Templo Católico Nuestra Señora María Auxiliadora, Cartago, Cartago, Occidente, 1851-1900.

En un área de 1.459,80 metros cuadrados, el templo de María Auxiliadora está situado a medianía de cuadra, entre las avenidas 2a y 3a y las calles 13 y 15 en el barrio El Molino, Distrito Segundo Occidental del Cantón Primero, provincia de Cartago. Es el templo parroquial, circundado por el complejo cívico-cultural Plaza de la Independencia.

De marzo de 1888 a marzo de 1988 fue parte del edificio del Hospicio de Huérfanos de Cartago. Este a lo largo del siglo recibió los nombres: Hospicio de Huérfanos de Cartago, Escuelas Profesionales de Artes y Oficios Salesianas, Colegio Vocacional de Artes y Oficios (COVAO) y Sede de la Asociación Deportiva del Club Deportivo Cartaginés.

El templo parroquial pertenece a las temporalidades de la Arquidiócesis de San José desde el 23 de agosto de 1996, fecha en que le fue donado por la Municipalidad del Cantón Central de Cartago.

Mediante decreto de la Presidencia de la República el 27 de noviembre de 1998 fue declarado e incorporado al Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica. Decreto publicado en la Gaceta el 9 de febrero de 1999.

Es un punto de referencia para la localización de residencias, centros comerciales y puntos importantes de la ciudad.

El Hospicio de Huérfanos de Cartago y el Templo de María Auxiliadora

En Costa Rica la pobreza es un mal heredado desde la Colonia. La sociedad de XIX afectada económicamente por la baja de los precios del café en el ámbito internacional, el elevado gasto público durante el largo periodo de don Tomás Guardia, la prioridad y alta erogación en la construcción del ferrocarril al Atlántico y la carrera armamentista ante el peligro de guerra ante el resto de Centroamérica, y la peste del Cólera de mediados de siglo acentuaron el problema de abandono y pobreza. La orfandad toma niveles inusitados.

En Cartago, la Municipalidad, la Iglesia y personas adineradas preocupadas por la niñez desamparada, hacen el planteamiento de la fundación de un hospicio para los huérfanos.

Por iniciativa del Pbro. Joaquín Alvarado Ruíz y su hermana Joaquina se funda en Cartago, como consta en la Escritura del 3 de abril de 1880 un orfanato con el nombre de Hospicio de Huérfanos de la Ciudad de Cartago. Para el sostenimiento de la obra, los hermanos Alvarado traspasan una finca de su propiedad a la Municipalidad de Cartago. La Municipalidad a su vez se compromete a empezar los trabajos del edificio y crea el fondo para el hospicio. Aunque los trabajos se iniciaron, fue causa de suspensión de los mismos la muerte de ambas personas. El P. Alvarado muere el 11 de mayo de 1890.

Al llegar el siglo XX, providencialmente aparece la señora Dolores Jiménez de Sancho, que heredera de la fortuna de su hija Eleuteria, hace donación de dicha fortuna en favor de la institución y sugiere que se una al patrimonio de los Alvarado Ruíz y que la institución se llame en adelante Hospicio de Huérfanos de Cartago, cuya administración sería por una Directiva que tenga intervención directa en el manejo y administración del Hospicio con igualdad de poderes que la Junta que gobierne la de parte de la familia Alvarado.

La señora Jiménez se hizo cargo de terminar el edificio que quedó en paredes a la muerte del padre Alvarado. Con el apoyo de don Francisco Jiménez Oreamuno los trabajos se hacen realidad y el 6 de enero de 1904 el Hospicio abre sus puertas a 15 niños, es bendecido el edificio y la capilla por el Padre Mayorga. Desde ese día quedó bajo la advocación de María Auxiliadora por deseo manifestado por Padre Alvarado, quien había comprado en 1884, una imagen de María Auxiliadora en España y retomado por doña Dolores que deseaba que el Hospicio estuviera bajo la protección de María Auxiliadora y que en un futuro fuera dirigido por la Congregación Salesiana.

El Hospicio de Huérfanos fue administrado por una Junta de Gobierno conformada por la Directiva de la institución nombrada por doña Dolores y tres miembros nombrados por la Municipalidad.

