Casa Cural de Pacayas, Cartago (1901-1950)

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Fotografía de Rodolfo Gutiérrez Cerdas.

La Casa Cural de la iglesia católica es una edificación de influencia victoriana construida en la década de 1940, con estructura de madera y recubrimiento externo de láminas de metal galvanizado, simulando reglas de madera. Su construcción representa el esfuerzo de todo un pueblo y la dirección del cura párroco de entonces señor Alfonso Coto Monge. La obtención y acarreo de la madera para la casa cural, significó una proeza de veintidós carretas y cincuenta personas, en un viaje de varios días por caminos de difícil tránsito hasta la finca El Torito, en Santa Cruz de Turrialba. Por la índole de la función social desempeñada por este inmueble, es un hito y parte de la identidad cultural de la comunidad de Pacayas.

Esta Casa Cural acompañó hasta el año de 1964 el antiguo Templo de la comunidad que fue destruido por un incendio en esa fecha. La actual iglesia data de fines de esa misma década

Declarada de Interés Histórico Arquitectónico, según Decreto Ejecutivo Nº 26321-C, publicado en La Gaceta Nº 187 del 30 de septiembre de 1997, de carácter privado. Propiedad de la Junta de Educación de Cartago y las Temporalidades de la Iglesia Católica.

Referencias:

-Centro de Patrimonio

-Casa Cural

Escuela Encarnación Gamboa, Capellades de Alvarado, Cartago.

Fundada en 1892-1967.

En 1888 vecinos de la comunidad contemplan la necesidad de una escuela, por lo que se levanta un censo escolar y en el año 1892 fue creado el Centro Educativo Encarnación Gamboa Piedra.


Se localiza en Capellades, distrito tercero de Alvarado, cantón tercero de la provincia de Cartago.

La escuela está situada hacia la esquina izquierda de la finca sobre la línea de la carretera principal. El resto del terreno que circunda el inmueble lo conforman viviendas, mayormente construidas en block y madera.

Los vecinos construyeron una escuela de dos aulas y una casa para los maestros, Don Rafael Mata Salas, como director, y su esposa, Doña Encarnación Gamboa Piedra, como auxiliar, cuyo nombre lleva la escuela de Capellades.

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Fotografía La Nación
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Cervecería Traube y su historia…

La siguiente historia a sido tomada textualmente del Periódico La Nación del año 1954. Exactamente ese día se celebraba el Centenario de la Cervecería Traube a la memoria de quien fue su fundador, Don José Traube.

A fines del siglo pasado, cuando apenas se iniciaba el desarrollo industrial en el país, llegó a Costa Rica un hombre que habría de llevar a la práctica ideas nuevas, con tesón e inteligencia poco comunes y que, con el correr de los años se transformarían en una magna empresa, de que hoy se envanece justamente el país, este caballero distinguido se llamó don José Traube Tichy.

Biografía de José Traube Tichy:

El 22 de julio de 1854 nació don José Traube Tichy, en Laun, cerca de Saaz, Bohemía, hijo de don Antón Traube y de doña Katharina Tichy, cuya familia había emigrado en siglos anteriores de Amsterdam, Holanda. Su padre tuvo en Laun plantaciones de lúpulo, que el pequeño hijo habría de recorrer en su infancia.

Don José asistió a la escuela primaria en su ciudad natal y luego pasó a Praga, en donde hizo un curso en la Escuela de Cervecería y en donde poco a poco obtuvo diploma como maestro en esa industria. Luego nació en él un vivo deseo de viajar y conocer mundo y en el año de 1875, acompañado de un cuñado y amigo suyo, salió de su patria, rumbo a Centro América.  En Tapachula se detuvo, estudió el terreno, le pareció propicio a sus intereses y compró y trabajó una finca. Sin embargo, el destino quiso que volviera a Alemania, en donde haciendo bueno su compromiso de matrimonio, casó con la señorita Berta Bringkmann, en el año de 1878. Hubo de detenerse un tiempo en su patria, porque encontró dificultades para volver al nuevo continente, lo que realizó con su familia en 1890; rumbo a Panamá llegó a Costa Rica, pero aquí se quedó. La vida es como un río que avanza construyendo su propio cauce.

