Familia Herrero, sus negocios en S.J. y su Historia…

Historia de Cipriano Herrero del Perano:

Don Cipriano Herrero del Peral trajo a Costa Rica a sus sobrinos, Gumersindo y Lucas Gil Herrero, así como a los Herrero Vitoria, hijos de Juan José Herrero quien se quedó en el pueblo. A todos les fue yendo bien gracias a este maravilloso país, quizás pequeño en tamaño pero grande en el espíritu de lucha, que les dio la oportunidad y la tranquilidad para avanzar en la vida a través del trabajo.

San Andrés de Soria, España.

Gumersindo Gil Herrero. Nació, al igual que todos ellos, en el polvoroso y dulce San Andrés de Soria. El austero y frío pueblo de pequeñas casas de piedra y balcones con flores, rodeado de chopos. Su padre era comerciante de vino; su madre fue doña Inés Herrero, hermana de Gorgonio y Cipriano Herrero del Peral.

En una ocasión en que viajaba a un pueblo cercano en La Rioja, con una carreta repleta de vino acompañando a su padre, Rufino Gil del Campo, fueron tomados por sorpresa por unos bandoleros de caminos. Les perdonaron la vida, no así la gran entrega de vinos. Los amarraron a las grandes ruedas de la carreta y espantaron a la pobre mula para que regresara al pueblo. Con cada giro tenían que levantar obligatoriamente la cabeza, para no pegarla en la tierra o contra alguna piedra. Después de una travesía que se les hizo eterna, la mula regresó a San Andrés y se fue directo a tomar agua a la fuente. ¡Allí sus muy asustados parientes los desataron!

A Gumersindo, le decían cariñosamente Gilito porque era pequeño y de pies grandes y muy sociable.

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En 1885, junto a su primo Cipriano Herrero Vitoria y con apenas 14 años de edad, emigró hacia Costa Rica en busca de una mejor vida. Atrás quedaron las callejuelas rodeadas de muros empedrados y querida familia. Desembarcaron en Limón y al llegar a San José recibió el mismo trato amable que el resto de sus parientes que también se hacían a la América; vivió por algún tiempo en casa del tío Gorgonio Herrero del Peral, frente al Teatro Nacional. O sea, vivían exactamente diagonal del Teatro Nacional frente al nuevo Ministerio de Hacienda. ¡Que ubicación tenía esa vivienda. ¡Qué diferente era para un adolescente, tan distinto a su pueblo de San Andrés de Soria, con sus calles empedradas marcadas por el tiempo, con su fuente para el ganado y su pequeña iglesia de piedra!

Cuando Gilito empezó su carrera como agente viajero, siempre comentaba que la parte más difícil del trayecto era la salida de Alajuela. Porque iba jalando una mula cargada de valijas con muestras de telas y varios productos, pero a la salida del Barrio San José, con destino a Grecia, había un barrial tan difícil de pasar que ni la mula lograba superarlo. A cada tiro Gilito tenía que bajarse para ayudar a la mula; ella no era tan astuta como la de San Andrés -¡era tica, terca y majadera!- pero en su necia compañía visitaba todos los pueblos del camino, hasta llegar a Puntarenas. Con el tiempo parece que se guardaban mutua fidelidad. ¡Qué diferentes eran esos verdes rumbos a los secos caminos de España! En ocasiones visitaba Guanacaste, tan verde y llano en el invierno y tan seco en el verano. Cuando ya estaba de regreso en San José enviaba a cada lugar donde había estado los pedidos que le habían hecho. Era una vida de nómada, pero don Gumersindo estaba agradecido de tener un trabajo que le permitía conocer a la gente y los paisajes de su nueva tierra. Recorriéndola fue como aprendió a amar a Costa Rica.

Viajes a Europa.

Fue tan exitosa esta etapa de su vida, que por su buen gusto al escoger la mercadería y su conocimiento al comprar y vender, que el tío Cipriano le empezó a mandar a Europa con el fin de comprar las mejores telas y nuevos productos para su tienda. ¡Qué alegría le dio la confianza del tío Cipriano! Al regresar a San José de las giras por Madrid, Paris, Hamburgo y Londres, le tocaba ir a las casas de sus mejores clientes para realizar una exposición de los bellos cortes de tela y las grandes novedades de la moda europea. Gilito lograba muchas ventas y hacía muchas amistades. Las muchachas decían:

— ¡Allí viene Gilito, con todo lo último de Europa!

Con lo que escogía con su gusto exquisito en en el Viejo Continente, vestía a todas las respetadas damas de la más alta sociedad de ese entonces en nuestra ciudad capital.

La Puerta del Sol se encontraba en los bajos del Hotel Imperial, hoy en día Edificio Plaza la Artillería (Avenida Central, Calle 4, San José). Publicación en la Guía de Comercio de C.R. de 1940).

Luego de hacer un poco de dinero, con su primo Enrique Herrero Freckman, hijo del tío Gorgonio, iniciaron una sastrería llamada La Puerta del Sol, en recuerdo a la Puerta del Sol madrileña.

