Período Colonial Español (1560-1848) de la Arquitectura Costarricense.

A principios del siglo XVI, justo antes de la llegada de los españoles, la población del territorio actual de Costa Rica alcanzaba las 400.000 personas, la mayoría de ellas concentradas en el Pacífico Norte y en el Valle Central pero en 1611 esa población ya se había reducido a solo un poco más de 10.000 personas, un descenso de más del 90% en 42 años.

En 1523, Carlos V promulgó una serie de ordenanzas, las cuales determinaban que, siempre que se fundaran ciudades lejos de las costas, se repartieran “ plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor y sacando de ella las calles a las puertas y caminos principales”.

En 1564 se fundó y trazó la ciudad de Cartago en el valle del Guarco, en el lugar donde confluyen los ríos Purires y Coris . En 1575 fue trasladada al sitio donde se emplaza actualmente.  Junto a las dos únicas ciudades españolas que sobrevivieron durante gran parte del período colonial (Cartago y Esparza), estaban también los pueblos de indios Barva, Aserrí, Curridabat, Ujarrás, Pacaca, San Bernardino de Quepo y Nicoya.

La arquitectura eclesiástica de los siglos XVI y XVII era muy sencilla y estaba representada por los cuatro templos que tuvo Cartago en ese tiempo: la parroquia de Santiago Apóstol, la iglesia de San Nicolás Tolentino, el templo y convento de San Francisco y la iglesia la Soledad, la cual cumplía también funciones de beneficencia. De la misma época son el convento franciscano de Esparza y los templos de doctrina ubicados en el Valle Central y en la península de Nicoya.

Cartago - Iglesia de San Nicolas - 17 L.jpg
Iglesia San Nicolás Tolentino, Cartago

En un principio la estructura de los templos era de madera y paja. Después era de paredes de adobe y techo de teja y de una sola nave –con pies derechos cuando el ancho de la iglesia exigía ese apoyo–. Una espadaña o un sencillo campanario albergaba las campanas.

Iglesia de Orosi. Construida en 1743 por frailes franciscanos, está fabricada en gruesas paredes de adobe, posee una línea arquitectónica sencilla que le da un aspecto humilde y a la vez sobrio.

El templo de Ujarrás en ese momento habitado por ladinos fue construido con paredes de calicanto, tres naves, presbiterio con sacristía, oficina para el doctrinero y claustro adyacente.

Ruinas de la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Ujarrás. Edificada por los españoles entre 1686 y 1693, en mampostería de cal y piedra (calicanto).

En el pueblo de Orosi –repoblado a mediados del siglo XVIII con indios del pueblo de San José Cabécar, de Talamanca–, los padres franciscanos reconstruyeron el templo doctrinal (el cual se conserva hoy en día) siguiendo la tradición colonial: de adobe, con una sola nave levantada sobre horcones de guachipelín, artesonado sencillo de corte mudéjar, capilla lateral, claustro y hermosos aunque humildes altares barrocos. La fachada principal, de mampostería, presenta la sencillez de los templos coloniales costarricenses. El decorado de la torre del campanario es representativo del barroco centroamericano: un listón, ornado con balaustrada en relieve plano, adorna la sección superior.

Barva de Heredia, escultura del cacique Barvak y Templo Católico reconstruido en 1888.

Al oeste del Valle Central surgieron varios asentamientos: Heredia (1706), San José (1737), Alajuela (1782) y Escazú (1793). Y en la segunda mitad del siglo XVIII (también de manera espontánea) se incorporan nuevos núcleos urbanos fuera del Valle Central. Tal fue el caso de Cañas y Bagaces, que se encontraban dentro de las redes del comercio colonial con el norte.

Las casas de habitación de los vecinos principales constaban de un solar de un cuarto de manzana. Eran edificadas haciendo esquina, con sus horcones de cedro y corredores de caedizo, patio enclaustrado, cuadras de ordeño, tiendas y trastiendas, cocina ubicada lejos del cuerpo principal de la casa, otras dependencias y portón de entrada para carretas y bestias. Estas estructuras habitacionales contrastaban fuertemente con los ranchos de paja de los vecinos del común.

