Del oro de los Montes del Aguacate a la minería del siglo XX

Cuando pensamos en la historia económica de Costa Rica, casi inevitablemente aparecen el café, el banano y el ferrocarril. Sin embargo, mucho antes de que algunos de estos productos transformaran definitivamente al país, otra actividad despertó sueños de riqueza, atrajo inversionistas y trabajadores y abrió caminos hacia regiones todavía poco pobladas: la minería.
El oro fue, sin duda, el mineral que mayor fascinación produjo. Pero la historia minera costarricense es más antigua y diversa de lo que muchas veces imaginamos.
Un antecedente colonial: las minas de Cóncavas
Uno de los primeros denuncios mineros conocidos en Costa Rica corresponde a Cóncavas, al oriente de Cartago, en 1664. Para mediados del siglo XVIII ya se hablaba allí de un yacimiento que posteriormente fue explotado para obtener cobre, posiblemente entre 1750 y 1804.

Este episodio resulta particularmente interesante porque ocurrió décadas antes de la célebre fiebre del oro de los Montes del Aguacate. Investigaciones geológicas modernas han identificado en Cóncavas minerales como malaquita, calcopirita, cuprita, azurita y cobre nativo. (Revistas UCR)
Sin embargo, sería el oro el que verdaderamente marcaría los grandes ciclos de la minería costarricense.
Los Montes del Aguacate y la primera fiebre del oro
A comienzos del siglo XIX comenzaron a descubrirse y denunciarse vetas auríferas en los Montes del Aguacate, región situada entre sectores de las actuales provincias de Alajuela y Puntarenas.

Un documento particularmente valioso registra el denuncio de una veta de oro y plata en Sacra Familia, en la Montaña del Aguacate, en 1820. En diciembre de 1821 se denunció otra veta en Vista del Mar y entre 1822 y 1823 aumentó considerablemente el número de denuncios mineros.
La actividad adquirió tal importancia que en 1824 se creó la Diputación de Minería, encargada de conocer estos denuncios. Para 1840 se habían acumulado alrededor de 200 denuncios mineros. (Revistas UCR)
Entre las minas mencionadas durante aquel primer ciclo aparecen nombres como Corralillo, La Minita, Los Castros, Machuca, Oreamuno, San Miguel y San Rafael.
En 1835 se registraban siete minas que empleaban a más de cuatrocientas personas. La minería contribuyó además a estimular la llegada de extranjeros y el intercambio comercial con otros países. (Revistas UCR)
Era una Costa Rica todavía joven, con caminos difíciles y escasos medios de transporte. Sacar maquinaria y minerales de aquellos montes representaba toda una aventura.
Con el tiempo, el agotamiento de algunas vetas fácilmente accesibles, las dificultades técnicas y los elevados costos hicieron disminuir aquella primera bonanza.
Pero el oro costarricense todavía tenía mucho que contar.
Una segunda época minera
Durante la segunda mitad del siglo XIX mejoraron las comunicaciones entre Puntarenas y el Valle Central, haciendo posible transportar maquinaria más pesada. Algunas antiguas minas del Aguacate volvieron entonces a trabajarse.
Para 1892 funcionaban 19 minas en Costa Rica, doce de ellas en los Montes del Aguacate. (Revistas UCR)
Al mismo tiempo, la búsqueda del oro se extendía hacia otras regiones.
La franja aurífera del Pacífico costarricense llegó a comprender importantes distritos mineros como:
Esparza–Aguacate – Miramar – Guacimal – Abangares.
La Dirección de Geología y Minas describe esta mineralización como una franja de aproximadamente 100 kilómetros, siguiendo el pie suroeste de las cordilleras. (Geología)
Miramar y Montes de Oro
La minería dejó una huella tan profunda en esta región que hasta su nombre parece contar su historia: Montes de Oro.

Miramar y sus alrededores participaron del gran ciclo minero que se desarrolló aproximadamente entre 1890 y 1930, junto con Abangares y Guacimal. En esta segunda etapa tuvo especial importancia la participación de capital extranjero. (Repositorio DSpace)
Entre los yacimientos más conocidos se encuentra Bellavista, cerca de Miramar.
La actividad minera de esta región atravesó diferentes períodos de explotación, abandono, nuevas exploraciones y reapertura durante los siglos XIX, XX y comienzos del XXI.
Abangares: el gran símbolo minero de Costa Rica
Si existe un lugar inseparable de la historia del oro costarricense es Abangares, Guanacaste.
El descubrimiento de importantes yacimientos en la década de 1880 produjo una nueva fiebre del oro. Posteriormente, grandes compañías introdujeron maquinaria, infraestructura y métodos industriales de extracción.

