Las dos Casas del Presidente Mora

Como siempre me doy a la tarea de buscar artículos históricos de nuestra Costa Rica de antaño, me encontré este excelente trabajo que hoy deseo compartir con todos ustedes. Ojala tengan un tiempito y lo disfruten, se lo lean a sus hijos, a sus nietos para que se hagan una idea de los inicios de nuestra bella tierra.

Por Raúl Francisco Arias Sánchez

En la aún pequeña ciudad colonial de San José, dedicada a producir caña de azúcar y tabaco, nació Juan Rafael Mora Porras. Su casa familiar estaba en la actual calle 2, entre avenidas 2ª y 0, donde vivió hasta su mayoría de edad. Como presidente habitó otra casa, también propia, ubicada en la actual Avenida 2ª.

LA CASA FAMILIAR DE LOS MORA: NACIMIENTO DE UNA NACIÓN:

El 8 de febrero de 1814, pocos años antes de que diera inicio el proceso de independencia, entre 1821 y 1824, en el hogar del rico e influyente comerciante y regidor de la Municipalidad de San José Camilo Mora Alvarado y su esposa Ana Benita Porras Ulloa, nació su hijo primogénito Juan Rafael.

La casa de la familia Mora Porras se hallaba en el centro de la ciudad, que pronto llegaría a ser capital del Estado, pocos metros hacia el norte de la esquina oeste de la Plaza Mayor, en la actual Calle 2, entre Av. 0 y 2. Era una sólida construcción en adobe de dos plantas, ubicada a media cuadra, con estructura de fuertes horcones de madera, de color blanco encalado, con techo de teja y balcón central, en el que había macetas colgantes que adornaban la estancia.1 La casa formaba parte de un conjunto urbano aledaño perteneciente al mismo don Camilo.

Durante sus años de infancia y juventud, entre juegos callejeros, junto con los hijos de don Mariano Montealegre Bustamante –sus vecinos de barrio– y la asistencia a la cercana Casa de Enseñanza de Santo Tomás, Juanito y sus hermanos vieron discurrir los gobiernos sucesivos de los Jefes de Estado don Juan Mora Fernández y don José Rafael
de Gallegos. 2

 

Casa donde nacio juan rafael mora, la nación
Casa (de dos pisos y hacia el centro de la cuadra) donde nacieron don Juan Rafael Mora y sus hermanos (BNCR (1971)
Estas fotografías muestran la actual propiedad donde estuvo la casa del señor Juan Rafael Mora sobre Calle 2, Ave. 2. La placa en la fotografía fue develada e 15 de setiembre de 1914. (Foto Mariza Cartín)

En 1835 falleció don Camilo, siendo Jefe de Estado el Lic. Braulio Carrillo Colina. El joven Juan Rafael, con 21 años de edad, hereda las propiedades, la fortuna y los negocios de su padre.

La propiedad familiar se había segregado años antes, siendo adquirido el lote esquinero que daba al costado oeste de la plaza por el comerciante francés Leonzo de Vars, mientras que una franja intermedia con salida a la actual avenida 2ª la había comprado el Lic. Manuel Aguilar Chacón a don Camilo, en 1833. Más tarde, al morir don Manuel repentinamente en El Salvador, esta propiedad la heredó su esposa doña Inés Cueto de Aguilar y su hija Inés Aguilar Cueto, futura esposa de don Juan Rafael Mora.

Como miembro de la nueva clase económica y social josefina, don Juan Rafael, convertido por azares del destino en cabeza y columna de soporte de su vasta familia, hace frente a las deudas contraídas por su padre. En tal sentido, debió tomar importantes decisiones de negocios, al vender algunas de las propiedades construidas en San José e invertir la totalidad del capital comercial acumulado en la diversificación agrícola de sus fincas tabacaleras y azucareras; dichos cultivos serían sustituidos por el café, un nuevo producto para la exportación a los mercados ultramarinos de Europa y Chile.