Un año después, el extenso capítulo de peticiones hechas a la congregación de los padres salesianos con el ofrecimiento de que vinieran a Costa Rica, llegó a un final feliz: la petición firmada por don Francisco Jiménez, presidente de la Junta de Gobierno del Hospicio de Huérfanos de Cartago, por el Pbro. Apolonio Gutiérrez, capellán del Hospicio y don Nicolás Jiménez, gobernador de Cartago, para que vinieran a hacerse cargo del Hospicio de Huérfanos prosperó. Vencidas muchas vicisitudes el Padre Misieri aceptó y en el año de 1906 vino a ver las instalaciones y a conversar sobre las condiciones de la fundación. Bien impresionado por la construcción que abarca una manzana, bien construido, con capacidad para trescientos jóvenes, salones amplio y ventilados para las clases, los dormitorios, comedor y estudio, ocupado el centro de la facha, una artística capilla a tres naves que, aunque no está terminad del todo, en el altar mayor estaba puesta una hermosa estatua de María Auxiliadora. Unos veinte niños eran atendidos en el Hospicio en ese año.

Regresó a El Salvador, no sin ciertos temores por la situación anticlerical reinante en Costa Rica, para volver meses después y tomar posesión del Hospicio de Huérfanos de Cartago el 1° de agosto de 1907, con la aprobación de Rector Mayor Don Miguel Rúa y el grupo de salesianos destinados a Cartago: P. Antonio Russo Superior; Clerigo Francisco Martelli y los Hermanos Cadjutores Esteban Tosini y Francisco Stanga. El P. Russo, además de la dirección interina del Hospicio tenía bajo su responsabilidad la Capellanía de la capilla.

El inicio de la obra fue humilde, estuvo bajo la dirección interina del padre don Antonio Russo, contó con pequeños talleres de sastrería, zapatería y carpintería. También se estableció una escuela rudimentaria de agricultura, atendida por el hermano Francisco Stanga.

El Padre Misieri, en su nueva visita al Hospicio en 1909 encuentra la capilla sin terminar y con el apoyo de don Francisco, él diseña las arcadas de la nave central, las cala y las coloca en su sitio con la ayuda de don Arturo Calderón, primer maestro de carpintería del Hospicio. El 8 de diciembre de ese año fue bendecida solemnemente por el Ilustrísimo Monseñor Stork. Faltaba el altar mayor, contratado a Génova por don Francisco Jiménez. El altar llegó a principios de 1910. El Día de San Francisco de Sales, ya estaba puesto en su lugar. Era una obra de arte, ya por la preciosidad de los mármoles como por la belleza artística. Fue bendecido por su Excelencia Monseñor Juan Cagliero, Delegado Apostólico en Centroamérica.

La obra está completa: capilla, talleres, aulas y patios. Un techo y pan cotidiano para los huérfanos.

Terremoto Santa Mónica, el 4 de mayo de 1910

Al caer la tarde del 4 de mayo de 1910, el temblor de tan solo tres segundos de duración, destruyó la ciudad de Cartago y el Hospicio de Huérfanos. La fachada de la iglesia parecía dividida en dos de arriba abajo; y la torre que lucía esbelta en el centro de la fachada yacía diseminada en medio de la calle. Las paredes de toda la iglesia, estaban volcadas en el suelo, arrancadas desde sus cimientos. El arco que dividía el presbiterio del cuerpo de la iglesia se vino al suelo. Algunas columnas, porciones del presbiterio y de la sacristía quedaron en pie, aunque muy deterioradas.

De las ciento treinta personas, aproximadamente, que estaban celebrando con toda solemnidad el mes de mayo, dedicado a María Auxiliadora, cinco personas del Hospicio perecieron bajo los escombros.

La Virgen, solo la Virgen quedó intacta en su nicho y a su alrededor fragmentos de mármol del altar.

Por el esfuerzo del Gobierno de la República, de don Francisco Jiménez y de los salesianos que no se dieron por vencidos y de los bienhechores se levantaron el Hospicio de Huérfanos y la capilla.

La institución se desarrolló con excelencia educativa, los alumnos tuvieron integrada la Banda que caracterizó a los institutos de Don Bosco y los deportes entre ellos la natación. El Hospicio evolucionó a las Escuelas Profesionales Salesianas, base del Colegio Vocacional de Artes y Oficios.

