Tarjetas Postales de Costa Rica de Antaño

A inicios del siglo XX ya existía en Costa Rica una industria de tarjetas postales, las cuales comenzaron a circular por el mundo entero.

Estas son algunas tarjetas postales que he podido conseguir para mostrarles a ustedes.  Estaré incorporando próximamente más de estas.

 

 

Referencias: 

  • Tomadas de Internet.

Zona de los Santos, San José

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La Zona de Los Santos, también comúnmente conocida como el Valle de Los Santos o simplemente Los Santos, es una región geográfica del centro-sur de Costa Rica.

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Corresponde a un amplio sector de una serie de valles intermontanos de los cantones de Tarrazú, Dota y León Cortés Castro, en la provincia de San José. Habitualmente, se tienden a considerar también los distritos de Frailes y San Cristóbal, del cantón de Desamparados, por su cercanía.

Sumando la superficie de los tres cantones, el área es de alrededor de 863 kilómetros cuadrados.

El origen del nombre proviene de la gran cantidad de poblados con nombres alusivos a “santos” del catolicismo. Por ejemplo, las cabeceras de los cantones de Dota, Tarrazú y León Cortés, respectivamente son Santa María, San Marcos y San Pablo.

Asimismo, algunos distritos de estos cantones también poseen dicha toponimia. Por ejemplo, se encuentran los distritos de San Carlos y San Lorenzo en el cantón de Tarrazú y San Andrés, San Antonio, Santa Cruz y San Isidro en León Cortés Castro.

Historia:

La zona ha estado habitada desde la época precolombina, particularmente por indígenas del llamado reino Huetar de Oriente, que fue dominio del cacique Guarco quien murió antes o a principio de la conquista, asumiendo el cacicazgo su hijo Correque.

Según registros documentales, en el centro del valle que hoy corresponde al cantón de Dota, había una pequeña sabana rodeada de baldíos, lo que hizo pensar a los primeros pobladores que el lugar había sido, en algún tiempo, asiento de una población aborigen. Esta situación se confirmó en fechas más recientes al encontrarse sepulturas indígenas dispersas por todo el sitio, piedras marcadas con ciertos jeroglíficos, y un cementerio localizado al este del valle.

Se conoce que el conquistador Juan Vázquez de Coronado pasó por esta región, en su expedición a Quepos en 1563.

En los siglos siguientes, el valle se colonizó con pobladores criollos que estaban en busca de nuevas tierras para sus actividades agropecuarias en el sur del país. Las migraciones más fuertes ocurrieron a inicios del siglo XIX, impulsadas en gran medida por el desarrollo comercial cafetalero de la nueva República, con asentamientos pequeños y disgregados, ubicados a lo largo de los ríos.

No hay fechas muy precisas sobre la fundación de los primeros poblados de importancia; sin embargo, el más antiguo parece ser San Marcos, en la primera mitad del siglo XIX. Propiamente, se reconoce al señor José Miguel Cascante Rojas y su familia como los primeros habitantes de esa ciudad, quien reclama las tierras de Tarrazú a su nombre en 1845.

El primer nombre oficial que se le dio a San Marcos fue Hato de Dota, como lo llamó la municipalidad de San José, en 1825, en un informe al Estado sobre los hatos de la provincia.

Mientras tanto, el primer colonizador reconocido de Dota y fundador de la población de Santa María fue don José María Ureña Mora; quien después de realizar una exploración a la zona, el 19 de junio de 1863 denunció ante el Juez de Hacienda Nacional, don Juan Rafael Mata, seis caballerías de terreno baldío en Dota, en esa época jurisdicción del cantón de Desamparados. Un año después se trasladó a este lugar junto con su familia y varios peones, para comenzar a sembrar la tierra que existía en este sitio.

En una reunión familiar entre don José María Ureña y su esposa, don José Salas Zúñiga y su señora después de una larga discusión llegaron al acuerdo de bautizar al valle con el nombre de Santa María.

