Campaña Nacional…segunda Fase

Entre diciembre de 1856 y mayo de 1857, Costa Rica tuvo dos frentes abiertos en el teatro de la guerra de la Campaña Nacional: uno en territorio nicaragüense, luchando en conjunto con el resto de los ejércitos centroamericanos, y otro en el río San Juan, con el objetivo de arrebatarle a los filibusteros el control de la ruta del tránsito. Los puntos sobre el río San Juan revestían gran importancia estratégica, dado que por ella recibían las fuerzas de Walker toda clase de refuerzos y pertrechos provenientes de los Estados Unidos, desde Nueva York y Nueva Orleáns. A esta segunda fase de la Campaña Nacional se le conoce como Campaña del Tránsito.

Combate naval de San Juan del Sur

Grabado de época que representa la batalla de San Juan del Sur.

El 1 de noviembre de 1856, mediante decreto, el presidente Juan Rafael Mora ordenó el bloqueo del puerto de San Juan del Sur y del río San Juan,​ con el objetivo de cortar la vía de comunicación por la que recibían refuerzos los filibusteros. Al día siguiente, un batallón de 400 soldados costarricenses al mando del general José María Cañas ingresó a Nicaragua proveniente de Liberia,​ ocupando San Juan del Sur, puerto vital para la vía del Tránsito. El 10 de noviembre, las tropas de Cañas rechazaron, cerca de Rivas, un ataque de 400 soldados filibusteros al mando de los oficiales Hornsby y Sanders, pero dos días después, William Walker, al mando de 600 hombres, derrotó a Cañas en Puente Grande, y lo obligó a replegarse hacia la ciudad de Rivas.

Al enterarse el gobierno costarricense que el general José María Cañas había ocupado el puerto de San Juan del Sur, el presidente Mora decidió enviar pertrechos para reforzar a las tropas, por lo cual el 11 de noviembre de 1856 zarpó de Puntarenas la única nave militar del ejército costarricense: el bergantín Once de Abril.​ Este era un barco estadounidense adquirido en octubre de 1856 por el gobierno de Costa Rica, con el objetivo de defender el estratégico puerto de Puntarenas. El Once de Abril, bautizado así en honor a los hechos de la Batalla de Rivas, pesaba 166 toneladas y estaba armado con cuatro cañones de bronce de nueve libras.​ Iba cargado con gran cantidad de armas (rifles Minié, fusiles, tiros, cartuchos, balas, sacos de metralla) y provisiones. Contaba con una tripulación de 28 miembros, 70 rifleros y 16 voluntarios,​ incluido al cura párroco de Puntarenas, el presbítero ecuatoriano Víctor Godoy. El comandante del barco era un joven peruano de 21 años, residente en Puntarenas, llamado Antonio Valle-Riestra y Albarracín, quien era yerno del general Cañas.

Tras 12 días de una dura travesía debida al clima adverso, el bergantín divisó el puerto de San Juan del Sur, sin embargo, a su encuentro salió la goleta Granada, que ondeaba bandera filibustera, pues tras la retirada de Cañas, los filibusteros habían vuelto a tomar control del puerto. El Granada era un barco costarricense originalmente llamado San José, que en junio de 1855 había sido capturado por los filibusteros y rearmado con doce cañones. Esta goleta iba comandada por el tejano Callender Irving Fayssoux, al mando de 33 hombres. Al divisar al Once de Abril, el Granada inició una serie de descargas de cañón y fusilería. A las 6 de la tarde del 23 de noviembre de 1856, cuando se encontraba a una distancia de 400 metros del Granada, el Once de Abril abrió fuego, pero el Granada, más ligero y versátil, lograba resistirlo presentando al combate únicamente la proa o la popa.48​ Luego de seis horas de combate, cerca de la medianoche,​ un impacto causó el incendio del depósito de pólvora del Once de Abril, haciendo explotar al navío, matando a gran cantidad de hombres y hundiendo el barco.​ Setenta y nueve costarricenses, incluyendo al padre Godoy, murieron en el combate o se ahogaron, mientras que los filibusteros perdieron 18 tripulantes.​ Los 48 sobrevivientes del Once de Abril, muchos con severas quemaduras, fueron rescatados por los botes del Granada. El capitán Valle-Riestra, que había resultado gravemente herido, fue atendido por los médicos filibusteros con gran esmero, por orden expresa de William Walker, y permaneció como prisionero hasta que el general Cañas negoció su liberación y regreso a Costa Rica en 1857.

