La Independencia de Costa Rica

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Durante el período colonial Costa Rica era una provincia de la Capitanía General de Guatemala, que a su vez dependía del Virreinato de la Nueva España (México). Y éste, a su vez pertenecía al Imperio Español. Por eso no se puede analizar la independencia de Costa Rica, en forma separada de la independencia de Centroamérica.

Ésta estuvo motivada por una serie de factores internos y externos, como por ejemplo: nombramientos de españoles en todos los cargos políticos y lo relacionado con la recolección de impuestos; las colonias eran obligadas a importar todos los productos manufacturados de España; la expulsión de los jesuitas de las colonias americanas, entre otros.

Asimismo, la Revolución Francesa (1789), la Revolución Americana (1776) y las ideas de la ilustración en Europa, sirvieron como detonante para la emancipación de las colonias de España. Si a esto se suman las invasiones de Napoleón Bonaparte a España entre 1808-1814, que provocaron que las colonias americanas juzgaran que no tenían que obedecerle a un gobernador francés; veremos que se dio el caldo de cultivo necesario para que las ideas de la independencia germinaran con fuerza en algunos sectores influyentes de la sociedad colonial.

Además, hay que tomar en cuenta que para 1821 ya los países de América del Sur se habían emancipado de España, igual que México y Chiapas.

Todo esto hizo que el 15 de setiembre de ese mismo año, se reunieran en el Palacio de Gobierno de la Capitanía General de Guatemala representantes de los poderes públicos, civiles, eclesiásticos y militares para discutir la posibilidad de la independencia.

Después de muchas discusiones y de la presión del pueblo -que se había reunido para apoyar la causa independentista, bajo el liderazgo de doña Dolores Bedoya de Molina– se acordó firmar la declaratoria de Independencia de España y se encargó a José Cecilio del Valle redactar este acuerdo.

 

El Acta de Independencia fue enviada posteriormente a todas las provincias de la Capitanía General; llegando a Cartago el 13 de octubre de 1821. La noticia de independencia produjo mucha confusión entre los habitantes de Cartago, San José y Heredia, pues el acontecimiento los había tomado por sorpresa. El entonces gobernador de Cartago, don Juan Manuel de Cañas, al conocer la noticia se reunió con las autoridades de esa ciudad para tomar una decisión al respecto.

Las reuniones se prolongaron sin llegar a ningún acuerdo, por lo que resolvieron formar una Junta Provisional del Gobierno integrada por los legados nombrados por los ayuntamientos de los pueblos. En consecuencia, el 29 de octubre de 1821 se celebró un cabildo abierto en Cartago y se redactó el acta que proclama la Independencia de Costa Rica del Gobierno español.

En este documento se acordó la independencia absoluta del Gobierno español; pero al mismo tiempo se aprobó que se observaran la Constitución y leyes que promulgara el Imperio mexicano; en el “firme concepto de que en la adopción de este plan consiste la felicidad y verdaderos intereses de esta provincia”.

Sin embargo, el juramento de fidelidad a Iturbide, emperador mexicano, fue aplazado con diversos pretextos y al final nunca llegó a realizarse. Toda Centroamérica estaba dividida en torno a este asunto; inclusive en el mismo imperio mexicano se desarrolló una guerra civil por el mismo motivo (enfrentamientos entre imperialistas y republicanos).

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Acta de Independencia del 29 de octubre de 1821

Costa Rica no fue la excepción. En 1823 se produjo una guerra civil que enfrentó a cartagos y heredianos contra josefinos y alajuelenses en torno al tema de la anexión a México. El 29 de marzo, los imperialistas de Cartago tomaron el cuartel y desconocieron al gobierno de la provincia. El 5 de abril se produjo en el alto de Ochomogo un enfrentamiento con las tropas de San José. La derrota de los partidarios de la anexión fue total. Lo absurdo de esta guerra fue que al poco tiempo se supo que Iturbide había sido obligado a renunciar como emperador desde el 19 de marzo. El Imperio ya no existía y se volvió a plantear la cuestión de si la provincia se uniría o no a un estado más grande.

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Como se puede ver, la Independencia no fue un suceso del todo claro, sino que fue un proceso que llevó meses y hasta años, pues pasada la Independencia y después de una serie de hechos militares y políticos; incluyendo la guerra de Ochomogo y el paso por la Federación Centroamericana; no será hasta el 31 de agosto de 1848 con la creación de la República de Costa Rica, que este pueblo obtuvo la libre autodeterminación para regirse y gobernarse a sí mismo; por medio de sus gobernantes, quienes proveerán el marco jurídico y constitucional que irá marcando la joven nación.