Finalmente, el valle que corresponde al actual León Cortés fue colonizado en una época algo más tardía. Los primeros pobladores que llegaron a la región, en la segunda mitad del siglo XIX, fueron vecinos de la hoy ciudad de Guadalupe, del cantón de Goicoechea; entre los cuales estaba don Manuel Castro Blanco, hombre emprendedor que puso todo su empeño en el desarrollo del incipiente poblado.

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Zona de Los Santos (Costa Rica), 29 abr (EFE).- Enclavada en medio de las montañas del centro de Costa Rica se encuentra la Zona de Los Santos, un territorio agrícola con cualidades únicas cuyos habitantes han perfeccionado, durante décadas, el arte de cultivar y producir un café que es considerado de los mejores del mundo.

Referencias:

Fotografías de Internet

 

Cuatro Filazos

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Ambos son de alma templada,
mozos ambos y fornidos;
no hay diferencia en edades,
ni en la guapeza y el brío.
Iguales son en donaire,
en coraje son lo mismo
e idénticas las realeras
en el tamaño y el filo.
Por la bella Marcelina,
la nieta de ñor Jacinto,
a darse cuatro filazos
los dos mozos han salido.
Escogen para el combate
la Vega de los Molinos,
y a la luna silenciosa
tienen sola por testigo;
no cruzan una palabra
durante el largo camino:
cada cual piensa en la madre,
en el padre, en el amigo…
y los dos en la muchacha
causadora de aquel cisco.
Tristes son sus pensamientos,
pero marchan decididos,
porque los hombres valientes
no suelen ser reflexivos.
Una vez que al campo llegan
y ya puestos en el sitio,
tiran chaqueta y sombrero
sobre un pedrusco vecino.
– ¡Me perdonás si te mato?
– ¡Está claro!, ¿y vos?
– Lo mismo.
– Pos si querés empezamos.
– Empecemos, Secundino.
A un tiempo de la ancha vaina
sacan ambos los cuchillos,
que a los rayos de la luna
despiden siniestro brillo.
Si uno avanza el otro ceja:
ya están distantes, ya unidos;
saltan, gritan, vuelven, zafan,
fieros, resueltos, bravíos…
Los aceros al chocar
producen extraños ruidos,
y la claridad incierta
pueblan de rayos fatídicos…
Rueda el pobre Juan de Dios
sin exhalar un gemido…
Piensa un instante en sus padres,
en su adorada y en Cristo,
y entra al reino de la Muerte
tan sereno, tan tranquilo,
como en los brazos maternos
se duerme el cándido niño.
El sol de la mañanita
alumbra su cuerpo frío,
y bebe la sangre roja
que mano airada ha vertido,
para colorear sus mantos
por el tiempo desteñidos.

Concherías de Aquileo Echeverría

Equileo Echeverría, biografía

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Fue bautizado con el nombre de Adolfo Dolores Aquileo de la Trinidad Echeverría Zeledón. Sus padres fueron Aquileo Echeverría y Trinidad Zeledón. Cursó estudios primarios y secundarios en su ciudad natal, pero debió abandonar el colegio por su pobreza, obligado a buscar trabajo. El 1 de septiembre de 1885 se casó en Heredia con María Dolores Flores Zamora.

En 1885 se enroló como soldado en la campaña militar contra el presidente guatemalteco Justo Rufino Barrios , quien pretendía restablecer la unión centroamericana por la fuerza de las armas. Al finalizar la campaña se estableció en Nicaragua, al servicio del presidente Adán Cárdenas del Castillo. Fue en ese país donde conoció y entabló amistad con el poeta Rubén Darío, quien posteriormente escribiría: «… y Costa Rica tiene un Poeta. Tiene, en verdad, otros poetas, pero SU poeta, el poeta nacional, el poeta familiar se llama Aquileo J. Echeverría».

De regreso en Costa Rica fungió como periodista en varios periódicos y revistas, entre los que destacan La RepúblicaEl comercioCosta Rica IlustradaLa PatriaEl periódico, entre otros. Publicó varios poemas y artículos serios bajo los seudónimos de Boccaccio, El Duende Rojo y Dixie.