El Combate de San Juan del Sur es el único conflicto bélico que se ha efectuado en la historia naval de Costa Rica, y también se le considera el mayor triunfo militar obtenido por los filibusteros durante la Campaña Nacional.​

Combate de La Trinidad

Por su participación en la batalla de la Trinidad, el barveño Nicolás Aguilar Murillo fue ratificado héroe nacional en 2013.

Una vez que Costa Rica reanudó la Campaña Nacional, el Ejército Expedicionario fue dividido en dos unidades: la primera, conformada por 700 hombres y a cargo del general José María Cañas, marchó hacia Nicaragua por Guanacaste, mientras que la otra, llamada División de Vanguardia y formada por 200 soldados, lo hizo por las llanuras de San Carlos hacia el río San Juan. Esta segunda tropa tenía la importante tarea de adueñarse de la vía del Tránsito, ya que esta era la principal ruta por la cual el ejército filibustero se proveía de recursos. El dominio de la vía del Tránsito, el punto estratégico más importante de todo el conflicto, le aseguraba la victoria a cualquiera de los bandos.

A comienzos del mes de diciembre de 1856, este contingente de 200 hombres, cuidadosamente escogidos, fueron enviados hacia Nicaragua con la misión prioritaria de tomar cuanto antes el puesto de La Trinidad, un sitio estratégico ubicado en un islote en la confluencia del río Sarapiquí con el río San Juan. Al mando de esta columna estaban el mayor Máximo Blanco y el coronel Pierre Barillier (en la práctica, el mando de Barillier sería solamente nominal, pues su desempeño en la batalla de Rivas había levantado dudas entre el alto mando nacional), y entre sus integrantes estaban el teniente coronel Joaquín Fernández (miembro del Estado Mayor del presidente Mora), el inglés George F.Cauty, capitán de marina de la Corona Británica, y el capitán estadounidense Sylvanus H. Spencer, en calidad de asesor militar. Estos hombres partieron de Alajuela el 5 de diciembre hacia Muelle de San Carlos, a donde llegaron el 9. Después de muchas penalidades, llegaron el 14 de diciembre a las riberas del río San Carlos, por donde seguirían la travesía hacia La Trinidad. Se improvisaron unas modestas embarcaciones, conformadas por barcas y lanchas toscamente labradas, obra del capitán Francisco Alvarado. En un lugar conocido como el Estero de La Bruja, la embarcación que llevaba la artillería se hundió por una violenta tempestad. En la boca del río Sarapiquí, se desembarcó un número considerable de combatientes enfermos. Solamente 70 hombres pudieron continuar la travesía.

El 21 de diciembre, llegaron al Estero de Colpachí, donde pasaron la noche. Ocultos en la oscuridad, los costarricenses observaron el paso de un barco de vapor filibustero con rumbo hacia el lago de Nicaragua. El 22 de diciembre, a las 12:30, los costarricenses atacaron a los filibusteros por tres flancos: una columna de 30 hombres bajo las órdenes del mayor Blanco tomaron el flanco derecho, mientras que el resto atacaría por el centro y la izquierda, siguiendo el mando del teniente coronel Fernández y el capitán Spencer. En cuarenta minutos, por medio de ataque de bayoneta, lograron apoderarse de La Trinidad con muy pocas bajas. Mientras los filibusteros perdieron 60 hombres y se les capturaron 6 prisioneros, los costarricenses tuvieron 9 muertos y 10 heridos.