PRIMEROS PASOS:

Don José Traube no se instaló desde un principio en la capital. Sus primeras armas las hizo en la ciudad de Cartago, en donde afrontando dificultades y pasando mil trabajos, logró establecer su primera cervecería que llamó CERVECERÍA GLOBO. Fue esta, pues, la marca registrada de la nueva empresa, junto con su firma de puño y letra: TRAUBE, conforme puede verse todavía en el plantel actual, en las etiquetas en los membretes y en los anuncios y que luego llegó a popularizarse, no sólo en los centros de mayor comercio, sino hasta en los más apartados sectores de la república.

AÑOS DE DESCANSO:

A los pocos años pudo ser trasladada la cervecería a San José a la finca de su propiedad El Ballestero, hoy Cuesta de Traube. La empresa poco a poco fue tomando consistencia: por un lado el espíritu de lucha de su fundador y por otro la ayuda que le diera su padre, fueron factores decisivos en la prosperidad del negocio que hoy se conoce por “Gran Cervecería Traube”, cuyos productos, que se distinguen por conocidas marcas, han saboreado los habitantes de Costa Rica. Después de muchos años de estar en manos de la familia, la empresa se convirtió en una compañía por acciones, de la cual fue gerente su hijo don Rodolfo Traube, quien a su vez, dio enorme impulso a la empresa que fundó su señor padre hace más de medio siglo.

Tras una labor ardorosa y constante, que coronó el mejor éxito, el viaje industrial buscó con su señora doña Berta, descanso en su tierra natal, Alemania. Sin embargo, no se limitó él a disfrutar de su descanso tan merecido, después de una labor ardua en este lejano país de la América Central; quiso entonces servirla en otra forma y asumió, con doña Berta, con el carácter de ad honórem, la representación consultar de ésta su segunda patria en Sajenia y en la Alta Silesia, durante las administraciones de los licenciados don Cleto González Víquez y don Ricardo Jiménez Oreamuno, con el acierto propio de quien siente cariño y conoce de cerca los problemas y las inquietudes de un país que, sin ser el suyo, fue una segunda naturaleza de su espíritu. Esta honda inclinación por lo nuestro se dejó ver siempre en la forma con que a todas horas mantuvo abierta su casa en Dresdem para los costarricenses.

Don José Traube fue un verdadero costarricense, en el sentido más intenso de la palabra. Al hacer de esta tierra su segunda patria, la quiso, podría decirse sin temor de caer en exageraciones, como a la propia. Le había entregado a ella sus entusiasmos y sus esfuerzos de una brillante y activa madurez, encontrando en su seno una acogida franca; se adaptó a esta tierra, sintió un afecto profundo por sus cosas, por sus hombres, por su suerte y ya nunca más se borró de su espíritu. Sus hijos y sus nietos y sus bisnietos crecieron dentro de esa inclinación suya por Costa Rica y aquí viven unidos a nuestro destino y a nuestras inquietudes.

El 7 de abril de 1929 terminó sus días don José Traube. Como él se ha ido otros hombres de la Costa Rica de fines del siglo XIX; los que le dieron y marcaron su trayectoria de nación amiga de la paz, de entidad laboriosa, de emporio de democracia y libertad, en una tierra ubérrima y bajo un cielo eternamente azul.

La Cervecería Traube con ocasión de esta fecha memorable, tiene a honra rendir un homenaje a su fundador, don José Traube Tichy, el caballero intachable que con su inteligencia y con su esfuerzo, desarrolló una industria que es hoy orgullo nacional. (1)

El Sr. José Traube vende su negocio en 1912 a los hermanos Lindo Morales, socios en su compañía “Florida Ice & Farm Co. S.A.” conformada en 1908. Las cervezas que produjo el Sr. Traube en su negocio fueron: Pájaro Azul, Selecta y Traube Pilsen.(2)

Cervezas Traube (Fotografía C.R. y su Historia Facebook)

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Referencias:

  • 1. Centenario de don José Traube. Periódico La Nación, 22 julio de 1954.
  • 2. C.R. y su Historia, Facebook.

Terremoto de Santa Mónica, Cartago, 1910…Galería de fotografías.

A continuación una serie de fotografías del Terremoto de Santa Mónica. De clip en las fotografías para tener una explicación de ellas.

También le puede interesar:

El terremoto de Santa Mónica, Cartago, año 1910

 

Referencias:

  • Fraser Pirie, El tiempo Congelado, Memorias Fotográficas de Costa Rica.
  • Fotografías de H.N. Rudd y H.G. Morgan.

El Tranvía de Cartago

foto1

A  finales del siglo pasado, muchas ciudades se modernizaban con el sistema de trenes de corta duración. Fue tan extraordinario que de los trenes grandes que conectaban las ciudades se pasaron a los pasajes cortos dentro de la ciudad que se llamaban tranvías.

