Los primeros panteones en Costa Rica

Deseo compartir con ustedes este interesante reportaje que publicó la Nación en su Revista Viva. La autora, la investigadora Ana Isabel Herrera Sotillo nos da una explicación al respecto. 

Secretos de panteón:

• Aunque hay poca información, algunos documentos y anécdotas permiten hilar la historia de los cuatro primeros cementerios capitalinos

¿Se ha puesto a pensar dónde estarán enterrados los restos de sus antepasados, como los de sus tatarabuelos? Probablemente usted ni se imagina dónde pueden hallarse. Y es que para los costarricenses cuyos ancestros del siglo 18 y 19 vivieron en San José, puede ser difícil concebir que el terreno en donde hoy hay una tienda, el jardín de una iglesia, una soda o un play ground, se utilizó hace cientos de años como panteón.

Las memorias de los primeros cementerios de nuestra ciudad capital ocupan uno de esos capítulos de la historia costarricense que por diversas circunstancias (como pérdida de documentos) han sido poco investigados, equivocados y hasta olvidados.

Sin embargo, documentos como los archivos de la Curia Metropolitana y diarios escritos del puño y letra por personas de siglos pasados, así como el interés de cierta gente por desentrañar la historia, han permitido hilar la existencia de los primeros panteones.

Ana Isabel Herrera Sotillo, investigadora que ha dedicado varios años a la historia de la Catedral Metropolitana, es también una de las personas más conocedoras de los primeros sitios en dónde depositaban a los muertos metropolitanos.

Los primeros entierros
En una pared externa de la tienda Scaglietti (frente al costado este del Banco Central en calle 4, avenidas central y primera) hay una placa con una inscripción que dice que ahí estuvo la primera ermita de San José. En ese mismo sitio se ubicó el primer cementerio.

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“Desde la época colonial, en cada pueblo o ciudad el cementerio estuvo situado a uno u otro lado de la iglesia, San José no fue la excepción”, explica Herrera.

Según ella, este primer panteón se debió haber utilizado a partir de 1738, cuando se terminó la ermita (San José se fundó dos años antes), y hasta 1776. Ese año se construyó una iglesia de adobe para la Parroquia del Señor San José (hoy Catedral Metropolitana) y en el jardín del norte se ubicó lo que fue el segundo cementerio.

Según un relato del Dr. Vicente Lachner que aparece en el libro Monografía de Cartago, en 1813 el Gobernador Ayala mandó a retirar los cementerios de las iglesias y a construirlos rodeados de cercas, fuera de las poblaciones. “El cementerio de la Catedral dejó de utilizarse a partir de ese año, pero la iglesia siguió administrándolo hasta 1845, momento en que la Junta de Caridad se hizo cargo”, explica la investigadora. Este era el futuro panteón del cólera.

Un dato que se ha publicado en varios lugares, y que según Herrera es erróneo, es que cuando se construyó el Hospital San Juan de Dios en 1845, al lado se ubicó el cementerio. “Nunca hubo un cementerio ahí. Después de que se clausuró el de la Catedral, se empezó a utilizar el terreno donde hoy se ubica la Iglesia de Las Ánimas (toda la cuadra), en la avenida 10, diagonal al actual Cementerio General”, afirma. Este lugar, del que se tiene poca documentación, se menciona en diversos escritos con diferentes nombres: Cementerio Viejo de San José, el Panteón Viejo y el Cementerio del Cólera.

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Iglesia de las Animas donde estuvo lo que se llamó Cementerio Viejo de San José, el Panteón Viejo y el Cementerio del Cólera.

Cementerio del Cólera
El panteón viejo se utilizó desde 1814 hasta 1856. Al parecer, con la peste del cólera se destinó una parte de ese terreno para enterrar a las víctimas en fosas comunes.