Siguiendo los consejos del inmigrante británico-alemán George Stiepel –promotor de la Masonería en Costa Rica, alrededor de 1830–, tanto los principales propietarios de fincas en San José como los de minas de oro en los Montes del Aguacate, accedieron a sembrar café, con la esperanza de que la nueva cosecha fuese el motor del desarrollo económico que necesitaba el joven Estado. Mora y sus hermanos se arriesgaron, como los demás, aportando parte del primer cargamento de café que Stiepel llevó a Puntarenas, en el año 1839, para embarcarlo el “Halcyon”, buque mercante del capitán inglés William Le Lacheur; posteriormente, el capitán efectuó el trasiego de café en el navío “Monarch”. 3

Esta primera experiencia no colocó al café como el principal producto de exportación, siendo superado aún por dulce, cueros y palo Brasil. No obstante, la transacción rindió buenas ganancias, pues el negocio estaba en vender el café en forma directa, pagadero de inmediato en el puerto de embarque a precio internacional. Se demostraba así que el café era rentable, teniendo todas las posibilidades de ser el producto de comercialización que tanto se había anhelado para el mercado mundial.

En esta época, abril de 1842, hace su aparición en la escena política el general hondureño Francisco Morazán, quien ya había tocado tierra costarricense en 1840, ocasión en la que desembarcaron varios personajes salvadoreños que se quedaron a residir en el país. Entre ellos estaba el entonces capitán del ejército salvadoreño José María Cañas Escamilla, convertido años más tarde en el más destacado militar centroamericano y héroe nacional de Costa Rica.

Por instigación de una parte de la sociedad josefina, con la familia Montealegre a la cabeza, el general Morazán desembarcó del navío “Crusader”, en el Puerto de Caldera, y se dirigió hacia el Valle Central al frente de un batallón de 500 soldados salvadoreños, con la intención de derrocar al Jefe de Estado, Braulio Carrillo Colina. Sus reformas del Estado (Ley de Bases y Garantías), así como su proyecto de construir el camino hacia Matina, habían generado anticuerpos dentro del poderoso grupo de productores y exportadores cafetaleros, quienes veían al enérgico gobernante como un gran estorbo a sus grandes negocios.

El llamado “Pacto del Jocote”, selló uno de los más flagrantes y vergonzosos actos de traición a la patria que registra nuestra historia. Dos extranjeros: uno, Morazán, movido por la obsesión por recuperar el poder perdido en la República Federal; y, el otro, Vicente Villaseñor, inducido por la sed de poder y dinero, acordaron el derrocamiento de Carrillo, habiendo de previo negociado con los enemigos locales del gobernante la repartición del Estado y sendas recompensas para ambos.

Carrillo, con sentido patriótico y desprovisto de vanas ambiciones personales por perpetuarse en el poder a costa del sacrificio del pueblo, no aceptó los planes de resistencia civil y militar que le propusieron. Más bien tomó la decisión de firmar el acta de extradición a que le obligó el general Morazán, tomando rumbo a El Salvador, donde murió años más tarde, en 1845. Pocos meses después de haber tomado el poder, el general Morazán fue depuesto por las mismas fuerzas políticas y militares que lo habían traído a Costa Rica. Juzgado y condenado a muerte de forma sumaria, fue fusilado el 15 de septiembre de 1842 en el costado sur-oeste de la Plaza Principal de San José, junto a la tapia de la casa de don Francisco Arrieta; a su lado también fue pasado por las armas el traidor Vicente Villaseñor.4

Presidencia-Juan-Rafael-Mora-Porras segunda casa

La casa donde residía don Juan Rafael Mora con su esposa e hijos, en dos momentos: 1858 y 1950. Fuente: Archivos MHCJS [Dibujo de Ramón Páez (1858) en Fernández Guardia (1985)] y BNCR (1971). Revista Comunicación. Volumen 19, año 31, Edición Especial, 2010 (pp. 44-50)

 

Los productores-exportadores costarricenses, motivados por el éxito, establecieron una ruta directa hacia Puntarenas, terminada en 1844, siendo esta la vía por la que transitaron los cargamentos que inauguraron el llamado “ciclo inglés del café”. Este fue el auténtico motor de la economía costarricense que permitió consolidar un Estado nacional fuerte, así como permitió lograr un desarrollo infraestructural y socio-político acelerado en el siguiente medio siglo, que culminó con el “ciclo alemán del café”, entre 1890 y 1914.5

