Iglesia de Guadalupe…su historia!

Lo que hoy día conocemos como Guadalupe de Goicoechea se formo como un pequeño caserío en el año de 1828 y en ese momento se le puso el nombre de San José. En 1841 durante la administración de Braulio Carrillo, a los caseríos se les denomino cuarteles y el entonces cuartel de San José paso a formar parte del Barrio Los Santos, que hoy es el actual cantón de Goicoechea.

Primera Ermita de Guadalupe:

En 1844, los vecinos del cuartel de San José del barrio de Los Santos, gestionaron un permiso para la construcción de una ermita en honor a su santo patrono San José, lo cual fue aprobado el 9 de octubre de 1844. Dados los pocos recursos económicos con que contaban para hacer la edificación, el gobierno eclesiástico en 1850 contribuyó con la colecta de limosnas de la República. Además, para atender a la naciente “Ayuda de Parroquia” se nombró al presbítero Raimundo Mora, familiar del presidente don Juan Rafael Mora.Primera ermita de guadalupe

Este primer templo hecho de calicanto, con una sola torre que medía 10 metros de frente por 40 de fondo, se situó en la esquina noreste que está detrás de la iglesia. Un escrito de Ricardo Jiménez Núñez a la corporación municipal, manifestaba que todavía en 1912, el terreno no lo había podido vender porque a la gente le daba miedo construir donde antes hubo una iglesia y un cementerio. Dicha ubicación también la constata Remigio Rodríguez al decir que:

“detrás de la iglesia hay un lote que se debe dedicar a cosas sagradas porque en ese lugar en tiempos pasados existió la primera ermita de la parroquia”

El padre Mora quién venía de terminar sus estudios en México:

“quizá pensando en las dificultades que se presentarían cuando la villa se ensancharía, al venerar los vecinos de aquí y los de la capital al mismo Santo Patrono (San José), puso su tacto y habilidad para despertar en los vecinos la devoción por la virgen de Guadalupe, de la cual era muy devoto, y convencerlos de la necesidad del cambio de nombre de la localidad

Logró su propósito y en una solemne ceremonia efectuada en 1851, se consagró la ermita a la virgen de Guadalupe, poniendo todo su empeño en que el culto se siguiera extendiendo a todos sus habitantes.

También dicho sacerdote en 1850, dispuso ubicar el cementerio en el sitio actual. De ahí que esta sea la obra más antigua de la comunidad.

El padre Raimundo Mora estuvo en Guadalupe hasta 1853 y fue sustituido por el padre José María Brenes, quien estuvo hasta 1869. En 1855, los guadalupanos lograron convertir a su localidad en filial de la Parroquia San José. Tan sólo un año después, el 15 de octubre de 1856, el obispo Anselmo Llorente y La Fuente le dio la categoría de parroquia a Guadalupe . Este rápido ascenso posiblemente obedeció a la tenacidad de los dos sacerdotes mencionados y de los vecinos, sin embargo ello refleja el desarrollo acelerado que Guadalupe estaba alcanzando en la provincia de San José como consecuencia del cultivo del café; pues, para poder establecer una parroquia independiente no sólo debía de existir población suficiente, sino que la comunidad debía de contar con recursos económicos para mantener también al sacerdote. Prueba de lo anterior, es que Guadalupe a pesar de haberse desarrollado con posterioridad a San Juan de Tibás y San Vicente de Moravia, logró su establecimiento como parroquia mucho antes que estas dos localidades. En 1862, se fijaron los límites con la parroquia de San José y en 1865 con la de San Juan.

Segunda Parroquia de Guadalupe:

Segunda Iglesia de Guadalupe

Este templo se construyó a partir de 1914, sobre la base de otra que había sido terminada hacia 1900, pero que fue gravemente dañada por el terremoto de 1910 (epicentro en Cartago).