Fungió como Agregado de la Embajada de Costa Rica en Washington, Estados Unidos, a partir de 1887, en la época en que se celebró el acuerdo fronterizo entre Costa Rica y Nicaragua por el Laudo Cleveland.

En el año 1889 colaboró con Rubén Darío en el periódico La Unión en El Salvador, posteriormente colabora con el periódico Guatemala Ilustrada. Regresa a Costa Rica en 1893, donde continúa ejerciendo el periodismo, posteriormente trabaja en la Biblioteca Pública de la ciudad de Heredia, donde se traslada a vivir y establece una pulpería, dedicándose al comercio. En lo económico las cosas no anduvieron nada bien, porque Aquileo no era comerciante pero el trato directo con sus clientes campesinos le proporciono al pulpero, que si era escritor, un material folclórico invaluable que supo aprovechar de maravilla para crear sus famosas Concherías, consideradas hoy como un tesoro en las letras nacionales.

Muere en España el 11 de marzo de 1909, país al que había viajado para ser sometido a un tratamiento en la Casa de Salud de Barcelona, luego de un serio quebranto de salud. Sus restos fueron llevados a Costa Rica en marzo de 1915.

Fue designado Benemérito de las Lenguas Patrias en octubre de 1953. En 1961 el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes de Costa Rica crea el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en honor a la labor de este autor.

Fue primo del laureado escritor costarricense Manuel González Zeledón, “Magón”; y abuelo de la escritora de cuentos para niños Marilyn Echeverría Zurcher, quien firma bajo el seudónimo de Lara Ríos.

Obra literaria

…ningún otro poeta en Costa Rica tiene como él ni tantos lectores, ni tantos afectos conquistados.

Rubén Darío.

El éxito de la poesía de Aquileo J.Echeverría fue la exactitud con que describió la vida, el pensamiento, las costumbres y el lenguaje de los campesinos costarricenses, debido a que tuvo la oportunidad de vivir entre ellos, dándole la oportunidad de estudiar sus defectos, sus creencias, sus tradiciones, su modo de vida cotidiana, lo que hizo que Aquileo lo plasmara en su obra con el mismo modo de hablar del campesino. La época en la que Aquileo Echeverría escribió tuvo un predominio de posiciones europeístas o academicistas, por lo que el costumbrismo de Echeverría y de su primo Magón vinieron a ampliar el discurso literario costarricense, incorporando las culturas y lenguajes orales y populares ajenos a la cultura letrada.

  • Romances (1903)
  • Romances y misceláneas
  • Concherías (1905)
  • Poesía, concherías y epigramas (1918)
  • Crónicas y cuentos míos (1934)
  • Concherías, romances y epigramas (1950)
  • Concherías, romances, epigramas y otros poemas (1953)

 

Referencias:

  • Zeledón Cartín, Elías (2013). Biografías de costarricenses (1° edición). Editorial Universidad Nacional de Costa Rica. pp. 133-135. ISBN 9789977653822.
  • Quesada Soto, Álvaro (2008). Breve historia de la literatura costarricense. Editorial Costa Rica. pp. 148 páginas. ISBN 9977-23-893-6.

La silla presidencial

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Silla presidencial ubicada hoy día en el Museo Nacional de C.R. (fotografía de Maritza Cartín)

 

Silla utilizada por los presidentes de la República en la Catedral Metropolitana de San José a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En su respaldar destaca la representación de las franjas y colores de la bandera costarricense, así como la presencia del escudo de armas que usó Costa Rica entre 1848 y 1906.

Referencias:

  • Museo Nacional de C.R.

 

 

La Carreta típica y el boyeo…tradición tica.

¿Cómo se hizo presente en nuestra sociedad esta manifestación patrimonial del Boyeo y la Carreta?

Durante la época colonial la situación de aislamiento crónico respecto al poder central, representado por la capitanía guatemalteca, la escasez de metales preciosos como el oro y la plata, las vías de comunicación en mal estado por las inclemencias del tiempo; impusieron duras condiciones a las actividades económicas propias de la población del valle intermontano central costarricense.

