MARIA FERNÁNDEZ LE CAPELLAIN, PRIMERA DAMA DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA, 1877-1961.

«Doña Maria de las Mercedes Elodia Fernández Le Capellain nació en San José, el 22 de enero de 1877. Fue la segunda de los siete hijos de Don Mauro Fernández Acuña y Doña Ada Le Capellain Agnew.

Don Mauro Fernández, distinguido político y Jurista Benemérito de la Patria, fue el gran reformado de la educación pública costarricense. Su esposa Doña Ada Le Capellain, natural de la isla anglonormanda de Jersey, poseía una vasta formación cultural, clara inteligencia y amplio criterio.

Casa de Mauro Fernández Acuña, hoy Museo Nacional.

La casa donde nació y se creó Doña, María, en el alto de la Cuesta de Moras, era un verdadero centro de cultura, en el que hombres y mujeres compartían por igual el interés por las letras y las artes, lo cual era realmente excepcional en la sociedad josefina de la época.

Entre las amigas de la abuela paterna de la recién nacida, Doña Mercedes Acuña de Fernández, figuraba Doña Lupita, Granados de Tinoco. Al enterarse del nacimiento de María, Doña Lupita rogó al cielo que la niña llegase algún día a ser la esposa de su primogénito, Federico, y más tarde confío ese anhelo a Doña Juanita Acuña, tía de Don Mauro y maestra de cartilla de Federico y su hermana Rosita Tinoco Granados. Con el tiempo Federico partió a estudiar a, Europa y Doña Juanito Acuña empezó a dar lecciones también a la niña María Fernández, a la cual le hablaba del «novio» qué estaba en el Viejo Continente.

Don Federico y María.

Años más tarde, la joven María – a quien se llamaba en la familia Mimita – partió a la Gran Bretaña, donde estudió durante algunos años. De regreso en Costa Rica, cuando ya era toda una señorita, conoció a quien habría de ser su marido. En una fiesta, la joven preguntó a su amiga Doña Carlota Lahmann por la identidad de un apuesto joven que figuraba entre los invitados y que se había detenido bajo el dintel de la puerta de un salón. La señorita, Lahmann exclamó «¡Como! ¿No lo conoces? ¡Es imposible! Se trata de Federico Alberto Tinoco Granados, quien acababa de regresar de Europa. El joven las miró y se acercó a ellas. Doña Carlota lo presentó con Mimita y él la sacó a bailar. Danzaron durante toda la velada, lo que suscitó ásperos comentarios de vigilantes matrona y de jóvenes aspirantes a señora de, Tinoco, Aquello de bailar toda la noche una, pareja que acababa de conocerse no encajaba en las normas sociales de entonces, ya que incluso los, amigos y pretendientes de una señorita a lo más que llegaban era a pedir pieza de por medio.

Los Tinoco y los Fernández, unidos desde años atrás por los lazos de amistad, dieron su beneplácito al noviazgo de Federico y María, y el 15 de junio de 1898 contrajeron matrimonio en San José, en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Doña María tenía veintiún años y Don Federico veintinueve. Bendijo la unión Monseñor Carlos María Ulloa Pérez.

Frente de la Casa de Federico Tinoco Granados. Ubicada en Calle 15, Avenidas 0 y 2, frente a la entrada principal del Museo (costado Oeste, hoy Plaza de la Democracia).

Don José Federico Alberto de Jesús Tinoco Granados, a, quien todos llamaban Pelico – sobrenombre que nunca agradó a, su esposa – había nacido en San José el 21 de noviembre de 1868 y era hijo de Don Federico Tinoco Iglesias y Doña Guadalupe Granados Bonilla. Durante los primeros años de su matrimonio se ocupó casi por completo en atender las fincas de su familia en Juan Viñas, donde Doña María pasó gratos momentos, dedicada a su esposo, a la pintura y a las letras.

Los esposos Tinoco Fernández no tuvieron hijos.

Don Federico Tinoco empezó a participar en política en 1902, cuando estuvo complicado en un movimiento dirigido a evitar el ascenso de Don Ascensión Esquivel a la Presidencia de la República. Se unió a las filas del Partido Republicano y en 1906 participó en otra intentona revolucionaria. En 1908 fue elegido Diputado por San José.

En 1905 Doña María tuvo la pena de perder a su padre. El fallecimiento de Don Mauro conmovió al país y se le sepulto con gran sed solemnidad. Años más tarde, en 1912 falleció su viuda Doña Ada.

Doña María Fernández de Tinoco, dueña de gran espiritualidad y exquisita sensibilidad, fue una de las primeras integrantes de la, Sociedad Teosófica, fundada en 1904por Don Tomás Povedano. Apasionada por las culturas aborígenes, inició su actividad en la lectura costarricense con dos novelas de costumbres precolombina, Zulai y Yontá, unidas en tema, estilo y pensamiento. Publicó estas obras en 1909,con el seudónimo de Apaikán. Don Abelardo Bonilla, se refirió a sus novelas.