Desde el momento en que se constituyó en parroquia, comenzó el interés de los guadalupanos por edificar un nuevo templo, pues ni la ermita ni el terreno reunían condiciones óptimas. De ello se valieron algunos vecinos:

“los del Alto y Patio de Núñez que eran los gamonales para hacerla en aquel lugar y trasladar así el centro de la población a Ipís” ..

Sin embargo, aproximadamente en 1860 don Santiago Jara Solís puso fin a esas pretensiones, al donar dos manzanas para instalar la iglesia y la plaza de la localidad.

En enero de 1862, se instaló la primera junta edificadora integrada por: José María Brenes (cura), Félix Rojas, Jesús Zeledón, Tomás Gutiérrez, Liberato Gutiérrez, Efraín Blanco, José Vargas, luego se integró Pilar Jiménez. A partir de ese momento, a falta de fuentes fidedignas, se podría conjeturar que se empezó a edificar un nuevo templo en el sitio actual. Sin embargo, se construía muy lentamente, por lo que el culto seguía realizándose en la vieja ermita. Así, por ejemplo, en junio de 1871 el Obispo ordenó al presidente de la junta edificadora suspender el trabajo y el permiso de construcción hasta nuevo aviso. A opinión de él, la junta tomó atribuciones que no le correspondían.
Para el 15 de diciembre de 1883, el párroco José Badilla manifestó que:

“la iglesia nueva tiene las paredes concluidas, las torres se concluirán en mayo o junio (de 1884). El 8 de este se colocaron las campanas en el centro de la portada en medio de las exclamaciones gozosas del pueblo. Las maderas se están preparando. La casa cural es inútil, la mala posición que tiene y la grande incomodidad me tienen siempre en mal estado de salud. Aunque no tuvimos el permiso de venderla para edificar otra, yo di principio al trabajo en la nueva casa cural contiguo a la iglesia como va descrito”

El informe del sacerdote Badilla describe otros aspectos de la vida parroquial. Además mucha gente no asistía a misa los domingos por participar en las ferias propiciadas por los comerciantes de San José,

“una costumbre muy arraigada en estas parroquias vecinas de ocupar el domingo en la feria quedándose muchos sin misa y sin pláticas. El cortar este abuso es muy difícil para nosotros los curas. Si no hubiese comercio los domingos todos los fieles estarían en sus parroquias…gran número de feligreses oyen la misa de 10 en El Carmen y otras iglesias de san José” ..

También menciona que al catecismo asistían 120 niños y 73 niñas, algunos ya grandes. Cada segundo domingo había turno hasta las 3 pm. Finalmente, sostenían que el principal vicio de la parroquia era el juego, el cual causaba que muchas mujeres se quedaran solteras. En cambio dice que había muy poca embriaguez,

“…es si se quiere una excepción en Costa Rica, y ni los mismos jugadores son ebrios. Ebrio de profesión sólo conozco uno…”

También en 1883, se resolvió un conflicto entre los moradores de Mata de Plátano y el cura de San Pedro del Mojón, pues aunque desde 1864 habían solicitado agregarse a Guadalupe, el territorio eclesiástico seguía perteneciendo a San Pedro. Los vecinos dirigieron un memorial al Obispo para su pronunciación, alegando que casi todos habían nacido, vivido y criado en Guadalupe, parte de ellos todavía tenían propiedades allí y sus trabajos agrícolas estaban divididos en ambos lugares, habían brindado colaboración para la construcción de la iglesia y que de esta parroquia recibían los auxilios espirituales. En julio de 1883, el obispo dispuso que Mata de Plátano quedara unido a la iglesia de Guadalupe.

En marzo de 1884, el gobierno eclesiástico probablemente ante la lentitud e irregularidades, le pidió al sacerdote Badilla un informe sobre la construcción, el manejo de los fondos y la composición de la junta edificadora. En 1887, el secretario de Gobernación Cleto González Víquez contestó una nota al párroco y al presidente de la Junta Edificadora Miguel Pérez, en la que aceptaba la celebración de turnos mensuales para los trabajos de conclusión del templo, siempre y cuando, fueran vigilados por la autoridad política, pero no permitía que se llevaran a cabo rifas .