La carreta llegó a Costa Rica desde el siglo XVI bajo la forma de cureña, que era nada más hecha de troncos, palos y cañas, usada para el traslado de madera originalmente.

El espacio físico del valle Central era un medio adverso para medios de transporte pesados debido a la presencia de montañas, hondonadas,  lluvias torrenciales y ríos de amplio caudal propios del trópico, que anegaban constantemente los suelos.

La actividad ganadera, estuvo destinada principalmente a la cría de mulas y en muy pequeña escala a la de bueyes para ser utilizados en las labores agrícolas como animal de tiro. Sin embargo, las yuntas de bueyes unidas por el yugo fueron un apoyo fundamental para el agricultor, al momento de poner en movimiento las pesadas rejas y arados para surcar sus campos de labranza, y para hacer girar las muelas del trapiche con que se muele la caña de azúcar para extraer su jugo. Asimismo, y a pesar de que los caminos no eran propicios para el uso generalizado de carretas haladas por bueyes, es un hecho que tanto unas y otros se hicieron presentes durante el período colonial costarricense, donde cumplieron relevantes funciones productivas. En este sentido, el uso de la carreta estuvo restringido a pequeños círculos donde las vías de comunicación lo hicieron posible. (Carrillo, Castro y Murillo, 2009: 17).

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el polo de crecimiento económico de Costa Rica se desplaza del este hacia el oeste, o sea, de Cartago y sus alrededores, hacia San José, Heredia y Alajuela, debido al aumento de la producción tabacalera. Esto sin dudas incide en la ampliación de las unidades de producción agrícola y también en los principales núcleos de población.

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El transporte en carreta se hace indispensable en este tipo de poblamiento del valle Central. El carácter disperso de los poblados necesita de un medio de locomoción efectiva, para trasladar las cosechas de granos, la caña de azúcar y la madera de los trapiches y de vuelta llevar desde tapas de dulce y el bagazo como alimentación del ganado.

Durante el siglo XIX el crecimiento económico del valle central vino en aumento debido a los cambios introducidos en el medio agropecuario mediante la incorporación del café. El café fue el motor del crecimiento económico. Pese a las diferencias sociales que promovió el café, se puede afirmar que hubo una unificación del aparato productivo y la comunidad costarricense superó las diferencias regionales y asoció los intereses de los agroexportadores con los de los productores directos, artesanos y jornaleros que vieron aumentar sus ingresos y la calidad de vida, cuando lograron adaptarse bien a las nuevas condiciones económicas.

Igualmente las carretas se convirtieron en el símbolo del traslado del “grano de oro” hacia los puertos de embarque del producto para ser llevado a Europa. Diariamente como lo testimonian algunos viajeros europeos de la época, los caminos se veían surcados por desfiles de centenares de carretas que llevaban el cotizado grano.

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La carreta se convirtió en medio de subsistencia para las familias campesinas, dado que permitieron ingresos extras que permitían la manutención de los miembros del hogar. Para el campesinado el adquirir carretas, animales y aperos sirvió como forma de acumular bienes, que bien podían usarse como venta en caso de urgencia o como prenda para establecer alguna hipoteca. Incluso se habían convertido en bienes heredables de padres a hijos, por lo cual brindaban una relativa estabilidad.

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El buey

Como todo medio de transporte hecho por los seres humanos la carreta comenzó a tener modificaciones a lo largo del tiempo. En el valle Central la carreta comenzó a experimentar cambios para modificar sus partes con la idea de poder llevar la carga de leña, el café, “grano de oro”. A partir de comienzos del siglo XX, empieza a decorarse al verse desplazada por otros medios de transporte. De esta forma comienzan a surgir diferentes formas de llevar a cabo la decoración del exterior de la carreta de acuerdo a la zona geográfica particular, entre las que se pueden enumerar Cartago, Desamparados, Higuito de Desamparados, Aserrí, Escazú, Puriscal, San Ramón, Sarchí, entre otras.