Durante esta batalla, se destacó un agricultor procedente de la villa de Barva, de nombre Nicolás Aguilar Murillo, quien habría sido el primero en saltar de su trinchera y apoderarse de un cañón enemigo, y tras matar al centinela, entabló combate cuerpo a cuerpo con un filibustero con fama de aguerrido, de apellido Thompson, a quien venció dejándolo herido.

Castillo de la Inmaculada Concepción en el Río San Juan

El combate de La Trinidad fue una corta pero vital escaramuza en el objetivo el Ejército de Costa Rica en abrirse camino para controlar la vía del Tránsito. Desde el punto de vista estratégico, se le considera una batalla fundamental de la Campaña Nacional, ya que permitió la posterior toma de los vapores filibusteros que navegaban el río San Juan y que proveían de tropas y pertrechos a William Walker.

Toma de los vapores del San Juan
Luego de la batalla de La Trinidad (22 de diciembre), a la madrugada del día siguiente, un grupo de 45 soldados costarricenses bajo el mando del mayor Máximo Blanco, el coronel Francisco Alvarado y el capitán estadounidense Sylvanus H. Spencer, tomaron punta Castilla, en la bahía de San Juan del Norte, apoderándose de cuatro vapores filibusteros anclados allí: “Wheeler”, “Machuca”, “Ch.Morgan” y “Bulwar”. Un agente de la Compañía del Tránsito de apellido Scott hizo un amago de ataque, pero al observar la presencia de dos cañoneras inglesas que observaban los acontecimientos, solicitó al capitán que interviniera, alegando temor por su vida y la de su familia y pidiendo protección para la Compañia. El comodoro inglés, invocando las leyes de neutralidad, denegó la solicitud y declaró la ocupación de los barcos por el ejército costarricense como legal. El presidente Mora hizo circular un panfleto en San Juan del Norte prometiendo paso libre hacia Nueva York a los filibusteros que quisieran regresar a los Estados Unidos. Esa misma tarde, los oficiales y jefes costarricenses visitaron la ciudad y fueron bien recibidos.

Batalla del Castillo Viejo

La Batalla del Castillo Viejo se llevó a cabo en el llamado Castillo de la Inmaculada Concepción o Castillo de San Juan, una antigua fortificación española construida a finales del siglo XVII, que domina el curso medio del río San Juan. Fue edificado con el objetivo de defender la región contra las invasiones de piratas ingleses y de zambos mosquitos provenientes del Caribe nicaragüense.

La Batalla del Castillo Viejo fue considerada por el presidente Juan Rafael Mora como la más heroica hazaña de la Campaña Nacional, por el hecho de que los hombres del coronel Faustino Montes de Oca resistieron durante tres días el asedio de un contingente de 200 filibusteros.

Combate del Fuerte San Carlos
Luego de la toma del Castillo Viejo, el siguiente paso era la toma del fuerte San Carlos, una fortaleza ubicada en la desembocadura del río San Juan en el Lago de Nicaragua. Se designó a un capitán de marina inglés de apellido Cauty con el mando de los vapores. A bordo del vapor “J.Ogden”, Cauty, junto a 45 hombres bajo el mando de Francisco Echandi, Jesús Alvarado, Francisco Quirós y Dionisio Jiménez, se acercaron sigilosamente al fuerte San Carlos. La fortaleza fue tomada por sorpresa la noche del 30 de diciembre de 1856, dejando 26 muertos entre las tropas costarricenses. No se conoce el número de bajas entre los filibusteros. Al día siguiente, el 1 de enero de 1857, arribó al fuerte el vapor “Virgen”, capitaneado por el general José Joaquín Mora Porras, y se hicieron los preparativos para capturar el vapor “San Carlos”, el más grande de la flota y el único que quedaba en manos de los filibusteros en ese momento.