El Conde Maurice de Perigny, en su obra La République de Costa Rica, escribió que la primera novela «Es una leyenda indígena plena de frescura, de bellos sentimientos».

Además de sus novelas, Doña María escribió varios ensayos y Monografia, entre los que pueden citar se El manantial de Rodas, Una ocarina huetar de 18 notas del Museo Nacional de Costa Rica y Chira, la olvidada cuna de aguerridas tribu precolombinas

La señora de Tinoco fue una de las Fundadora de La Gota de Leche y El Abrigo de los Niños y colaboró asiduamente con otras actividades de Beneficencia

En mayo de 1914 el Presidente Don Alfredo González Flores nombró como Secretario de Guerra y Marina a Don Federico Tinoco, quien había tenido una decisiva participación en la combinación política que lo llevó al poder.

En la época de Don Alfredo se fundó en Costa Rica, por iniciativa del profesor Don Lucas Raúl Chacón, la primera Compañía de Boy Scouts. Doña María de Tinoco se interesó muchísimo por las actividades scoutistas., tomó a su cargo la confección de la bandera de la Compañía y le correspondió entregarla, con su emotivo discurso, en la inauguración del primer festival Scout qué tuvo lugar en 1915 en la Plaza de la Artillería.

El 27 de enero de 1917 Don Federico Tinoco derroco al Presidente González Flores y asumió la primera magistratura. El golpe fue recibido con sumo beneplácito por la gran mayoría de los costarricenses, que no había comprendido las visionaria políticas de Don Alfredo.

Doña Maria tenía cuarenta años de edad cuando se convirtió en Primera Dama de la, República. Hacia casi siete años que Costa Rica no tenía Primera Dama, dado que tanto Don Ricardo Jiménez como Don Alfredo González estaban todavía solteros.

En el mes de abril se celebraron comicios presidenciales y Don Federico fue elegido por abrumadora mayoría. Inició su período constitucional de seis años el 8 de junio de 1917.

Doña Maria de Tinoco cumplió a cabalidad el papel que las normas protocolarias y las reglas de trato social atribuían a la consorte del primer mandatario. Sus finas maneras y su esmerada educación la convertirían en la anfitriona ideal en los banquetes y recepciones qué se ofrecían en la bella mansión presidencial de entonces, el Castillo Azul, ubicado frente a la antigua casa de Don Mauro, y en las alegres fiestas que se celebraban en la finca Apaikán, ubicada en San Rafael de Coronado. También le correspondió asistir con Don Federico a numerosas ceremonias públicas, entre ellas la inauguración del monumento a Don Mauro Fernández, que después fue irracionalmente destruido por los antitinoquistas.

Entre las principales figuras del reducido cuerpo diplomático acreditado entonces en San José, figuraba el Ministro brasileño Don Antonio J de Amaral Murtinho, quien era casado con una hermana de Doña Ada Fernández Le Capellain. Por esa circunstancia, el diplomático brasileño era persona muy cercana al Presidente, y en los días finales de la administración hubo de compartir la impopularidad de su concuño.

Como Primera Dama Doña Maria no se limitó a participar en actos protocolarias, sino que desarrollo una actividad significativa en otros campos. Con su concuño Doña Merceditas Lara de Tinoco fundó en 1917 el Comedor Infantil de San José, que prestó grandes servicios a la niñez costarricense. En los primeros pasos de la institución colaboraron muchas otras señoras, entre las que cabe recordar a, Doña Feliciana Montealegre de Valenzuela y a Doña Clementina Quirós de Quirós, que más tarde fue Primera Dama de Costa Rica.

Doña Maria dio también gran impulso a las actividades de la Cruz Roja Costarricense y en 1918 obsequió su pañolon blanco de soltera para que con el se hiciera el Pabellón de la institución.

Mantuvo su compromiso con Cruz Roja a lo largo de toda su vida, y en 1949 el Comité Internacional de la institución le concebió la medalla Florence Nightingale.

En 1919 Doña María obsequió el producto de la segunda edición de Zulai a La Gota de Leche.

Los abusos y graves errores del régimen de los Tinoco hicieron que los costarricenses se volvieran en contra suya. En 1918 se produjeron la fracasada revolución de Río Gr8 y el asesinato de Rogelio Fernández Güell y su sus compañeros, y al año siguiente el gobierno hubo de hacer frente en la zona fronteriza con Nicaragua a la llamada revolución del Sapoá y a disturbios y motives en San José.