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La tradición de pintar y engalanar las carretas comenzó a principios del siglo XX.  Originalmente, cada región de Costa Rica tenía su propio diseño, lo que permitía identificar el origen del boyero por los motivos pintados en las ruedas.  A principios del siglo XX, flores, rostros y paisajes en miniatura empezaron aparecer al lado de los motivos que representaban estrellas puntiagudas.  Se organizaron concursos anuales para premiar a los artistas más creativos, costumbre que aún perdura hoy día. (La tradición del Boyeo y la Carreta en Costa Rica (2014). En: http://www.patrimonio.go.cr/patrimonio/inmaterial/Declaratorias_Mundiales/Tradicion_del_boyeo.aspx).

El boyero, la carreta y los bueyes

La exclusividad de esta declaratoria como Obra Maestra del Patrimonio Intangible de la Humanidad está ligada a la relación entre boyero, carreta y bueyes y así es como prevalecen en el imaginario social costarricense.

Los campesinos costarricenses, al mando de su carreta y junto a sus fieles bueyes, han ejercido el oficio del boyeo por generaciones. Un oficio aprendido desde la infancia, junto a su familia. Son los hombres, principalmente, quienes heredan la tradición del boyeo, sin embargo, las mujeres siempre han participado de la tradición y en los últimos años han asumido un liderazgo importante.

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El boyero

Carreta con rueda macizas sujetadas con trabas de madera. Nótese la sierra manual que lleva amarrada al costado. Santa Cruz, Guanacaste, en: Dobles, Murillo y Chang, 2008: 133. Participó el 25 de julio, Día de la Anexión. Santa Cruz de Guanacaste.

Partes de la carreta

El yugo:

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El yugo se compone de distintos elementos, los cuales se denominan de modo diferente según la zona de donde provenga y de las tradiciones familiares de los usuarios o fabricantes.

Una de sus partes más importantes son las muescas o parte central superior del yugo, las cuales están destinadas a facilitar el engarce de las amarras de la carreta o arado, dichas muescas pueden tener forma de M, llamada mariposa o por otro lado imitar la forma de pezuña del ganado.

Otra de sus partes es la valona la cual se utiliza de forma recortada para cubrir el pescuezo o nuca de los bueyes y la “camella”, “cadena” o “palote” que corresponde a las salientes a los extremos del yugo.

Los Aperos:

Se llama “aperos”* a los implementos de trabajo manejados por el boyero en sus distintas labores o actividades.

Los aperos del buey están constituidos por: A- Las frenteras, utilizadas con el propósito de “defender al buey de las fajas”, es decir, para que las fajas usadas para sujetar el yugo a sus cachos. B- las punteras o botones que se les colocan a los animales en los cachos, como adorno, y, C-  Las  fajas o correas para amarar el yugo a la testuz de los  bueyes.

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Las partes de la carreta

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La carreta se compone de las siguientes partes: bastidores (piezas de madera ensambladas), parales ( son ocho piezas o soportes distribuidos cuatro por cada lado); matabuey ( pieza que se extienden de manera longitudinal y sostiene la armadura de la base); tablero ( tablas de grosor grueso a los costados cerrando el cajón); compuerta   (dos tablas corredizas ubicadas en la parte tanto delantera como trasera, dichas compuertas a su vez van decoradas con dibujos debidamente pintados ); timón (pieza que articula longitudinalmente el conjunto y le da soporte); sobrecajón ( pieza opcional sobre el cajón que sirve para aumentar la capacidad de carga); rueda (soporte de rodaje de dicho transporte); bocina (tubo cónico ajustado al eje); aro (pieza de hierro, madera en forma de circunferencia). (Carrillo, Rodrigo; Castro, Willian; Murillo, Tobías., 2009: 52)

La rueda también va experimentar cambios. En un principio estaba compuesta de radios (varillas que unían el eje con el aro de la rueda) o en una sola pieza. Luego se implementó la rueda de tres partes de madera. Posteriormente, este diseño se mejoró a uno realizado con dieciséis cuñas, ajustadas por un aro de hierro para evitar que la rueda sufriera de atascos en el fango.

