La silla presidencial

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Silla presidencial ubicada hoy día en el Museo Nacional de C.R. (fotografía de Maritza Cartín)

 

Silla utilizada por los presidentes de la República en la Catedral Metropolitana de San José a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En su respaldar destaca la representación de las franjas y colores de la bandera costarricense, así como la presencia del escudo de armas que usó Costa Rica entre 1848 y 1906.

Referencias:

  • Museo Nacional de C.R.

 

 

La Carreta típica y el boyeo…tradición tica.

¿Cómo se hizo presente en nuestra sociedad esta manifestación patrimonial del Boyeo y la Carreta?

Durante la época colonial la situación de aislamiento crónico respecto al poder central, representado por la capitanía guatemalteca, la escasez de metales preciosos como el oro y la plata, las vías de comunicación en mal estado por las inclemencias del tiempo; impusieron duras condiciones a las actividades económicas propias de la población del valle intermontano central costarricense.

La carreta llegó a Costa Rica desde el siglo XVI bajo la forma de cureña, que era nada más hecha de troncos, palos y cañas, usada para el traslado de madera originalmente.

El espacio físico del valle Central era un medio adverso para medios de transporte pesados debido a la presencia de montañas, hondonadas,  lluvias torrenciales y ríos de amplio caudal propios del trópico, que anegaban constantemente los suelos.

La actividad ganadera, estuvo destinada principalmente a la cría de mulas y en muy pequeña escala a la de bueyes para ser utilizados en las labores agrícolas como animal de tiro. Sin embargo, las yuntas de bueyes unidas por el yugo fueron un apoyo fundamental para el agricultor, al momento de poner en movimiento las pesadas rejas y arados para surcar sus campos de labranza, y para hacer girar las muelas del trapiche con que se muele la caña de azúcar para extraer su jugo. Asimismo, y a pesar de que los caminos no eran propicios para el uso generalizado de carretas haladas por bueyes, es un hecho que tanto unas y otros se hicieron presentes durante el período colonial costarricense, donde cumplieron relevantes funciones productivas. En este sentido, el uso de la carreta estuvo restringido a pequeños círculos donde las vías de comunicación lo hicieron posible. (Carrillo, Castro y Murillo, 2009: 17).

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el polo de crecimiento económico de Costa Rica se desplaza del este hacia el oeste, o sea, de Cartago y sus alrededores, hacia San José, Heredia y Alajuela, debido al aumento de la producción tabacalera. Esto sin dudas incide en la ampliación de las unidades de producción agrícola y también en los principales núcleos de población.

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El transporte en carreta se hace indispensable en este tipo de poblamiento del valle Central. El carácter disperso de los poblados necesita de un medio de locomoción efectiva, para trasladar las cosechas de granos, la caña de azúcar y la madera de los trapiches y de vuelta llevar desde tapas de dulce y el bagazo como alimentación del ganado.

Durante el siglo XIX el crecimiento económico del valle central vino en aumento debido a los cambios introducidos en el medio agropecuario mediante la incorporación del café. El café fue el motor del crecimiento económico. Pese a las diferencias sociales que promovió el café, se puede afirmar que hubo una unificación del aparato productivo y la comunidad costarricense superó las diferencias regionales y asoció los intereses de los agroexportadores con los de los productores directos, artesanos y jornaleros que vieron aumentar sus ingresos y la calidad de vida, cuando lograron adaptarse bien a las nuevas condiciones económicas.

Igualmente las carretas se convirtieron en el símbolo del traslado del “grano de oro” hacia los puertos de embarque del producto para ser llevado a Europa. Diariamente como lo testimonian algunos viajeros europeos de la época, los caminos se veían surcados por desfiles de centenares de carretas que llevaban el cotizado grano.

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La carreta se convirtió en medio de subsistencia para las familias campesinas, dado que permitieron ingresos extras que permitían la manutención de los miembros del hogar. Para el campesinado el adquirir carretas, animales y aperos sirvió como forma de acumular bienes, que bien podían usarse como venta en caso de urgencia o como prenda para establecer alguna hipoteca. Incluso se habían convertido en bienes heredables de padres a hijos, por lo cual brindaban una relativa estabilidad.

