El alumbrado en San José de Antaño.

lampara de canfín
Lámpara de Canfín

 

No siempre las cosas fueron como son hoy. Usted sale por la noche a la calle y encuentra una red de alumbrado público bien conformada dando luz a cada rincón de nuestras calles. Quédese conmigo y disfrute unos minutos de las calles en nuestro San José de antaño.

Los serenos y la reorganización del alumbrado

Imagen relacionada
San José 1885

Con la llegada de Mora al poder y las reformas que introdujo en materia urbana a partir de 1849, se mejoró el alumbrado público que fue por primera vez mantenido y organizado por el municipio y financiado a través de una suscripción voluntaria. El mejoramiento del alumbrado y la creación del sistema de serenos para su mantenimiento, además de velar por la seguridad en la ciudad, también fue una forma de control del espacio urbano alrededor de la plaza central. Los serenos fueron una especie de temprana policía urbana con una doble función, la seguridad y el mantenimiento del alumbrado. Equipados con un pito y un arma, los serenos tenían que vigilar un radio reducido (sólo las tres primeras cuadras del perímetro de la plaza principal) y al mismo tiempo se encargaban de encender, apagar y limpiar los faroles.1 Cada manzana debía estar resguardada como mínimo por dos serenos, desde las siete de la noche hasta las cinco de la mañana, en dos turnos de cinco horas cada uno. Los pitos se sonaban cada hora como forma de control y en caso de peligro o a manera preventiva se tocaban dos veces. También tenían entre sus funciones, dar apoyo a la ronda —la policía que se encargaban de vigilar la seguridad en el perímetro ¿ urbano—.2 Para Wilhem Marr, los serenos no inspiraban mucha confianza ya que eran: “unos sujetos descalzos y atezados con sus pantalones grises o azules de paisano, sus ‘chamarras’ a cuadros y con flecos y armados de una carabina corta y herrumbrada, presentan el aspecto de pintorescos bandidos.” Los serenos daban también la hora por las calles josefinas. Según el alemán: “no dan las horas gritando sino que las rugen o vociferan con voces de barítono, bajo o tenor… El patriotismo, la cronología y la metereología se desatan en rugidos de cerca y de lejos… ¡Viva Costa Rica! ¡Las nueve han dado! ¡La noche es clara!”3. El último anuncio terminaba en una oración hacia las cinco de la mañana.

Imagen relacionada
A la derecha se observa una lámpara de canfín característica de esos tiempos. Bajo el fuerte sol alajuelense, todos usan sombrero y chaqueta. H.G.Morgan

Asimismo, Marr ser refirió al servicio de alumbrado público en 1853: “hasta existe una especie de alumbrado público en las calles principales…dichosamente los faroles no se encienden cuando hay luna, y en esta latitud las claras noches estrelladas hacen que sea bastante superfluo el alumbrado; pero cuando el cielo está oscuro o el tiempo lluvioso, hay que dar con la cabeza en los postes de los faroles para poder ver la luz que despiden las lámparas de aceite.”4 En 1856 este sistema fue sustituido por 225 faroles de canfín. Francis Meagher señalaba dos años después de la instalación del alumbrado de canfín, que la iluminación de las calles consistía en “pabilo y aceite  y su alumbrado es muy parco”5, los postes de hierro colado importado de Inglaterra, y los reverberos traídos de Francia, se encontraban en las intersecciones de las calles principales. Pero a pesar de las mejoras, el alumbrado era bastante limitado y el servicio se daba sólo en las calles principales de la ciudad. La ruta del alumbrado cubría nueve calles centrales de sur a norte y de este a oeste (desde la calle Umaña hasta el Vapor y desde la Fábrica hasta el Padre Velarde).5

Resultado de imagen para lámpara antigua de canfín, san jose, costa rica

También puede ver nuestra entrada “San José, ¿la tercera ciudad que tuvo electricidad?”.

Referencias:

(1) Reglamento de Policía de 20 de julio de 1849…Op. Cit., p. 21.
(2) Reglamento de Policía de 20 de julio de 1849…Op. Cit., pp. 21-24.
(3) Fernández Guardia. Costa Rica en el siglo XIX…Op. Cit., p. 165.
(5) Fernández. Costa Rica en el siglo XIX…Op. Cit., p.164. Esta costumbre se conservó aún después de la instalación del alumbrado eléctrico. En el contrato original se estipulaba que la luz comenzaría a alumbrar a las seis y media de la tarde y permanecería hasta el alba. Pero en las noches de luna llena no se encendería durante las horas “en que la luz de la luna sea suficientemente clara para transitar por las calles.” ANCR, Acuerdo No. CXL, 24 de agosto de 1887. Colección de Leyes y Decretos. San José, Imprenta Nacional, 1888, p. 272.

Fotografías de Internet.

San José, ¿la tercera ciudad que tuvo electricidad?