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El llamado “cantar de la carreta” es un sonido emitido por su bocina y su eje. Este armonioso sonido especial en cada carreta, distinguía al dueño y alertaba a los conocidos a su llegada. Era igual de importante que el decorado, a la hora de escoger una carreta. Esto ha inspirado a escritores y poetas, a lo largo del tiempo. (Montero, Eduardo. 2010. El boyeo: tradición y cultura costarricense. En: http://eduardomontero1979.blogspot.com/2010/08/la-tradicion-del-boyeo-y-la-carreta-en.html).

El imaginario social como producto del patrimonio intangible

Definitivamente la actividad del boyeo y la carreta costarricenses han logrado tener un lugar interesante en el medio nacional, dado que esta tradición se mezcla no sólo a los cantones del país en los cuales más se logra apreciar su presencia. Dicha tradición se asocia con las actividades religiosas, es decir con las festividades del Santo Patrón de algunas comunidades, en las cuales tiene lugar la infaltable presencia de los boyeros y sus carretas

El boyeo es un proceso que consta de diferentes etapas que se relacionan unas con las otras o se realizan simultáneamente, además implica un conjunto de saberes, que suponen entre otros: la percepción e intuición para seleccionar el animal que reúne los requisitos para ser el mejor buey; la capada, es decir, el rito de castración por el cual adquiere su condición de buey; el amansamiento del animal; los cuidados para mantener o mejorar el estado de salud y de ánimo del animal y finalmente, el saber guiarlo, es decir poder aprovechar la potencia del animal en su medio de trabajo sin lastimarlo.

Todos estos conocimientos constituyen manifestaciones de saberes, artes, pensamientos y emociones que se han venido tejiendo a lo largo de generaciones.

Reconocimiento mundial:

El Boyeo y la Carreta expresan todo un cúmulo de conocimientos y habilidades intangibles que hasta el día de hoy permanecen arraigados en parte de la memoria de nuestra población y permiten conformar un sitial significativo de la identidad nacional. De ahí que un 25 de noviembre del 2005, desde París recibimos la buena nueva de que el Boyeo y la Carreta costarricenses fueran declaradas como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, luego de todo un intenso periodo de estudio para solicitar la declaratoria ante la UNESCO, máximo órgano de la educación, la ciencia y la cultura del planeta.

Este premio no fue dado sólo a la carreta como objeto material; sino también al boyeo.  Comúnmente se tiende a ver la carreta y a no tomar en cuenta el resto del conjunto, en el cual destaca la parte humana. La acción de boyear se asocia con una cantidad significativa de conocimientos, llevada a cabo principalmente por el campesino.

Referencias:

  • PROPUESTA DE UNIDAD DIDÁCTICA. El Boyeo y la Carreta como patrimonio intangible de la humanidad según la declaratoria de la UNESCO.  Elaborado por: Jorge Cartín Obando, Asesor Nacional de Estudios Sociales Depto. Primer y Segundo Ciclos

Las Pulperías de antaño.

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Pulperia El jicaro, Liberia
Fotografía por  Geotrivia.cr

 Miren que tema más bello el que les traigo este día, las famosas pulperías, la pulpe…

Cuéntenme amigos, quiénes no tocaron el piso de uno de estos famosos establecimientos? Pienso que una gran mayoría de ustedes tiene cualquier cantidad de cuentos e historias acerca de la Pulpe.

Por ejemplo, les cuento que nací en la provincia de San José, en la ciudad de Guadalupe. Primero viví en un pequeño barrio llamado San Gerardo (Costado norte de Novacentro). Una de las primeras pulperías fue La Nena, esquinera, sus dueños un par de señores ya mayores y más abajo estaba la Pulpería Amalia, por supuesto atendida por Amalia.

Que lugares mágicos para los niños, a comer melcochas de coco, cajetas de leche, confites de mantequilla, mora y si te iba bien el pulpero te daba fería…que era un premio, era una bolsita de cartulina forrada con papel seda de colores, allí había polvo de pinolillo, sí amigos, jaja, si ahora le das eso a un chiquillo, fijo te lo revientan.