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El buey

Como todo medio de transporte hecho por los seres humanos la carreta comenzó a tener modificaciones a lo largo del tiempo. En el valle Central la carreta comenzó a experimentar cambios para modificar sus partes con la idea de poder llevar la carga de leña, el café, “grano de oro”. A partir de comienzos del siglo XX, empieza a decorarse al verse desplazada por otros medios de transporte. De esta forma comienzan a surgir diferentes formas de llevar a cabo la decoración del exterior de la carreta de acuerdo a la zona geográfica particular, entre las que se pueden enumerar Cartago, Desamparados, Higuito de Desamparados, Aserrí, Escazú, Puriscal, San Ramón, Sarchí, entre otras.

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La tradición de pintar y engalanar las carretas comenzó a principios del siglo XX.  Originalmente, cada región de Costa Rica tenía su propio diseño, lo que permitía identificar el origen del boyero por los motivos pintados en las ruedas.  A principios del siglo XX, flores, rostros y paisajes en miniatura empezaron aparecer al lado de los motivos que representaban estrellas puntiagudas.  Se organizaron concursos anuales para premiar a los artistas más creativos, costumbre que aún perdura hoy día. (La tradición del Boyeo y la Carreta en Costa Rica (2014). En: http://www.patrimonio.go.cr/patrimonio/inmaterial/Declaratorias_Mundiales/Tradicion_del_boyeo.aspx).

El boyero, la carreta y los bueyes

La exclusividad de esta declaratoria como Obra Maestra del Patrimonio Intangible de la Humanidad está ligada a la relación entre boyero, carreta y bueyes y así es como prevalecen en el imaginario social costarricense.

Los campesinos costarricenses, al mando de su carreta y junto a sus fieles bueyes, han ejercido el oficio del boyeo por generaciones. Un oficio aprendido desde la infancia, junto a su familia. Son los hombres, principalmente, quienes heredan la tradición del boyeo, sin embargo, las mujeres siempre han participado de la tradición y en los últimos años han asumido un liderazgo importante.

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El boyero

Carreta con rueda macizas sujetadas con trabas de madera. Nótese la sierra manual que lleva amarrada al costado. Santa Cruz, Guanacaste, en: Dobles, Murillo y Chang, 2008: 133. Participó el 25 de julio, Día de la Anexión. Santa Cruz de Guanacaste.

Partes de la carreta

El yugo:

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El yugo se compone de distintos elementos, los cuales se denominan de modo diferente según la zona de donde provenga y de las tradiciones familiares de los usuarios o fabricantes.

Una de sus partes más importantes son las muescas o parte central superior del yugo, las cuales están destinadas a facilitar el engarce de las amarras de la carreta o arado, dichas muescas pueden tener forma de M, llamada mariposa o por otro lado imitar la forma de pezuña del ganado.

Otra de sus partes es la valona la cual se utiliza de forma recortada para cubrir el pescuezo o nuca de los bueyes y la “camella”, “cadena” o “palote” que corresponde a las salientes a los extremos del yugo.

Los Aperos:

Se llama “aperos”* a los implementos de trabajo manejados por el boyero en sus distintas labores o actividades.

Los aperos del buey están constituidos por: A- Las frenteras, utilizadas con el propósito de “defender al buey de las fajas”, es decir, para que las fajas usadas para sujetar el yugo a sus cachos. B- las punteras o botones que se les colocan a los animales en los cachos, como adorno, y, C-  Las  fajas o correas para amarar el yugo a la testuz de los  bueyes.

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Las partes de la carreta

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La carreta se compone de las siguientes partes: bastidores (piezas de madera ensambladas), parales ( son ocho piezas o soportes distribuidos cuatro por cada lado); matabuey ( pieza que se extienden de manera longitudinal y sostiene la armadura de la base); tablero ( tablas de grosor grueso a los costados cerrando el cajón); compuerta   (dos tablas corredizas ubicadas en la parte tanto delantera como trasera, dichas compuertas a su vez van decoradas con dibujos debidamente pintados ); timón (pieza que articula longitudinalmente el conjunto y le da soporte); sobrecajón ( pieza opcional sobre el cajón que sirve para aumentar la capacidad de carga); rueda (soporte de rodaje de dicho transporte); bocina (tubo cónico ajustado al eje); aro (pieza de hierro, madera en forma de circunferencia). (Carrillo, Rodrigo; Castro, Willian; Murillo, Tobías., 2009: 52)

La rueda también va experimentar cambios. En un principio estaba compuesta de radios (varillas que unían el eje con el aro de la rueda) o en una sola pieza. Luego se implementó la rueda de tres partes de madera. Posteriormente, este diseño se mejoró a uno realizado con dieciséis cuñas, ajustadas por un aro de hierro para evitar que la rueda sufriera de atascos en el fango.