El templo se terminó de construir, pero en 1888 hubo un terremoto que derrumbó las torres y dejó la edificación de ladrillo muy dañada . Ante ello el padre Rafael Chinchilla dispuso reedificarlo, de ahí que en la visita pastoral que realizó del 2 al 3 de octubre de 1889 a Guadalupe el obispo Bernardo A. Thiel,

“…exhorta a los fieles para que continúen con valor en el trabajo de la iglesia. Para la mayor seguridad conviene que las torres se hagan de hierro o de madera…”

El 28 de diciembre de 1892 se bendijeron tres campanas para Guadalupe y tres para la Capilla de San Francisco . En 1895, el obispo Thiel visitó de nuevo Guadalupe y volvió a exhortar a los vecinos para que construyeran la iglesia , además en esos años doña Filomena Castillo:

“…obsequia el reloj de la torre de la iglesia, que con la apiada de la fachada del templo anterior, debió ser bajado y guardado en un cuarto…” .

En 1898 se pidió permiso a la municipalidad para tomar césped de algunas calles para hacer un parque alrededor de la iglesia . Además, el obispo volvió a visitar la parroquia y en la constancia de tal acto, dejó al párroco Andrés Fuentes una descripción que ilustra el estado de la iglesia, el informe dice así:

“Se exhorta a los fieles de Guadalupe, que continúen el trabajo de su hermosa iglesia hasta concluirla. Los jardines comenzados en el altozano pueden seguirse en la misma forma, sembrando algunos árboles de adorno como palmeras, etc. Lo que más urge es un nuevo altar mayor, un nuevo púlpito, dos confesionarios decentes que correspondan al estilo de la iglesia, pilas decentes para el agua bendita y que el bautisterio se ponga en la entrada de la iglesia, en L esquina noreste, con su baranda decente, la imagen del bautismo del Salvador y una pila bautismal si es posible de mármol, se debe de construir la sacristía del sur, para conservar y guardar armarios y demás trastos que se encuentran en la iglesia y que por fin esta quede desocupada” .

También en 1898, fue demolido un galerón que por muchos años tuvo la iglesia en la plaza pública y que fue motivo de discordia con la Municipalidad.

Con el terremoto de 1910 de nuevo se derrumbaron las torres y el templo sufrió varios daños, por lo que el cura Jacinto Chávez tomó la iniciativa de construir otro edificio. Sin embargo, el subdirector de obras públicas se opuso a esta pretensión, alegando que después de que varios ingenieros, incluido Enrique Jiménez Núñez, examinaron la edificación, pudieron constatar que esta admitía reparación sin necesidad de destruir la edificación. Su escrito es contundente al decir que:

“…no debe pensarse en absoluto intentar siquiera la destrucción de una obra que tantos miles de pesos y tantos trabajos costó a su pueblo que a duras penas puede sostener su rango y atender a las muchas necesidades que lo rodean. Pensar en reedificar el edificio, sería estancar el progreso del cantón, porque ocuparía muchos brazos y materiales que hacen falta para las demás obras que el vecindario necesita, entre los que están en primer lugar los edificios escolares…”

Ante la situación descrita se dio un periodo de estabilidad, pues ninguno de los interesados quería ceder.

En 1912 se donaron las torres antiguas a la Municipalidad y se nombró una junta edificadora integrada por: Jacinto Chávez, Bruno Gutiérrez, Manuel Blanco, Malaquías Sáenz, Santiago Segura (hijo), Juan Vargas, Santos Varela y Filadelfo Vargas . A inicios de 1913 la junta edificadora impuso su criterio y acogió el sistema de refacción recomendado por la oficina de obras públicas, el cual consistía en:

“reemplazar la paredes actuales, poniendo gigantones de buena madera y forrando el lado exterior con láminas de hierro galvanizado en forma artística y por el interior de la iglesia con tela metálica”

El 5 de febrero de 1914, el Obispo Stork aprobó el sistema de refacción del templo y la junta inició los trabajos el 9 de febrero. En el contrato se constaba que se iban a demoler todas las paredes de ladrillo del templo y la junta inició los trabajos el 9 de febrero, se iban a quitar las puertas y ventanas sin hacerles daño y no se debía dañar el pavimento que tenía el templo.

