Historia Precolombina de Costa Rica

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La historia precolombina de Costa Rica abarca desde el establecimiento de los primeros pobladores hasta la llegada de Cristobal Colón a América.

Hay evidencias arqueológicas que permiten ubicar la llegada de los primeros seres humanos a Costa Rica entre el 10000 y el 7000 a. C. Durante el II milenio a. C. ya existían pequeñas comunidades agrícolas sedentarias.

Entre el 300 a. C. y el 300 d. C. muchas comunidades pasaron de la organización tribal o gentilicia, basada en relaciones de parentesco, escasamente jerarquizada y de producción autosubsistencial, a una organización jerarquizada, con caciques, líderes religiosos o chamanes, artesanos especialistas, etc. Esta organización social surgió por la necesidad de organizar la producción y el intercambio y dirigir las relaciones con otras comunidades, así como las actividades ofensivas y defensivas. Estos grupos establecieron divisiones territoriales más amplias para producir más alimentos y controlar las fuentes de materias primas.

A partir del siglo IX ciertas aldeas crecieron en tamaño dando lugar a la época de los cacicazgos tardíos, que se prolongaría hasta el siglo XVI, con mayor jerarquización social y construcción de grandes obras de infraestructura.

Primeros pobladores:
Según las opiniones mejor fundamentadas, durante la concentración de hielo en los continentes hizo descender el nivel de los océanos en unos 120 metros, por lo que grupos de cazadores del noreste del Asia se desplazaron hacia el este en pos de las manadas de animales, y en diversas oleadas recorrieron y se asentaron en América del Norte. A lo largo de varios milenios y de sucesivas generaciones, los descendientes de esos cazadores se distribuyeron por todo el continente americano y las islas vecinas.Image result for primeros pobladores de costa rica

Las evidencias arqueológicas permiten ubicar el asentamiento de los primeros seres humanos en Costa Rica entre el 10000 y el 7000 a. C. En sitios del valle de Turrialba se han hallado áreas de cantera y taller donde se fabricaban herramientas, tales como bifaces.

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Tipos de bifaces

Se cree que esos primeros pobladores de Costa Rica pertenecían a pequeños grupos nómadas de unos 20 a 30 miembros, ligados por parentesco, que se desplazaban continuamente para recolectar raíces, plantas silvestres y cazar animales. Además de las especies que hoy siguen existiendo, entre sus presas habituales se hallaban animales de la llamada megafauna, tales como armadillos y perezosos gigantes, mastodontes, etc.Image result for periodo mesolitico, costa rica

Período mesolítico
Alrededor del 8000 a. C. se produjeron cambios climáticos que significaron el fin de las glaciaciones. El aumento en la temperatura provocó cambios sustanciales en la vegetación y se produjo la extinción de la megafauna, ya fuese por la desaparición de las plantas que consumía, por la depredación excesiva de los cazadores o por una combinación de ambos fenómenos. Los cazadores-recolectores tuvieron que desarrollar estrategias para adaptarse a las nuevas condiciones, aunque continuaron con la caza de las especies menores, tales como venados, dantas, saínos, etc. La riqueza de la vegetación tropical tenía la ventaja, además, de permitirles subsistir en diferentes épocas del año.

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Fin de las glaciaciones

Se cree que los grupos humanos seguían siendo pequeños, de unos 30 a 100 miembros, organizados en bandas nómadas o seminómadas dedicadas a la recolección y a la caza. Sin embargo, el conocimiento sobre el ambiente local pudo llevarlos a recorrer reiteradamente ciertas zonas dependiendo de la época de maduración de frutos, la producción de algunas plantas silvestres que ya les eran familiares (y que más tarde serían la base de la producción agrícola) o la disponibilidad de otros recursos. En tales recorridos se podían utilizar salientes rocosos como albergues temporales, o establecer campamentos a cielo abierto con tapavientos u otras construcciones temporales.

