Archivo de la categoría: CULTURA COSTARRICENSE

El Cementerio de Extranjeros de San José: memoria de otras tierras y otras creencias, 1850.

En la esquina de avenida 10 y calle 20, en San José, se encuentra el Cementerio de Extranjeros, conocido también como Cementerio Protestante.

Sus lápidas conservan nombres y recuerdos de personas que llegaron desde otras tierras y de familias que hicieron de Costa Rica su hogar. Su historia permite acercarnos a un aspecto de la vida josefina: las dificultades que enfrentaban quienes profesaban una religión distinta de la católica, incluso al momento de morir.

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La Gallera de Villafranca y los domingos del San José de antaño, Siglo XIX.

Una antigua fotografía, atribuida a 1875 y procedente del álbum del Banco Nacional según su pie, conserva la imagen de la Gallera de Villafranca, uno de los establecimientos de entretenimiento del San José del siglo XIX.

Data aproximadamente de 1875 (durante el gobierno del General Tomás Guardia). Fotografía de BNCR.
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HISTORIA DE LA ORQUESTA SINFÓNICA JUVENIL DE COSTA RICA…El semillero que transformó la música costarricense, 1972.

CUANDO UNA GENERACIÓN PREPARA A LA SIGUIENTE:

La historia de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica está íntimamente ligada a uno de los momentos más importantes de la vida musical del país.

A comienzos de la década de 1970, Costa Rica emprendió una profunda transformación de su Orquesta Sinfónica Nacional.

La llamada “Revolución Musical” buscaba elevar el nivel profesional de la agrupación, contratar profesores especializados, adquirir mejores instrumentos y construir una verdadera estructura de formación musical.

Pero surgía una pregunta inevitable:

¿Quiénes ocuparían, en el futuro, las sillas de la Orquesta Sinfónica Nacional?

La respuesta fue extraordinaria: había que comenzar a formar a los músicos desde jóvenes.

Así nació un proyecto que cambiaría para siempre la enseñanza de la música en Costa Rica.

EL PROGRAMA JUVENIL DE LA ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL

En 1972 nació el Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional.

1970 Jóvenes integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil de CR. Foto Jorge Salazar.

Su propósito era preparar instrumentistas jóvenes con una formación suficientemente sólida para que, con el tiempo, pudieran incorporarse a la Orquesta Sinfónica Nacional.

La iniciativa formó parte del gran proceso de renovación cultural impulsado durante la administración de José Figueres Ferrer, con Alberto Cañas al frente del recién creado Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes y Guido Sáenz como una de las figuras fundamentales de aquella transformación.

El Programa Juvenil fue inaugurado oficialmente el 26 de julio de 1972, en el antiguo anexo del Teatro Nacional.

Aquello era mucho más que abrir una escuela de música. Costa Rica estaba comenzando a construir su propio semillero de músicos sinfónicos.

GERALD BROWN Y LOS PRIMEROS AÑOS

Una figura fundamental de aquella etapa fue el maestro estadounidense Gerald Brown, quien había llegado a Costa Rica para participar en la reorganización de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Gerald Brown

Brown no solamente trabajó con los músicos profesionales. También comprendió la importancia de formar a los jóvenes.

El nuevo programa permitió que niños y adolescentes estudiaran instrumentos de cuerda, viento, percusión y otras disciplinas necesarias para integrar una orquesta.

Profesores costarricenses y extranjeros participaron en aquella tarea.

Poco a poco comenzaron a aparecer violinistas, violistas, violonchelistas, contrabajistas, flautistas, clarinetistas, trompetistas, percusionistas y muchos otros jóvenes que quizá nunca habían imaginado que podrían formar parte de una orquesta sinfónica.

DE LOS SALONES DE CLASE A UNA ORQUESTA

Aprender individualmente un instrumento era solamente el comienzo.

Los estudiantes tenían que aprender también a escuchar al compañero, seguir al director, respetar los tiempos, comprender una partitura y descubrir algo esencial en la música sinfónica: muchas voces diferentes pueden convertirse en una sola.

De aquel proceso educativo nació la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Y llegó entonces uno de los momentos más emocionantes de esta historia.

1973: EL DEBUT DE LA ORQUESTA SINFÓNICA JUVENIL

En noviembre de 1973, la joven agrupación realizó su debut en el Teatro Nacional de Costa Rica bajo la dirección de Gerald Brown.

En las fotografías de aquella época vemos muchachos muy jóvenes sobre el escenario.

Camisas blancas, instrumentos en las manos, atriles delante de ellos y, en el centro, el director.

