Casona Finca La Caja, Uruca, San José, 1851-1900.

Fotografía La Nación.

Cerca de un siglo atrás, el espacio en el que hoy se ubica nuestra Institución, fue ocupado por la actividad económica más importante de la nación costarricense: el cultivo del café. Y la CASONA, incólume, imponente, frondosa y silenciosa edificación victoriana es, sin duda, fiel testigo del desarrollo de la hacienda cafetalera en Costa Rica; y hoy, después de una rigurosa y difícil investigación, es posible afirmar que fue construida en el año de 1903. A su vez, también es posible determinar que este tipo de edificación fue producto de las innovaciones arquitectónicas que llegaron a Costa Rica con la inversión de capital extranjero a principios del siglo XX.

Casa principal de la finca La Caja. 1912.

El Instituto Nacional de Aprendizaje, pues, está ubicado en parte de los terrenos que fueron de LA HACIENDA LA CAJA. Poseía un bello paisaje natural y contó con toda la infraestructura de las haciendas cafetaleras de la época.

En ella se producía gran cantidad de café que se exportaba, principalmente a Alemania, de donde eran originarios sus dueños. También se exportaba a los Estados Unidos.

El proceso productivo estaba en manos de los y las trabajadoras agrícolas locales, y se iniciaba con la preparación de la tierra para sembrar, luego venía la poda, el deshierbe, el horqueteado, el abono, la recolección del grano, y la escogida; finalmente se pasaba al beneficio. Ahí era lavado, fermentado, secado y almacenado. Todas estas labores las desempeñaban mujeres, niños y hombres que convivían en la hacienda.

Las casas de los peones agrícolas se ubicaban a lo largo del costado suroeste de la Hacienda, donde hoy tiene el INA el parqueo de visitantes.

Refiriéndose a las dimensiones de la Hacienda La Caja, la autora Carolyn Hall escribió:

“… El tamaño promedio de una finca cafetalera en esa región era menor de cinco manzanas y las haciendas más grandes, tales como la Rohrmoser en Pavas y la Hacienda La Caja al oeste de San José, alcanzaban entre 700 y 900 manzanas de terreno cultivado Las fincas con más de cincuenta manzanas de café comprendían aproximadamente la cuarta parte del área total de cafetales.” (Hall 110).

Inversión extranjera

Las haciendas cafetaleras en América Latina alcanzaron grandes dimensiones de terreno, y por la diversidad de tareas que se realizaban, requerían de grandes cantidades de mano de obra calificada. Costa Rica contó desde el momento del despegue de la actividad cafetalera con mano de obra especilizada para todo el proceso productivo del café y se destacó por las avanzadas técnicas de beneficio. Esta situación atrajo a inversionistas extranjeros, entre ellos algunos alemanes.

Una de las descripciones más exactas que se han realizado de la Finca La Caja es sin duda la realizada en el Suplemento La Tribuna, en el número especial dedicado al Homenaje al Café de 1933. En él se destaca el prestigio internacional de Costa Rica y su hospitalidad para el ciudadano extranjero.

“La presencia de la labor realizada entre nosotros por el caballero alemán O.J. Hubbe, ya desaparecido, a quien prestara el valioso concurso de su ciencia y esfuerzo don Guillermo Peters para la formación de la espléndida finca denominada La Caja, situada al oeste de la capital entre la carretera que conduce al Virilla y la planta Electriona, en una extensión de setecientas manzanas, de las cuales hay cultivadas actualmente cuatrocientas cincuenta de café. La labor conjunta realizada por los señores Hubbe y Peters dio, pues, el magnifico resultado de que surgiera a la vida de la agricultura nacional esta hermosa finca que tiene el privilegio, entre muchos otros de estar distante de la capital sólo a unos diez minutos en automóvil, llegándose a ella por amplia y maciza carretera asfaltada, hasta la Uruca y de ahí a la finca que se extiende a uno y otro lado del camino a Electriona, siendo este trecho uno de los más pintorescos recodos de las cercanías de San losé, pues se encuentra sembrado, a todo largo, de hermosos y copudos árboles que le dan al paisaje un carácter eminentemente poético“.

También destaca La Tribuna el trabajo de los dueños de la hacienda:

“Esta valiosa heredad pertenece a don Joaquín Hubbe y doña Lisa Hubbe de Vedoua, esposa de don Ferdinand Vedova. quien tiene a su cargo la total administración de la extensa propiedad, a la que presta toda su atención no solamente en el cuido diario y minucioso sino también en el mejoramiento – si es que aún cabe – de los cultivos y métodos de beneficio que en La Caja encuentran su última expresión de industria perfecta.