El ciclo inglés fue sin duda el de mayor trascendencia, en virtud de tres elementos innovadores: 1) un aumento significativo de la cantidad de café exportado, 2) la definición de un mercado meta focalizado en Inglaterra y 3) la creación de casas comercializadoras del café de Costa Rica con oficinas ubicadas en las principales ciudades inglesas como Londres y Manchester; surgieron así firmas como Mora y Aguilar, Montealegre y Aguilar, Aguilar, Iglesias y Tinoco.

Pese a la rápida expansión del café en todo el Valle Central, la reproducción capitalista del modelo agro exportador se concentraba en pocas manos, favoreciendo a los grandes productores, beneficiadores y comercializadores; actividades estas que eran ejercidas por unas cuantas y poderosas familias.

Con la cadena de producción -beneficiado, transporte y comercialización- controlada por la reducida clase exportadora, los pequeños productores quedaban expuestos a enfrentar los altos costos de producción, lo que los obligaba a solicitar financiamiento para sacar adelante la siguiente cosecha. Claro está que los grandes comercializadores y beneficiadores –dos cuerpos de una misma cabeza– no tenían problemas de financiamiento, puesto que el capital británico pagaba por adelantado, permitiéndoles financiar la producción de los pequeños bajo el sistema de “habilitaciones”, con condiciones de cumplimiento que cada vez se hacían más difíciles de satisfacer.6

La eliminación de los intermediarios foráneos en la fase de comercialización hizo que el grupo de grandes productores costarricenses pudiese controlar el ciclo completo (producción, beneficiado, transporte y comercialización), transformándose en poco tiempo en una verdadera “oligarquía cafetalera”, promotora de la formación del Estado Nacional en el decenio de 1850.

En 1846, como gran comerciante y líder de la clase cafetalera, don Juan Rafael Mora decide incursionar en la política y sale electo diputado por San José; posteriormente, fue miembro de la Asamblea Constituyente que dio por resultado la Constitución Política de 1847. Asimismo, acompañó como vicepresidente al Dr. José María Castro Madriz hasta junio de 1848, pero renunció a dicho cargo para dedicarse a sus actividades empresariales.

LA CASA DEL PRESIDENTE: REPÚBLICA,
SACRIFICIO Y PATRIOTISMO

En 1847, siendo una figura pública ampliamente reconocida en el aldeano medio de la alta sociedad josefina, don Juan Rafael contrajo nupcias con su vecina de muchos años, la señorita Inés Aguilar Cueto. En una porción de la propiedad que pertenecía a su suegra y a su esposa, en avenida 2ª, se construyó una espaciosa casa de habitación para el nuevo hogar Mora Aguilar. La casa tenía un gran balcón volado cubierto de plantas ornamentales, la cual sería conocida hasta mediados del siglo XX como “la casa del Presidente”.

Con la fundación de la República, en agosto de 1848, obra del Dr. José María Castro Madriz y del Congreso de la República, el país logró mayor reconocimiento de la comunidad internacional, con lo cual pudo establecerse una política diplomática definida y misiones consulares y embajadas en todo el mundo, para obtener legitimidad como Estado y como República. El país comenzó a manejar internacionalmente el tema de las relaciones internacionales con las potencias europeas, como Inglaterra, y los EE.UU., así como la fijación de límites con Nicaragua y Nueva Granada (Colombia).

Pero la fundación de la República no obedeció solo a un hecho eminentemente político, concebido por el pensamiento filosófico liberal de los gobernantes, sino que fue también el producto de un desarrollo económico y social generado mucho tiempo atrás. La producción y exportación de café al mercado inglés hizo que para mediados del siglo XIX el país experimentara un verdadero despegue económico, que diferenció a Costa Rica del resto de países centroamericanos y determinó un modelo social “a la tica”, caracterizado por mantener una mano de obra cafetalera asalariada, dentro de un marco de producción compartido entre pequeños, medianos y grandes terratenientes.

