Archivo de la categoría: HISTORIA COSTARRICENSE

José María Hipólito Figueres Ferrer

José María Hipólito Figueres Ferrer, «Don Pepe», (San Ramón, Alajuela, Costa Rica, 25 de septiembre de 1906 – San José, Costa Rica, 8 de junio de 1990), fue un político, pensador y humanista costarricense, sirvió como Presidente de la República en tres periodos, 1948-1949 (de facto), 1953-1958 y 1970-1974, y como Secretario de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica de abril a mayo de 1948. Es el caudillo victorioso de la Guerra Civil de Costa Rica, fundador de la Segunda República. Uno de sus principales logros fue la abolición del ejército costarricense, hecho por el cual Costa Rica se convirtió en el primer país latinoamericano que prescinde de Fuerzas Armadas.

José Figueres Ferrer fue hijo de los inmigrantes catalanes Mariano Figueres Forges y Francisca Ferrer Minguella. Elcatalán fue su lengua materna. Se casó en primeras nupcias con Henrietta Boggs Long y en segundas con Karen Olsen Beck. Seguir leyendo José María Hipólito Figueres Ferrer

Aquileo J. Echeverría Zeledón

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Aquileo J. Echeverría Zeledón (San José, Costa Rica, 22 de marzo de 1866Barcelona, 11 de marzo de 1909) fue un escritor, periodista y político costarricense. Poeta de exquisita sensibilidad artística, es una de las figuras más importantes de la historia literaria de este país, al punto que se le considera “el poeta nacional de Costa Rica”. Su obra más conocida, Concherías (1905), refleja la vida, el pensamiento, las costumbres y el lenguaje de los campesinos costarricenses. Los Premios Nacionales de Costa Rica por la creación de obras en las áreas de poesía, cuento, novela, ensayo, teatro, historia, libro no ubicable, artes plásticas y música llevan su nombre. Es Benemérito de las Letras Patrias desde 1949. Seguir leyendo Aquileo J. Echeverría Zeledón

Carmen Lyra

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Carmen Lyra, seudónimo de María Isabel Carvajal Quesada (San José, 15 de enero de 1887 – México, 14 de mayode 1949) fue una escritora, pedagoga y política costarricense. Es considerada una de las escritoras más entrañables y significativas de la literatura costarricense. Se le ha señalado como la fundadora de la narrativa de tendencia realista en Costa Rica. Su obra más conocida es Cuentos de mi tía Panchita, una serie de cuentos infantiles publicados en 1920, una de las obras literarias más importantes de la literatura nacional. Además, escribió obras de teatro, ensayos políticos y las novelas En una silla de ruedas y Las fantasías de Juan Silvestre. Seguir leyendo Carmen Lyra

El Paso de la vaca

vaca

Recuerdo que una vez me hicieron ir a traer una encomienda cerca del Mercado Borbón, a unos doscientos metros al norte del antiguo Almacén La Granja, en calle ocho, avenidas cinco y siete camino a la antigua Botica Solera, Barrio México.

En mis escasos once años lo que más recuerdo es que se me dijo que era por el “Paso de La Vaca” y es hasta ahora que ya sé por qué se le ha denominado con este nombre; bueno, eso creo…

¿Qué origen tiene la denominación “El Paso de La Vaca”?

Me lo contó un anciano que se las sabe todas, de esos que no pierden ni el mínimo detalle de lo visto o escuchado.

San José era una ciudad “pichoncita”, tanto que las casas, al igual que las primeras plumas, iban apareciendo aqui y allá, entre verdura y sosiego. La gente fraternizaba un tanto, pero de lejos. El rudo trabajo apenas les permitía el tiempo de hacer la colación en familia, rezar el rosario, y cuando más antes de recogerse, salir a la “tranquera”, a comentar sobre el día de trabajo y escuchar algunas viejas leyendas o historias; a la vez, el poder compartir con algún vecino o viajero que con dificultad pasara por sus casas.

Los domingos asistían todos a la misa, y las comadres hablaban ya que era la única oportunidad para charlar y chismear, mientras regresaban en compañía de las vecinas.

Por aquella época -la de esta leyenda- se tenía, como ahora, mucha veneración por los santos y era difícil que en cada casa no se hallaran algunos, aunque fueran en pintura. Sobre todo los San José eran imprescindibles, con la ventaja de que lo mismo servía para la fiesta del patrono, que para figurar en el indispensable portal de fin de año.