Me encantaría leer sus comentarios y que me cuenten alguna anécdota de la famosa Pulpe. Aquí les dejo un poco de historia…

Una pulpería era, hasta inicios del siglo XX, el establecimiento comercial típico de las distintas regiones de Hispanoamérica, encontrándose ampliamente extendida desde Centroamérica hasta los países del Cono Sur. Su origen data de mediados del siglo XVI y proveía todo lo que entonces era indispensable para la vida cotidiana: comida, bebidas, velas, carbón, remedios y telas, entre otros.

También era el centro social de las clases sociales humildes y medias de la población; allí se reunían los personajes típicos de cada región a conversar y enterarse de las novedades. Las pulperías eran lugares donde se podía tomar bebidas alcohólicas y además se realizaban peleas de gallos, se jugaba a los dados, a los naipes, etc.

Los establecimientos eran una viva expresión de la cultura local, como en el caso rioplatense, en donde solían contar con una o dos guitarras para que los gauchos “guitarreasen” y cantasen; o se organizaran payadas y bailes entre los parroquianos.(1)

Cuando era niña y me llevaban de paseo a Naranjo, mi felicidad era completa tan pronto ponía un pie en la pulpería de nuestro tío abuelo Arturo.

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Tomada de Ticomorfosisblog

Se llamaba La última copa; el piso era de mosaico; las ventanas, de madera, y sobre el mostrador, unos grandes frascos de vidrio me hacían perder la cordura. Dentro de ellos había verdaderos tesoros para cualquier goloso: melcochas, confites de mora, Tapitas, Frutinis, galletas Yemita, tártaras…

A su local iba mucha gente para hacer tertulia y ponerse al tanto del acontecer nacional y de las últimas noticias del barrio. Algunos ‘pedían fiado’ y sus nombres eran anotados con un lápiz en una libreta, donde también se llevaban las cuentas con suma rigurosidad.

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Definitivamente, eran otros tiempos, pues pulperías como aquella están en vías de extinción. Según conteos oficiales, sobreviven unas 15.000 en todo el territorio nacional, muy pocas si se toma en cuenta que, hace tres décadas, había una en cada esquina.

Hoy, los niños de las ciudades conocen los abastecedores, los minisúper y los grandes supermercados con góndolas y dependientes que atienden a las decenas de clientes que hacen fila en su caja, pero la figura del pulpero es para muchos de ellos solo una leyenda.

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Pulperia Sketch, El Surtidor, Escazú, Costa Rica 

Con el fin de rendir homenaje a la pulpería, en noviembre del año 2009, la empresa de tecnología Sui géneris, encargada de abastecer al comercio detallista, llevó a cabo un certamen nacional de pintura, en el que 37 artistas costarricenses plasmaron fachadas o interiores de estos singulares sitios y despertaron mucha nostalgia. Las obras fueron exhibidas en el Museo de los Niños, pero aún pueden apreciarse en la página www.pulpería.com .

Nacion.com

El investigador Guillermo Barzuna Pérez, director de la Revista Herencia y vicepresidente de Icomos, también publicó un libro sobre el tema, titulado La pulpería costarricense, donde hace un repaso de la historia y el significado de estas pequeñas tiendas de barrio, cuyos nombres aún conserva la memoria colectiva. La Milflor , La flor de Otoya , La Marinita , El cinco menos , La Nochebuena , La barata y La pulga, para citar algunos.

 

 

Aquí me vine a encontrar a mi amgia Sandra Anchía, toda una artista.    Pulpería “La Asturiana”: Esta pulpería está ubicada en Coronado, según la estudiante que la pinta, doña Sandra Anchía, se llama así en honor al equipo Asturias de España. Tiene más de 70 años de antigüedad y la particularidad de que venden alimentos para conejos, gallinas, perros y según doña Sandra “todo lo que no se encuentra en los supermercados”. (Museo Nacional de C.R.)