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El llamado “cantar de la carreta” es un sonido emitido por su bocina y su eje. Este armonioso sonido especial en cada carreta, distinguía al dueño y alertaba a los conocidos a su llegada. Era igual de importante que el decorado, a la hora de escoger una carreta. Esto ha inspirado a escritores y poetas, a lo largo del tiempo. (Montero, Eduardo. 2010. El boyeo: tradición y cultura costarricense. En: http://eduardomontero1979.blogspot.com/2010/08/la-tradicion-del-boyeo-y-la-carreta-en.html).

El imaginario social como producto del patrimonio intangible

Definitivamente la actividad del boyeo y la carreta costarricenses han logrado tener un lugar interesante en el medio nacional, dado que esta tradición se mezcla no sólo a los cantones del país en los cuales más se logra apreciar su presencia. Dicha tradición se asocia con las actividades religiosas, es decir con las festividades del Santo Patrón de algunas comunidades, en las cuales tiene lugar la infaltable presencia de los boyeros y sus carretas

El boyeo es un proceso que consta de diferentes etapas que se relacionan unas con las otras o se realizan simultáneamente, además implica un conjunto de saberes, que suponen entre otros: la percepción e intuición para seleccionar el animal que reúne los requisitos para ser el mejor buey; la capada, es decir, el rito de castración por el cual adquiere su condición de buey; el amansamiento del animal; los cuidados para mantener o mejorar el estado de salud y de ánimo del animal y finalmente, el saber guiarlo, es decir poder aprovechar la potencia del animal en su medio de trabajo sin lastimarlo.

Todos estos conocimientos constituyen manifestaciones de saberes, artes, pensamientos y emociones que se han venido tejiendo a lo largo de generaciones.

Reconocimiento mundial:

El Boyeo y la Carreta expresan todo un cúmulo de conocimientos y habilidades intangibles que hasta el día de hoy permanecen arraigados en parte de la memoria de nuestra población y permiten conformar un sitial significativo de la identidad nacional. De ahí que un 25 de noviembre del 2005, desde París recibimos la buena nueva de que el Boyeo y la Carreta costarricenses fueran declaradas como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, luego de todo un intenso periodo de estudio para solicitar la declaratoria ante la UNESCO, máximo órgano de la educación, la ciencia y la cultura del planeta.

Este premio no fue dado sólo a la carreta como objeto material; sino también al boyeo.  Comúnmente se tiende a ver la carreta y a no tomar en cuenta el resto del conjunto, en el cual destaca la parte humana. La acción de boyear se asocia con una cantidad significativa de conocimientos, llevada a cabo principalmente por el campesino.

Referencias:

  • PROPUESTA DE UNIDAD DIDÁCTICA. El Boyeo y la Carreta como patrimonio intangible de la humanidad según la declaratoria de la UNESCO.  Elaborado por: Jorge Cartín Obando, Asesor Nacional de Estudios Sociales Depto. Primer y Segundo Ciclos

Las Pulperías de antaño.

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Pulperia El jicaro, Liberia
Fotografía por  Geotrivia.cr

 Miren que tema más bello el que les traigo este día, las famosas pulperías, la pulpe…

Cuéntenme amigos, quiénes no tocaron el piso de uno de estos famosos establecimientos? Pienso que una gran mayoría de ustedes tiene cualquier cantidad de cuentos e historias acerca de la Pulpe.

Por ejemplo, les cuento que nací en la provincia de San José, en la ciudad de Guadalupe. Primero viví en un pequeño barrio llamado San Gerardo (Costado norte de Novacentro). Una de las primeras pulperías fue La Nena, esquinera, sus dueños un par de señores ya mayores y más abajo estaba la Pulpería Amalia, por supuesto atendida por Amalia.

Que lugares mágicos para los niños, a comer melcochas de coco, cajetas de leche, confites de mantequilla, mora y si te iba bien el pulpero te daba fería…que era un premio, era una bolsita de cartulina forrada con papel seda de colores, allí había polvo de pinolillo, sí amigos, jaja, si ahora le das eso a un chiquillo, fijo te lo revientan.

