El Acorazado de Oriente: la fábrica de calzado que marcó una época en San José (1916)

Se sitúa en el piso bajo que da a la calle 11a. norte. El nuevo edificio en construcción que se sitúa frente al costado sur de la Fábrica Nacional de Licores, será un verdadero ornato para la «Avenida de las Damas». Fotografía David Zúñiga.

A principios del siglo XX, cuando Costa Rica comenzaba a dar sus primeros pasos hacia la industrialización, una empresa destacaba como símbolo de progreso y modernidad: la Fábrica de Calzado El Acorazado de Oriente.

Ubicada sobre la elegante Avenida de las Damas, junto al puente de la Fábrica Nacional de Licores, esta imponente construcción era considerada una de las fábricas de calzado más importantes del país.

La historia de esta emblemática fábrica comenzó con el empresario Alberto Bertheau, quien fundó el establecimiento bajo el nombre de “El Acorazado de Oriente”, convirtiéndolo en una de las primeras industrias modernas dedicadas a la fabricación de calzado en Costa Rica.

En 1916, la empresa fue adquirida por la sociedad Sauma & Co., encabezada por la familia Sauma. Bajo su administración, y con Antonio Sauma como gerente, la fábrica alcanzó su mayor desarrollo, consolidándose como la principal industria del calzado del país. Ese mismo año, el Libro Azul de Costa Rica la describía como la fábrica de calzado más importante de la República, equipada con moderna maquinaria y una producción cercana a los 200 pares diarios.

Allí laboraban numerosos operarios especializados que confeccionaban calzado para caballeros, damas y niños, combinando la habilidad artesanal con los avances tecnológicos de aquellos años.

La empresa mantenía un amplio inventario de materiales importados directamente de Europa y de los Estados Unidos, lo que le permitía atender con rapidez los pedidos provenientes de distintos puntos del país y ofrecer productos de excelente calidad.

Pero quizás lo más fascinante de esta historia es que todavía podemos asomarnos al interior de aquella fábrica gracias a las fotografías tomadas en 1916 por el fotógrafo M. G. Miralles. En ellas se observan los amplios talleres, la maquinaria, las mesas de trabajo y decenas de empleados que, día tras día, daban vida a una industria que contribuyó al desarrollo económico de la capital.

La fotografía de la fachada también nos permite admirar un edificio de elegante arquitectura industrial, con amplios ventanales que aprovechaban la luz natural y un característico cuerpo central elevado destinado a mejorar la ventilación e iluminación de las áreas de producción, elementos muy avanzados para su tiempo.

Más de un siglo después, El Acorazado de Oriente permanece como testimonio de una época en que San José no solo era el centro político y comercial de Costa Rica, sino también el corazón de una naciente industria nacional que apostaba por la innovación, el trabajo y el progreso.

Hoy, estas imágenes nos permiten recordar a aquellos hombres y mujeres que, con dedicación y esfuerzo, caminaron entre estos pasillos y talleres, dejando una huella silenciosa en la historia de nuestro país.


📚 Fuentes consultadas:

  • El Libro Azul de Costa Rica (1916).
  • Archivo Nacional de Costa Rica.
  • Fotografías de M. G. Miralles, 1916.