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Curiosamente nuestro país no supo de este acontecimiento tan relevante, hasta un mes después, debido a que en esos días, …

Suscriptores del Acta

Estos firmantes de Acta del 29 de octubre de 1821 fueron: el jefe político subalterno de Costa Rica Juan Manuel de Cañas-Trujillo y Sánchez de Madrid; los alcaldes constitucionales primero y segundo de Cartago, Santiago de Bonilla y Laya-Bolívar y José Mercedes de Peralta y López del Corral; los regidores Juan José de Bonilla y Herdocia, Nicolás Carazo y Alvarado, Pedro José Carazo y Alvarado, Narciso Esquivel y Salazar, Vicente Fábrega y Arroche, Salvador de Oreamuno y Muñoz de la Trinidad, Félix Oreamuno y Jiménez, José María de Peralta y La Vega, Francisco Javier Sáenz y Ulloa, Manuel de la Torre y Romero y José Antonio Echandi e Hidalgo; los procuradores síndicos de Cartago José Santos Lombardo y Alvarado y Joaquín de Oreamuno y Muñoz de la Trinidad, y el secretario del Ayuntamiento Joaquín Carazo y Alvarado.

Aunque no eran miembros del Ayuntamiento, también suscribieron el Acta el teniente de los Ministros de la Hacienda Pública Manuel García Escalante, el Vicario Eclesiástico Pedro José de Alvarado y Baeza, el cura párroco de Cartago José Joaquín de Alvarado y Alvarado, los legados o representantes de los Ayuntamientos de otras poblaciones de Costa Rica que se encontraban en esos momentos en Cartago: Rafael Francisco Osejo (por el Ayuntamiento de la villa de Ujarrás), Gregorio José Ramírez y Castro (por el Ayuntamiento de la villa de Alajuela), Juan de los Santos Madriz y Cervantes (por el Ayuntamiento de la ciudad de San José), Cipriano Pérez y Arias (por el Ayuntamiento de la villa de Heredia), Bernardo Rodríguez y Alfaro (por el Ayuntamiento del pueblo de Barva) y Miguel de Bonilla y Laya-Bolívar(por los Ayuntamientos del pueblo de Bagaces, la ciudad de Esparza y los pueblos indígenas), así como los señores Manuel María de Peralta y López del Corral y Tranquilino de Bonilla y Herdocia.

Referencias:

  • Pérez Brignoli, Héctor. Breve Historia Contemporánea de Costa Rica. México: Fondo de Cultura Económica, 1997.

El pan francés en Costa Rica

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Aquí les dejo una simpática historia que me encontré rebuscando en periódicos. Espero que sea de vuestro agrado.

Siglo XIX. Corría la década de los 60. Bajó de un barco, en Puntarenas, un joven francés que llegaba por primera vez a América, creyendo –como casi todos los emigrantes que venían de Europa-  que aquí había trozos de oro en cualquier calle y que las monedas y billetes crecían en árboles.

Con  sus bolsillos escuálidos, llegó desde Marsella, tras un peligroso viaje de unos cinco meses, vía el Estrecho de Magallanes, al sur de América.

Ojos azules, cabello rubio y estatura media, el “franchute” no hablaba ni jota de español. Desilusionado de “La Perla del Pacífico”, optó por probar suerte en la ciudad de Alajuela.

Con unos 4.000 habitantes, la Alajuela de entonces lo adoptó y como era, y es, costumbre en ese pueblo, le pusieron un apodo. Como nadie podía decir su primer nombre, optaron por llamarlo por su apellido, Martin. Así se quedó “Don Martín”.

Pronto, el francés se dio cuenta de que en Alajuela nadie hacía pan blanco, popular y cotidiano en hogares franceses. Construyó entonces un gran horno ante la curiosidad de los vecinos. Y una mañana de tantas, a la salida de misa, aparecieron varios niños pregonando: ¡Vendo pan blancoooo…!  ¡Fresquito y tostaditooo! ¿Quién quiere pan calientito? ¡¡¡Pan…Pan….Pan!!!

Aquello impactó a los alajuelenses pues nunca habían escuchado a niños vendiendo en sus calles audazmente un nuevo producto.  Al principio, trataron de boicotearlo. Argumentaron que era mejor el pan de maíz que hacían las abuelas, que aquel con harina de trigo.

Pero, poco a poco, fueron comprando más y más pan blanco… y hasta el día de hoy.

Fue así también como los expertos  pone-sobrenombres le pusieron apellido a don Martín: lo bautizaron Blanco, blanco por el novedoso pan que hacía. Desde entonces, y hasta que entregó su alma al Creador, siguió llamándose oficialmente don Martín Blanco.

De esa singular manera brotó en Costa Rica el apellido Blanco.

Don Otilio desciende de aquel famoso panadero.
Don Otilio Ulate desciende de ese famoso panadero.

Y para preservar la especie y terminar de hornear el asunto, fue necesaria una deliciosa “costilla”: don Martín casó con una bella señorita de Alajuela. Ella era de origen vasco y su apellido, Olarte. Y como ese apellido también se le dificultaba a los alajuelenses, pronto se lo cambiaron por Ulate.

Entre sus descendientes destaca un nieto que tendrá  para siempre un sitio en la historia costarricense. Un hombre de extracción humilde, apodado “El Mono”, quien alcanzó, merced al pan blanco, la Presidencia de la República…

¡Otilio Ulate Blanco!

Referencias:

  • crhoy.com Noticias 24/7
  • Anuario del Cuento Costarricense 1967, Villegas, Xinia.