Puente sobre el Río San Carlos y su pasado, 1978.

Puente sobre el Río San Carlos en Curtis.

El enorme puente sobre Río San Carlos en Cutris, construido en el año 1978, es una de las grandes obras de infraestructura del cantón de San Carlos, porque permitió el acceso a comunidades alejadas de  otros cantones como Los Chiles, el  cual, el principal medio para llegar aquí era en avioneta.

Antes de ello, el Río San Carlos, era el  principal  obstáculo para acceder a varias comunidades alejadas del cantón. Para cruzar maquinaria o vehículos   se  usaba  un transbordador o ferry que estaba ubicado  la altura de Terrón Colorado, donde actualmente está el puente.

El traslado acuático por el  San Carlos fue por muchos años   la principal arteria de desarrollo de muchos pueblos sancarleños, por este,  se transportaban una gran cantidad de productos en lanchas, que los llevaban de Muelle hasta Sarapiquí, con el fin de intercambiarlos.

El nacimiento de una necesidad:

Durante gran parte del siglo XX, antes de que los puentes y carreteras asfaltadas llegaran a marcar el paisaje del cantón de San Carlos, cruzar el caudaloso río San Carlos era un reto cotidiano. Especialmente en época de lluvias, cuando los cauces se ensanchaban y la comunicación entre comunidades se volvía casi imposible, surgió la necesidad de una solución que no dependiera del clima ni de la topografía: un ferry.

Los primeros registros del uso de un ferry en la zona datan de los años 50, cuando campesinos, ganaderos y comerciantes comenzaron a usar plataformas flotantes rudimentarias —hechas con barriles, madera y cableado— para cruzar de un lado al otro con animales, carga, e incluso automóviles. Era un ingenio impulsado con poleas o incluso remado, dependiendo del tramo del río y la capacidad del operador.

Construcción del Puente.

De lo artesanal a lo mecánico:

Con el paso del tiempo y el crecimiento económico de la región, especialmente gracias a la ganadería y la producción agrícola, los ferries se modernizaron. En los años 70 y 80, algunos de estos sistemas ya contaban con motores o mecanismos de tracción por cable y eran administrados por gobiernos locales o asociaciones comunales.

Uno de los más recordados fue el ferry que operaba entre comunidades como Boca Arenal, Cureña y Santa Rita, zonas que hasta hoy conservan ese vínculo con el río como arteria de vida y desarrollo.

Muchos habitantes mayores aún recuerdan el sonido metálico de la plataforma al golpear contra la orilla, el crujir de las cadenas, y el saludo cordial del operador, que con sombrero y machete colgado al cinto, conocía a cada usuario por su nombre.

Un servicio vital… y peligroso:

Durante años, el ferry fue la única vía confiable para acceder a escuelas, clínicas, mercados y hasta para evacuar emergencias médicas. Pero también implicaba riesgos: había que cruzar con lluvia, con crecidas, en condiciones precarias. Algunos incidentes marcaron la memoria colectiva, como cuando el río se tragaba las plataformas mal aseguradas, o cuando vehículos eran arrastrados por la corriente.

A pesar de todo, para muchas familias, era más que un transporte: era símbolo de identidad y de lucha por salir adelante.

El ocaso del ferry:

Con la llegada de la infraestructura vial moderna, puentes como el de Boca Arenal y nuevas rutas de lastre fueron desplazando al ferry. Para inicios del siglo XXI, la mayoría de estos servicios habían sido suspendidos o abandonados, algunos por falta de mantenimiento, otros porque las comunidades ya no los necesitaban.

Hoy, los restos oxidados de algunas plataformas aún se encuentran a orillas del San Carlos, envueltos por la maleza o convertidos en improvisados muelles. Son como esqueletos flotantes de un tiempo que ya se fue.

Puente Río San Carlos.

El río sigue hablando:

Sin embargo, para quienes vivieron esa época, el ferry no es solo un recuerdo: es parte de su historia personal. En cada anécdota se revela cómo este modesto artefacto fue capaz de cruzar no solo el río, sino las distancias sociales, económicas y emocionales entre los pueblos del norte costarricense.

1973

“Yo llevé ahí mi primera vaca para vender en Florencia”, cuenta don Francisco Salazar, vecino de Boca Tapada. “Era todo un viaje, uno rezaba para que el río no subiera y el cable no se soltara.”

Hoy, en una Costa Rica que avanza hacia lo digital y lo instantáneo, rescatar la historia del ferry del río San Carlos es también rescatar el valor de la paciencia, la comunidad y la resiliencia. Porque antes de que llegaran los puentes, fueron las manos, los remos y las sogas quienes sostuvieron el progreso.

Referencias:

Gerardo Quesada A. Noticias El Norte Hoy.

Investigación de Mi CR de Antaño.

Fotografías varias de Internet.

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