ACTUALIZADO EL 26 DE MAYO DE 2013 A LAS 12:00 AM

Hace 129 años, se encendieron por primera vez las bombillas eléctricas del alumbrado público de San José, ciudad que dice ser la tercera del mundo que tuvo esta tecnología. ¿Es cierto que fuimos así de precoces?

Hacia 1884, San José era un puñado de cafetales desperdigados por un valle y sin siquiera un teatro que hiciera de joya de la corona.

Era un pueblo iluminado con canfín, cabecera de una provincia con apenas 50.000 habitantes. Ahí, en ese potrero en penumbras, dos hombres pusieron a trabajar una pequeña planta hidroeléctrica.

Para hacerlo, desviaron unas cañerías que alimentaban una pileta destinada a refrescar a los bueyes que llegaban a la capital.

El primer capítulo de la electricidad en nuestro país puede resumirse en eso: dos tipos robándole agua a una boyada para encender 25 bombillas.

Costa Rica era entonces un país joven donde se permitían las quijotadas. El primer cargamento de bananos había salido de puerto Limón cuatro años antes con destino a Noruega y, durante el resto de la década, se inaugurarían la Biblioteca Nacional, el Liceo de Costa Rica y el Colegio de Señoritas. La ambiciosa reforma educativa de 1886 era todavía un proyecto que se paseaba en unas cuantas mentes.

A ese rincón regresó, en 1882 y tras un viaje a Estados Unidos, el costarricense Manuel Víctor Dengo, a quien la Universidad de Santo Tomás le había otorgado unos años atrás el primer título de ingeniero mecánico del país. Venía de ver la luz tranquila que ofrecía la estación eléctrica de Pearl Street, instalada por Thomas Edison en Nueva York.

Tras volver a Costa Rica, Dengo seguramente miró por muchas noches las lámparas de hierro alimentadas con canfín, ubicadas a 50 metros una de otra, que un encargado llegaba a encender a diario con una mecha en llamas. Debió de ser así porque, en julio de 1882, el gobierno le concedió el derecho exclusivo de desarrollar en el país la luz eléctrica.

Así empezó el camino eléctrico en Costa Rica: un poco de antojo, otro de envidia, un manojo de emprendedurismo y un piñazo de ganas. Dengo se alió con el guatemalteco Luis Batres, quien era el dinero y los contactos, y juntos fundaron la Compañía Eléctrica de Costa Rica.

Claro, en tiempos donde no existía Amazon, ni Aerocasillas, ni DHL para pedir un paquete por envío aéreo urgente (carajo, no había ni siquiera aviones) las cosas caminaron lento.

En algún momento entre 1882 y 1884, llegó un extravagante pedido a las oficinas de la compañía Thompson–Houston en la avenida Wester, Lynn, Massachusetts. Un lugar llamado Costa Rica necesitaba una rueda Pelton de 75 caballos de fuerza, un dinamo de 50 kilowatts y 25 lámparas de arco abiertos. Muchas gracias y no se olvide de mandar factura.

¿Primeros? ¿Segundos? ¿Terceros? El hecho: el 9 de agosto de 1884, cuando estaba anocheciendo, los emprendedores pusieron a trabajar la planta, ubicada diagonal a la esquina noreste de la antigua Fábrica Nacional de Licores. Desde ahí hasta el Parque Central, se esparció la luz en un parpadeo.

El mito: San José fue la tercera ciudad del mundo en tener alumbrado público, luego de Nueva York y París.

Suena comprensible. En 1884, comunicarse era complicado y mantenerse al día era asunto para iluminados. El teléfono tenía apenas ocho años de haber sido patentado en Estados Unidos y amores y enemistades se tramitaban por carta. Era impensable que la Municipalidad de San José tuiteara: “Esta noche inauguramos el sistema eléctrico #tercerosenelmundo”.

El hashtag hubiera sido útil. Es sencillo determinar que San José no estuvo en el podio histórico de las ciudades que primero tuvieron alumbrado público, pues existe un grupo numeroso que adquirió esa tecnología antes de 1884. El reto es saber cuál fue la primera. ¿Wabash, Indiana, en 1880? ¿Lyon, Francia, en 1855? ¿Londres en 1878? ¿Kimberly, Sudáfrica, en 1881? ¿Nueva York en 1882?

“Todas esas fechas aseguran, a su manera, que fueron la primera ciudad en tener alumbrado eléctrico público. El problema entonces se traslada a definir qué se considera una instalación exitosa”, explica Ernest Freeberg, doctor en Historia, profesor en la Universidad de Tennessee y autor de un libro sobre la historia de la electricidad.