El 13 de junio de 1919 la multitud incendió el periódico La información. Don José Joaquín Tinoco, el hombre fue te del régimen, no se hallaba en la capital y Don Federico dudaba sobre el camino a seguir. Doña, Maria, que comprendió la gravedad de la, situación, tuvo un papel muy importante en la tarea de serenar los, ánimos en el Castillo Azul y de evitar que se produjera una masacre.

Fuertemente presionado por los Estados Unidos de América, que estuvieron a punto de desembarcar marines en Costa Rica. Don Federico decidió separarse del poder. Pensaba marchar inmediatamente con destino a Europa., pero el viaje se retraso por el súbito asesinato de su hermano Don José Joaquín, el 10 de agosto de 1919. El 12 de agosto, alegando consideraciones de salud, llamó al Primer Designado Don Juan Bautista Quirós a ejercer la primera magistratura. Firmó su renuncia y enseguida partió con Doña María y varios parientes y amigos hacia Puerto Limón, donde embarcaron en el vapor Zacapa, que se dirigía a Jamaica. Desde esta isla viajaron después a Europa. Cabe señalar, sin embargo, que Doña María fue Primera Dama hasta el 20 de agosto de 1919, fecha en que el Congreso admitió la dimisión de Don. Federico.

Los esposos Tinoco Fernández se establecieron en París, donde Doña, María tuvo múltiples oportunidades para participar en actividades culturales. Fue muy notable su ayuda en la exposición de arte aborigen de Hispanoamericana celebrada en la capital francesa en 1928. También pudo dedicar esfuerzos a su ciencia favorita, la, arqueología, y se unió al renombrado grupo de sabios arqueólogos de la rueda Buffon. Sin embargo, los últimos días que compartió con Don Federico, dominado por la nostalgia, fueron muy tristes.

El ex presidente murió en París el 7 de septiembre de 1931. Don Antonio de Amaral Murtinho y su esposa, que residan entonces en Noruega, donde él servía otro cargo diplomático invitaron a, Doña María a irse a vivir con ellos. En Oslo, Doña María mitigó las penas de su viudez con el cariño de su hermana, su cuñado y sus sobrinos.

Lord Baden Powell

En 1932 fue invitada, por la, Embajada británica a una recepción en honor del fundador de los Scouts, Lord Baden Powell, quien se hallaba de visita en Noruega. Allí Doña María tuvo ocasión de conocer a la Reina Maud de Noruega y al Príncipe heredero, que después reinó en ese país con el nombre de Olav V.

En 1934 Doña María regresó a Costa Rica, donde fue objeto de caluroso recibimiento por parte de parientes y amigos. Sin embargo, no todos los resentimientos se habían olvidado: cuando Doña María quiso entrevistarse con Don Alfredo González., para «aclarar algunas cosas», el ex presidente se negó a recibirla y manifestó que en su criterio todo estaba muy claro.

Desde su regreso al país, la señora de Tinoco se vinculó con las actividades arqueológicas y prestó notable colaboración económica y personal a la primera exposición arqueológica que se celebró en el país. Para procurarse el sustento dio lecciones en una escuela primaria y acepto un cargo en el Museo Nacional, que ocupó durante seis, años y en cuyo desempeño emprendió expediciones arqueológicas a lugares muy diversos del territorio nacional.

También le correspondió viajar a, Chile, Cuba, los, Estados Unidos de América, México y Panamá. Después vivió durante algún tiempo con la, familia de su hermana en Río de Janeiro, a donde había sido trasladado Don Antonio de Amaral Murtinho al concluir su misión en Noruega.

De 1943 a 1946 Doña Maria residió en Winona, Minnesota, en casa de su amiga Hartiet Buck. Durante su estancia allí prestó gran colaboración a la Cruz Roja de ese Estado. De regreso en nuestro país continuo dando muestras de sus inquietudes culturales.

Representó a Costa Rica en la Primera Conferencia Internacional de Arqueólogos de los países del Caribe, que se efectuó en Honduras en agosto de 1946, y fue una de las organizadoras de la Exposición de Arte Centro América – Panamá, que se celebró en diciembre de 1950.

Una larga y penosa dolencia, cardíaca la obligó poco a poco a, apartarse de sus múltiples actividades. Ya muy enferma, comprendió que el final estaba cercano, y llamó a su lado a sus seres, queridos, para entregarles algunos modestos obsequios y darles sus últimos consejos. En sus últimos momentos mantuvo la serenidad y la paz espiritual que la habían acompañado toda su vida.

Doña María Fernández de Tinoco murió en San José, el 23 de noviembre de 1961, a los ochenta y cuatro años de edad.

Referencias:

-Libro Las Primeras Damas de Costa Rica.

-Diario de Costa Rica.

-Libro Los Presidentes de Harold Bonilla Serrano.

-Página de Cementerio General de San José, Costa Rica en Facebook

-Investigación por Christian González para Facebook.

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