En 1886 el inglés Hastings gana la licitación para construir la línea en la ciudad de Cartago. En el año 1888 se inaugura la primera línea de trenes interurbano de Costa Rica. Estos vagones eran operados por una pequeña locomotora de vapor.

Para el año 1887 el empresario Hastings importó desde Inglaterra un nuevo tren que incorporaba en una sola unidad el motor de vapor y los asientos para los pasajeros. Esta unidad de motor y sillas se llamaría un tranvía.

itinerario

El tranvía apareció en Cartago con motivo de la construcción del Ferrocarril al Atlántico.

Era la época en que solo familias de abolengo poseían volantas, calesas o coches, para salir a pasear o visitar fincas. Otros viajaban en lentas carretas tiradas por bueyes. La mayoría lo hacía a pie.

 A finales del siglo pasado la ciudad de Cartago estaba formada por 9 calles. De este a oeste: Calle del Ferrocarril, Calle Real, Calle de La Soledad, Calle de San Francisco y Calle del Hospital. De norte a sur: Calle del Señor Deán, Calle los Estanques, Calle del Cuartel y Calle Punta Diamante.

Ruta del Tranvía en Cartago:

Las dos rutas eran del cementerio general siguiendo la avenida 2 siguiendo hasta la basílica de los Ángeles y luego al noreste hasta el parque de San Rafael de Oreamuno. Un pequeño ramal salía por la calle 3.ª de la estación de trenes de la Northern hacia el sur a conectarse frente al ahora Banco Nacional. La segunda ruta bajaba por la avenida 10.ª, al este de los Tribunales de Justicia y por la calle de los Cerrillos. Al llegar cerca de Agua Caliente entraba por la ruta antigua por la Iglesia y la plaza de Agua Caliente hasta terminar en el hotel de los baños termales en Hervidero.

Pronto, ingleses y funcionarios municipales notaron que dicho negocio, en vez de crecer, disminuía. En un principio, por pura curiosidad, los cartagineses abordaron aquella máquina de hierro y madera. Pero, pronto, recelosos, decidieron bajarse, pues estaban acostumbrados a caminar hacia cualquier lugar de la ciudad.

Parados en esquinas, de lejos veían pasar el tranvía sin pasajeros. A unos les daba miedo viajar en esa máquina, cuya velocidad les causaba mareos, vómitos, dolores de oído. Otros, definitivamente, no subían por no tener dinero para el pasaje.

Mientras muchas ciudades apuestan al transporte colectivo, en Costa Rica el asunto sigue siendo un reto.

Ante ese rechazo, la situación económica de la empresa de tranvías comenzó a caer, precipitadamente. El servicio cada día fue más deficiente. En consecuencia, los ingleses trataron de rescindir el contrato.

Mr. Walter Ford en un informe presentado ante la Municipalidad, ocho años después de transitar el primer tranvía, aseguró que la empresa estaba dejando fuertes pérdidas a los dueños, pues “los tranvías corrían absolutamente sin pasajeros”.

Diez años duró aquella indiferencia. Los tradicionalmente flemáticos ingleses habían dado tiempo al tiempo.

Después de una década de pleitos judiciales, las autoridades municipales rescindieron el contrato. Los ingleses, tras recibir 10.000 pesos de indemnización, levantaron los rieles y una mañana de tantas, el tranvía no amaneció más en la Vieja Metrópoli. Se esfumó…

¡Para siempre!

Referencias:

  • Huber Solano. crhoy.com. Publicación del 8 de agosto del 2016.
  • La Nación, 1 de diciembre del 2008.

El terremoto de Santa Mónica, Cartago, año 1910

Terremoto del 13 de abril, 1910:

El terremoto del 13 de abril se originó a las 12:37 a.m. El sismo tuvo una magnitud 5,9 grados de la escala de magnitud de momento y causó graves daños en San José, donde edificios como el Liceo de Costa Rica y el Matadero Municipal quedaron parcialmente destruidos.​

Los pueblos de San Nicolás, Agua Caliente, Paraíso, Tres Ríos, Patarrá, Zapote, San Pedro, San Vicente y Guadalupe quedaron seriamente dañados luego del primer terremoto.​

El saldo fue de 115 casas destruidas y 23 edificios con daños severos.​

El Museo Nacional de Costa Rica registró al menos 183 réplicas en los primeros días después del terremoto.​ Seguir leyendo “El terremoto de Santa Mónica, Cartago, año 1910”

El Terremoto de San Antolín en la ciudad de Cartago, año 1841.