El caso de Lyon parece haber sido una travesura pasajera de los ingenieros franceses Lacassagne y Thiers. Newcastle, Inglaterra, hace también un reclamo tímido: Sir Joseph Wilson Swan instaló una lámpara en 1879. Pero, ¿apenas una lámpara? Descartado. Cleveland dice que iluminó su parque central en 1879. Ah, pero solo el parque. Wabash, es cierto, iluminó el 31 de marzo de 1880 todo el pueblo con cuatro gigantescos focos colocados sobre el edificio municipal, pero, a ver, era un poblado diminuto de 320 habitantes, dice Freeberg.

Londres, con el viaducto Holborn, el 13 de diciembre de 1878, es una candidata fuerte. También Kimberly, Sudáfrica, que documentó ampliamente su iluminación el 1.° de setiembre de 1882. Tres días después, se inauguró la planta de Pearl Street, en Nueva York. Y así debe haber muchas por el mundo que escapan de esta revisión, por lo que hacer una lista definitiva es complejo.

¿Y París? Bueno, en la capital francesa se iluminaron temporalmente dos calles para la Exposición Universal de 1878 y, necesariamente, para la Exposición Internacional de Electricidad de 1881. No es sorpresa que le llamen la Ciudad de las Luces. Sorprende, sí, que no haya habido instalaciones estables.

En América Latina tampoco ganamos. Santiago de Chile y la ciudad de Campos, en Río de Janeiro, Brasil, encendieron su alumbrado eléctrico público en 1883. Pero fuimos terceros.

Pioneros

El sistema nacional era sencillo, pero ingenioso. El Gobierno les dio a Dengo y Batres una subvención mensual de 200 pesos por cinco años y ellos se comprometieron a proveer el mejor sistema moderno tras firmar un contrato con la Municipalidad de San José.

Los hombres optaron por la producción hidráulica y para esto se valieron de una caída de agua de 15 metros que sobraba en los tanques de cañería y que alimentaba hasta entonces la pileta de los bueyes.

El sistema llegó a suplantar los viejos faroles de canfín que desde 1841 iluminaban las noches josefinas. Para su inauguración –¿se habrá visto un acontecimiento semejante en aquellos años?–, el presidente Próspero Fernández salió a su balcón en el Palacio Presidencial y las multitudes curiosas llegaron de Alajuela, Cartago y Heredia.

De un pronto a otro, pasadas las 6 p.m., las 25 lámparas instaladas sobre postes de madera se encendieron. La gente reunida tuvo dos grandes reacciones. Primero, un grito colectivo de asombro y después, pasado el susto inicial, incredulidad. “Las calles por donde iban colocando los postes y se tendían los alambres, eran sitio de obligada romería para todos y algunos llegaban manifestando sus dudas porque, a lo mejor, los tales alambres eran huecos, como finísimos tubos, por los cuales circulaba el canfín de los faroles”, escribe el cronista Alberto Quijano en su libro Costa Rica ayer y hoy , de 1940.

La reacción era similar a la que había provocado el alumbrado eléctrico en otros países. Durante la exposición que hicieron en Lyon Lacassagne y Thiers en 1855, la Gazette de France reportó que “las señoritas se cubrían con sus sombrillas, no como tributo a los inventores, sino para protegerse de los rayos de ese misterioso y nuevo sol”. En Newcastle, en 1878, los pobladores se aglutinaron para ver la solitaria lámpara en la calle Mosley.

En 1884, fueron muchos los que llegaron a ver la única ciudad iluminada entre Estados Unidos y Chile. Durante varios años, el país mantuvo un lugar de privilegio y las naciones vecinas que se fueron uniendo (México en 1887, Panamá en 1889 o Colombia en 1890) debieron conformarse con saber llegar.

Terceros o no, queda el mérito de que Dengo y Batres lograron encender San José en pleno reinado del canfín y antes de que lo hicieran muchas capitales europeas. Es un punto alto en la historia del país, pero ningún cronista relata si el 10 de agosto de 1884, mientras ambos celebraban, los bueyes que llegaban a San José habrán arrugado la cara, perplejos, al encontrar semivacía la pileta donde cada mañana acostumbraban refrescarse.

POR DIEGO ARGUEDAS ORTIZ, LA NACIÓN

Primera Planta Hidroeléctrica

Primeraplantahidroelectrica1884

Inicio de los servicios eléctricos en 1884

La primera planta hidroeléctrica del país, llamada Aranjuez y ubicada en el centro de San José, entró en operación en 1884. A partir de ese acontecimiento se continuaron construyendo diversas obras de generación eléctrica en varios lugares del país, como producto de iniciativas de las municipalidades y de empresarios privados, tanto nacionales como extranjeros.

Se inaugura el servicio eléctrico en San José al ser las 6:15 de la tarde . La planta se ubicó en Barrio Aranjuez, tenía una fuerza de 75 caballos, generaba 50 kilovatios para 25 lámparas de carbón.

De esta forma, San José se constituyó en la tercera ciudad del mundo y la primera en Latinoamérica en ser iluminada gracias a la energía eléctrica, después de Nueva York y París.