Sobre esto, Gonzalo Chacón Trejos relata en el libro Tradiciones Costarricenses: “A principios de junio de 1856 estaba la peste en el apogeo de su estrago, y la mortandad era tanta, que fue necesario abrir un nuevo cementerio. Así nació el hoy desaparecido Cementerio del Cólera”.

El irlandés Thomas Francis Meagher escribe en 1858: “Un poco más cerca del Campo de Marte (La Sabana) está el antiguo cementerio católico (…) Cuando el cólera afectó el país, las víctimas que hizo la plaga en las vecindades se contaron por miles y fueron enterradas allí. Desde entonces se clausuró el cementerio. Es terreno vedado. De modo que la vegetación se va espesando y las tumbas sin nombre se borran”.

Este relato, parte del libro Costa Rica en el Siglo XIX de Ricardo Fernández Guardia, aclara el descubrimiento de restos en esa zona hace pocos meses, cuando se hizo una excavación para construir una nueva tapia al costado este de la cuadra (frente al Cementerio de Extranjeros). Eric Fallas, constructor que trabaja en ese terreno –donde se ubicará el nuevo Archivo de la Curia–, dice que ellos cavaron tres metros de profundidad y encontraron los restos a los dos metros. “Los huesos los dejamos allí. Luego esto se volverá a tapar”, explica.

Tumbas sobre tumbas
La fecha de apertura del Cementerio General no está del todo clara, pues los registros más antiguos que existen datan de 1870. “A partir de entonces se empezaron a vender los derechos de los terrenos. Los libros anteriores se perdieron”, afirma Manuel Roldán, administrador de este camposanto.

Lo que sí se sabe es que no solo en donde se ubicó el Cementerio del Cólera hay restos, pues se han encontrado también en el Cementerio General.

“Para mí esto siempre fue un cementerio”, opina Roldán. Cuenta que hace unos años abrieron unas zanjas para pasar unas tuberías y encontraron bloques de ladrillo y adentro huesos. Otros restos se han encontrado en ese mismo terreno.

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El Cementerio General es el más grande del país con nueve hectáreas. (La Nación)

Javier Chavarría, quien tiene 47 años de trabajar en dicho panteón, afirma que todo el terreno fue un cementerio. “Si usted se fija bien, hay unas bóvedas que están como volcadas, eso es porque las cajas de madera (ataúdes) que se utilizaban antes se deshicieron y la tierra que tenían encima se ha venido falseando”, explica. A este señor ya le ha tocado varias veces encontrarse con restos muy antiguos. “Uhhh… eso tiene más de 150 años”, afirma con seguridad.

Todo esto quiere decir que sobre las tumbas y mausoleos más lujosos del más grande cementerio de la capital –declarado recientemente Patrimonio Histórico y Arquitectónico de Costa Rica–, se enterraron a otros muchos costarricenses, posiblemente de origen humilde. No importa quienes fueron unos o los otros, lo cierto es que todos están bajo tierra ahora, como también lo estaremos nosotros.

Del polvo nacimos y polvo volveremos a ser.

Datos curiosos
El cementerio de la Catedral se respetó luego de su clausura por varios años. En 1864 el Cabildo declara que “algunos sin respeto al lugar sagrado, cometen el abuso de entrar bestias en el cementerio y aun amarrarlas en el corredor de la sacristía”. Sin embargo, después de la refacción en 1871, se olvidó que el lugar era sagrado.

Javier Chavarría, panteonero del Cementerio General, dice que algunos restos que se encuentran en la cuadra donde hoy está la Iglesia de las Ánimas, pertenecen no solo a víctimas del cólera sino también a combatientes de la guerra de 1948.

El terreno donde hoy se ubica un play ground en Avenida 10 (frente al Cementerio de Extranjeros) fue el primer panteón protestante, pero se clausuró por ser muy pequeño.

 

Referencias:

  • Gabriela Rodrígiuez, Colaboradora de La Nación
  • Investigadora Ana Isabel Herrera Sotillo.

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