El voluminoso documento 7364, resguardado en el Archivo Nacional de Costa Rica, describe los efectos ocasionados por el terremoto que arruinó la Muy Noble y Leal ciudad de Cartago en 1841: “Es la más tremenda catástrofe que registra nuestra historia…Doce casas apenas quedaron en pie y libres de daños irreparables…cuatrocientos edificios totalmente destruidos, murieron solo dieciséis personas entre párvulos y adultos…” Tal como afirma el historiador Arnaldo Moya Gutiérrez, una pizca de imaginación histórica nos ayudaría a reconstruir los parámetros en los que se movió la vetusta ciudad antes de la catástrofe del 2 de septiembre de 1841: “Ni tan señorial, como La Antigua de Guatemala, ni tan noble como León de Nicaragua, pero quizá el perfil se aproximaba al de la ciudad de Granada en la misma Nicaragua”.

La tierra se enfurece en el día de San Antolín. Era costumbre que los sismos llevasen el nombre del santo del día, y a aquel temblor se lo llamó ” terremoto de San Antolín”. La intensidad del espasmo fue superior a VII, con una magnitud estimada Ms. 6,0 – 6,5, profundidad de 10 kilómetros, y epicentro aproximado a 20 kilómetros de la ciudad de Cartago, y ha sido asociado a la llamada falla de Aguacaliente. El eminentísimo expresidente, abogado e historiador Cleto González Víquez (1858 – 1937) en su libro titulado: Temblores, terremotos, inundaciones y erupciones volcánicas en CostaRica, 1608-1910, transcribe un documento en donde se hace una descripción bastante vívida del sismo:

“El día 2 de setiembre de este presente año, a las 6 1/2 de la mañana se sintió un fuerte terremoto, que en menos tiempo de un minuto arruinó completamente los edificios de la ciudad y barrios, causando aún mayor estrago en el cuartel de San Antonio de Cot, situado en las inmediaciones del volcán llamado Irazú…. y el día 2 amaneció muy sereno y despejado; y tan luego se sintió el fuerte temblor sobrevino un viento del Levante que evitó la muerte que indispensablemente hubieran sufrido estos moradores con el polvo que de las ruinas de las casas salía…”

Y en su celebérrimo Álbum, José María Figueroa Oreamuno (1820 – 1900), narra con diestra pluma, el pánico vivido por los cartagineses:

“Sacaron el Sacramento a media plaza junto con la Virgen de los Ángeles…El pueblo se abocó pidiendo misericordia. Se hincaban para recibir la absolución, se decían plegarias a gritos por todas partes…En fin, aquello fue un horror de horrores. Las calles quedaron intransitables. Se ocuparon de desenterrar gente y construir ranchos con cueros y manteados para meterse…”

La Noble Cartago se derrumba y luego se levanta. El terremoto de San Antolín del 2 de septiembre de 1841, detonó la remodelación de Cartago, ya que la antigua capital colonial quedó reducida a una informe mole de escombros.

En esta coyuntura, el Jefe de Estado Braulio Carrillo (1835 – 1837 y 1838 – 1842) emitió sendos decretos que permitieron reconstruir, normar los sistemas de construcción del momento y proyectar el desarrollo urbano y organización espacial, particularmente en la ciudad de Cartago. De ello fue testigo, el médico y naturalista alemán Karl Hoffmann Brehmer (1823 – 1859), quien en 1855 dijo que Cartago era “…la más antigua ciudad, a la cual no puede vérsela la edad porque después de su destrucción total causada por el espantoso terremoto…de 1841…ha sido de nuevo completamente reconstruida”.

Según lo afirma el historiador Franco Fernández, de 600 viviendas más edificios públicos del centro de la ciudad de Cartago, 291 se derrumbaron totalmente en el momento de la sacudida telúrica; el resto presentaron daños estructurales tan graves que quedaron por ser demolidos, y solo doce casas quedaron en condiciones de ser reparadas. Mas, hay que advertir –como lo indica el investigador Carlos Ugalde- lo que se cambió el sistema de construcción de viviendas, iglesias principales y edificios públicos, pero no los materiales utilizados, pues la brumosa y empedrada Cartago decimonónica fue reconstruida utilizando calicantos y tierra (adobes), como en la etapa colonial.

Referencias: