Algunas Características de la Arquitectura Costarricense Por Juan Bernal Ponce.

Resumir los momentos descollantes de la arquitectura costarricense en tan breve espacio sería un intento temerario; por ello sólo anotaremos algunas de las características peculiares, si cabe decir, características costarricenses, de la arquitectura de los períodos llamados colonial, republicano y victoriano. Antes de responder a la pregunta ¿existe una arquitectura costarricense?, que sirve como título a esta conferencia, anotaré algunos conceptos básicos en que se basa la respuesta:

-En determinados períodos y lugares se generó una manera propia de construir, un estilo, sea este Egipcio, Griego, Gótico. Estas civilizaciones tuvieron capacidad de difusión cultural, y estos estilos fueron adoptados por otras naciones.

-Muy pocos estilos de arquitectura son exclusivos de un solo país; al difundirse forman parte de vastas tendencias regionales y continentales. Así sucedió con el estilo “barroco eclesiástico”, que vino de España y tomó en América innumerables formas.

-Un estilo sufre adaptaciones al “aclímatarse” en otras latitudes. Estas adaptaciones son las que le confieren características locales a un estilo regional. Ellas son:

Hibridación: el primer factor que determina la aclimatación es la preexistencia de formas locales, a las cuales el nuevo estilo tiende a reemplazar. Si el reemplazo es parcial, se produce una “hibridación”. Es lo que pasó en Costa Rica con la llegada del victoriano, que debió adaptarse a las plantas simétricas del período republicano.

Adaptación tecnológica: es el segundo factor de aclimatación. Una forma arquitectónica nueva debe someterse al dictado de otros materiales, otra mano de obra; otra organización del trabajo.

Adaptaciones climáticas: el nuevo medio natural, pluviosidad, sismicidad, topografía, donde se desarrolla el estilo transferido, puede ocasionar la aparición o la transformación de elementos. Valga como ejemplo el reemplazo del cristal por cedazo o lacerías en las ventanas victorianas caribeñas.

Condicionantes socioeconómicas: el monto de los recursos económicos y humanos puede determinar modificaciones de una forma al pasar a otro país o región. Un ejemplo es la adaptación de los modelos eclesiásticos guatemaltecos y nicaragüenses en la Costa Rica colonial, donde se “especializaron” despojándose de toda ornamentación superflua.

Los estilos que transitaron y se “aclimataron” en Costa Rica generaron características propias a través de estos procesos. Algunos denominan “hibridación” o “mestizaje” estilístico a los cambios que experimentaron los estilos foráneos.

A la pregunta que enmarca este trabajo: ¿existe una arquitectura costarricense? debemos responder que sí existe, es aquella que estamos viviendo. Pero si la pregunta se formulara: ¿existe un estilo costarricense? debemos responder que sólo existen adaptaciones costarricenses de los estilos que permearon el istmo centroamericano desde la época precolombina.

Para verificar esta afirmación vamos a recorrer tres períodos históricos.

Período colonial

Aunque poco ha quedado de la arquitectura precolombina, no podemos afirmar que antes de la llegada de Cavallón y Vásquez de Coronado no hubo nada… Sí hubo, aunque poco desarrollado como cabe a la circunstancia del país, limítrofe y lejano de los centros urbanos mesoamericanos. La Colonia no trajo la prosperidad, lejos de eso, fue pobre y aislada, hubo pocos pobladores españoles y pocos indios; en mucho tiempo los únicos centros poblados fueron Cartago y Esparza, más unos pueblos de indios: Barva, Quircot, Orosi y Ujarrás.

Arquitectura residencial colonial

La arquitectura residencial urbana colonial fue escasa; la planta predominante era en L y en contados casos con patio cerrado. Casi siempre de una planta y sin las portadas de piedra que caracterizan las casonas de Antigua Guatemala.

El modelo de vivienda español mediterráneo que llegó a costas caribeñas y centroamericanas sufrió drásticas transformaciones. El concepto de casa que trajeron los españoles era mediterráneo; era una vivienda introvertida hacia el patio interior, “impluvium”, una vivienda diseñada para ámbitos desérticos, donde el habitante buscaba refugio contra la vastedad y el horizonte. En la casa se encerraba mirando el pequeño patio interior.

En el ambiente rural costarricense este esquema introvertido se invierte, y el corredor en vez de rodear el patio interior, rodea exteriormente la casa. El corredor interior se vuelve exterior. La vida en el rancho rural exige un contacto con el patio, la huerta, la troja; la vivienda no puede desvincularse de ellos, se conecta con el entorno por medio del corredor.

En el rancho campesino, el corredor frontal provisto de bancas está cerca de la tranquera, así permite el diálogo con los transeúntes.

En un clima donde la lluvia cae la mayor parte del año, se precisa de espacios cubiertos pero ventilados. Aparecen los corredores laterales y posterior, escenarios de las faenas campesinas: reparación de implementos, de herramientas, aperos, secado de grano; allí también están el pilón y el horno.

El corredor se convierte en un espacio “vinculante” entre los recintos cerrados de la vivienda y el espacio abierto del huerto. Nos encontramos así una típica ADAPTACIÓN CLIMÁTICA que le confiere a la arquitectura del adobe características locales.

Arquitectura eclesiástica

La vida económica de la Costa Rica colonial se caracterizó por una falta constante de mano de obra indígena, poca población española y gran aislamiento comercial.

Todo esto configura un panorama en que la arquitectura religiosa no puede sino ser escasa y sencilla. No hubo grandes congregaciones doctrineras, por lo tanto escasean los conventos; no hubo grandes masas indígenas, por lo tanto hubo contadas iglesias; no hubo mano de obra entrenada, por lo tanto no hubo el despliegue decorativo de los imafrontes mexicanos y antigüenos.

Sólo se produjeron cuatro iglesias que llegaron en pie hasta nuestros días:

Templo de Nicoya (1644)

Ubicada en territorio entonces nicaragüense, su fachada es plana, sin torres y con espadaña central de curvatura barroca. Recuerda las iglesias nicaragüenses de Subtiava, Masaya y Rivas. Tiene hornacinas abiertas que cobijan las campanas. Decoración muy simple.

Templo de Ujarrás (1681)

Ujarrás fue un pueblo de indios y su iglesia misionera fue tan sencilla como la de Nicoya. La fachada está dividida verticalmente en tres secciones, sin ornamentos; tiene tres hornacinas abiertas y dos óculos. La espadaña presenta curvatura barroca; hay remates piramidales.

Orosi (1753-66)

San Francisco de Orosi es un convento misionero erigido simultáneamente a las misiones californianas que Junipero Sierra sembró a lo largo de la costa.

Su estructura es básica: un galerón de tejas con una torre externa y, adosado, un pequeño convento en L.

Su fachada es blanca y casi sin ornamentos. La torre es baja con dos campanas y pináculos piramidales en las esquinas. La iglesia tiene tres naves separadas por horcones de guachipelín. Ramón Gutiérrez le llama “buen ejemplo de arquitectura maderera popular”.

Parroquia de Heredia

Fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII, por eso La Orden le llama “parroquia borbónica”; debió tener una fachada barroca que un sismo destruyó. La que vemos hoy es neoclásica y la construyó Kurtze adelantada de las torres.

Tiene más cuerpo y volumetría que las otras iglesias coloniales. Sus dos torres son achaparradas coronadas con pirámides octogonales, sus muros cuentan con pesados arriostres; el Baptisterio está cubierto con una cúpula; al apoyarse en el tambor su perfil propone una sutil contracurva de origen barroco.

Como conclusión podemos afirmar que la arquitectura eclesiástica costarricense sigue en lineamientos generales el estilo barroco elaborado en Antigua Guatemala, donde se generó el llamado “barroco sísmico”: Volúmenes bajos, grandes masas estáticas, torres a veces más pequeñas que la fachada; todo con el afán de bajar el centro de gravedad de las masas para hacerlas menos vulnerables a los terremotos.

Republicano

El estilo de vivienda urbano del período republicano se importa en la apertura del país a las influencias europeas y norteamericanas y el rechazo de los modelos de origen español, como reflejo al rechazo político a la dominación colonial. Cambian los ideales estéticos, el negocio del café saca al país de un modo de vida rural y los núcleos poblacionales de San José, Heredia y Cartago crecen en extensión y se dotan de servicios antes desconocidos.

La sociedad se urbaniza; la vivienda no se modela ya como respuesta a los determinantes naturales de un lote amplio, sino que está restringida a los parámetros impuestos por la estructura urbana: lote estrecho, calle, colindancia.

Los dos esquemas de la vivienda colonial tica, la de planta cuadrada o campesina y la de planta en L urbana, se transformaron durante el periodo republicano, para tomar una forma que se encuentra a lo largo y ancho de las ciudades del continente: la casa de zaguán central.

La casa republicana es simétrica con dos filas de aposentos a cada lado de un pasillo central o zaguán. Es la vivienda rural urbanizada, porque en las incipientes ciudades costarricenses se dispuso de lotes angostos, donde ya no cabrían las casas de patio central o de esquema en L.

La casa republicana está puesta a la orilla de la acera sin que medien antejardines; se adosan unas a otras y producen un frente cerrado a lo largo de la cuadra. Su fachada se ornamenta de pilastras neoclásicas, un frontón triangular puede coronar la puerta principal.

Arquitectura victoriana

En la segunda mitad del siglo XIX, una vez agotados los recursos estilísticos del neoclasicismo, y bajo el impulso de las tendencias románticas que buscaban una mayor libertad de inspiración fuera de las raigambres grecorromanas, aparece un mosaico de tendencias de transición. Son los diversos eclecticismos: neogótico, neorrenacimiento, neorrománico. También se despliegan las formas arbóreas del Art Nouveau. En el estentóreo panorama de “fin de siecle” destaca el llamado Estilo Victoriano, que a su vez es también un abanico de subtendencias: Queen Anne, Italianate, Stick.

El romanticismo europeo fue una huida del prosaico mundo industrial hacia la naturaleza y la originalidad primitiva. Se rechazó la geometría del clasicismo simétrico, junto a todo orden de racionalidad que aludiera a la vida cotidiana. El estilo Victoriano esta intrínsecamente unido a ese espíritu romántico. Su máxima expresión son las residencias Queen Anne, de plantas asimétricas y volúmenes que parodian los castillos medievales por medio de torrecillas.

El desarrollo industrial de los países del hemisferio norte se impone en la actividad constructiva. Comienza la producción seriada de revestimientos de todas clases especialmente metálicos, estructuras de hierro, columnas, frontones, balaustres, pilastras, ventanera, puertas y adornos de madera recortada, labrada y torneada por medio de maquinarias.

Esta oferta permitió a los propietarios de nuevas viviendas adquirir a su gusto el repertorio de terminaciones interiores y exteriores, aplicándolo a una sencilla estructura de tabiques de madera (ballom frame).

La influencia de esta arquitectura residencial se extendió por los Estados Unidos cuyos núcleos urbanos estaban creciendo rápidamente, y por las islas del Caribe pertenecientes al Imperio Británico. En todos los países en donde los británicos mantuvieron una fuerte influencia comercial, y donde penetraron sus capitales la influencia victoriana se aclimató profundamente.

Esta influencia se plasmó a través de los mismos negociantes e industriales británicos que construyeron sus residencias en esos países, así como por los técnicos y empleados locales que viajaron a Gran Bretaña, o que sencillamente imitaron a sus patrones extranjeros al escoger el estilo de sus casas.

Centroamérica recibió la influencia victoriana directamente de los Estados Unidos, preferentemente de la cuenca del Mississippi, cuyo flujo comercial estaba ligado a las repúblicas del istmo.

Arquitectura victoriana en Costa Rica

Según el seminario “Ambientes Victorianos”, las primeras viviendas victorianas en Costa Rica aparecieron en las fincas de café en los alrededores de Cartago por los años 80 del siglo XIX.

Tres razones sustentan esta aseveración:

-El auge del cultivo del café en esa zona, con la aparición de asentamientos tardíos por Tres Ríos y San Pedro de Montes de Oca. En el desarrollo de los nucleoides urbanos proliferó la nueva estilística victoriana. El 60% de las casas son urbanas, el 40% rurales.

-La maduración de una industria maderera que podía proveer piezas elaboradas con sierra, tupi, caladoras.

-El abandono de las formas del adobe se incrementó a raíz del terremoto de 1910; se buscaron modos de construir más livianos: allí se impuso el -ballom frame- Victoriano, revestido de madera o chapas metálicas estampadas. Si el modelo Victoriano está caracterizado por el énfasis en los hastíales, la presencia de volumetría agregada (bay windows), techos complejos, plantas asimétricas, énfasis en la verticalidad y en las texturas, no todas las viviendas de “espíritu industrial Victoriano” presentan todos esos elementos.

Muchas conservan elementos costarricenses tradicionales del adobe y del bahareque.

La característica compacta de la vivienda se mantiene; se mantiene, en algunas “Victorianas ticas”, el volumen unitario de planta cuadrada y zaguán. Siguen utilizándose los techos a dos aguas de pendiente moderada.

La casa victoriana de entre siglos, oponiéndose a sus antecesoras de origen colonial y republicano, presenta gran riqueza textural y ornamental. En efecto, los muros están revestidos de tablas de madera, puertas y ventanas están enmarcadas de pilastras ricamente molduradas, los balastros tienen diseños atractivos y las columnas finas de madera están coquetamente torneadas.

El clima tropical impone otra variación al modelo europeo americano muy cerrado e introvertido para protegerse del frío. En efecto, la casa victoriana local se abre al exterior generosamente por medio del corredor que, a veces, rodea tres lados de la construcción.

La planta tica da hacia el zaguán presentaba aposentos de tamaño normalizado y cuya función era fijada por los ocupantes, mientras que el modelo Victoriano, respondiendo a una ética familiar sajona, impone una vocación precisa a los espacios; así surgen aposentos para el señor y la señora, para los niños, se impone una sala de costura y otra de juegos.

Conclusión

En los tres períodos estudiados pudimos verificar cómo los modelos foráneos tomaron características locales, características costarricenses, al adaptarse a las condiciones propias del país. En las iglesias, el modelo fue simplificado al máximo. En las viviendas de adobe fue transformado a un tipo de desarrollo eminentemente rural. En las casas victorianas se combinaron tradiciones preexistentes y nuevas formas industrializadas.

Referencias:

  • La presente es la conferencia que dicto el arquitecto Juan Bernal Ponce el miércoles 24 de noviembre de 1993, en el marco del primer ciclo de conferencias y mesas redondas sobre cultura costarricense organizado por el PROCAI. El Suplemento Cultural se complace en ofrecerla a sus lectores.

 

  •  Juan Bemal Ponce es profesor de Teoría del Diseño en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica. Grabadista, pintor y dibujante, actualmente realiza la critica de artes plásticas para el periódico La Nación.

 

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