Me encantaría leer sus comentarios y que me cuenten alguna anécdota de la famosa Pulpe. Aquí les dejo un poco de historia…

Una pulpería era, hasta inicios del siglo XX, el establecimiento comercial típico de las distintas regiones de Hispanoamérica, encontrándose ampliamente extendida desde Centroamérica hasta los países del Cono Sur. Su origen data de mediados del siglo XVI y proveía todo lo que entonces era indispensable para la vida cotidiana: comida, bebidas, velas, carbón, remedios y telas, entre otros.

También era el centro social de las clases sociales humildes y medias de la población; allí se reunían los personajes típicos de cada región a conversar y enterarse de las novedades. Las pulperías eran lugares donde se podía tomar bebidas alcohólicas y además se realizaban peleas de gallos, se jugaba a los dados, a los naipes, etc.

Los establecimientos eran una viva expresión de la cultura local, como en el caso rioplatense, en donde solían contar con una o dos guitarras para que los gauchos “guitarreasen” y cantasen; o se organizaran payadas y bailes entre los parroquianos.(1)

Cuando era niña y me llevaban de paseo a Naranjo, mi felicidad era completa tan pronto ponía un pie en la pulpería de nuestro tío abuelo Arturo.

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Tomada de Ticomorfosisblog

Se llamaba La última copa; el piso era de mosaico; las ventanas, de madera, y sobre el mostrador, unos grandes frascos de vidrio me hacían perder la cordura. Dentro de ellos había verdaderos tesoros para cualquier goloso: melcochas, confites de mora, Tapitas, Frutinis, galletas Yemita, tártaras…

A su local iba mucha gente para hacer tertulia y ponerse al tanto del acontecer nacional y de las últimas noticias del barrio. Algunos ‘pedían fiado’ y sus nombres eran anotados con un lápiz en una libreta, donde también se llevaban las cuentas con suma rigurosidad.

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Definitivamente, eran otros tiempos, pues pulperías como aquella están en vías de extinción. Según conteos oficiales, sobreviven unas 15.000 en todo el territorio nacional, muy pocas si se toma en cuenta que, hace tres décadas, había una en cada esquina.

Hoy, los niños de las ciudades conocen los abastecedores, los minisúper y los grandes supermercados con góndolas y dependientes que atienden a las decenas de clientes que hacen fila en su caja, pero la figura del pulpero es para muchos de ellos solo una leyenda.

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Pulperia Sketch, El Surtidor, Escazú, Costa Rica 

Con el fin de rendir homenaje a la pulpería, en noviembre del año 2009, la empresa de tecnología Sui géneris, encargada de abastecer al comercio detallista, llevó a cabo un certamen nacional de pintura, en el que 37 artistas costarricenses plasmaron fachadas o interiores de estos singulares sitios y despertaron mucha nostalgia. Las obras fueron exhibidas en el Museo de los Niños, pero aún pueden apreciarse en la página www.pulpería.com .

Nacion.com

El investigador Guillermo Barzuna Pérez, director de la Revista Herencia y vicepresidente de Icomos, también publicó un libro sobre el tema, titulado La pulpería costarricense, donde hace un repaso de la historia y el significado de estas pequeñas tiendas de barrio, cuyos nombres aún conserva la memoria colectiva. La Milflor , La flor de Otoya , La Marinita , El cinco menos , La Nochebuena , La barata y La pulga, para citar algunos.

 

 

Aquí me vine a encontrar a mi amgia Sandra Anchía, toda una artista.    Pulpería “La Asturiana”: Esta pulpería está ubicada en Coronado, según la estudiante que la pinta, doña Sandra Anchía, se llama así en honor al equipo Asturias de España. Tiene más de 70 años de antigüedad y la particularidad de que venden alimentos para conejos, gallinas, perros y según doña Sandra “todo lo que no se encuentra en los supermercados”. (Museo Nacional de C.R.)

Hasta Juanito Mora

Es difícil establecer el nacimiento de la pulpería como tal. Sin embargo, Barzuna afirma que ese tipo de comercio convive con los ticos desde la colonia, junto a las vinaterías y las tiendas de ultramarinos con productos británicos, chilenos y españoles (vinos, quesos, especias).