Se han encontrado talleres, fogones y algunas otras fragmentarias evidencias de la vida de estos grupos en el valle de Turrialba y en diversos parajes del Guanacaste. En esta época continuaba la manufactura de instrumentos especializados para diversas actividades, y algunos artefactos como raspadores, cuchillos y puntas de lanza presentan diferencias de forma y de tamaño con respecto a las de los cazadores de megafauna.

Período neolítico
Aparentemente hacia el 5000 a. C. surgió una incipiente agricultura de tubérculos y maíz, así como el mantenimiento de árboles frutales y palmas. El desarrollo de la agricultura, surgida a partir del conocimiento de la naturaleza y de los ciclos vitales de algunas plantas y de la progresiva domesticación de éstas, fue un fenómeno lento, que duró miles de años y que coexistió con las actividades tradicionales de cacería y recolección, pero que produjo cierta sedentarización. Para asegurar la subsistencia de los grupos debieron existir formas de trabajo y propiedad colectivas y relaciones igualitarias.Related image

Entre el 2000 a. C. y el 300 a. C., algunas comunidades de agricultores tempranos pasaron a convertirse en sociedades igualitarias. El desarrollo agrícola propició cambios en las relaciones entre los grupos humanos y la naturaleza, y también permitió alimentar a mucho más personas. Además, la dependencia cada vez mayor de la agricultura obligó a los grupos humanos al establecimiento permanente alrededor de los campos de cultivo, por lo que aparecieron aldeas estables, que en un inicio debieron estar formadas por chozas levantadas en claros abiertos en el bosque. El sistema agrícola que más probablemente se empleó fue el de roza y quema: el bosque se cortó con hachas de piedra y cuñas y después se quemó para prepararlo para los cultivos. Las prácticas agrícolas incluyeron la vegecultura, la semicultura o una combinación de ambas.

La vegecultura (multiplicación de las plantas por estacas) se realizaba mediante el cultivo de tubérculos (yuca, ñame, camote) y el aprovechamiento de palmas y diversos árboles (aguacate, nance, etc.), que se combinaba con la caza y la pesca. Esta actividad era muy estable, ya que demandaba pocos nutrientes en los suelos, provocaba escasa erosión y podía desarrollarse en zonas quebradas. Por tales características, las sociedades que se circunscribían a la vegecultura cambiaban muy lentamente.

Al contrario de la vegecultura, la semicultura o cultivo de plantas a partir de semillas alteraba más el entorno, porque requería más nutrientes y causaba mayor erosión de los suelos. En compensación, era un sistema de mayor rendimiento, sus productos eran más fáciles de almacenar y permitía disponer de los excedentes en épocas en que no se cosechaba, dando lugar a sociedades mayores en las que había diversificación de funciones. La principal actividad de semicultura fue la producción de maíz, con cultivos asociados de frijoles y ayotes.

Para la época correspondiente al II milenio a. C. ya existían en Costa Rica pequeñas y dispersas aldeas, comunidades agrícolas sedentarias que contaban con recipientes y utensilios de cerámica

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Recipientes de cerámica

y herramientas de madera, hueso y piedra para las labores agrícolas y la preparación de alimentos. Related imageLos restos más antiguos de estas primeras comunidades agrícolas aldeanas (2000-500 a. C.) han sido hallados en la provincia de Guanacaste. Algo más recientes (1500-300 a. C.), son los descubiertos en el valle de Turrialba, la zona costera de Gandoca, algunos lugares de las llanuras del Norte, la cuenca del río Sarapiquí, Barva, el valle de Herradura, la cuenca del río Grande de Térraba, la cuenca del río Coto Colorado y la isla del Caño.

Organización social
La sociedad chorotega era jerarquizada, y en sus estratos superiores, además de los caciques, figuraban guerreros, sacerdotes y ancianos de prestigio llamados huehues. La autoridad de los caciques de los pueblos no era absoluta, ya que la compartían con el monexico, un consejo de huehues elegido mensualmente por votación y en el cual posiblemente estaban representados los diversos clanes o comunidades. Quizá los miembros del monexico fuesen los mismos individuos antes mencionados como galpones, ya que los edificios donde se reunía ese consejo se conocían con ese nombre (derivado seguramente del término calpulli) que entre los indígenas de México designaba a un barrio, aldea o distrito. Fernández de Oviedo escribió:

En las otras cosas de sus costumbres de aquestas gentes nos parece una que es justa y honesta, así como cuando los caciques han de proveer algunas cosas para sus ejércitos y guerra, o cuando se ha de dar algún presente a los cristianos, o se ha de dispensar en algún gasto extraordinario. Y es que entran en su monexico o cabildo el cacique y sus principales, y echan suertes (después de acordado lo que se ha de dar) a cuál de ellos ha de quedar el cargo de proveerlo y de repartirlo por todos los vecinos, y hacer que se cumpla de la manera que en el monexico fue ordenado… Los regidores y oficiales que han de asistir con el cacique o presidente en el monexico, son elegidos de cuatro en cuatro lunas, y aquellas cumplidas, son como otro vecino cualquiera, y sirven otros otro tanto; pero siempre lo hacen los huehues, es decir, los viejos más principales.

En algunas comunidades, el monexico tenía la potestad de elegir y dar muerte al cacique o jefe principal. Acerca de la comunidad chorotega de Nagrando (Nicaragua), Fernández de Oviedo consignó:

No se gobernaba por cacique y único señor, sino a manera de comunidades por cierto número de viejos escogidos por votos; y aquéllos creaban un capitán general para las cosas de la guerra, y después que aquél con los demás regían su estado cuando moría o le mataban en alguna batalla o recuentro, elegían otro, y a veces ellos mismos le mataban si lo hallaban que era desconveniente a su república.

Por su parte, el cronista Francisco López de Gómara indica:

[Entre los pueblos indígenas de Nicaragua] no puede haber junta ni consulta ninguna, especialmente de guerra, sin el cacique o sin el capitán de la república y behetría. Declaran la guerra sobre los linderos y mojones, sobre la caza y sobre quién es mejor y podrá más, que así es en todas partes, y hasta para cautivar hombres para sacrificios. Cada cacique tiene para su gente su señal especial en la guerra y aun en casa. Eligen los pueblos libres capitán general al más diestro y experto que hallan, el cual manda y castiga absolutamente y sin apelación a los señores.

Es posible que en Nicoya haya existido un sistema parecido. En todo caso, el gobernante tenía una autoridad limitada y se veía en la necesidad de tomar en cuenta las tradiciones y la opinión de la comunidad. En 1529, cuando Fernández de Oviedo le recomendó a Nambí, cacique de Nicoya, que pusiese fin a ciertos ritos de embriaguez colectiva, obtuvo la siguiente respuesta:

… que en lo de las borracheras él veía que era malo; pero que era así la costumbre y de sus pasados, y que si no lo hiciese, que su gente no le querría bien y le tendrían por de mala conversación y escaso, y que se le irían de la tierra.

Al monexico le correspondía también elegir a ciertos ancianos de prestigio como consejeros de la comunidad. Estos ancianos, cuya actividad compararon los castellanos con la del confesor cristiano, atendían consultas confidencialmente, formulaban recomendaciones a la persona que buscaba su ayuda y asignaban penitencias tales como barrer las plazas u obtener leña para los templos. Se castigaba con mucha severidad a los consejeros que divulgasen el contenido de las consultas y a los terceros que las escuchasen subrepticiamente. Estos consejeros, al contrario de lo acostumbrado entre los sacerdotes, permanecían solteros.

Leyes
No está claro si el monexico tenía también funciones judiciales. En su obra Costa Rica, la frontera sur de Mesoamérica, el abogado y antropólogo Ricardo Quesada López-Calleja indica que el cacique nombraba como jueces a ancianos experimentados y capaces, cuyos fallos eran inapelables, aunque también señala que en el caso de bigamia la sentencia la dictaba el consejo.

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Reconstrucción que representa una ciudad precolombina costarricense, correspondiente a la cultura del Díquis, en el Pacífico sur de Costa Rica. Nótese las esferas de piedra, que en la actualidad son símbolos de identidad nacional. Museo del Oro Precolombino, San José de Costa Rica.

Los datos disponibles sobre los ordenamientos normativos de los pueblos chorotegas indican que desde un punto de vista jurídico occidental era un sistema de escasa complejidad, con pocas infracciones y pocas sanciones, y de naturaleza predominantemente consuetudinaria. Sin embargo, es muy posible que también hayan tenido normas escritas. El cronista Antonio de Herrera consignó que los pueblos chorotegas de Nicaragua tenían voluminosos libros de papel y pergamino, donde consignaban hechos memorables y tenían pintadas sus leyes y ritos, y Gonzalo Fernández de Oviedo indicó que poseían libros de cuero de venado, donde con tinta roja y negra consignaban sus términos y heredamientos, para que cuando hubiese contiendas o pleitos pudieran determinarlos allí con la opinión de los ancianos. A principios del siglo XX, como resultado de unas excavaciones arqueológicas en la isla de Chira, se halló un libro cuadrado con jeroglíficos, que fue denominado El misal chorotega; pero se ignora el paradero que haya corrido ese documento. La única referencia conocida sobre ese hallazgo la brinda la arqueóloga María Fernández Le Cappellain de Tinoco, quien visitó la isla de Chira en 1935. En su artículo «Chira, olvidada cuna de aguerridas tribus precolombinas», Fernández Le Cappellain refirió que en cierto paraje un isleño relató:

Aquí… vine acompañando al padre Velazco hace más de veinticinco años, cuando hizo este señor sus expediciones en la isla; y en un lugar muy cercano a éste, después de cinco meses de expedición, descubrió algo muy importante que llamó el misal chorotega, un libro cuadrado con muchos jeroglíficos.

Los vínculos familiares tenían mucha importancia. La organización familiar de los chorotegas era fundamentalmente cognática o matrilineal; además, según Fernández de Oviedo, los chorotegas eran «muy mandados y sujetos a la voluntad de sus mujeres», y López de Gómara dice que eran «valerosos, aunque crueles y muy sujetos a sus mujeres». Estaba prohibido el matrimonio entre ascendientes, descendientes y hermanos consanguíneos, aunque el incesto era prácticamente desconocido.

Matrimonio
El matrimonio era monogámico y al parecer indisoluble, salvo en caso de adulterio o bigamia. Algunos caciques y personajes de alto rango tenían concubinas, pero nunca se les consideraba como esposas legítimas. Habitualmente, el matrimonio requería una serie de ceremonias: se iniciaba con la petición de mano de la mujer, que efectuaba el padre del pretendiente mediante una visita formal a los padres de aquélla. Si la solicitud era aceptada, se fijaba fecha para la celebración de la boda. El compromiso matrimonial se celebraba con grandes fiestas, a las que acudían las familias de los novios y sus amigos y vecinos. Antes de la boda, ambos contrayentes recibían de sus respectivos padres una dote, que podía incluir, según las posibilidades económicas de las familias, tierra cultivable, una vivienda, cacao, joyas, animales, frutas, etc. Las tierras y las alhajas de valor eran heredadas por los hijos de la pareja; pero si moría uno de los cónyuges sin que el matrimonio hubiese tenido descendencia, esos bienes volvían a poder de sus padres. El padre tenía la potestad de vender a los hijos para los sacrificios rituales.

En Nicoya y Orotiña, los caciques ejercía el derecho de pernada o ius primae noctis a pedido de la familia de la mujer, pues así a ésta le era más fácil encontrar marido. Según López de Gómara algunos indígenas de Nicaragua preferían dar sus novias «a los caciques a que las rompiesen, por honrarse más o por quitarse de sospechas y ansiedad». Cuando Fernández de Oviedo reprendió al cacique Nambí porque a pesar de haberse bautizado seguía teniendo varias esposas y pasaba muchas noches con muchachas vírgenes, el gobernante nicoyano manifestó:

… que en lo de las mujeres que él no quería más de una, si fuese posible, que menos tenía que contentarse una que muchas; mas que sus padres se las daban y rogaban que las tomase, y otras que le parecían bien él las tomaba, y por haber muchos hijos lo hacía; y que las mozas vírgenes, que él lo hacía por las honrar a ellas y a sus parientes, y luego se casaban con ellas de mejor voluntad los otros indios…

La ceremonia matrimonial se efectuaba en presencia del cacique y de las familias de los novios. El cacique, con su mano derecha, tomaba a los contrayentes por los dedos corazón y meñique de sus manos izquierdas, los conducía hasta una pequeña casa destinada a efectuar ritos matrimoniales y allí les decía: «Mirad que seáis buenos esposos y que miréis por vuestra hacienda, y que siempre la aumentéis y no la dejéis perder». Después la pareja guardaba silencio mientras miraba arder una astilla de ocote. Cuando ésta se consumía, se consideraba concluida la ceremonia y los nuevos esposos se retiraban a una habitación de la casa para consumar el matrimonio. Las fiestas de la boda se iniciaban al día siguiente, cuando los esposos salían de la casa y el marido manifestaba ante sus amigos y parientes que había encontrado virgen a la mujer. Esta declaración originaba un regocijo general. En caso de que la mujer hubiese sido entregada al novio como virgen pero ya había tenido relaciones sexuales, era devuelta a casa de sus padres y la boda se tenía por no celebrada. Empero, si desde antes de la boda el novio había sabido que la mujer no era virgen, el matrimonio se consideraba válido.

Muchos varones preferían tomar como cónyuges a mujeres que ya no eran vírgenes y aun a las de conducta licenciosa. También se conservan referencias sobre una peculiar práctica matrimonial de los nicaraos, que pudo haber existido también entre los chorotegas: una mujer se prostituía para reunir una dote, congregar después a sus clientes, pedirles que en cierto plazo le construyesen entre todos una casa y decirles lo que cada uno debía aportar. Cuando se terminaba la vivienda, la mujer elegía marido entre los clientes, se celebraba una fiesta y a partir de entonces era considerada una buena mujer. Cabe mencionar que la prostitución, aun sin fines matrimoniales, era cosa permitida, y Fernández de Oviedo consignó que el precio habitual por los servicio sexuales de una mujer era de diez almendras de cacao. El cronista López de Gómara dice que las mujeres «antes de casarse son por lo general malas, y casadas buenas».

Entre los chorotegas se celebraban además ritos de catarsis colectiva, a veces acompañados de sacrificios humanos y antropofagía ritual. Durante esos ritos, las mujeres casadas, por principales que fuesen, podían tener relaciones sexuales con quienes quisiesen o les pagasen, sin que después se presentasen escenas de celos ni castigos. En circunstancias ordinarias, sin embargo, el adulterio de la mujer era sancionado con una amonestación, un fuerte castigo corporal y la expulsión del hogar. Sus familiares la insultaban y la desconocían, y la comunidad la consideraba como una mujer impura, desleal y sin vergüenza.

La bigamia del varón era castigada con la pérdida de bienes y el destierro, y su esposa legítima podía contraer nuevas nupcias, si no tenía hijos con el bígamo. En caso de haberlos, no podía casarse de nuevo, pero si se encargaba del cuidado de los hijos, disfrutaba de los bienes del bígamo. La mujer que a sabiendas contraía matrimonio con un hombre casado perdía todos sus bienes a favor de la esposa legítima. Quien violase a una mujer era atado en la casa de la ofendida y sus propios parientes debían mantenerlo hasta que compensase el delito con cierta cantidad de bienes; de no hacerlo se convertía en esclavo de la familia de aquélla. Si un sirviente tenía relaciones sexuales con la hija de su amo, ambos eran enterrados vivos. También se castigaban con pena de muerte, mediante lapidación, las relaciones sexuales entre varones.

Economía
Como en otras comunidades indígenas de Mesoamérica, la propiedad de la tierra cultivable y el trabajo agrícola entre los chorotegas debieron ser fundamentalmente de índole colectiva. Quesada López-Calleja señala que la propiedad de la tierra no se podía vender y los padres la transmitían a sus hijos o a sus parientes por falta de descendencia, cuando sentían que había llegado su última hora. La referencia de Fernández de Oviedo a sus libros de cuero de venado insinúa que existía algún tipo de catastro, aunque es posible que los litigios sobre terrenos no fuesen entre individuos sino entre grupos.

La propiedad privada individual debió existir principalmente con respecto a los bienes muebles. Los ladrones eran condenados a devolver lo robado y a servir a su víctima para resarcirlas del perjuicio, y permanecían atados en casa del ofendido hasta que éste quedase satisfecho; de no recibirse la compensación, el ladrón podía caer en esclavitud. Una situación similar podía ocurrir cuando se cometía un homicidio, ya que el delincuente debía compensar el hecho con bienes a satisfacción de los familiares de la víctima, y sino lo hacía se convertía en su esclavo.

Los tianguez o mercados desempeñaban un papel central en la vida económica de los pueblos chorotegas, por lo que debieron existir normas de cierta complejidad sobre comercio y contratación. Estos mercados eran atendidos por mujeres, y a ellos no podían ingresar varones de la misma población, salvo jóvenes que nunca hubiesen tenido relaciones sexuales. Los hombres que violasen tales prohibiciones podían ser apedreados o vendidos como esclavos o para ser comidos. Al frente de los mercados había una especie de jueces-administradores elegidos cada cuatrimestre por el Monexico, según refirió Fernández de Oviedo:

… lo primero que hacen en aquellos sus ayuntamientos es que señalando fieles ejecutores por otros cuatro meses, los cuales, o al menos uno de ellos, nunca se quita de la plaza y tianguez o mercado: y aquellos fieles son allí alcaldes y absolutos gobernadores dentro de las plazas, para no consentir fuerza ni mala medida, ni dar de menos de lo que han de dar o trocar en sus ventas o baraterías los contrayentes: y castigan sin remisión alguna a los transgresores de sus ordenanzas y costumbres, y a los forasteros hacen que se les haga más cortesía y más buen acogimiento, porque siempre vengan más a su contratación.

Aunque el trueque desempeñara un papel importante en los intercambios, las semillas de cacao servían a los chorotegas como moneda, y se presentaban casos de falsificación, mediante la artimaña de extraer el cacao de las semillas y llenar éstas con tierra.

 

Referencias:

  • Ibarra Rojas, Eugenia (1990). Las sociedades cacicales de Costa Rica (siglo XVI). Universidad de Costa Rica.
  • Ibarra Rojas, Eugenia (1999). Las Manchas Del Jaguar: Huellas indígenas en la historia de Costa. Universidad de Costa Rica. ISBN 9977-67-547-3.
  • Fonseca Zamora, Oscar (1992). Historia antigua de Costa Rica: surgimiento y caracterización de la primera civilización costarricense. Universidad de Costa Rica. ISBN 9977-67-192-3.
  • Quesada López-Calleja, Ricardo (1980). Costa Rica, la frontera sur de Mesoamérica. Instituto Costarricense de Turismo. ISBN 84-499-3811-2.

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