Claro está que para haber logrado tan envidiable posición en la industria cafetalera del país, la preocupación de Ferdinand Vedova y Lisa Hubbe los señores Hubbe y Vedova se ha concretado a disponer de estos dos factores esenciales que dan por resultado la producción de un grano de primera calidad: un minucioso cultivo y una maquinaria excelente. En cuanto a lo primero se efectúa una revisión de la tierra, para poder determinar las parcelas cansadas a efectos de revivirlas poderosamente por medio de abonos entre los que el nitrofoska ocupa el primer lugar debido a sus excelentes pruebas rendidas en todas las latitudes del país. Esta revisión comprende también los cafetos cuyas condiciones son objeto de estudio ya para la poda, limpia y horqueteo, ya para su destrucción en remotos casos de enfermedad o esterilidad y su plantación de ellos por arbustos seleccionados de previo, con lo que se establece un estado de perenne juventud en los cafetales

En cuanto a lo segundo, La Caja se enorgullece de contar con todos los implementos de una maquinaria modelo para el beneficio.” (La Tribuna, 1933:24)

“El Padre del Café”

Historia de la casona de la Hacienda La Caja

De gran importancia es ahondar en la figura del señor Guillermo Peters, quien fungió como primer administrador de la Hacienda La Caja. Su participación en la actividad cafetalera de nuestro país le mereció el título de “Padre del Café”, según el periódico La Tribuna (1933).

Al llegar a Costa Rica don Guillermo Peters tenía apenas unos 16 años y de inmediato empezó a trabajar en la “Farmacia Alemana”, propiedad del alemán W. Boithel.

Muy pronto logró arraigarse en nuestro país y pasó a ser el administrador de la Hacienda La Caja, aproximadamente en 1915. Don Guillermo participó arduamente en la construcción de la carretera Uruca-San José.

La siguiente cita, también de La Tribuna, nos aclara quién es don Guillermo Peters:

“Hace apróximamente cuarenta años radica entre nosotros el caballero alemán don Guillermo Peters y durante todo ese tiempo, sus actividades se han dedicado por entero no solamente al cultivo sino también al estudio de la tierra, extrayendo de uno y otro muy notables experiencias que hoy sirven de segura orientación tanto a gran número de cultivadores como a acuciosos hombres de ciencia. En lo que a la industria cafetalera propiamente atañe, el señor Peters ha mostrado tan completa dedicación a su ensanche y mejoramiento, poniendo de tal modo a su servicio las energías de toda una vida y el incondicional aporte de sus atinadas observaciones, que con justicia le han valido esa distinción que la gratitud nacional reserva para una media docena de agricultores de nuestro suelo, y que se encarna en el título de “Padre del Café”. Y tan es así, que el gobierno del señor Lic. Jiménez Oreamuno, intérprete fiel de ese reconocimiento de méritos, ha nombrado recientemente al señor Peters miembro muy importante del Instituto Nacional de Defensa del Café, desde donde el país espera del señor Peters una labor altamente beneficiosa para la agricultura nacional y realmente conciliatoria de los diferentes intereses de la misma.

Al que esto escribe le parece redundancia trazar la biografía del Peters y referirse a su eficaz acción desplegada en nuestros campos, ya que una y otra son suficientemente conocidas de los costarricenses con quienes el señor Peters se ha identificado tan íntimamente, compenetrándose de tal manera hasta con nuestras necesidades políticas, que todo ello, ha hecho que don Guillermo y su familia conceptúen sinceramente a Costa Rica como una feliz prolongación de su hermosa patria.

De cafetalero a constructor

Por un período largo de años el señor Peters fue el alma mater en el resurgimiento de la espléndida finca. La Caja, de la Sucesión Hubbe y de repetir que también fue la médula principal que se empeño en la construcción de la carretera a Heredia, cuyo trabajo dirigió gratuitamente y que invirtió gran parte de su vida en trabajos agrícolas en Orosí, Pavas y Santo Domingo de Heredia, donde se le recuerda siempre con pensamientos de respetuosa simpatía, en vez de todo eso, sorprendámoslo refugiado en el hall de su maravillosa mansión campestre que se levanta singularmente hermosa y excepcional como un castillo del Rhin, enclavada en el declive montañoso que muere en las márgenes del río Virilla, de frente al espacioso y pintoresco puente de hierro que lleva este nombre y que sirve de trecho a la asfaltada carretera San José-Naranjo.