Hasta Juanito Mora

Es difícil establecer el nacimiento de la pulpería como tal. Sin embargo, Barzuna afirma que ese tipo de comercio convive con los ticos desde la colonia, junto a las vinaterías y las tiendas de ultramarinos con productos británicos, chilenos y españoles (vinos, quesos, especias).

Un posible origen etimológico se halla en la voz pulpa (extracto de fruta), tomada del latín y que dio lugar, hacia 1586, al nombre de ‘pulpero’: “Tendero de comestibles”, así llamado porque vendían, sobre todo, frutos tropicales. Más adelante, hacia 1627, aparece también la palabra ‘pulpería’ para sitios en donde se vendía de todo: arroz y frijoles a granel, confites, candelas, medicinas, etcétera.

Pero no se piense que el fenómeno de la pulpería era exclusivo de Costa Rica. En otras regiones del continente también surgieron negocios similares, solo que tenían otras denominaciones. En Argentina se les llamaba almacén; en Cuba, la bodeguita; en Nicaragua, la venta, y en México, estanquillos, tanachis o recauderías, por citar algunos ejemplos.

En Costa Rica eran espacios tan emblemáticos que hasta los grandes personajes de nuestra historia las visitaban con frecuencia o eran dueños de alguna pulpería. Por ejemplo, se sabe que Juanito Mora (Juan Rafael Mora Porras, presidente que dirigió la campaña de 1856 contra los filibusteros), dedicaba su tiempo libre al comercio y, en un pequeño almacén josefino, vendía mercaderías, telas y cintas al menudeo. En esos días, los campesinos, no lo trataban como “Su Excelentísimo”, sino que, de manera cariñosa, lo llamaban Juanito . Después de todo, él era el pulpero del barrio.

“El comercio, entonces, era para estos personajes ilustres una vocación, una actividad que les gustaba y los hacía sentirse bien. No solo les proporcionaba ganancias en la sociedad, sino que además, los ponía en contacto directo con el pueblo; desde el chiquillo que no sabía qué comprar con un peso, hasta el señor bien vestido que llegaba a buscar cigarros”, apunta Barzuna.

El papel del pulpero era fundamental, pues él era el depositario de todos los secretos del barrio. Era la persona ideal para preguntarle cualquier dirección, acostumbraba a dar feria a quienes pagaban de contado y, además de su don de gente, poseía un ingenio envidiable. De allí, los simpáticos carteles que colocaban en sus negocios, como aquel famoso: “Hoy no se fía, mañana sí” o “Fiado se murió. Mala paga lo mató”.

Mas el pulpero no estaba solo. Por lo general, su esposa y sus hijos le ayudaban a atender el negocio, y casi siempre, había en la pulpería un famoso perro callejero o un gato con una simpática historia que todos los clientes conocían.

Durante muchos años, las pulperías funcionaron también como cantinas, algunas divididas sutilmente por un biombo o una burra de madera con la marca de una conocida cerveza.

En La Estrella del Sur, de Ciudad Colón, hasta hace poco se veían las argollas para que los clientes amarraran sus caballos mientras se tomaban un trago o hacían la compra.

Constantino Láscaris, en su libro El Costarricense, habla, de igual manera, sobre la importancia que tenían las pulperías, sobre todo en la zona rural, para que los campesinos hicieran catarsis, pues allí era donde las personas conversaban, contaban chistes, arreglaban el mundo, bebían y hasta bailaban los fines de semana.

Así era la pulpería de mi tío abuelo Arturo (q.d.D.g.), en Naranjo. Pero como ha sucedido con muchas otras pulperías, cerró sus puertas hace bastante tiempo. El terreno donde se encontraba es hoy la zona de parqueo de un restaurante de comida china. La última copa solo sobrevive en nuestros recuerdos.(2)

 

 

Referencias:

  1. Enciclopedia Wikipedia.
  2. La Nación, Proa. 13 diciembre 2009. Ivania Varela Q.
  3. SuiGenerisCR  6 noviembre, 2009 (Video Youtube)