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La Antigua Botica Solera, San José, 1901-1950.

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Se encuentra ubicado en Calle 8 y 10,
Avenida 11, Barrio México

En el siglo XlX en una cuña de tierra entre la Carretera Nacional a Provincias y la Carretera Antigua conocida hoy como la carreta hacia la Uruca y Barrio México en Calle 10, al extremo norte del cuadrante Paso de la Vaca; se ubicó el inmueble del Edificio Solera adquirido en ese momento por Francisco Peña Castro.

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Barrio México…su historia!

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Una vista aérea del parque y la iglesia de Barrio México (FotosAéreasCR.com)

Historia

En 1910 debido a la destrucción sufrida por el Terremoto de Cartago hubo migración hacia la ciudad de San José. Las familias de perfil obrero que buscaban un lugar cercano al centro y a la vez accesible económicamente empezaron a poblar el lugar llamado en ese entonces Rincón de Cubillo.

El 23 de noviembre de 1923 la comunidad recibe a solicitud de la Junta Progresista de vecinos el nombre de Barrio México en homenaje a la ascendencia mexicana del Gobernador de la provincia José Luján Mata.

Ceremonia de inauguración de barrio México, el 21 de octubre de 1923, con la presencia del presidente Julio Acosta García. Fotografía de Manuel Gómez Miralles, aparecida en el ‘Diario de Comercio’ (24 de octubre de 1923).
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Teatro Colón, Barrio México, San José.

Teatro Colón
Fachada del Teatro Colón a mediados de la década de 1950. El teatro se ubicaba en la calle 20, en el centro del barrio México. Presentaba películas y, en ocasiones, espectáculos con artistas. Cerró sus puertas en 1970. Fotografía: Margarita Rojas.

El barrio México se hizo en la década de 1930. Su límite norte era el río Torres, con la cuesta de Neón Nieto y el barrio Iglesias Flores; al occidente finalizaba con el Liceo de San José, seguido por el barrio Claret, y al este con la antigua Penitenciaría. En algún momento, tres salas de cine coexistieron en el barrio: dos en la periferia y una en el centro.

Sobre la avenida séptima, a un par de cuadras de distancia, estaban el Gran Cine Líbano y el Cine Coliseo; sobre la calle 20, el Teatro Colón. A pocas calles de los dos primeros estaba también el Cine Adela, en la zona del mercado Borbón, cuya zona “roja” limitaba con el Barrio México por el lado sur. Seguir leyendo Teatro Colón, Barrio México, San José.

Barrio El Paso de la Vaca, Distrito Merced, San José.

Paso de la Vaca» en San José, Costa Rica, es un lugar histórico y popular ubicado principalmente en la zona de la Calle 8 y Avenida 9, en el distrito de la Merced, cerca del antiguo Mercado Borbón y Barrio México, recordado por una tradición navideña, aunque hoy puede referirse a un punto de referencia o incluso negocios en esa área. 

Década de 1970 El «Paso de la Vaca», en la calle ocho de la ciudad capital, San José de CR, observándose el todavía activo «MERCADO BORBÓN». Foto de autor desconocido.

Origen del Nombre:
El nombre se debe a una familia (los Abarca) apodada «los bueyes» que, para evitar burlas, encargó a un escultor que hiciera una vaca en su portal navideño, diferenciándose del buey y la mula tradicionales. Así, la gente empezó a decir: «Vamos a ver el paso de la vaca», y el nombre se quedó en esa zona de la ciudad. 
Leyenda:

«Recuerdo que una vez me hicieron ir a traer una encomienda cerca


del Mercado Borbón, a unos doscientos metros al norte del antiguo Almacén La Granja, en calle ocho, avenidas cinco y siete camino a la antigua Botica Solera, Barrio México.

En mis escasos once años lo que más recuerdo es que se me dijo que era por el “Paso de La Vaca” y es hasta ahora que ya sé por qué se le ha denominado con este nombre; bueno, eso creo…

¿Qué origen tiene la denominación “El Paso de La Vaca”?

Me lo contó un anciano que se las sabe todas, de esos que no pierden ni el mínimo detalle de lo visto o escuchado.

San José era una ciudad “pichoncita”, tanto que las casas, al igual que las primeras plumas, iban apareciendo aqui y allá, entre verdura y sosiego. La gente fraternizaba un tanto, pero de lejos. El rudo trabajo apenas les permitía el tiempo de hacer la colación en familia, rezar el rosario, y cuando más antes de recogerse, salir a la “tranquera”, a comentar sobre el día de trabajo y escuchar algunas viejas leyendas o historias; a la vez, el poder compartir con algún vecino o viajero que con dificultad pasara por sus casas.

Los domingos asistían todos a la misa, y las comadres hablaban ya que era la única oportunidad para charlar y chismear, mientras regresaban en compañía de las vecinas.

Por aquella época -la de esta leyenda- se tenía, como ahora, mucha veneración por los santos y era difícil que en cada casa no se hallaran algunos, aunque fueran en pintura. Sobre todo los San José eran imprescindibles, con la ventaja de que lo mismo servía para la fiesta del patrono, que para figurar en el indispensable portal de fin de año.

Las mujeres, pues, tenían todos sus camarines en que alojaban muellemente las doradas imágenes, y era de verse la solicitud con que limpiaban y acicalaban al Niño Dios o pegaban un cuerno o una oreja -como ahora-, al buey o la mula, si la humedad se había atrevido al sacrilegio.

Y acertó a darse una vuelta por aquí un escultor que venía de Guatemala, recomendado al señor cura de Cartago, sumamente hábil en tallar madera. Todos a una quisieron proveerse de santos de bulto. Pero la desgracia era que el escultor cobraba caro. No hubo más que una casa de unos tales Abarca que pudiera costear los suyos. Y el artista se quedó, y los hizo precisamente al acercarse el fin de año.

He aquí que las comadres salían una mañana a misa despachadas por su pobreza, y una dijo:

-Vayan a ver el portal de Ñor Abarca…

-¿Qué tal les resultaron los santos? Son bonitos, pero yo creo que no los pueden bendecir.

-¿Y eso?

-¡Pues no va el fuerero ese, el artesano, y le hace los animales imperfectos! En vez del buey y la mula, hizo la mula y una vaca; y es que como a todos los Abarca los llamaban “bueyes” porque trabajaban muy fuerte desde que salía el sol hasta que se acostaba, eran tan trabajadores como los bueyes. Y además de esto, es que la familia de Ñor Abarca eran todos hombres y ninguno se le había casado. Ñor Abarca le dijo al artesano que le ponían tetas o no lo pagaba.

-Si, pero dicen que el cura les dio el permiso para que no les sirviera de mala tentación.

La noticia cundió allí mismo; y por la casa de Ñor Abarca desfiló todo San José, a ver la vaca del paso Y como la cosa era tan singular en realidad, después había quién preguntará:

-¿Me da razón dónde vive fulano?

-Coja allí, por la calle de los Abarca…

-No sé dónde vivirán…

-¡Hombre: aquellos que llaman los “bueyes”, los del paso de la vaca!

-¡Aja! Dios se lo pague.»

Referencias:

-Investigación Mi CR de Antaño.

-Fabio Baudrit “El Paso de la Vaca y otros relatos”, Editorial Costa Rica.

-Fotografías varias de Internet.