Las mujeres, pues, tenían todos sus camarines en que alojaban muellemente las doradas imágenes, y era de verse la solicitud con que limpiaban y acicalaban al Niño Dios o pegaban un cuerno o una oreja -como ahora-, al buey o la mula, si la humedad se había atrevido al sacrilegio.

Y acertó a darse una vuelta por aquí un escultor que venía de Guatemala, recomendado al señor cura de Cartago, sumamente hábil en tallar madera. Todos a una quisieron proveerse de santos de bulto. Pero la desgracia era que el escultor cobraba caro. No hubo más que una casa de unos tales Abarca que pudiera costear los suyos. Y el artista se quedó, y los hizo precisamente al acercarse el fin de año.

He aquí que las comadres salían una mañana a misa despachadas por su pobreza, y una dijo:

-Vayan a ver el portal de Ñor Abarca…

-¿Qué tal les resultaron los santos? Son bonitos, pero yo creo que no los pueden bendecir.

-¿Y eso?

-¡Pues no va el fuerero ese, el artesano, y le hace los animales imperfectos! En vez del buey y la mula, hizo la mula y una vaca; y es que como a todos los Abarca los llamaban “bueyes” porque trabajaban muy fuerte desde que salía el sol hasta que se acostaba, eran tan trabajadores como los bueyes. Y además de esto, es que la familia de Ñor Abarca eran todos hombres y ninguno se le había casado. Ñor Abarca le dijo al artesano que le ponían tetas o no lo pagaba.

-Si, pero dicen que el cura les dio el permiso para que no les sirviera de mala tentación.

La noticia cundió allí mismo; y por la casa de Ñor Abarca desfiló todo San José, a ver la vaca del paso Y como la cosa era tan singular en realidad, después había quién preguntará:

-¿Me da razón dónde vive fulano?

-Coja allí, por la calle de los Abarca…

-No sé dónde vivirán…

-¡Hombre: aquellos que llaman los “bueyes”, los del paso de la vaca!

-¡Aja! Dios se lo pague.

Fuente: Fabio Baudrit “El Paso de la Vaca y otros relatos”, Editorial Costa Rica

El Tranvía en San José

En el San José señorial y aldeano a la vez, donde brillaba como un sol exclusivo el Teatro Nacional, empezó a funcionar, la mañana del 9 de abril de 1899, el tranvía.

Ante los ojos jubilosos de sus tranquilos parroquianos, aquella máquina de leves chirridos empezó a deslizarse por rieles que atravesaron diversos sectores del casco central de una localidad fundada en 1737, y que había sido declarada ciudad por el reino español menos de un siglo atrás.

Los carretoneros y jinetes, así como los conductores de diligencias y volantas, tuvieron que detenerse para respetar el paso de ese novedoso transporte público movido por energía eléctrica.

Cautelosos, con los ojos bien abiertos, los primeros pasajeros abordaron ese medio de locomoción que se vino a unir al servicio del ferrocarril que ya atravesaba buena parte del Valle Central y que solo estaba a pocos meses –diciembre de 1899-, de quedar conectado con la vertiente Atlántica.

El San José señorial, de finos y elegantes modales, se abría campo, orgulloso, hacia la modernidad.

El primer trayecto que entró en operación fue la ruta de la Boca de la Sabana donde se encuentra la estatua de León Cortés Castro, hasta La Estación del Atlántico, pasando por Paseo Colón y Avenida Central. Luego se fueron construyendo otras rutas como: La Estación del Atlántico hasta San Pedro del Mojón, (San Pedro de Montes de Oca), hasta donde en la actualidad se encuentra Muñoz & Nane. A Guadalupe llegando al cruce de Moravia. De la Avenida Central pasando por la Iglesia La Catedral hasta la Estación del Pacífico y del Bar Chelles a Plaza González Víquez.

En relación con las tarifas, estas variaban entre 5 y 20 centavos dependiendo de la distancia. San José – Guadalupe: 15 centavos; La Sabana – Estación de Atlántico: 15 centavos; Estación del Atlántico – San Pedro del Mojón: 15 centavos; Avenida Central – Estación del Pacífico: 5 centavos y Cheyes – Plaza Víquez: 5 centavos. Los domingos había una tarifa diferenciada en la ruta San Pedro – Sabana: 20 centavos en viaje directo. El horario diario iniciaba a la 5:15 de la mañana y concluía el último de los 17 tranvías en operación a las 12 de la noche. Las rutas con más unidades era San Pedro -Sabana con 10 y a Guadalupe con 4, ya que eran de un mayor número de usuarios. Los lugares donde se podían comprar los tiquetes era: la Pulpería de Chico Soto en Paseo Colón, en las oficinas de la Compañía Eléctrica y vendedores que frecuentaban las paradas que trabajaban por comisión.