A comienzos del siglo XX, la Abangares Gold Fields of Costa Rica, relacionada con el empresario estadounidense Minor Cooper Keith, llegó a emplear a más de 3.500 trabajadores. (Gestión Web UCR)
En aquel mundo minero convivieron empresarios extranjeros, ingenieros, obreros costarricenses e inmigrantes de diferentes nacionalidades.
Pero también existieron los coligalleros, mineros artesanales que buscaban oro por su propia cuenta y que en distintas épocas tuvieron conflictos con las grandes compañías que controlaban las concesiones. (Kérwá)
Las Juntas y La Sierra crecieron estrechamente vinculadas a esta actividad.
Minas como La Luz, El Recio, Tres Hermanos, Cuatro Vientos y Boston forman parte de esa geografía histórica abangareña. (Geología)
Mi Costa Rica de Antaño cuenta con una publicación especial dedicada a la historia de las Minas de Abangares y su patrimonio minero.
Guacimal, Esparza y otras zonas mineras
La minería aurífera no se limitó a los dos centros más conocidos.
Documentos históricos registran explotaciones y denuncios en Guacimal, Esparza, Atenas, San Ramón y otras localidades.
El Archivo Nacional conserva, por ejemplo, expedientes relacionados con permisos para explotar oro y plata en Guacimal y Montes de Oro, así como documentación de Minera Macacona Ltda. para explotar un yacimiento de oro en Macacona de Esparza. (Archivo Nacional de Costa Rica)
Curiosamente, Macacona no era una aparición reciente: existe documentación de 1909 relacionada con el denuncio de una antigua mina de oro en Santiago, antes Macacona, y con la Sociedad Minera Macacona. (Archivo Nacional de Costa Rica)
Décadas después ese nombre volvería a ocupar un lugar importante en la historia minera nacional.
La minería resurge durante el siglo XX
Después de las grandes explotaciones de finales del siglo XIX y comienzos del XX, la minería costarricense atravesó períodos de menor actividad.
Pero el interés por el oro nunca desapareció.
Durante las décadas de 1970 y 1980 aumentaron nuevamente las exploraciones. El propio Estado participó mediante Minera Nacional S.A. (MINASA) y proyectos de investigación realizados con instituciones nacionales e internacionales.
De aquella época se conservan estudios sobre filones auríferos en Guacimal y Beta Vargas y proyectos relacionados con oro aluvial en la Península de Osa. (Archivo Nacional de Costa Rica)
Macacona
Durante los años ochenta, Macacona, en Esparza, se convirtió en uno de los principales proyectos auríferos del país.
La producción de esta mina a cielo abierto representó una parte importante de la producción nacional de oro durante aquel período. (Revistas UCR)
La minería costarricense estaba entrando entonces en una etapa muy diferente de aquella del pico, la pala y los túneles del siglo XIX.
Ahora aparecían grandes movimientos de tierra, maquinaria pesada y nuevos sistemas industriales de recuperación del oro.
La fiebre del oro en la Península de Osa
Otro capítulo extraordinario ocurrió en el sur del país.
Durante la década l que de 1980, la búsqueda de oro aluvial adquirió gran importancia en la Península de Osa y Punta Burica.
El oro aluvial no necesariamente requería excavar profundas galerías. Las partículas del metal podían encontrarse mezcladas con arenas y sedimentos depositados por los ríos.
La búsqueda atrajo mineros artesanales y convirtió determinados sectores de Osa en escenarios de una nueva fiebre del oro.
Incluso los planes nacionales de desarrollo de la época contemplaban explorar y evaluar depósitos de oro aluvional en Osa y Punta Burica. (Repositorio SNP)
Era, de alguna manera, una versión moderna del viejo sueño que había llevado a los primeros mineros hacia los Montes del Aguacate más de siglo y medio antes.
Beta Vargas y Bellavista
En los años noventa surgieron o reaparecieron proyectos industriales.
Uno fue Beta Vargas, localizado en el sector de Pozo Azul, Abangares, cerca del límite entre Guanacaste y Puntarenas. En 1997 comenzó allí la explotación industrial a cielo abierto. (La Nación)
Otro proyecto particularmente conocido fue Mina Bellavista, en Miramar de Montes de Oro.
Su concesión minera tenía antecedentes desde 1956 y posteriormente fue ampliada. La explotación moderna utilizó minería a cielo abierto. (vLex)
Bellavista se convirtió también en escenario de una intensa discusión nacional sobre los beneficios económicos, los riesgos ambientales y el modelo de explotación minera que Costa Rica deseaba permitir.
De la riqueza mineral al debate ambiental
Durante buena parte del siglo XIX el descubrimiento de una mina era recibido fundamentalmente como una promesa de riqueza y progreso.
Para finales del siglo XX la percepción había cambiado.
Los movimientos ambientalistas, las comunidades, científicos, empresarios, trabajadores y gobiernos comenzaron a discutir cada vez con mayor intensidad los efectos de la minería metálica a cielo abierto.
Ya no se hablaba solamente de cuánto oro podía producir una mina.
También se preguntaba:
¿Qué ocurriría con el agua?
¿Qué sucedería con los bosques?
¿Qué riesgos implicaba el uso de sustancias químicas?