Seguramente lo sorprenderemos entregado con devoción a la lectura que es su más intenso placer, después de la diaria inspección de sus sembrados y de sus visitas a los centros científicos, sociales y políticos de la capital La Caja dispone de un enorme tren mecánico que comprende toda suerte de maquinaria relacionada con el ramo, y toda ella tan fina y acabada que complace las más rancias exigencias en materia de elaboración. Todo, desde luego, sujeto a una larga experiencia en el beneficio del grano; experiencia que no se encuentra escrita e ningún tratado, sino que es el producto de una inteligente observación.

El Beneficio queda situado frente a la deliciosa quinta de los señores Hubbe, calle a Electriona de por medio. En época de laboreo ofrece un animado espectáculo a los transeúntes, quienes comúnmente se definen en el camino para contemplar en los cafetales y en los patios a toda una hermosa procesión de trabajadores de ambos sexos y de todas las edades entregados con alegre afán a las distintas labores de la recolección y el beneficio.

Todos los sectores de la extensa finca hablan por sí solos del acendrado cuidado en que son mantenidos y aun hasta los potreros dan señales inequívocas de ser objeto de una perenne atención.

Hay un área apreciable sembrada de diversos árboles frutales que no solamente le dan diversidad a la finca sino que también constituyen otra de sus riquezas. Maíz, frijoles y verduras también se cosechan en estimable escala, pero la mayor parte de estos productos son pertenencia de los trabajadores a quienes se facilitan pequeñas parcelas para que las cultiven en su exclusivo provecho.

Las casas de los trabajadores casi todas dan frente a la calle que conduce a Electriona y forman pequeños poblados a todo lo largo de esa calle. Están dotadas de magnífica cañería y luz eléctrica y todas ellas, aunque de vieja construcción, son macizas, bien dispuestas y amplias, suficiente cada una para dar cómodo albergue a toda su familia.”

Expropiación de la Finca la Caja en la Segunda Guerra Mundial:

Cuando Costa Rica decretó la guerra a Alemania en la Segunda Guerra Mundial y dio inicio el estudio registral de los bienes de los ciudadanos de países enemigos, el capital líquido de la firma Hübbe e hijos fue establecido en ¢870.222,60, incluyendo una buena parte de lo que constituía la finca La Caja y un terreno en Sarapiquí.

El día 7 de octubre de 1942, Hübbe e hijos fue la primera empresa en firmar convenio con la Oficina de Coordinación21. En ese momento, se presentó un balance de la empresa en donde se especificaron las entradas por concepto de ventas de café para que fueran depositadas por la Oficina mencionada, en la cuenta corriente que la firma Hübbe e hijos tenía en el Banco Anglo Costarricense la cual era controlada. Para llevar este estricto control de los bienes de Hübbe e hijos, la Oficina de Coordinación llevó un libro con el detalle de todo movimiento de la cuenta corriente.

A partir del 25 de marzo de 1942, el control de los bienes, fue estrictamente llevado por La Junta de Custodia de la Propiedad de los nacionales de los países en guerra con Costa Rica. Este organismo fue creado con la finalidad de hacer cumplir los decretos ejecutivos relacionados con las propiedades y negocios pertenecientes a las personas incluidas en las Listas Proclamadas por la Naciones Aliadas y sugerir al Poder Ejecutivo las disposiciones necesarias a fin de lograr mayor efectividad en los propósitos que el Gobierno había establecido respecto a los bienes de los enemigos.


Al crearse esta Junta, quedaron sin efecto los convenios firmados entre la Oficina de Coordinación y algunas firmas alemanas, al poner del Gobierno de los Estados Unidos por finalizado ese entendimiento y declarar Costa Rica la guerra a los países del Eje. Así, a partir de marzo de 1942, la Junta de Custodia, asumió las anteriores funciones de la Oficina de Coordinación y pasó a controlar las empresas y bienes de los ciudadanos de países enemigos.

Declarada Patrimonio Arquitectónico el 17 de mayo de 1989 bajo decreto #18974-C, Gaceta #94.

Referencias:

Dra. GRACE PRADA ORTIZ, INSTITUTO NACIONAL DE APRENDIZAJE.

Fotografías del INA y varias de Internet.

Revista Electrónica de Historia Diálogos, Volumen 14, #2, Setiembre 2013.

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