El vapor “San Carlos” se encontraba en ese momento de viaje entre el puerto de La Virgen y San Juan del Norte. Fue avistado el 3 de enero de 1857. Las tropas costarricenses tendieron la emboscada con 60 hombres y tres cañones a bordo del “Ogden”, más las fuerzas que se encontraban dentro del fuerte. Se creía que William Walker podía venir al frente del vapor con más de 1000 hombres, por lo que se hicieron los preparativos de rigor para una batalla de gran envergadura. Cuando el barco se acercó, un inglés que peleaba en el bando costarricense subió a bordo preguntando por un teniente que, según se sabía luego de interrogar a los prisioneros, iba a bordo del “San Carlos”, a quien se instruyó bajar a tierra para entrevistarse con el comandante del fuerte, mientras el vapor seguía río adentro. Esto se hizo para que el “Ogden” pudiera acercarse y cortarle el regreso al lago, como en efecto sucedió. Intimidados, los filibusteros rindieron el barco y la tropa costarricense se apoderó del navío. En el “San Carlos” venían 350 pasajeros estadounidenses, los cuales fueron conducidos al Castillo Viejo y de allí llevados en diversos barcos a San Juan del Norte para que pudieran seguir su camino. La toma del fuerte San Carlos fue de vital importancia para asegurar el efectivo control de las naves que pasaban por el río San Juan y el Lago de Nicaragua hacia Granada. De eso modo, las fuerzas costarricenses se garantizaban el bloqueo de la Vía del Tránsito.

Combate de la Isla Ometepe
El 1 y 2 de diciembre de 1856, un grupo de 150 indígenas de la isla de Ometepe, atacaron un hospital filibustero localizado en la población de Moyogalpa, ubicada en esta isla del Lago de Nicaragua. Para evitar un retorno de los filibusteros a Moyogalpa, el 6 de diciembre, los indígenas se alían con el Ejército Expedicionario costarricense, y juntos atacaron e incendiaron el poblado. Del lado costarricense, fallecieron 28 soldados provenientes de San José, Cartago y Heredia.

Batalla de San Jorge
Batalla de Rivas
Rendición de William Walker
El 30 de abril de 1857, dos oficiales de William Walker, el general Henningsen y el mayor Brady, se entrevistaron con el capitán Charles H.Davis, de la marina estadounidense, para discutir las condiciones de rendición de los filibusteros. William Walker no pretendía aceptar la derrota ni rendirse ante los ejércitos centroamericanos, por lo que Davis fue nombrado mediador en representación del general José Joaquín Mora Porras, Comandante en Jefe de los ejércitos unificados de Centroamérica. Walker se encargó de redactar el mismo las cláusulas de la rendición, entre las que se aseguraba en que él y sus oficiales pudieran ser evacuados con sus armas y trasladados con seguridad a Panamá o San Francisco. En dichas cláusulas, Walker también se aseguró no mencionar directamente a los vencedores, nombrándoles únicamente como “el enemigo”. Davis y Walker firmaron el convenio, rindiéndose definitivamente William Walker el 1 de mayo de 1857.

Los ejércitos de Costa Rica y Guatemala ocuparon la ciudad de Rivas ese mismo día y tomaron el cuartel de Walker, donde hallaron que solo quedaban 600 filibusteros desarmados, los cuales desfilaron por la plaza, donde se les leyó lo convenido en la cláusula de rendición frente al capitán Davis y los oficiales de los ejércitos aliados. Junto a 16 oficiales de su Estado Mayor, William Walker partió hacia San Juan del Sur, embarcándose en el buque Saint Mary, de la marina estadounidense, prometiendo de palabra no volver jamás a Centroamérica. Le acompañaron el capitán Davis y el comandante en jefe del ejército guatemalteco, general Víctor Zavala Córdoba.