Los diversos convenios jurídicos y administrativos, firmados entre la comunidad religiosa y la junta administrativa del centro educativo hicieron que la permanencia de los religiosos fuera temporal y no en calidad de propietarios de las instalaciones. El último contrato realizado en septiembre de 1930, fue rescindido en 1952 bajo la dirección del padre Mario Morera. El 30 de noviembre de 1952, los salesianos salieron de Cartago y se trasladaron a San José, donde también tenían el Colegio Don Bosco. La Junta Administrativa, toma posesión de la institución.

Una nueva administración, una nueva organización es manifiesta. Urgía la separación entre la organización del centro educativo y la organización del templo, que pasó a la responsabilidad de las autoridades eclesiásticas, siempre como la capellanía de María Auxiliadora.

El templo y el centro de promoción de jóvenes, dedicado a la Virgen Auxiliadora, fueron el origen y el fundamento de un centro de vivencia religiosa, de expresión litúrgica y de compromiso pastoral, muy vinculado con los habitantes de los alrededores, hasta llegar a constituirse en el barrio María Auxiliadora. Sobre este centro de vida religiosa se levantó posteriormente la parroquia de María Auxiliadora.

Arquitectura de la capilla

La fachada y el interior inspirados en el estilo neogótico, son más elementos decorativos que corriente arquitectónica regional: arcos ojivales, pináculos y parapetos almenados, son simplemente elementos agregados, inspirados en una visión sentimental de las grandes catedrales europeas y en el trabajo artesanal.

Las hipótesis de que la capilla de María Auxiliadora fue reconstruida después del terremoto de 1910, que en los planos se siguieron trazos ampliados en las secciones de las tres naves, y que son similares a los de la distribución de la antigua capilla, pueden considerarse válidas: de la antigua capilla se conservan hasta hoy la distribución de las naves, elementos con tracería y detalles decorativos.

Elementos de la construcción actual.

La edificación de la capilla de María Auxiliadora se halla engranada en el entorno político del Estado Liberal. En esta época el Estado favoreció en el país la arquitectura metálica. La capilla de María Auxiliadora, reconstruida después del terremoto de 1910, aunque carece de la estructura interna en metal se embelleció con la cubierta de forro de hierro galvanizado.

La construcción se inicia con un zócalo de concreto que define el perímetro del templo, exteriormente recubierto de una mezcla de cal, arena y cemento.

La fachada principal, orientada hacia el norte geográfico, presenta el zócalo de más de 2 m. de altura y sobre él las cerchas en madera que dan forma a la estructura de la cubierta en lámina metálica lisa. Se compone la fachada de una puerta bajo el arco de ojiva, abre dos hojas ornadas con listones de calados circulares con diseño cruciforme y una imitación de rosetón en la parte superior; sobre ella otro más amplio, ambos con adornos calados y vidrio multicolor; da paso a la nave central. No tiene los rosetones ni los vitrales de las iglesias góticas. A los lados de la puerta, dos ventanas angostas de arco ojival, adornadas con nervaduras delicadamente caladas. Tácitamente se vislumbran los tres cuerpos que definen las naves: la central y las dos naves laterales.

La torre de base cuadrangular en el centro de la fachada, coronada con la cruz, muestra en cada una de sus caras tres ventanillas con terminaciones ojivales. Ornamentada con cuatro torrecillas esbeltas en forma de agujas y dos pináculos en los extremos.

A cada lado de la puerta principal dos placas de mármol proclaman acontecimientos de personas e instituciones que marcan hitos en la historia del templo.

A la derecha se lee:

“En el año centenario de la muerte de Juan Bosco, Cartago agradece a los salesianos (STB) su fecunda labor en favor de la juventud”.

Cartago, Agosto 1988.

En la de la izquierda:

“Homenaje al presbítero Luis Martínez Ortega y a Radio Rumbo de Cartago por los 25 años de transmisión continua del rosario.

Consejo Pastoral y feligreses de Parroquia de María Auxiliadora”.

Cartago, 28 de agosto de 1992.

Las fachadas laterales, con sus cuarenta metros de longitud, nacen con la idea de ser elementos necesarios para la reconstrucción de una iglesia cristiana de concepción neogótica. De diseño sobrio, con la sencillez de los cartagineses que se abren paso a las nuevas concepciones de la ingeniería y de la arquitectura centroamericana de principios del siglo XX con sus propios materiales, sus artesanos y sus escasos recursos económicos.

