca de las ciudades y la arquitectura en América ).

Referencias:

  • Universidad de Barcelona (ed.). «Refuncionalizaciones polémicas, plazas de toros y arquitectura neomudéjar: algunos ejemplos en España». Consultado el 24 de noviembre de 2009.
  • UNED (ed.). «Neomudéjar versus neomusulmán: definición y concepción del medievalismo islámico en España.». Consultado el 23 de julio de 2012.
  • Reportaje de La Nación El neomudéjar. La estética historicista española que dejó su huella en San José. 17 nobiembre 2013.

Castillo del Moro, San José

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El Castillo del Moro, conocido también como el Castillo de Amón o Casa del Moro, es un edificio ubicado en la ciudad de San José, Costa Rica. Construido en 1930 por encargo de su dueño, el español Anastasio Herrero Vitoria, es obra del arquitecto de origen catalán Gerardo Rovira y del maestro de obras de origen croata Pasko Hilje. Se encuentra localizado en el distrito de El Carmen, concretamente en el histórico Barrio Amón, uno de las zonas residenciales más importantes de esta ciudad durante el siglo XIX y parte del siglo XX. Fue residencia de monseñor Carlos Humberto Rodríguez Quirós, arzobispo de San José entre 1960 y 1978. Destaca por su exótica arquitectura de influencia neomudéjar, de gran belleza por los exquisitos detalles de su ornamentación, razones por las cuales el Castillo del Moro es patrimonio histórico-arquitectónico de Costa Rica desde el año 2000.

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Fotografía Revista Imagen

El Castillo del Moro es una vivienda de dos pisos, ubicada en un importante eje de acceso a la ciudad de San José. Es llamado de esa forma ya que su construcción recuerda una pequeña fortaleza mudéjar. Su infraestructura incorpora elementos arabescos, como arcos de medio punto, decorados moriscos en los remates de los muros y las ventanas, filigranas en relieve, cerámicas, ménsulas y mosaicos españoles, y gárgolas en las cornisas exteriores. Posee una torre exterior con una cúpula de bronce y un patio interno como comedor central, rodeado de columnas y arcos, y con una fuente en el medio. En su interior hay varios aposentos y habitaciones espaciosas con paredes de ladrillo repellado y alrededor de mil azulejos que representan distintas escenas de El Quijote de Miguel de Cervantes y varias reproducciones de pinturas de Francisco Goya, así como los escudos de Costa Rica y de España, escudos de las regiones españolas y de las provincias de Costa Rica.

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En la actualidad, es una residencia privada  y es un punto de atracción turística para locales y extranjeros.

Referencias:

  • Fotografías de Internet
  • Fotografías Revista Imagen
  • Wikipedia

 

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