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Sin fecha.
Boyeros frente a la Iglesia, un 12 de diciembre, como parte de la celebración de las fiestas patronales en honor a la Virgen de Guadalupe.
Fuente: Guadalupe de Antaño.

En mayo de 1914 se realizó un gran turno o feria a beneficio de los trabajos de demolición y reconstrucción de la iglesia parroquial. La Municipalidad acordó pedirle los escombros de las paredes para utilizarlos en algunas calles. Mientras tanto, la misa y demás servicios parroquiales se realizaban en un galerón al costado oeste de la plaza. Tiempo después en ese lugar funciono el teatro Júpiter y luego el Cine Río.

Los primeros pilares los trajeron José Cubero y Raimundo Solís del Bajo de la Hondura. También se trajo madera de Mata de Plátano, Guayabillo, Vista de Mar y Rancho Redondo por medio de carretas y a través de caminos intransitables. La piedra se trasladó de San Isidro de Coronado. El altar mayor se hizo con mármol legítimo de Carrara. Doce vitrales fueron traídos de Austria, se utilizó el reloj suizo que tenía el templo anterior y la fachada era de zinc labrado.

La casa cural estaba a la par del teatro Júpiter y a pesar de que en la visita pastoral del 25 al 26 de enero de 1926, el arzobispo Storke decretó que esta debía edificarse en el lugar más inmediato a la iglesia , ello solo fue posible hasta que el padre Víctor Manuel Arrieta se hizo cargo de la parroquia (1939 – 1945) y la construyó en el sitio donde antes estuvo la primer ermita, o sea al costado noreste del actual templo parroquial. En noviembre de 1955 el padre Alberto Mata Oreamuno construyó la casa cural en el lugar actual, a la vez, la anterior edificación sirvió como primera instalación del Colegio Madre del Divino Pastor.

Tercer templo de Guadalupe impulsado por el Padre Mata:

El padre Mata consideró que el templo no estaba acorde con el desarrollo sociodemográfico de Goicoechea, por lo que desde 1958 se dedicó a planear la construcción de uno nuevo . Los trabajos se iniciaron en 1963, cuando fue derribado el anterior. Los planos de la iglesia fueron elaborados por los ingenieros Bernardo Monge y Franz Sauter.

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Fotografía de Maritza Cartín (Julio, 2019)

En la visita pastoral que realizó el 7 de julio de 1968 monseñor Carlos H. Rodríguez manifestó que la ejecución de la obra dejó mucho que desear del pueblo, y especialmente por parte de la Junta Edificadora. Además, el padre Mata informó que la construcción tenía graves y serios compromisos financieros.

Este templo, se caracteriza por su amplitud y por no tener columnas, fue consagrado en 1972. En la inauguración el padre Mata dijo que:

“…fue construido con las pocas pesetas de muchos pobres y sin los muchos miles de los pocos ricos que hubieren podido darlos…” (placa conmemorativa, iglesia de Guadalupe)

Desde esa época al templo se le ha venido dando mantenimiento y en ese sentido se han hecho inversiones muy cuantiosas. Sin embargo la obra de mayor envergadura y costo es el edificio parroquial construido al costado sur del templo. Esta obra que hoy permite realizar con holgura la pastoral de la parroquia viene a constituirse en el símbolo de lo que han sido estos 150 años de la parroquia.

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Alberto Mata Oreamuno en los jardines del Templo Parroquial de. Guadalupe de Goicoechea.

Referencias:

  • Fotografías Internet y Fotos Antiguas de C.R.
  • Municipalidad de Guadalupe.

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