Archivo de la categoría: CULTURA COSTARRICENSE

Antiguo Cine-Teatro Apolo, Cartago, 1901-1950.

Ubicado al costado Noroeste del Parque Central de Cartago (Fotografía de Fotos Antiguas de C.R.)
Hoy día el Teatro Apolo. (La Nación).

El edificio se construyó entre los años 1913 y 1914. Entre los miembros de la sociedad que impulsaron este proyecto estuvieron el doctor Max Peralta, filántropo y Alberto Echandi, quien fue un destacado abogado y servidor público.

El antiguo Cine Teatro Apolo, es un hito referencial dentro de la trama urbana de la ciudad de Cartago.

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Mercando Leña

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-¡Hola, ñor José María! Traiga la leña pa bela. ¿Cuánto cobra?

-Sinco pesos.

-¡Abe María grasia plena! ¡Los tres dulsísimos nombres!
-Deje la jesuseadera; yo pido lo que yo quiero y uste ofrese lo que ofresca, que uste manija su plata y yo manijo mi leña, y no hemos de disgustalos por
cuestiones de pesetas. Eso sí, quiero disirle que repare en la carreta, y que espí si está cargada

Con consensia o sin consensia. Si le cabe un palo más me lo raja en la cabesa. Yo soy un hombre legal, feo desilo; pero bea, a yo naide me asariao hasta
l’ ora por mi leña. Esta es quisarra amariyo, laurel y madera negra: de jierro pa consumise, y pa prendese de yesca. Con una leñita asina, se lusen las
cosineras.

-Sí, pero está muy menuda; tres pesos le doy por ella.
-Por cuatro se la baseo.

-Si quiere los tres, basela.

-Se la pongo en tres con seis, nada más que pa que bea que yo si quiero tratar.

-No mejoro la propuesta. Acuérdese ques berano y que anda dunda la leña. ¿Sabe en cuanto compró dos carretadas tía Manuela, la mujer que bibe ayí onde
está echada la perra? ¡En sinco pesos!

-¡Caramba!, de fijo que era de serca. ¿Tal vez jocote o güitite?
-¡Que va pa güitite!… Buena: juaquiñiquil y targuá…
-Puede ser que asina sea. Mas volviendo a nuestro trato se la largo en tres cuarenta.
-Los tres pesos que le dije.

-Arrímeles la peseta y tratamos.

-Ni un sentavo.

-¿Donde le boto la leña?

-¡Abrite el portón, jacinta!

-¡Esta con yabe, tía Chepa!

-Aspérese, boy’abrile,

-¡Gui! ¡Güey biejo sinvergüensa! ¡Confisgao tan pachorrudo! Guí, guí. ¡Jesa, jesa, jesa!
-Éntrela en brasaos pequeños pa librar la chayotera. Coja por este saguan y d’ay crusa a la derecha, y en el rincón de l’esquina me l’acomoda en estebas

de modo que deje paso al común,

-¿Si? ¿De Deberas? ¿Con que quiere de remache que le meta yo la leña y que d’iay se la acomode, y que ha de ser de manera que de paso a la letrina? Dígame,
señora Chepa: ¿no le gusta más pelada y olorosa a yerbagüena, y con lasos en las puntas, y aspergiada de canela, y que además le regale como a moda de
una feria, el chonete, los güeisillos, los calsones, la carreta, y este chuso, y esta faja, y a la sonta de miagüela?

-¡Que hombresiyo tan malcriado!

-¡Cargue pronto con su leña!…

-¡No! Si la boy a dejar pa que la queme de muestra!… ¡Que me alse el Patas el día que güelba a tratar con biejas!

Aquileo Echeverría, Concherías.

Antigua Escuela Carlos Gagini, hoy Pilar Jiménez, Guadalupe, S.J., Ayer y Hoy…

Fotografia antigua de Carlos Solorzano Fonseca, Fotos Antiguas de C.R. Fotografía reciente de Maritza Cartín (Octubre, 2019)

En la fotografía antigua podemos ver una casona de madera donde inició la Escuela Carlos Gagini que más tarde se convertiría en la Escuela Pilar Jiménez. Esta fotografía está tomada de Oeste a Este (Costado Norte del Parque de Guadalupe). Años más tarde está escuela se traslada de lugar (del Parque 400 m Este).

La fotografía reciente vemos hoy día el Banco de Costa Rica. Fotografía tomada de Sur a Norte.

Ver también: https://micostaricadeantano.com/2019/07/08/escuela-pilar-jimenez-solis-guadalupe-s-j/

Himno Patriótico del 15 de septiembre!

En el siguiente enlace, un análisis de la letra del Himno Patriótico al 15 de Setiembre.


En el mismo, su autora nos lleva a explorar la situación social y política de la época en que el himno fue compuesto, así como la perspectiva del país en el momento, y que así lo reflejan los dos inmigrantes que lo compusieron, donde aún no se había terminado de conformar el ideario de Estado que se quería, pero que ya se habían fraguado las batallas contra los filibusteros, evento de suma importancia, que en definitiva, marcó a la nación entera, y a la región centroamericana, y demarcó el camino a seguir como República, y que alcanza hasta nuestros días inclusive.
Sin duda, un interesante análisis.