Un posible origen etimológico se halla en la voz pulpa (extracto de fruta), tomada del latín y que dio lugar, hacia 1586, al nombre de ‘pulpero’: “Tendero de comestibles”, así llamado porque vendían, sobre todo, frutos tropicales. Más adelante, hacia 1627, aparece también la palabra ‘pulpería’ para sitios en donde se vendía de todo: arroz y frijoles a granel, confites, candelas, medicinas, etcétera.

Pero no se piense que el fenómeno de la pulpería era exclusivo de Costa Rica. En otras regiones del continente también surgieron negocios similares, solo que tenían otras denominaciones. En Argentina se les llamaba almacén; en Cuba, la bodeguita; en Nicaragua, la venta, y en México, estanquillos, tanachis o recauderías, por citar algunos ejemplos.

En Costa Rica eran espacios tan emblemáticos que hasta los grandes personajes de nuestra historia las visitaban con frecuencia o eran dueños de alguna pulpería. Por ejemplo, se sabe que Juanito Mora (Juan Rafael Mora Porras, presidente que dirigió la campaña de 1856 contra los filibusteros), dedicaba su tiempo libre al comercio y, en un pequeño almacén josefino, vendía mercaderías, telas y cintas al menudeo. En esos días, los campesinos, no lo trataban como “Su Excelentísimo”, sino que, de manera cariñosa, lo llamaban Juanito . Después de todo, él era el pulpero del barrio.

“El comercio, entonces, era para estos personajes ilustres una vocación, una actividad que les gustaba y los hacía sentirse bien. No solo les proporcionaba ganancias en la sociedad, sino que además, los ponía en contacto directo con el pueblo; desde el chiquillo que no sabía qué comprar con un peso, hasta el señor bien vestido que llegaba a buscar cigarros”, apunta Barzuna.

El papel del pulpero era fundamental, pues él era el depositario de todos los secretos del barrio. Era la persona ideal para preguntarle cualquier dirección, acostumbraba a dar feria a quienes pagaban de contado y, además de su don de gente, poseía un ingenio envidiable. De allí, los simpáticos carteles que colocaban en sus negocios, como aquel famoso: “Hoy no se fía, mañana sí” o “Fiado se murió. Mala paga lo mató”.

Mas el pulpero no estaba solo. Por lo general, su esposa y sus hijos le ayudaban a atender el negocio, y casi siempre, había en la pulpería un famoso perro callejero o un gato con una simpática historia que todos los clientes conocían.

Durante muchos años, las pulperías funcionaron también como cantinas, algunas divididas sutilmente por un biombo o una burra de madera con la marca de una conocida cerveza.

En La Estrella del Sur, de Ciudad Colón, hasta hace poco se veían las argollas para que los clientes amarraran sus caballos mientras se tomaban un trago o hacían la compra.

Constantino Láscaris, en su libro El Costarricense, habla, de igual manera, sobre la importancia que tenían las pulperías, sobre todo en la zona rural, para que los campesinos hicieran catarsis, pues allí era donde las personas conversaban, contaban chistes, arreglaban el mundo, bebían y hasta bailaban los fines de semana.

Así era la pulpería de mi tío abuelo Arturo (q.d.D.g.), en Naranjo. Pero como ha sucedido con muchas otras pulperías, cerró sus puertas hace bastante tiempo. El terreno donde se encontraba es hoy la zona de parqueo de un restaurante de comida china. La última copa solo sobrevive en nuestros recuerdos.(2)

 

 

Referencias:

  1. Enciclopedia Wikipedia.
  2. La Nación, Proa. 13 diciembre 2009. Ivania Varela Q.
  3. SuiGenerisCR  6 noviembre, 2009 (Video Youtube)

EL DÍA QUE NACIERON LOS “SOBALEVAS” EN COSTA RICA 

Amigos, me encontré esta hermosa historia y simplemente me encantó y decidí compartirla con ustedes.  Aquí les dejo!!!

¿Qué tiene que ver el conocido apellido Luján con todo el contingente de aduladores que hay en Costa Rica? Aparentemente, nada. Sin embargo, tiene mucha relación, pues en este vínculo nace un tipo de gente muy común en el país, que encanta a unos y que otros aborrecen: “Los sobalevas”.