A propósito de la rendición de Walker, el general José Joaquín Mora escribió:

“…sería imposible tomar Rivas pero a fuerza de mucha sangre…no queriendo sacrificar más vidas… el 26 era desesperada la situación de los filibusteros, sabiendo el capitán Davis, la extremidad en a que se hallaba reducida la plaza, interpuso su amistosa mediación, para que se impusiera a Walker la rendición en Rivas.

Imposible me fue, no acceder al noble ruego del estimable capitán, y le autoricé para que intimara la rendición a Walker.

El jefe de los filibusteros obedeció a trueque de conservar su inútil vida.

En la tarde del primero de mayo, entraron las divisiones de Costa Rica y Guatemala a Rivas, y 600 filibusteros que, estaban formados sin armas ante la casa del Dr. Cole, se entregaron. Una hora después salió Walker.

Cumplida mi misión, dejé mis órdenes para consolidar la paz, relegué el mando, y regresé a Costa Rica, dejando los puestos militares del San Juan, desde el Fuerte de San Carlos a la Punta de Castilla, guarnecidos y asegurados, bajo la custodia de los costarricenses…

Después de cuarenta días de asedio puesto a Walker y los suyos… he dado pues, término a la guerra que los gobiernos de Centroamérica me hicieron la honra de encomendarme…”

No obstante, ninguna cláusula en el convenio de rendición impedía a William Walker regresar a Centroamérica, cosa que intentaría en varias ocasiones. En su último intento, fue capturado y fusilado a las 8 de la mañana del 12 de septiembre de 1860, en Trujillo, Honduras.

De acuerdo al informe del general Charles Henningsen, en total fallecieron unos 1000 filibusteros durante toda la guerra, ya fuera en combate o por enfermedades. El número de bajas del lado centroamericano fue significativamente mayor: según el autor Walter O.Scroggs, cuatro o cinco veces mayores a las de los filibusteros, especialmente debido a la peste del cólera.

En recuerdo de la victoria centroamericana, el presidente Juan Rafael Mora Porras firmó un decreto donde declaró el 1 de mayo como feriado, celebrándose a su vez con solemnidad, saludándose el Pabellón Nacional y lanzando al aire veintiún cañonazos. En su discurso en el Congreso, Mora mencionó que:

“El 1 de mayo debe ser recordado y festejado en Costa Rica como día de gloria para la raza latina, que ha sabido defender su religión y su Patria y escarmentar debidamente a la horda salvaje que intentara sumirnos en la más oprobiosa esclavitud”.

Consecuencias de la Campaña Nacional
En Costa Rica, se considera a la Campaña Nacional como la lucha por la libertad, con el mismo significado de una guerra por la independencia, dado que el país vio amenazada su propia existencia, su integridad territorial y su cultura. Esto sirvió para fortalecer el patriotismo, fortaleciendo la identidad colectiva entre los costarricenses, otorgándole rasgos mejor definidos a la nación. Por estos motivos, se considera a la Campaña Nacional como vital en el proceso de formación de la identidad nacional y básica para la conformación de Costa Rica como estado-nación. Se le considera la coyuntura más trascendental en la construcción de la nacionalidad costarricense.

 

Referencias:

  • Molina, Iván; Palmer, Steven (2011). Historia de Costa Rica (2.ª edición). San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica. p. 222. ISBN 978-9968-46-024
  • Vargas Araya, Armando (2007). El lado oculto del presidente Mora: resonancias de la Guerra Patria contra el filibusterismo de Estados Unidos (1850-1860) (1.ª edición). San José, Costa Rica: Eduvisión. p. 432. ISBN 978-9968-521-96-3.
  • Bosch, Juan (1993). De Cristóbal Colón a Fidel Castro: el Caribe frontera imperial (8.ª edición). Santo Domingo, República Dominicana: Editorial Corripio. pp. 547-548.

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