Probablemente ninguno podía imaginar todavía la dimensión que alcanzaría aquel proyecto.

Pero aquellas imágenes representan uno de los momentos más hermosos de nuestra historia musical.

Los jóvenes ya no estaban únicamente aprendiendo música. Estaban haciendo música juntos.

Había nacido una nueva orquesta.

LOS NIÑOS CON SUS INSTRUMENTOS

Existe otra fotografía especialmente conmovedora de aquellos primeros años.

Un grupo de niños aparece reunido con sus violines, violonchelos y estuches de instrumentos.

Vista más de medio siglo después, la fotografía adquiere otro significado.

No estamos viendo solamente estudiantes de música. Estamos viendo el comienzo de una política de formación musical que produciría generaciones enteras de instrumentistas costarricenses.

Primeras generaciones vinculadas al proceso de formación de la Orquesta Sinfónica Juvenil. El Programa Juvenil abrió nuevas posibilidades para que niños y jóvenes costarricenses recibieran formación instrumental.

UNA IDEA REVOLUCIONARIA

El proyecto juvenil tenía una característica particularmente importante.

No se creó únicamente para ofrecer conciertos. Se creó para formar músicos.

La Orquesta Sinfónica Juvenil era parte de un proceso educativo mucho mayor.

Los jóvenes recibían preparación individual y práctica orquestal, y los estudiantes más avanzados podían aspirar posteriormente a integrarse a la Orquesta Sinfónica Nacional.

De esta manera comenzó a establecerse algo que antes resultaba mucho más difícil: una continuidad entre la enseñanza musical y la vida profesional.

La semilla comenzaba a dar fruto.

UNA GENERACIÓN EMPIEZA A OCUPAR LAS SILLAS DE LA NACIONAL

Con el paso de los años ocurrió precisamente lo que habían imaginado quienes impulsaron el proyecto.

Muchos músicos formados dentro del Programa Juvenil llegaron posteriormente a integrar la Orquesta Sinfónica Nacional.

La agrupación profesional comenzó así a nutrirse cada vez más de instrumentistas formados en Costa Rica.

Aquello tuvo una enorme importancia.

La renovación de la Sinfónica Nacional ya no dependería solamente de traer músicos preparados desde otros países.

Costa Rica estaba formando los suyos.

DEL PROGRAMA JUVENIL AL INSTITUTO NACIONAL DE MÚSICA

La historia no terminó en los años setenta.

El proyecto continuó creciendo y transformándose.

Con el tiempo se ampliaron los programas de enseñanza, aumentó el número de estudiantes y se consolidó una estructura educativa dedicada a la formación musical especializada.

En 1997 se produjo una transformación institucional decisiva: el Programa Juvenil pasó a convertirse en el Instituto Nacional de Música.

De aquella iniciativa nacida en 1972 surgió así una institución que continúa formando nuevas generaciones de músicos.

Hoy el Instituto Nacional de Música forma parte del Centro Nacional de la Música, junto con la Orquesta Sinfónica Nacional y otras agrupaciones artísticas.

MUCHO MÁS QUE UNA ORQUESTA

Tal vez esta sea la parte más hermosa de la historia.

La Orquesta Sinfónica Juvenil nunca fue solamente un conjunto de jóvenes que se reunían para tocar.

Representó una idea. La idea de que el talento necesita oportunidades.

En 1940 Costa Rica había logrado finalmente establecer una Orquesta Nacional.

Que un niño que toma por primera vez un violín puede convertirse algún día en músico profesional.

Que una joven que comienza aprendiendo algunas notas puede terminar sentada frente a una partitura de Beethoven, Mozart o un compositor costarricense.

Y que invertir en la educación artística de los jóvenes puede transformar la cultura de un país entero.

DE 1973 A NUESTROS DÍAS

Han pasado más de cinco décadas desde que aquellos jóvenes subieron al escenario del Teatro Nacional.

Muchos crecieron.

Otros ocuparon posteriormente las sillas de agrupaciones profesionales.

Llegaron nuevos profesores y nuevas generaciones de estudiantes.

Cambió el nombre de la institución educativa y evolucionaron sus programas.

Pero permaneció intacta la esencia de aquella idea nacida en los años setenta:

formar músicos para el futuro.

UN SEMILLERO QUE SIGUE DANDO FRUTO

Cuando contemplamos aquellas viejas fotografías en blanco y negro, es fácil fijarnos solamente en los instrumentos, la ropa o los rostros jóvenes.

Pero detrás de ellas existe una historia mucho mayor.