Continúa en el siguiente enlace:

http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/herencia/article/viewFile/10038/9443

Referencias:

-Realizado por María Isabel Carvajal Profesora de piano en la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica.
Publicado en Revista Herencia Vol. 20 (1 y 2), 127-136, 2007

-Marco Flores, Costa Rica y su historia.

Un Santo Milagroso

En poco tiempo había cundido por una parte de la provincia de Alajuela, la fama de una imagen milagrosa de San Jerónimo, de la que se contaban cosas extraordinarias, por no decir milagros. Los vecinos de San Pedro de la Calabaza (Hoy San Pedro de Poás, cabecera del cantón de Poás, provincia de Alajuela) y de La Sabanilla (Distrito del cantón de Alajuela. Hoy Sabanilla) se mostraban particularmente entusiastas, y la reputación del santo llegaba ya hasta la propia capital de la provincia, donde, para decir verdad, tropezaba con bastante escepticismo; pero no se debe olvidar que los alajueleños (Nota 3: El autor usa el gentilicio alajueleño, pero el uso que ha prevalecido es el alajuelense para referirse a lo perteneciente o al natural de Alajuela. Fin de la nota 3) son incrédulos empedernidos. Tuvieran o no razón los conciudadanos de Juan Santamaría (Nota 4: El tambor alajuelense, héroe de la guerra de 1856 contra los filibusteros norteamericanos. Fin de la nota 4) en mostrar desconfianza respecto de San Jerónimo, es lo cierto, que ya no había rosario, vela de angelito (Nota 5: Como en Colombia, angelito se llama al niño muerto, siempre que tenga muy poca edad. Fin de la nota 5) ni otra fiesta alguna en que no hallara santo de imagen presente. Todos se disputaban la honra insigne de hospedarlo, aunque fuese más que algunas horas, y sus frecuentes viajes eran triunfales, en medio de lucido acompañamiento que no le escatimaba la música, ni los cohetes, ni las bombas.

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Comprando Ayotes!

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<Cuánto me yeva por éste?
-Treintisinco y es botao.
Repare la clasia y béale
la cáscara y el tamaño
y el peso. Sobre una laja
que tenemos en el patio,
se crió como las craturas,
a sus anchas, bien chiniao.
Blasa le puso cariño dende que lo bido en cuajo,
y hasta la fecha di ayer
ha dormido cobijao:
cuando chiquiyo, con chuicas;
ya de adúltero, con sacos.
Hast’ayer, como le digo
que bin’un bandido chancho
di un besino, y al bijiar
qu’en Misa Mayor andábamos,
y qu’el perro que tenemos
estaba bien amarrao,
se dio gusto con los seles;
y si a tiempo no yegamos,
se atoya los desasones.
– <Y diay, nada reclamaron?
–Nada. P’alibio de males
el chanchiyo es del cuñao,
un hombre qu’es malo, bueno
y el mismo patas con guaro.
Blasa me dise: Mirá:
mejor quedate cayao
y pujá pa dentro; es pior
que formemos alegato.
Yo sé que sos di opinión,
por eso es que t’he cuartado.
<Pa qué lo bás a matar
o pa qué salir matao?
<Qu’el hirido o bós herido,
u entriambos a dos baldaos?
Pa que diga la gaseta:
“Ayer tarde en el Naranjo,
por custión di unos ayotes
que se comieron los chanchos,
ñor tal por cual y ñor otro
se dieron unos filasos,
Que la tierra les sea alebe!
Dios los haiga perdonao”!


Tenía una mat’e rosas
lo menos d’este tamaño;
pareci’un altar de Corpos;
pos el chanchísimo chancho
me le dió suelo.

–Caramba;
ya yo l’hubiera matao.

–Usté sí pero yo no.
Sabe por qué no le mato?
Poruqe pa yo qu’ese indino
tiene frutiya y mi aguardo;
ole como los dijuntos;
usa los ojos muy gachos;
tiene las pisuñas suabes
y muy duro el espinaso,
y le dan como tarantas.

–Estará mal arreglao?

–No, le biene de nasión;
al tata lu encanfinaron.

–Era también de su hermana?

–No, de Jasinto Camacho.
En jamás de los jamases
en casa ni an uno han criao,
porque Tata los desía:
tengan perros, tengan gatos,
tengan bacas, tengan güeyes,
tengan mulas y cabayos
y gayinas y poyitos
y chompipes y carracos,
pero Dios guarde me traigan
a la casa ningún chancho.
No quiero esos animales
pa nada, ni sancochaos;
y el día que me traigan uno,
por éstas que se los mato…

–Bueno, bolbiendo al ayote
en treintisincu es muy caro.

–Yébeselo por los treinta.

–Sól’una peseta cargo.

–Arréselo, que caray,
y aguárdese y se lo parto;
es q’entero no le cabe
ni a mentadas en el saco.

– <Yss! tiene las tripas negras
y está muy aguarapao.

–Ya lo bide, no lo yeve…

–Después de tanto cuidalo!…

–Maldita sean los demonios!
<Para chanchadas, los chanchos!

Aquileo J. Echeverría
Febrero de 1906