Difícilmente existe algún costarricense que no conozca a uno de estos zalameros, expertos en decir lo necesario para agradar a otra persona, con frases como las siguientes: ¡Qué bien te ves!, ¡Estás como el vino, entre más viejo mejor! No me digás nada… ¡te sacaste la lotería!, ¡Qué bárbara, ese tinte está perfecto!, ¡Nadie tiene un bebé tan lindo como el tuyo! ¡Tu muchacho…debería estar en Harvard!, etcétera.

En Costa Rica existe un sector de la población que adora toda esta lisonja, se deleitan con el halago. Estas personas son muy receptivas de cierta clase de políticos, es por ello, que en los más escondidos lugares del país, la gente a sabiendas que viene el “señor Diputado”, se prepara para “pasarle la brocha”, con la intención de sacar alguna partida para obras comunales que están en espera de ejecución desde los “tiempos de Upa”.

ASÍ NACIÓ LA COSA

Aunque el pueblo conoce a la perfección ese ardid, ignora los detalles ocultos de la historia patria que se ligan a los orígenes de los “chupamedias” en Costa Rica.

“Echando chispas” de la cólera, una preciosa mañana de marzo, el dos veces gobernador de San José (1919-24 y 1935-36), salió en carrera de su despacho, en el edificio de la Municipalidad de San José, rumbo al cercano barrio de Turrujal, en el sureste de la capital. Iba a encararse con un grupo de vecinos que había cometido una falta mayor: hurto a las propiedades de la comuna.

Entonces, al igual que hoy, las comunidades tenían que ingeniar métodos – algunas veces hasta ilegales – para poder satisfacer las necesidades de sus vecindarios, porque las autoridades de gobierno ponían oídos de cera a las reiteradas peticiones de los vecinos.

En el siglo XIX, Turrujal -planta mirtácea propia del Valle Central-, era un trillo que partía de la actual esquina noreste de Plaza Víquez, cruzaba detrás de la iglesia de La Soledad y La Corte, hasta salir a la Estación del Ferrocarril al Atlántico. En el este de La Soledad donde están actualmente los edificios de los Tribunales de Justicia, no había nada, eran puros charrales.

Conforme la ciudad capital se extendía hacia el Este en el siglo XX, ese sector se pobló y se conoció popularmente como Barrio Turrujal. Sus pobladores, muy pobres, clamaron ante el gobierno por los servicios de electricidad y cañería de agua potable.

En ese entones, el sistema de cuadrantes de la capital se expandió y los terrenos en las inmediaciones de Turru – así conocidos popularmente- se vendieron muy baratos. La vara cuadrada costaba 2 colones. Esa “ganga” provocó que otras personas con mayores recursos económicos compraran espaciosos lotes para construir casas cómodas y modernas, mientras, los pobres vecinos seguían viviendo en modestos “ranchos”.

Por ser transversal, la calle de Turrujal desfiguraba el trazo regular de los cuadrantes de la ciudad, entre la intersección de la calle 19, conocida como “José Martí” y la avenida 18 (“Cleto González Víquez”), conectaba en el Este de la Avenida Central (“Fernández Güell”) con acceso a la mencionada Estación al Atlántico.

Como eran tierras húmedas y arcillosas, nadie quería ir a vivir a ese arrabal. Era tan aislado ese sector que en la última década del siglo XIX, los vecinos protestaron porque se planeó instalar allí la Plaza de Ganado y Maderas, que estaba en el actual Parque Braulio Carrillo, al costado Este del Hospital San Juan de Dios. Finalmente las actividades ganaderas las pasaron a La Sabana y las de madera al Parque España, frente a la Cancillería.

Otros factores que vinieron a consolidar Barrio Turrujal fue la instalación de la más grande empresa de floricultura del país: La Mil Flores, del Sr. N.W. Clausen. También, demandó mucha mano de obra la fábrica de cigarros que fundó ahí María Antillón, donde laboraban solo mujeres, conocidas como “Las Pureras”.

AHORA SÍ, ASI FUE

La zona anteriormente descrita fue el origen de los conocidos zalameros en Costa Rica.

Furioso había partido don José para Turru a ejercer todo el peso de la ley y su autoridad como Gobernador. Pero…

Extraño, muy extraño, regresó a su despacho poco después con una sonrisa de “Oreja a Oreja”, expresándose muy bien de “los cultos, inteligentes y diligentes turrujaleños” y hablando toda clase de maravillas de ellos.