Treinta años después comprendió que para asegurar su futuro debía hacer algo más: formar a quienes algún día ocuparían sus sillas.

Así nació el Programa Juvenil.

Así nació la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Y de aquella pequeña semilla surgió una de las experiencias de formación musical más importantes de Costa Rica.

Quizá algunos de aquellos niños de 1973 no llegaron a dedicar toda su vida profesional a la música.

Otros sí.

Pero todos fueron parte de algo extraordinario:

una generación que ayudó a demostrar que la música sinfónica costarricense no solamente podía tener un pasado.

También podía tener futuro.

FUENTES CONSULTADAS

-Centro Nacional de la Música, Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica. Historia institucional de la Orquesta Sinfónica Nacional y del Instituto Nacional de Música.

-Archivo Nacional de Costa Rica. Fondo Orquesta Sinfónica Nacional.

-Asamblea Legislativa de Costa Rica. Documentación histórica sobre la Orquesta Sinfónica Nacional, Expediente Legislativo N.º 22.319.

-Vargas Cullell, María Clara. Estudios sobre la historia y desarrollo de la música en Costa Rica.

-Zúñiga Tristán, Virginia. La Orquesta Sinfónica Nacional: antecedentes, desarrollo, culminación.

-Fotografías y material de prensa histórica: colecciones y publicaciones consultadas para Mi Costa Rica de Antaño.

-Mi Costa Rica de Antaño
Historia, memoria y patrimonio de Costa Rica.

El príncipe de Barranca: Segismundo de Prusia en Costa Rica.

En las montañas de Barranca, Puntarenas, lejos de los palacios europeos y de las solemnidades de la realeza, vivió durante medio siglo un verdadero príncipe alemán.

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HISTORIA DE LA ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL DE COSTA RICA…

De los primeros intentos sinfónicos a una de las grandes instituciones culturales del país.

La historia de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica no comenzó de repente una noche de 1940.

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Ossolin de Topor: el misterioso duque que dejó su fortuna a la educación costarricense (1886-1965), San José.

Entre los personajes extranjeros que alguna vez recorrieron las calles de San José, pocos resultan tan enigmáticos como Ossolin de Topor: un hombre reservado, de supuesta ascendencia aristocrática, poseedor de una enorme fortuna y protagonista de una prolongada disputa judicial.

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Lorenzo Montufar y Rivera…el intelectual guatemalteco que hizo de Costa Rica su segunda patria.

La historia costarricense también fue construida por hombres y mujeres nacidos más allá de nuestras fronteras, pero que encontraron en este país refugio, familia y un espacio donde poner sus conocimientos al servicio de la nación. Uno de ellos fue el doctor Lorenzo Montúfar y Rivera, abogado, educador, diplomático, periodista e historiador guatemalteco, cuya presencia dejó una profunda huella en la Costa Rica del siglo XIX.

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Rafael Montufar Madriz: un costarricense entre el derecho, el periodismo y la historia centroamericana. (1857-1929)

Rafael Montufar Madriz.

La relación de la familia Montúfar con Costa Rica no terminó con el doctor Lorenzo Montúfar y Rivera. Uno de sus hijos, Rafael Montúfar Madriz, nació en San José y heredó de su padre la vocación por el derecho, el periodismo, la política y el estudio de la historia.

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DON TOMÁS MALAVASI: DE INMIGRANTE ITALIANO A PATRIARCA DE UNA FAMILIA COSTARRICENSE.

La historia de la familia Malavasi en Costa Rica comenzó mucho antes de que su apellido apareciera en la fachada de un conocido almacén josefino. Sus raíces nos llevan hasta Italia y hasta aquellos inmigrantes que, a finales del siglo XIX, llegaron para trabajar en una de las obras más difíciles y trascendentales de nuestra historia: el Ferrocarril al Atlántico.

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¡La casa que tuvo cinco vidas!

La extraordinaria historia de la residencia de Miguel Macaya Artuz, San José

En el corazón de San José, sobre la antigua Calle Central (calle 0), entre las avenidas 5 y 7, de la Iglesia del Carmen 150 metros al norte, se levantó durante muchos años una elegante residencia que fue testigo de algunos de los capítulos más interesantes de la historia josefina.

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🎶 El Salón Columbia: la tienda donde San José descubrió la música grabada, 1920’s.

1928 (Fotografía M.G. Miralles) Jorge Arturo Vindas)

Hubo una época en que escuchar música sin la presencia de un músico era algo casi mágico.

A finales de la década de 1920, los josefinos podían vivir esa experiencia en una elegante esquina del centro de la capital, donde funcionó uno de los establecimientos más modernos de su tiempo: el Salón Columbia.