Este modelo social y económico cubrió a prácticamente toda la población del Valle Central, quedando por fuera la población guanacasteca, de vocación ganadera, en franca transición hacia el proceso de integración con la nueva República de Costa Rica. También fueron excluidos los grupos indígenas, marginados del desarrollo económico y social desde los tiempos coloniales debido a su auto aislamiento en las alejadas e inaccesibles zonas montañosas.

En noviembre de 1849, por un pronunciamiento de los altos mandos militares, el presidente Castro Madriz se vio obligado a renunciar al cargo, renuncia que fue aceptada
por el Congreso. Se llamó a ocupar, entonces, la presidencia a don Juan Rafael Mora, quien ocupaba por segunda ocasión la vicepresidencia y quien continuó el mandato hasta 1853, para terminar el período que correspondía a Castro Madriz.7 En las elecciones celebradas ese año, don Juan Rafael obtuvo el triunfo para gobernar en el período 1853-1859.

Durante este segundo período constitucional, él dio enorme impulso a la modernización de la ciudad de San José. Se construyeron grandes y bellos edificios, como el de la Fábrica Nacional de Licores y el Palacio Nacional, obras del ingeniero alemán Francisco Kurtze. También se construyó e inauguró el Hospital San Juan de Dios, se adoquinaron las calles y se colocó un sistema público de iluminación con faroles de canfín.

Además, en conjunto con su amigo y asesor el Dr. Nazario Toledo, el presidente Mora fundó el Protomedicato de la República, entidad que agrupaba y autorizaba el ejercicio profesional de todos los médicos, cirujanos y farmacéuticos nacionales y extranjeros residentes en el país. Después esta organización se convirtió en la Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia y, a partir de 1940, se transformaría en el actual Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica.8

En el plano diplomático, se establecieron relaciones con los más importantes países europeos, especialmente Francia e Inglaterra, este último principal socio comercial de Costa Rica. Se contrató los servicios de instructores militares como el coronel polaco Ferdinand von Salich, al que se agregó más tarde el barón prusiano Alexander von Bülow y su grupo de ingenieros militares, alemanes como él, quienes llegaron al país con el propósito de desarrollar proyectos de colonización. En 1854, don Juan Rafael instruyó al embajador en Inglaterra, Eduardo Wallerstein, para adquirir armamento militar moderno para actualizar el parque del ejército nacional, el cual databa de la época de Morazán.

Todos los días, el señor Presidente, o don Juanito, como le llamaba cariñosamente el pueblo, salía de su casa dehabitación, donde ondeaba el Pabellón Nacional, colocado en lo alto del balcón, con rumbo al cercano Palacio Nacional, donde hoy se levanta el Banco Central.

PÉRDIDA Y OLVIDO DE LAS CASAS DE MORA

Después del magnicidio de don Juan Rafael Mora y el general José María Cañas, ocurrido en 1860, durante la  segunda mitad el siglo XIX y primera parte del siglo XXla propiedad familiar original de los Mora Porras fue segregada y vendida a particulares, lo mismo que otras valiosas propiedades en San José y Alajuela. La casa donde vivió don Juan Rafael cuando ejerció la presidencia de la República fue vendida a particulares y permaneció en pie hasta 1950.

Por su parte, la casa de su nacimiento, es posible que haya sido adquirida, junto con la propiedad esquinera, por el francés Leonzo de Vars, quizás al morir la madre de los Mora Porras. Lo anterior es tan sólo una hipótesis, surgida de la situación que de seguido se describe.

En 1851, Nicolás Gallegos –profesor de la Universidad de Santo Tomás– realizó un plano de ubicación de propiedades y sus propietarios en la ciudad de San José, marcando en el sector de la cuadra sobre la calle 2, entre avenidas 2ª y 0, solamente dos propiedades, una perteneciente a doña Jerónima Fernández, viuda de don Mariano Montealegre Bustamante, colindante con la otra propiedad identificada por Gallegos, la del señor de Vars.9 Dado que el Lic. Manuel Argüello Mora, sobrino de don Juan Rafael, casó con una hija de de Vars, al morir aquel, don Manuel tomó posesión nuevamente de la antigua casa de la familia Mora, que permaneció en sus manos hasta su muerte, en 1902. Pocos años después, sus descendientes vendieron la vieja casa, en donde se construyó un edificio conocido como Leiva y Compañía, en 1909.