Sin embargo, el 13 de junio de 1919, durante las protestas en contra de los Tinoco, el periódico “La Información” fue saqueado por los revoltosos. Muchas otras tiendas y comercios, entre estos los de los de ellos, también fueron destruidas y algunas no lograron recuperarse de ese golpe mortal.

ZAPATERÍA GIL:

Pero Gilito nunca se dio por vencido y fundó la Zapatería Gil,  situada frente al antiguo Almacen Koberg, al costado norte de la Ferretería Macaya en Calle Central y Avenida Primera.

La Zapatería Gil. Don Gumersindo Gil Herrero posa en la puerta de su nueva tienda.

Era la primera zapatería moderna que tendría el país.

Estaba situada estratégicamente, contiguo a la TIENDA LA FAMA que pertenecía al Tío Cipriano.

Como era muy buen vendedor, vendía más pares de zapatos y botas que la misma fábrica que tenían los Herrero, por lo que pronto ofrecieron venderle su fábrica de calzado. Le pareció buena idea, ya que Gilito calzaba a toda la sociedad de aquella época con finísimos zapatos hechos a mano, utilizando las más elegantes hormas europeas. Les compró la maquinaria y la producción dejó de ser artesanal, fue un gran adelanto moderno. Sus productos fueron muy gustados y cotizados por todos, además salían un poco más cómodos. Para ese entonces se había casado con Rosalía Pacheco Oreamuno, una muchacha de la prestigiosa familia Pacheco de Cartago.

La empresa se mantuvo hasta la gran depresión de 1930-1932, cuando el mundo entero sufrió una enorme pobreza y una depresión aterradora, con consecuencias terribles para los negocios y los empleos. Ya nadie compraba y ya nadie vendía. El comercio mundial y todavía más el comercio costarricense, se encontraba en una parálisis total. No obstante los grandes esfuerzos para colocar la producción a plazos, la demanda fue muy escasa y no tuvo más remedio que cerrar las puertas de su querido negocio.

Para lograr sobrevivir, Gumercindo se fue a trabajar a la tienda de su hermano Lucas, al GRAN BAZAR LA CASA (el cual se situaba en Avenida Central, Calle 3 y 5, donde hoy está la Plaza de la Cultura). Allí trabajó durante el resto de su vida, al lado de su hermano, surtiendo a las amas de casa de todo lo necesario para su hogar. El Bazar era una tienda preciosa repleta de fina cristalería y adornos europeos.

Personal de Bazar La Casa, San José. Año 1911. Fotografía de Jorge Arturo Vindas.

Periódico Diario de C.R. del 23 de cieimbre de 1934.

Fue una época muy linda. También fue co-fundador, el 18 de noviembre de 1923, de la Sociedad Española de Beneficencia, conocida hoy en día como el Club Español. Todos los españoles de ese tiempo eran grandes amigos y casi todos tenían negocios en el centro de San José. El español tiene sangre de vendedor y comerciante.

Ave Central, Calles central y 2, contiguo a antigua tienda Aymerich.

ALMACÉN EL NUEVO SIGLO:

El Siglo Nuevo, de don Julián Mateo y Felisa Herrero Vitória, padres de don Julián Mateo Herrero y Pilar Mateo Herrero, quien era casada con Eugenio Gordienko.

Aparentemente habían un Almacén llamado Al Siglo Nuevo con una ubicación diferente pero siempre perteneciente a la familia Herrero como veremos en el siguiente anuncio publicitario:

Aquí se localizaba el Siglo Nuevo de los Herrero.

Residencia de Cipriano Herrero:

El Hotel Britannia era una residencia que perteneció al emigrante español Cipriano Herrero del Perano, un acaudalado productor y exportador de café.

Don Cipriano siguió el ejemplo de su hermano Gorgonio y fundó la Tienda La Fama, que estaba localizada en Calle Central y Avenida 1, a 75 metros del Diario de Costa Rica. Se casó con doña María Diaz-Granados y fue como un padre para todos sus sobrinos. No solo los entrenó en el negocio de comerciantes, sino que también los empleo en su tienda y le proporcionó a cada uno los fondos económicos necesarios para fundar su propio negocio. Murió en 1935.

Ubicada en Calle 3, Avenidas 9 y 11, Barrio Amón, San José.

La firma constructora Van der Laat & Jiménez adquirió esa residencia y la remodeló en 1993 para convertirla en un Hotel tipo Boutique, un concepto muy apeticido por el turismo nacional e internacional.

La construcción es de ladrillo con cemento y cuenta con 24 habitaciones, estas tienen tapizados en las paredes. Los muebles son clásicos e importados, como los que se encuentran en el lobby.

Actualmente la casa está ocupada por Fodesaf, una institución gubernamental.

Galería del interior de la casa:

Fotografías Familia Herrero:

Así llegaron a Costa Rica, estos ejemplares comerciantes. Fundaron familias, empresas diversas y una gran dinastía.

Referencias:

Fraser Pirie, Los Comerciantes Españoles, La Revista.cr.

Anuncios Publicitarios, Sinabi.

Guía Comercial de C.R., 1940.

Fotografías varias de Internet.

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