Ubicado en la esquina de Avenida Central y Calle Primera (Calle Central), frente a la histórica Ferretería Macaya, este comercio ocupó uno de los edificios más representativos del San José de principios del siglo XX, el inmueble conocido posteriormente como El Siglo Nuevo.

Un edificio con historia

El edificio fue construido en 1913 y constituye un magnífico ejemplo de la arquitectura neoclásica comercial que caracterizó el crecimiento urbano de San José durante las primeras décadas del siglo XX.

Originalmente perteneció a don Julián Mateo y doña Felisa Herrero Vitoria, miembros de una reconocida familia de comerciantes josefinos. Con el paso de los años, el inmueble se convirtió en uno de los más importantes del centro capitalino, albergando diversos negocios que formaron parte de la memoria comercial de la ciudad.

Hoy continúa siendo parte del Centro Histórico de San José y conserva gran parte de sus características arquitectónicas originales, testimonio silencioso de más de un siglo de historia.

El Salón Columbia

Hacia finales de la década de 1920, uno de los locales del edificio fue ocupado por el Salón Columbia, representante en Costa Rica de los famosos fonógrafos y discos Columbia, distribuidos por Arango & Co. S. A.

Lejos de ser una simple tienda, el Salón Columbia era una verdadera vitrina de la tecnología más avanzada de la época. Allí los visitantes podían admirar y adquirir modernos fonógrafos Viva-Tonal, capaces de reproducir la voz y la música con una calidad que maravillaba al público.

Los anuncios de 1928 invitaban a los costarricenses a experimentar aquellos innovadores aparatos, describiéndolos como:

”…la más maravillosa creación de la industria que reproduce la voz humana con entera fidelidad y perfección.”

Su lema comercial resumía perfectamente aquella promesa tecnológica:

“Viva-Tonal… como la misma vida.”

Una empresa con presencia nacional

El Salón Columbia no atendía únicamente a la clientela josefina.

Los anuncios de la época muestran que Arango & Co. S. A. había establecido una importante red de distribución en varias ciudades del país, con subagencias en Alajuela, Cartago, Puntarenas, Limón y San Ramón, llevando la música grabada a distintas regiones de Costa Rica.

En una época en que la radio apenas comenzaba a abrirse paso y la televisión era todavía un sueño lejano, un fonógrafo Columbia representaba el máximo adelanto tecnológico para disfrutar música en el hogar.

Una esquina inolvidable

Las fotografías antiguas permiten apreciar el gran rótulo vertical con la palabra COLUMBIA, que destacaba entre los elegantes comercios de la Calle Central.

En aquella misma cuadra convivían establecimientos tan conocidos como la Gran Hotel Pensión Italiana, la Ferretería Macaya y otros importantes negocios que daban vida al corazón comercial de San José.

Quienes caminaron por esa calle hace casi cien años seguramente se detenían frente a las vitrinas del Salón Columbia para escuchar, quizá por primera vez, una grabación musical reproducida por un fonógrafo eléctrico.

Un legado que aún permanece

Aunque el Salón Columbia desapareció hace muchas décadas, el edificio que lo albergó continúa formando parte del paisaje urbano de San José.

Sus muros fueron testigos de una época en que la música grabada comenzaba a transformar la vida cotidiana de los costarricenses, acercando a los hogares voces, orquestas y melodías que antes solo podían disfrutarse en teatros o conciertos.

Hoy, al pasar por esa esquina del centro de la capital, pocos imaginan que allí funcionó uno de los establecimientos que ayudó a introducir en Costa Rica una de las grandes revoluciones tecnológicas del siglo XX: la reproducción moderna del sonido.


Fuentes consultadas

  • Archivo Nacional de Costa Rica (fotografía del Salón Columbia, ca. 1928).
  • Revista Ecos, julio de 1928 (anuncio del Salón Columbia y fonógrafos Viva-Tonal).
  • Investigación sobre el inmueble El Siglo Nuevo.
  • Fotografías históricas del centro de San José.
  • Fotografía Jorge Arturo Vindas.
  • Investigación de Mi Costa Rica de Antaño.

Los inicios del teatro en Costa Rica: las primeras compañías (circa 1850)

Cuando hoy pensamos en el teatro costarricense, solemos imaginar grandes salas, compañías consolidadas y una tradición artística bien definida. Sin embargo, los orígenes del teatro en Costa Rica fueron humildes, entusiastas y profundamente ligados al esfuerzo de aficionados, en una sociedad que apenas comenzaba a organizar su vida cultural.

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