¿Cuánto beneficio económico permanecería realmente en las comunidades?
¿Y quién asumiría las consecuencias una vez cerrada una mina?
La minería se convirtió así en uno de los grandes debates ambientales de la Costa Rica contemporánea.
Costa Rica prohíbe la minería metálica a cielo abierto
El proceso culminó con una decisión histórica.
La Ley N.º 8904, del 1.º de diciembre de 2010, reformó el Código de Minería para declarar a Costa Rica país libre de minería metálica a cielo abierto.
La norma estableció expresamente que no se otorgarían permisos ni concesiones para exploración y explotación de minería metálica a cielo abierto en el territorio nacional, salvo permisos de exploración con fines científicos y de investigación. La ley entró en vigencia el 10 de febrero de 2011. (PGR Web)
La legislación contempló disposiciones particulares para la minería artesanal y declaró zonas de reserva minera en sectores de Abangares, Osa y Golfito. (Geología)
Por ello, hablar de la prohibición de la minería metálica a cielo abierto no significa afirmar que toda forma de minería desapareció del territorio costarricense.
Los coligalleros: una historia que continúa
En lugares como Abangares, la minería artesanal sobrevivió al cierre de las grandes compañías.
Generaciones de familias conservaron conocimientos sobre las vetas, la extracción de roca y la recuperación del oro.
El coligallero forma parte, por tanto, no solamente de la historia económica del país, sino también de una cultura minera desarrollada durante generaciones.
La propia legislación costarricense ha debido reconocer esta realidad y establecer disposiciones específicas para la minería en pequeña escala y las cooperativas de trabajadores mineros. (PGR Web)
Mucho más que oro
Aunque el oro domina nuestra memoria histórica, Costa Rica posee yacimientos y explotaciones de otros recursos minerales.
A lo largo del tiempo se han estudiado o explotado cobre, plata, manganeso, hierro, azufre, bauxita, calizas, arcillas, arenas y piedra, entre otros materiales. (Repositorio SNP)
Algunos forman parte de industrias fundamentales para la construcción y producción de cemento.
Por eso, la historia minera de Costa Rica es mucho más amplia que la historia de sus minas de oro.
Una historia escrita bajo nuestros pies
Desde aquella mina colonial de cobre en Cóncavas hasta los primeros buscadores de oro de los Montes del Aguacate; desde los túneles de Abangares y Miramar hasta los coligalleros de Osa; desde las grandes compañías extranjeras hasta las explotaciones industriales del siglo XX, la minería también ayudó a escribir la historia de Costa Rica.
Dejó pueblos, caminos, maquinaria, ruinas, documentos y relatos familiares.
Produjo riqueza, pero también conflictos.
Atrajo inmigrantes y capitales, generó trabajo y transformó comunidades, pero con el paso del tiempo también abrió profundas discusiones sobre ambiente, legislación y aprovechamiento de los recursos naturales.
Hoy muchos viejos túneles permanecen silenciosos y la vegetación ha cubierto instalaciones donde alguna vez resonaron mazos, motores y herramientas.
Sin embargo, debajo de esos montes permanece una parte poco recordada de nuestra historia.
Porque antes del gran café, junto al ferrocarril y mucho antes de la Costa Rica que hoy conocemos, hubo hombres que penetraron las montañas siguiendo una veta brillante y persiguiendo uno de los sueños más antiguos de la humanidad: encontrar oro.
Cronología básica de la minería costarricense
1664: uno de los primeros denuncios mineros conocidos, en Cóncavas de Cartago.
1820: denuncio documentado de oro y plata en Sacra Familia, Montes del Aguacate.
1821-1840: expansión de los denuncios y primer gran ciclo aurífero del Aguacate.
1824: creación de la Diputación de Minería.
Década de 1880: descubrimientos auríferos impulsan el desarrollo de Abangares.
1890-1930: gran ciclo minero de Abangares, Miramar y Guacimal, con importante participación de capital extranjero.
Década de 1980: explotación industrial en Macacona y auge del oro aluvial en Osa y Burica.
Década de 1990: nuevos proyectos de minería industrial, entre ellos Beta Vargas y Bellavista.
2010: aprobación de la Ley N.º 8904.
10 de febrero de 2011: entra en vigencia la prohibición de otorgar permisos y concesiones para minería metálica a cielo abierto.
Referencias generales
- Dirección de Geología y Minas de Costa Rica.
- Archivo Nacional de Costa Rica, fondos y expedientes mineros.
- Universidad de Costa Rica, Revista Geológica de América Central.
- Centro de Investigaciones Históricas de América Central, Universidad de Costa Rica.
- Castillo Rodríguez, Antonio. Estudios históricos sobre industria minera y coligallerismo en Abangares.
- Araya Pochet, Carlos. El segundo ciclo minero en Costa Rica (1890-1930).
- Bartels Villanueva, Jorge; Chavarría Castro, Baruc; Marín Hernández, Juan José y Viales Hurtado, Ronny. Estudios sobre minería en Bellavista-Miramar.
- Sistema Costarricense de Información Jurídica, Ley N.º 8904 y reformas.
- Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica, documentos históricos sobre desarrollo y recursos mineros.
Mi Costa Rica de Antaño