Con motivo de cumplirse el primer centenario del nacimiento de don Juan Rafael, el 8 de febrero de 1914, el entusiasta patriota morista Octavio Castro Saborío promovió un movimiento popular que culminó con la colocación de una hermosa placa de mármol en la casa natal del héroe; por cierto, sería él quien en 1929 promovería la erección del monumento al héroe, ubicado frente al edificio de Correos y Telégrafos.

Sin embargo, durante la preparación de los actos conmemorativos, se planteó la duda acerca de cuál era la verdadera casa donde don Juan Rafael había nacido. Hilje (2009) relata que el propio Castro creía que el prócer había nacido en una casa esquinera, diagonal a la esquina noroeste del Parque Central, propiedad de don Teodosio Castro, ocupada entonces por la firma Leiva y Compañía; en ese punto se levanta hoy el edifico Patterson, que alberga la tienda Zapatto.

Para tener pruebas fehacientes, Castro publicó un artículo en el diario La Opinión, titulado “La casa en que nació Mora” (3-7-1914), en el cual señalaba la ubicación que él tenía por cierta. Pero, a su vez, solicitaba información a los descendientes del extinto don Manuel Argüello Mora. Tres semanas después (25-7-1914), Juan Rafael Argüello de Vars respondía en el periódico El Noticiero, indicando que su padre le había contado que don Juan Rafael no nació en la propiedad de la esquina, sino un poco más al sur, en una casa todavía perteneciente a la familia, en el primer aposento hacia el sur de la casa, conocido como “el cuarto de mamá”, ubicado contiguo a la propiedad de don Teodosio.10 Dicha información es contundente para establecer la casa donde el prócer vio la luz por vez primera.

El edificio de Leiva y Compañía estuvo en pie hasta el decenio de 1955, siendo demolido para levantar el cine Coliseo y después el sitio sería ocupado por el cine Central. La placa de mármol colocada en 1914 quizás sufrió algún accidente en el momento de la demolición del edificio Leiva y Compañía, ya que la placa que posteriormente fue colocada en la pared del Cine Central no era la misma que develó don Octavio Castro. Esta segunda placa era de dimensiones más pequeñas y el texto grabado también era otro.

Posiblemente la placa original se fracturó de la mitad hacia abajo, al momento de ser bajada de la pared en el segundo piso, donde se hallaba, entonces, el propietario del cine Coliseo, Ramón Coll, mandó a elaborar una segunda placa, más pequeña y sencilla que la primera, traspasándole un valioso elemento escultórico simbólico, que resultó ileso del accidente.

La segunda placa permaneció colocada en la pared del edificio del cine Central hasta su desaparición, cuando demolieron la estructura, a principios del decenio de los 80. Por años no se supo cual había sido la suerte corrida por la placa, hasta que, a mediados de los años 90, Rafael Ángel Fonseca –funcionario del Centro de Investigación del Patrimonio Cultural– la descubrió por casualidad debajo del mostrador de una tienda de ropa cercana a la Avenida Central. De inmediato procedió a reclamarla y sería reinstalada meses después en la pared del edificio que sustituyó al del Cine Central.11

En el año 2009, funcionarios del Centro de Patrimonio, trabajando en un proyecto de rescate de edificios históricos, observaron que una caja de registro de cables eléctricos, colocada debajo de la placa, era utilizada por algunos transeúntes para depositar basura, lo que impedía ver la placa; por ello, se decidió emprender un proyecto de investigación sobre los antecedentes históricos de la placa, así como la construcción de un pedestal para colocar la placa en un lugar apto y visible, de manera que todo el público pueda leerla y conocer acerca del lugar donde nació nuestro héroe nacional. Fue así como gracias a la colaboración de la Municipalidad de San José, Fundecooperación para el Desarrollo Sostenible y la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, el 30 de setiembre del 2009 se develó un pedestal en el bulevar sobre calle 2, entre la avenidas 2ª y 0. Este contiene en uno de sus costados la placa de 1955, mientras que en el costado opuesto se colocó una hermosa placa nueva de mármol, que muestra el grabado de la casa familiar de los Mora, al pie del lugar donde nació hace casi 200 años el más ilustre de los hijos de esta patria, que gracias a él, sigue siendo libre y soberana.