¿Qué sucedió con el señor Gobernador para que diera ese viraje de 180 grados?

En 1911, Turru que contaba con solo 9 cuadrantes, seguía creciendo hacia el sureste y noreste. Pero la Municipalidad de San José no les ponía las pajas de agua en los hogares. Los vecinos cansados de rogar a todo el mundo por la cañería. Solo recibían las conocidas promesas y más promesas de los políticos, como siempre.

Un buen día, alguien corrió a informar a los desesperados vecinos de Turru que frente al edificio de la Municipalidad había tirada una cañería, luego que los regidores ordenaran extraerla de un lugar donde ya no se necesitaba.

Los Turrus se confabularon y al unísono dijeron: ¡O ésta o ninguna! Y aprovechando las primeras horas de la noche de aquel viernes bendito y a sabiendas que en ese tiempo la Muni no tenía guardas, porque nadie robaba, los vecinos se apoderaron de los tubos en un decir amén. Trabajaron toda la noche del viernes y el día y la noche del sábado y el domingo, abriendo las zanjas para colocar las tuberías y cerrar los trechos abiertos.

De ese modo, cuando don José Luján llegó el lunes a su despacho a las 7 a.m. y se enteró de la desaparición de la cañería, en Turru ya todo estaba consumado y las gentes se encontraban felices a la espera solo de que les conectaran el agua.

Aquel viernes, a las 3 p.m., el gobernador se había puesto su saco y se despidió de sus empleados, disponiéndose a disfrutar de un agradable fin de semana con su familia. Lo que menos imaginaba era que el lunes se llevaría el colerón de su vida, pero que lo iba a inmortalizar en la historia.

El lunes no faltó un vecino “vina” que se apresuró hasta el despacho de su señoría para contarle que habían sido vecinos de Turru los que se habían cargado los tubos. Enojado, el gobernador ordenó de inmediato una diligencia en persona y en “situ” para aclarar el caso, el cual ya le estaba golpeando duro el hígado y lo tenía furioso, como un toro miura.

Pero, ¡Oh sorpresa! Cuando tornó a la oficina venía sin un solo tubo. Regresó, eso sí, jovial y muy contento, sin sospechar que acababa de inaugurar, para siempre, la lisonjería en Costa Rica, porque, cuando don José fue a realizar la indagación en Turrujal, se había encontrado que la gente, a la pura entrada principal del barrio, había colocado un gran letrero que decía:

¡BIENVENIDO AL BARRIO LUJÁN!

Y así se escribe la historia. Desde entonces nunca más se volvió a hablar del autóctono Turrujal y solo se ha escuchado el nombre de Barrio Luján, más lujoso, más alisador.

Así como nadie quiso volver a mentar al Barrio Turrujal, tampoco en este importante sector de San José, nadie sabe que los Luján pueden proceder de España del siglo XVI, de los amores clandestinos de la comediante española, Micaela Luján, amante de Lope de Vega, que tuvo varios hijos con el famoso dramaturgo, quien la celebró con el nombre poético de ¡Camila Lucinda!

¡Alabado sea!

Referencias:

  • Hubert Solano
    hubertsolano@yahoo.com

          Semanario Primera Plana

  • “San José de Antaño 1890-1940”, de Yandry Álvarez Masís y Dennys Gómez Duarte, tesis para optar por el grado de licenciatura en historia, experiencia que adquirieron durante los años que laboraron en el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. 

 

Miguel Salguero…

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En honor al famoso costarricense Miguel Salguero autor, director de cine, periodista, fotógrafo, actor y un enamorado del país quien falleció este miércoles a sus 84 años ( 24 de marzo del 2018) deseo compartir su biografía.

Miguel Zúñiga Díaz, conocido como “Miguel Salguero”, nació en Guaitil de Acosta, el 1 de Julio de 1933. Su mayor pasión siempre ha sido el periodismo, pero la gente lo ha considerado como escritor, político y cineasta, cosa que también desempeñó en años pasados. Colaboró con algunos periódicos de circulación nacional como La República, La Prensa Libre y La Nación.