La casa del cabildo de Cartago –la construcción

Casa colonial típica en Escazú, San José. Esquinera, con corredores, patio central y zócalo de piedra.

civil más importante de la época estuvo ubicada desde un principio al costado norte de la plaza mayor (tradición que se siguió en las ciudades que se fundaron posteriormente). Sin embargo, era una construcción de adobe y tejas deficiente. No fue sino hasta mediados de 1751 cuando se construyó un edificio de adobes y techo de tejas, con ofi cinas para el ayuntamiento, la contaduría, sala de armas, una oficina para el gobernador y la cárcel.

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Parroquia de la Concepción de Heredia

La fachada templo de la parroquia de la Concepción de Heredia adquirió ese estilo. Su construcción se inició en 1797. A mediados del siglo XIX se remodeló y adelantó su fachada sobre el altozano, debido a que un terremoto dañó la original. Y en la década de 1870 se remodeló su interior, para darle un aspecto de estilo neoclásico, aspecto que aún hoy se conserva.

El tercer templo de la villa de San José (la primera ermita estuvo en otro sitio) fue intervenido en 1810 por Pedro Castellón, maestro de obras de León, Nicaragua quien le remodeló la fachada y le incorporó dos torres para darle el aspecto de parroquia. No obstante, varios temblores en 1821 y un terremoto en 1822 la dañaron.

En sus inicios, la Villa Nueva de la Boca del Monte (denominada hoy San José) estaba constituida por unos cuantos ranchos de paja, los cuales rápidamente dieron lugar a estructuras de adobes, bahareque y calicanto.

Esta Villa se situó en algún lugar, como su nombre lo indica en “la boca del monte” entre la antigua Garcimuñoz (Desamparados) y el actual centro de San José. Cuando se construyó la acequia que dio agua al “Monte” entonces se permitió la colonización de la actual San José en 1756. Más tarde, gracias al influjo del comercio, el espacio se vio invadido por propuestas arquitectónicas que ya no solo satisfacían al habitante de la ciudad, sino también a la administración colonial. Este fue el caso de la construcción de la Factoría de Tabacos que, con el aval de la capital del Reino de Guatemala, se emplazó desde 1782 en el espacio que actualmente ocupa el Banco Central de Costa Rica, y que fue, hasta principios del siglo XIX, el único edificio civil que rompía con la monotonía de las villas y ciudades de la provincia de Costa Rica.

En el último período colonial (a partir de 1780), el estilo arquitectónico predominante fue el neoclásico, aunque claramente mezclado con los materiales y técnicas de herencia local.

En resumen, la administración española de la provincia de Costa Rica no se preocupó por construir grandes edificios, ni públicos ni de otra índole.

Referencias:

  • Altezor, Carlos. Arquitectura urbana en Costa Rica. Exploración histórica 1900-1950. Cartago, Editorial Tecnológica de Costa Rica, 1986.
  • Fernández, Andrés. Un país, tres arquitecturas. Art nouveau, Neocolonial Hispanoamericano y Art Decó en Costa Rica 1900-1950. Cartago, Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2003.
  • Troyo, Elena y otros. Historia de la Arquitectura de Costa Rica. San José, Fundación de Museos del Banco Central, 1998.
  • Fumero, Ana Patricia. El advenimiento de la modernidad en Costa Rica: 1850-1914. San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004. San José, Editorial Costa Rica, 1978. González, Alfredo y González, Fernando. La Casa Cósmica Talamanqueña y sus Simbolismos. San José, Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED), 1989.
  • Gutiérrez, Manuel. La casa de adobes costarricense. San José, Departamento de Publicaciones de la Universidad de Costa Rica, 1972.
  • Gutiérrez, Samuel. Arquitectura Caribeña Puerto Limón, Bocas del Toro. Colombia, Editorial Escala Limitada, 1991.
  • Woodbridge, Richard. Historia de la Arquitectura en Costa Rica. Cartago, Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2003.
  • Fonseca Zamora, Oscar (1992). Historia antigua de Costa Rica: surgimiento y caracterización de la primera civilización costarricense. Universidad de Costa Rica. ISBN 9977-67-192-3.

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