Placa de la casa de Juan Rafael Mora

Nuevo pedestal, con las placas conmemorativas del nacimiento de don Juan Rafael, frente al sitio exacto donde él nació. Foto Maritza Cartín

 

NOTAS
1 La fotografía más antigua de la casa data de 1871, pudiendo
apreciarse los detalles ornamentales descritos.
2 La familia Montealegre Fernández tenía su residencia 50 metros
al norte de la casa de los Mora, en la esquina que ocupara la
radio Monumental hasta hace pocos años.
3 León Sáenz (2002), p. 233.
4 bregón Loría (1979), p. 50-52.
5 Arias Sánchez (2009), p. 20-25.
6 Baires (1975) y Acuña y Molina (1991), entre otros, han estudiado
el tema del capitalismo agrario expansivo y las habilitaciones
a los medianos y pequeños propietarios.
7 Obregón Loría (1991), p. 319-324.
8 Arias Sánchez (2002), p. 258.
9 El mapa de Nicolás Gallegos se puede consultar en el Archivo
Nacional de Costa Rica o en una copia que se encuentra en el
Centro de Patrimonio Cultural, Ministerio de Cultura.
10 Hilje (2009).
11 Rafael Ángel Fonseca (2009), comunicación personal.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Arias Sánchez, Raúl Francisco. Las dos casas del presidente Mora. Comunicación, 2010. año/vol. 19, EDICIÓN ESPECIAL. Instituto Tecnológico de Costa Rica. pp. 44-50 ISSN Impresa 0379-3974/ e-ISNN 0379-397
  • Acuña, V. H. y Molina, I. (1991). Historia económica y social de Costa Rica (1750-1950). Editorial Porvenir. San José, Costa Rica.
  • Argüello, M. (1898). La trinchera y otros relatos. En: Páginas de Historia. Imprenta El Fígaro. San José, Costa Rica. 320 p.
  • Arias Sánchez, R. (2009). La era del café en Costa Rica. Forja de una Nación. Centro de Investigación del Patrimonio Cultural.
    Costa Rica. 175 p. Inédito.
  • Arias Sánchez, R. (2002). Del Protomedicato al Colegio de Médicos y Cirujanos: 145 años de Historia. Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica. San José, Costa Rica. 375 p.
  • Baires, Y. (1975). Las transacciones inmobiliarias en el Valle Central y la expansión cafetalera de Costa Rica (1800-1850). Editorial Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica. 285 p.
  • Banco Nacional de Costa Rica (BNCR). (1971). La ciudad de San José (1871-1921). Imprenta Lehmann. San José, Costa Rica. 200 p.
  • Costa Rica. (1980). Dirección General de Estadística y Censos. Censo de Población de 1864 (Reproducción). San José, Costa Rica. 320 p.
  • Fernández Guardia, R. (1985). Viajeros por Costa Rica en el siglo XIX. Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA). San José, Costa Rica. 583 p.
  • Gallegos, N. (1851). Plano de la ciudad de San José.
  • Hilje, L. (2009). Donde nació don Juanito. Diario digital Nuestro País (1-6-2009).
  • León Sáenz, J. (2002). Evolución del comercio exterior y del transporte marítimo de Costa Rica: 1821-1900. Colección Historia de Costa Rica. Editorial Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica. 385 p.
  • Obregón Loría, R. (1979). Hechos políticos y militares de Costa Rica. Editorial Costa Rica. San José, Costa Rica. 419 p.
  • Obregón Loría, R. (1991). Costa Rica y la guerra contra los filibusteros. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría. Alajuela, Costa Rica. 409 p

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