Ha publicado más de 30 libros. Productor y director de El Fogón de doña Chinda, que llegó a acumular más de 500 capítulos que fueron transmitidos en diversos canales de televisión. Ha producido y dirigido cuatro películas, y diversos documentales. También estuvo al frente de programas de radio. Ha hecho una valiosa labor de rescate de tradiciones y manifestaciones folclóricas de Costa Rica, y ha estimulado y descubierto a diversos artistas nacionales, algunos de los cuales todavía siguen activos en el medio nacional.

Su paso por el cine y la televisión fue pensado mucho por el costarriqueñismo que existe: La Apuesta, El Trofeo, El Fogón de Doña Chinda, Los Secretos de Isolina, Gentes y Paisajes y La Familia Mena Morahan ocupado en los televidentes un espacio que entretiene y a la vez enseña, tal es el caso de la producción Gentes y Paisajes, el cual transmitía un enfoque a las tradiciones e historia costarricenses.

Diputado y Presidente Ejecutivo del Sistema Nacional de Radio y Televisión (SINART), fue, además, el soldado más joven (14 años) en la Guerra del 48, en la cual se jugó la vida cuando pasó 36 horas en una trinchera acorralado por el enemigo, y tomó parte en la legendaria “Marcha fantasma”.

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Se casó siete veces y tuvo 13 hijos. Sus últimas dos esposas han sido María Mayela Padilla y la cantante de música infantil Vera Patricia. En 1994 se funda el partido Fuerza Democrática del que es su primer candidato presidencial. La agrupación popularmente conocida como el Naranjazo obtuvo dos diputados. Posteriormente deja el tema de la política y sería sucedido en la candidatura de dicho partido por el historiador y profesor Vladimir de la Cruz de Lemos.

Anécdota del Profesor Mario Sancho Jiménez

Anecdotario Nacional

EN una de las administraciones de don Ricardo Jiménez Oreamuno, el Profesor Mario Sancho Jiménez fué nombrado Cónsul General de Costa Rica en México. Estando en el empeño de sus funciones, fue invitado a una reunión del cuerpo consular en la que se iban a trazar los planes para una mejor y eficaz comprensión entre los países latinoamericanos. Aquí fué donde Mario Sancho se pronunció uno de los mejores discursos de su vida, el cual fué calurosamente aplaudido y comentado por la concurrencia.

Uno de los señores cónsules, impresionado y sorprendido a la vez de la vasta cultura del señor Sancho, le expresó:

—”Dígame, colega: “¿es usted diplomático de carrera?”. La respuesta de Mario no se hizo esperar:

—”No amigo, en Costa Rica NI SIQUIERA LOS CABALLOS SON DE CARRERA”.

 

Referencias:

  • Tomado del Anecdotario Nacional de Carlos Fernández Mora. Dibujante: Noé Solano V.

Las Mascaradas en Costa Rica

Cuántos de niños no fuimos perseguidos por uno de estos personajes típicos enmascarados, el diablo, la calavera, la giganta….y quizás hasta nos dieron con el famoso chilillo que llevaban. Parece que fue ayer donde por la ventana de mi casa yo veía cómo perseguían a mis hermanos mayores y mi corazón palpitaba con emoción y susto.  Gratos y emocionantes recuerdos. Es por eso que aquí les dejo la historia de las famosas mascaradas de la Costa Rica de antaño.

La mascarada popular de tradición colonial tuvo un resurgimiento en el país, en La Puebla de los Pardos de Cartago, en la misma época en la que se construyó el Teatro Nacional de Costa Rica y en la que se fundó la Escuela Nacional de Bellas Artes, a finales del siglo XIX. El contraste de esta manifestación cultural festiva, carnavalesca y satírica callejera con la opulencia del nuevo teatro josefino, símbolo de modernidad, progreso y europeización, es una de las numerosas muestras de la rica diversidad y complejidad de la historia de la cultura y del arte costarricense.

 

Las primeras mascaradas latinoamericanas coloniales fueron traídas de España, donde se conocen como “Gigantes y cabezudos”, que tienen su origen en la vida popular de la Europa medieval.

 

Al llegar a América, la tradición fue ramificándose, poco a poco, en distintas variantes regionales, gracias al sincretismo o mestizaje cultural, ya que el uso de máscaras en festejos y rituales también fue un rasgo propio de muchas culturas prehispánicas.

Trazo veloz. Los Payasos Santa Cruz , de José Pablo Ureña.
Trazo veloz. Los Payasos Santa Cruz , de José Pablo Ureña.

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