El primer Cafetal en Costa Rica

Hace 200 años ya existía un cafetal en pleno centro josefino.

Aunque durante el período de la Independencia era la menos desarrollada de las provincias centroamericanas, Costa Rica fue la primera de ellas en establecer el cultivo del café como industria.

Tan floreciente llegó a ser el negocio, que al Estado Nacional producto del “grano de oro” se le ha llamado la República del Café (1848-1948). Empero, al día de hoy no ha podido determinarse con exactitud la fecha de introducción del café a nuestro territorio.

Así, por ejemplo, basándose en viejos documentos, se han propuesto los años de 1791 y 1808 como la fecha, y Panamá y Jamaica como su origen respectivo. Más en opinión de la geógrafa Carolyn Hall, “sea cual fuere la fecha exacta (…), el nuevo grano fue por muchos años, sobre todo a principios del siglo XIX, nada más que una curiosidad botánica en los jardines de las casas urbanas” ( El café y el desarrollo histórico-geográfico de Costa Rica ).

Llegada y cultivo. El cafeto es un arbusto subtropical de la familia de las rubiáceas, del género coffea. De hojas lustrosas y alargadas, sus blancas y delicadas flores semejan a las del jazmín. Seis meses después de la floración le aparecen racimos de color verde intenso, que conforme maduran se vuelven de un rojo carmesí.

 

Edificio esquinero sobre Avenida Central donde estuvo el primer cafetal. Placa de Sintercafé (Fotografía de Maritza Cartín)

Sobre su origen botánico, existe consenso científico respecto de que está en el noreste de África, concretamente en Etiopía. Sería así una de las primeras plantas en ser domesticadas y sembradas a voluntad, y desde muy temprano también se atribuiría al sabor dulce y estimulante de sus frutos maduros, una sensación de bienestar.

A partir del siglo XVII, junto al cacao y al té, el café se convirtió en la base de las bebidas no alcohólicas que cambiarían para siempre los hábitos y costumbres del hombre europeo. A América, por su parte, llegó en el siglo XVIII de mano de los franceses, que lo cultivaron en Haití y Martinica, mientras que los ingleses lo introdujeron en Jamaica.

De ahí pasó a los dominios españoles, específicamente a Cuba, y su cultivo se extendió al istmo centroamericano de forma tan poco notable como difícil de precisar por ello. Así, hubo de ser a finales del siglo XVIII e inicios del XIX que arribara a Costa Rica.

Consultada sobre el particular por la Oficina del Café, en 1979, la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica –después de descartar por circunstanciales otras posibles fuentes– respondió que: “El primer documento incontrovertible, es el testamento del presbítero Félix Velarde, otorgado en San José el 12 de febrero de 1816, en donde declara entre sus bienes, ser poseedor de un solar sembrado de café, (…) cerrado con lienzos de tapia”.

“Con este dato, cesa toda especulación y nos hallamos ante una prueba irrefutable, de que al fin ya hay un cultivo de alguna significación” ( Historia del origen y fecha de siembra de los primeros cafetos en el país ).

Un clérigo benefactor. Hijo del acaudalado matrimonio de Francisco Javier Velarde y Antonia Umaña Corrales, Félix José Velarde Umaña nació en Cartago, en 1758. Sus primeros estudios los hizo allí y los superiores los realizó en León de Nicaragua, donde fue ordenado sacerdote hacia 1783.

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Edificio de la Compañía de Fuerza y Luz hacia 1950. Fotografía Andrés Fernández para la Nación

Una vez aquí, ejerció su ministerio sacerdotal en varios lugares del país, viniendo por fin a residir a San José, donde fue cura párroco de 1786 a 1799. Para entonces, la futura capital se estructuraba alrededor de la Plaza Principal, con la casa del Cabildo al norte y la iglesia parroquial al este.

A partir de ahí, una trama de calles rectas de norte a sur y de este a oeste, la dividía en manzanas de más o menos 100 por 100 varas castellanas. Éstas a su vez se dividían en cuatro predios o solares de 50 por 50 varas, donde se ubicaban esquineras las casas de adobes o crecían los huertos familiares, rodeados de “lienzos de tapia” de adobes entejados.

Valorado en 225 pesos, uno de aquellos solares era el de Velarde, y según el cronista Alberto Quijano “el café recogido en el lote (…) produjo 11 fanegas que se vendieron en 55 pesos y debió haber sido sembrado unos cinco años antes o sea en 1811”.

Es decir, que poco antes de recibir San José su título de ciudad, en 1813, se daban ya los primeros pasos de la transición de la economía colonial al capitalismo agrario, que sacaría adelante a la Villita y a Costa Rica misma. Sin embargo, igualmente trascendente, es el que fuera Velarde el más entusiasta propagador del cultivo entre los josefinos.

Anota Quijano: “Con paciencia franciscana, iba el buen sacerdote de casa en casa distribuyendo la semilla y explicando a los favorecidos el sistema que debían emplear para que germinara. La fe que alentaba al Padre Velarde en las buenos resultados de su generoso empeño, tuvo la rara virtud de despertar el interés de todos y poco a poco las tierras de la Meseta Central se fueron cultivando con ese grano de oro”

El solar en cuestión, se sitúa en la esquina sureste del cruce de Avenida Central y Calle Central, punto cero de la ciudad. Según Quijano, “exactamente en el sitio que hoy ocupan los edificios de las Compañías Eléctricas y el Almacén de los señores Feoli & Co.” ( Costa Rica ayer y hoy ).

Un solar, dos edificios. De alto valor patrimonial, afortunadamente ambos inmuebles se conservan actualmente. El primero de ellos, en efecto, fue ocupado durante muchos años por lo que sería luego la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, por lo que desde allí se administraban tanto el tranvía como la telefonía de la capital.

Obra de estética ‘art-nouveau’ tardía, ocupa la mitad del predio original con frente a la Avenida Central y es diseño del ingeniero-arquitecto costarricense Ernesto Castro Fernández, único de nuestros viejos profesionales graduado en París. De ahí, también, la parisina apariencia del edificio, notable sobre todo en la cubierta metálica de tejuelas romboidales que cierran el ático o cuarto piso, y en las decoradas buhardillas que lo ambientan.

De acuerdo con el diario La Nueva Prensa del 29 de mayo de 1926, sería “uno de los edificios de más altura de la ciudad, todo de hierro [y ladrillo confinado], estilo moderno. La construcción es importada de la casa Schawartz-Haumont de París, bajo los planos del Ing. Castro Fernández, quien calcula que dentro de 8 meses podrá estar terminado”.

Esquinero, el edificio Feoli ocupa la otra mitad del predio aquel. Construido en concreto armado y ladrillo confinado, en 1925, es diseño del ingeniero-arquitecto italiano Enrico Nazari Tanzi. Obra ecléctica y de dos pisos, su disposición es totalmente funcional, con una puerta esquinera y tres laterales, una de las cuales da paso a la segunda planta, independiente de la baja.

Sus puertas y ventanas son ritmadas por pilastras compuestas que culminan tras la cornisa en unos pedestales rematados, que ritma a su vez un antepecho que alterna paños ciegos y afiligranados para disimular la techumbre. Los barrocos detalles decorativos, hacen lo demás en este edificio ubicado donde estuvo el primer cafetal documentado del país, en 1816.

Recordando aquel hecho histórico y muy merecidamente al padre Velarde también, en octubre de 1988, Sintercafé colocó en la esquina una placa que “rinde homenaje a tan excelso patricio, quien vislumbró la riqueza encerrada en este grano que constituye la sólida base de nuestra economía”.

Artículo La Nación, 31 de enero, 2016

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