El tranvía tenía dos personas a cargo de su operación, el motorista encargado de conducir y el conductor de cobrar y mantener el orden durante el recorrido. Como dato curioso, era prohibido fumar, abordar en estado de ebriedad y se debía hablar en voz baja para no interrumpir a los demás pasajeros, demostrando gran cultura.

Para un mayor orden, se tenía dispuesto la entrada de pasajeros por la puerta trasera e iban entregando el respectivo tiquete al conductor. Al llegar a su destino la salida era exclusiva por la puerta delantera.

Una vez concluido el trayecto y al no disponer de la infraestructura para darle vuelta al tranvía, para iniciar el recorrido, el mismo contaba con un motor en cada extremo, el motorista cambiaba de posición e iniciaba nuevamente el viaje.

Funcionó por 50 años y recorría 17890 m de Este a Oeste y de Norte a Sur.  El horario iniciaba a la 5:15 de la mañana y concluía el último de los 17 tranvías en operación a las 12 de la noche.

Así como un día, en el año de la víspera de un nuevo siglo, los ojos de los josefinos vieron con deleite el advenimiento del tranvía, así también, con total indiferencia, lo vieron desaparecer.

Tranvía en la Sabana

Eso fue el 1.º de agosto de 1950, día en que hizo su último recorrido. Se consideró que había agotado su función, y ni siquiera se guardó una máquina de esas para mostrarla a las generaciones futuras. La Nación, Enrique Tovar.

Tiquete de Tranvía

PERIODO DE LA COLONIA

la colonia

El mundo colonial que imperó en el continente americano estaba dividido administrativamente de la siguiente forma:

a) Virreinatos,

b) Capitanías Generales,

c) Gobernaciones, d) Audiencias,

e) Corregimientos o Alcaldías Mayores,

f) Intendencias, g) Cabildos o Ayuntamientos.

El período colonial marcó el asentamiento definitivo de los españoles en América, sellando históricamente el destino de los pueblos aborígenes y el nacimiento de la sociedad mestiza actual. Seguir leyendo PERIODO DE LA COLONIA

Genealogía Costarricense (Parte I)

Los precursores:

Podemos afirmar que la investigación genealógica en Costa Rica, de manera sistemática, comenzó en la segunda mitad del siglo XIX, con los estudios de don José María Figueroa  Oreamuno y de don Manuel de Jesús Jiménez Oreamuno.

En la primera mitad del siglo XX encontramos una serie de estudios genealógicos, publicados por don Cleto González Víquez, en la Revista de Costa Rica. Durante este mismo período, encontramos reseñas genealógicas publicadas en la Revista de los Archivos Nacionales, por  don Eladio Prado Sáenz y por don Norberto de Castro y Tosi.

En los años 1940, un grupo de genealogistas, bajo la dirección de don Norberto de Castro y Tosi, fundaron el Supremo Tribunal y Colegio de Armas de Costa Rica, cuya obra estuvo centrada en las investigaciones realizadas exclusivamente por Castro y Tosi, en numerosos archivos latinoamericanos y europeos.

Otros precursores de los estudios genealógicos en Costa Rica, fueron don Anastasio Alfaro González, don Vicente Lachner Sandoval, don Jesús Mata Gamboa y don Nicolás Oreamuno.

La obra de don José María Figueroa Oreamuno, se encuentra en el llamado Album de Figueroa, que se custodia en el Archivo Nacional de Costa Rica.

La obra de don Manuel de Jesús Jiménez Oreamuno, se encuentra en el Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel.

La obra de don Cleto González Víquez, se encuentra publicada principalmente en la Revista de Costa Rica. Pero su obra inédita quedó en poder de su familia, ignorándose más detalles.

La obra de don Eladio Prado Sáenz, se encuentra publicada principalmente en la Revista de los Archivos Nacionales, cuyo nombre actual es Revista del Archivo Nacional. Pero su obra inédita quedó en poder de su familia, ignorándose más detalles.

La obra de don Norberto de Castro y Tosi, se encuentra condensada en el Armorial General de Costa Rica, cuyo original de encuentra en la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas. Además fue editado en CD.

Fuente: Blog de Reunión Genealogía

BOLETÍN № 102
Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas