Moda y Sociedad en Cartago en los siglos XIX e inicios del XX.

 Les comparto este interesante artículo que me encontré sobre la moda y sociedad en Cartago. Este artículo nos ilustra como era ese tiempo en la sociedad cartaginesa, su moda y sus actividades sociales. Disfrutenlo.

En el proceso de modernización, tanto de carácter infraestructural como cultural que experimentó la ciudad de Cartago a mediados del siglo XIX y los albores del siglo XX, la ropa se convirtió en un símbolo de distinción y de estatus. Para las élites, no sólo importaba decorar con lujo el hogar o comportarse de una manera determinada, sino también vestirse apropiadamente para cada ocasión.

La manera de exhibir los diseños de moda, ajuares, pañolones o chales bordados, de parte de la elite cartaginesa, era asistiendo a eventos o actividades de tipo religioso (Semana Santa, Año Nuevo, Pascua de Reyes o fiestas patronales), rezos, bautizos, casamientos, bailes (de familia o en los salones del Palacio Municipal), picnics (en la hacienda El Molino), conciertos y veladas artísticas o posando ante la lente del fotógrafo. Las fotografías de los miembros de la élite, por ejemplo las de la familia Pirie, resaltan visualmente la idea de poderío económico y social, evidente, entre otros aspectos, por la ropa que usaban.

Imagen relacionada
Familia Pirie, Cartago

Crónicas literarias y relatos de viajeros hicieron mucho énfasis en la calidad de los trajes que las damas y los caballeros lucían para dichos eventos sociales.

Un ejemplo digno de recordar, fue el baile escenificado en la casa de don Tranquilino de Bonilla y de su esposa doña Sinforosa Peralta del Corral en enero de 1822, donde se dio cita lo más selecto de la sociedad cartaginesa,

“…vistiendo las damas largos túnicos de panza lucia, zapatillas de talpetao y tacón alto, peinadas de rodete con robacorazones, flores y peinetas de carey. Los hombres vestían, unos a la usanza colonial, casacas rojas, azules o verdes, cuello de encaje y chorrera, calzón corto, medias de hilos claros, peluquín de coleta y zapatos con hebilla; otros, más a la moda, llegaron de levitón oscuro, chaleco de dos botones, corbata negra de cuatro vueltas, camisa blanca con pliegues menudos, pantalón de pasarrío, o sea de campana, botas de media caña, todos cuidadosamente afeitados”.

En 1824, el viajero inglés John Hale advertía:

“…cuando llegué a la ciudad de Cartago fui invitado a una reunión y al entrar en la sala me sorprendió ser presentado a tantas damas ricamente vestidas…” 

Poco más de treinta años después, el irlandés Thomas Francis Meagher describió con interesantes detalles el vestuario de las mujeres cartaginesas durante un día de feria en la Plaza Principal a mediados del siglo XIX. Según, este viajero irlandés,

“…hay señoras lujosamente vestidas, con la cabeza brillante y descubierta, que se guarecen del sol con las sombrillas más vaporosas, acompañadas de criadas de cuyos brazos rollizos y lustrosos cuelga la cesta de la compra. A veces aparece una ama de llaves alemana con mangas en forma de jamón y sombrero de paja de Italia. Las mestizas, o mujeres de los campos, con trajes muy escotados de zaraza blanca o de colores y desnudas de brazos…Además de sus trajes muy amplios y escotados de zaraza blanca o de colores, estas simpáticas vendedoras se ponen los más lindos y garbosos sombreritos de paja o de fieltro negro, castaño o gris, de los que la mayor parte tienen escarapelas, y todos, como si sus dueñas fuesen sargentos de recluta, hechiceras cintas de los más vivos colores…”

Las fotografías de la época también atestiguan una marcada diferenciación social a partir del vestuario, ya fuera del hombre de negocios y de gran éxito social y económico, la elegante dama de peinado abultado y figura sinuosa que luce un vestido a la última moda europea, mostrándose tranquila y segura de sí; los niños de la élite con sus prendas afamadas; o la pareja de clase media, menos estirada, que resalta por la modestia de sus ropas.

Aunque los grupos populares no participaban en las actividades propias de las elites, algunos se beneficiaban de ellas, pues obtenían ganancias con la elaboración y la venta de ropa.

En Cartago, funcionaban sastrerías que se dedicaban a confeccionar los trajes a la medida de los clientes. Por ejemplo, don Luis Guevara, que tenía su establecimiento frente al Parque Central de Cartago, advertía a su eventual clientela en 1904 que

“cuenta con magníficos operarios y con el mejor cortador de Cartago”,

según El Cartaginés, en su edición del 7 de agosto de 1904.

Por otro lado, buenas costureras como las señoras Clara de Pacheco e Isabel Sáenz de Valerín, confeccionaban trajes para las damas y las señoritas de la ciudad. A la vez, los comerciantes difundieron sus ofertas mediante anuncios publicados en los periódicos, algunas veces sin hacer mención a la diferenciación social del potencial consumidor.

Un anuncio como el siguiente, aparecido en El Heraldo de Costa Rica, en agosto de 1898, ejemplifica de forma clara esto:

“Comprar en la Tienda de Herrero Hermanos en Cartago y está dicho todo lo que hay que decir en materia de compras baratas”.

————-

El Heraldo de Costa Rica. Diario del Comercio, Año VIII, Nro. 1961, 18 de agosto de 1898, p. 4.

Las tiendas ofertaban telas de calidad, cuyos clientes eran los sectores de mayor capacidad económica, luego los enviaban a modistas o sastres, quienes elaboraban refinados vestidos para las damas y trajes austeros para los caballeros.

El siguiente aviso del 29 de marzo de 1908 apareció en el periódico El Progreso Cartaginés:

“Sastrería de Alfredo Guzmán. Este taller, situado al lado sur de la Iglesia de San Nicolás, en los bajos de la casa de Doña Dolores Jiménez v. de Sancho, se confeccionan elegantes vestidos al gusto del cliente. Precios módicos, prontitud y esmero en todo trabajo.”

Entre tanto, en la tienda de Pacheco & Hermano, los cartagineses podían adquirir diversas mercaderías según la ocasión, por ejemplo: “casimires, sarazas, paraguas, gasas, medias finas, sombreros de pita y de fieltro”, como se lee en El Cartaginés, 7 de agosto de 1904,

La diferenciación social en el vestir era notoria. De hecho, los anunciantes seleccionaban y definían su audiencia de potenciales consumidores entre los sectores medios y altos. La sucursal de la tienda de G. Herrero & Compañía indicaba en el periódico La Nación, en 1892, que

“…tiene siempre á disposición del público cartaginés un surtido selecto de mercaderías para todos los gustos y necesidades [Además ofrecía] con especialidad ROPA HECHA para caballeros y niños, variedad de cortes, de colores y de clases, pero todo elegante y bueno”.

Al contrario de la gente con capacidad económica, la vestimenta tradicional del campesinado pobre se distinguía por el excesivo uso, los desgarres y los remiendos: sombreros de paja o pita (jipijapa) de hombres y mujeres, ya sin forma y gastados por los efectos del sol y las persistentes lluvias; pantalones demasiado largos o en extremo cortos, a veces asegurados con una cuerda a la cintura, a falta de faja; faldas de zaraza, anchas y sin pliegues, protegidas quizás por un delantal; camisas y blusas de manta sin suficientes botones y con harta frecuencia no de la medida de quien las vestía. Los pocos que podían calzarse disponían de toscos y comúnmente rotos zapatos y de sandalias de cuero, como lo observaron el científico estadounidense Philip Powell Calvert y su esposa Amelia Smith Calvert, en el norte de Cartago en 1909.

Resulta frecuente encontrar anuncios sobre zapaterías en los periódicos que circulaban en Cartago a principios del siglo XX, que apelaban a una clientela de gusto cosmopolita. Un ejemplo de tal afirmación es el siguiente aviso, aparecido en el diario El Progreso Cartaginés, que a la letra dice lo siguiente:

“Zapatería Española
de José Giralt

Deseosa de presentar á su numerosa clientela y al público en general, excelente calidad y elegancia en este ramo; hace saber que debido á sus muchos y muy buenos operarios que tiene al frente de sus talleres se sirven con prontitud y esmero los encargos a medida. Lo mismo en el calzado de surtido, lo tiene bien variado guiado por los catálogos recientemente publicados por las casas más importantes de Europa y Estados Unidos. Acaba de recibir hormas de última novedad, estilo Francés, Español y Americano, materiales los más afamados que se han conocido y más finos que han llegado al país. Una visita y no más convencerse”.

Aunque la venta de calzado era impulsada por los comerciantes de la ciudad y mostrado en surtido de colores, calidades y precios, como advertía don Apolonio Brenes en 1908, y para uso tanto de hombres como de mujeres. Sin embargo, los campesinos poco acostumbraban los zapatos.

Referencias:

  • Guillermo Brenes Tencio, Historiador. Micartago.com

2 comentarios sobre “Moda y Sociedad en Cartago en los siglos XIX e inicios del XX.

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