Esas dos fachadas situadas al este y al oeste, especifican la simetría de los elementos. Presentan el zócalo y sobre él las armazones en madera que dan forma a la estructura de la cubierta. El forro es de lámina de hierro troquelada, material que generalmente era importado de Bélgica. En ambas, tres puertas altas de doble hoja, conducen al interior del templo; -ubicados de norte a sur- entre las dos primeras puertas se cuentan seis ventanales; entre la segunda y la tercera, tres ventanales.

El conjunto es de tracerías muy sencillas, terminadas en ojiva, con una decoración de nervaduras, enmarcadas en madera con moldura acanalada. Carece de vitrales, en su lugar las ventanas tienen un diseño de cruz en vidrio cristalino y a los lados en tono amarillo.

Del edificio original se conservan las ventanas de la sacristía, entre otros. En la ventana este, el interior y el arco ojival son también de vidriería, recubierta con papel de vitrales de la época, con motivos florales en tonalidades del rojo, del azul y del amarillo. Una remodelación del año 1996 rompe la simetría de las ventanas del lado oeste, con un diseño de cruz en el centro transparente para captar más luminosidad y al lado en contraste los vidrios recubiertos con el papel de vitral.

Los aleros colocados en las fachadas laterales, son una especie de contrafuertes que cubrían los antiguos pasillos del hospicio que llevaban a la capilla. Su armazón es de madera, techada con láminas de hierro galvanizado, apoyada en doce columnas toscas de una pieza de madera, implantadas sobre basas de granito. Los aleros dividen las ventanas laterales, el arco de ojiva emerge de esta estructura para dar iluminación al interior de la construcción.

En los últimos años, los pasillos de las fachadas laterales fueron cerrados con verjas y portones para la seguridad del templo que había quedado al descubierto por la demolición del hospicio. Asimismo se ampliaron con la construcción de las bodegas que presenta una puerta a cada lado.

La fachada posterior, fue construida en 1997, como una ampliación de la sacristía en una pequeña área y otra con funciones de bodega. Contrasta el material de bloques de concreto con armadura de hierro y el repello, con la construcción original. Presenta una puerta central y dos ventanas a los lados que tienden a seguir el diseño general.

La pintura de la construcción, expuesta a los rigores del tiempo y a la contaminación ambiental ha sido pintada innumerables veces, desde el rojo original, hasta la actual en aceite que es una combinación en tonalidades del verde, en armonía con el edificio de la Biblioteca Pública de Cartago, para mejorar la unidad del paisaje. En el interior son blancos los arcos, las paredes y las columnas incluyendo la base. Entre los proyectos de reparación del inmueble se contempla devolver al granito su belleza original, porque en algún momento fue recubierto con pintura.

En la iluminación se tuvo en cuenta no solo la belleza, sino la significación en términos trascendentes de la luz natural y de la luz artificial; gracias a ellas los espacios cobran vida, profundidad, color, forma, volúmenes y textura. Los espacios arquitectónicos están capturados por la luz natural, cargados de sentimientos. La luz artificial es luz estética atraída por lámparas de alógeno adosadas a las columnas.

El sonido, la capilla fue diseñada para que el sonido llegara en forma natural a toda la audiencia. El domingo 7 de marzo de 1965, el padre Martínez comunicó a la Asamblea Eclesial que “por la gran concurrencia de fieles especialmente los domingos y días festivos, se siente ya la necesidad de contar con un sistema de parlantes para que los fieles todos puedan seguir todas las ceremonias que se desarrollan en el altar y puedan oír la sagrada predicación que el sacerdote pronuncia desde la tribuna”. Los parlantes se adquirieron gracias a la colaboración de los fieles. Posteriormente la afluencia del tránsito y las exigencias de las nuevas tecnologías han promovido la instalación del equipo de sonido que constantemente se ajusta y se renueva.

Así luce luego de la restauración del 2020 (Fotografía La Nación)

La construcción del Hospicio de Huérfanos de Cartago y de la capilla de María Auxiliadora escriben una de las primeras páginas de la ingeniería y de la arquitectura en Costa Rica en el siglo XX, hecha por arquitectos, ingenieros, directores salesianos y maestros de obras inspirados en conocimientos que iban adquiriendo en las diferentes ciudades, y movidos por la búsqueda de nuevas propuestas estéticas y urbanas en que se debatió la sociedad americana después de la independencia.

En el año 2020 fue completamente restaurada.

Referencias:

Centro de Conservación Patrimonial Cultural, Cartago.

Fotografías varias de Internet (sin autor).

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