Ossolin de Topor: el misterioso duque que dejó su fortuna a la educación costarricense (1886-1965), San José.

Entre los personajes extranjeros que alguna vez recorrieron las calles de San José, pocos resultan tan enigmáticos como Ossolin de Topor: un hombre reservado, de supuesta ascendencia aristocrática, poseedor de una enorme fortuna y protagonista de una prolongada disputa judicial.

Su vida estuvo rodeada de rumores. Algunos lo llamaron duque; otros dudaron hasta de su verdadero nombre. Se dijo que tenía vínculos con las casas reales europeas y que era hijo del emperador Francisco José de Austria. Lo cierto es que vivió varios años en Costa Rica y que, después de su muerte, su fortuna terminó contribuyendo a la construcción y mejoramiento de numerosas escuelas.

Un misterioso extranjero llega a Costa Rica

Según un reportaje publicado por el periódico La República el 20 de noviembre de 1965, Ossolin de Topor llegó a Costa Rica hacia mediados de 1931, buscando la tranquilidad de nuestro país.

Hotel CR.

Inicialmente se hospedó en el Hotel Costa Rica. Posteriormente vivió en una residencia esquinera del Paseo Colón, donde llevaba una existencia discreta y apartada.

Residencia Sr. Osolín en Paseo Colón.
Fotografía de Jorge Salazar, CRAH

Quienes lo conocieron lo describieron como un hombre blanco, rubio, de buena estatura, mirada penetrante y modales distinguidos. Hablaba varios idiomas, evitaba las reuniones numerosas y con frecuencia se encerraba en su casa, suspendiendo por completo las visitas.

Otra vista de la vivienda.

Aunque poseía una fortuna considerable, vestía con sencillez. Asistía ocasionalmente a los teatros capitalinos sin hacer ostentación de su riqueza, por lo que muchas personas desconocían la verdadera magnitud de sus bienes.

El hombre detrás del título.

La prensa costarricense de aquellos años mostró dudas acerca de su identidad. Algunos periodistas afirmaban que no era duque y cuestionaban incluso que Ossolin de Topor fuera su verdadero nombre.

Él, sin embargo, no acostumbraba responder públicamente a esos ataques.

En una conversación con periodistas aseguró que era primo hermano del rey Eduardo VII de Inglaterra y que pertenecía a una de las familias más distinguidas de la antigua Europa.

También circuló una historia mucho más extraordinaria. De acuerdo con una versión recogida por La República, Ossolin de Topor habría nacido de una relación entre el emperador Francisco José de Austria y una princesa de Sajonia. El supuesto nacimiento habría ocurrido en 1886.

Hasta el momento no hemos encontrado documentos genealógicos que demuestren semejante afirmación. Además, algunos detalles cronológicos del relato periodístico presentan inconsistencias. Por esa razón, debe considerarse como una de las muchas leyendas que rodearon al personaje y no como un hecho histórico comprobado.

¿Pertenecía a la nobleza polaca?

La sepultura de Ossolin de Topor en el Cementerio General de San José presenta un elaborado escudo nobiliario y la palabra TOPOR. Bajo ella aparecen varias expresiones en latín relacionadas con los títulos de duque, príncipe y conde.

Topór —palabra polaca que significa “hacha”— es el nombre de un antiguo escudo heráldico utilizado por varias familias de la nobleza polaca, entre ellas la familia Ossoliński.


La inscripción inferior: Debajo de la palabra «TOPOR», la piedra grabada en latín reza parcialmente “DUX IN OSSOLIN PRINCEPS COMES MORAWICE…”, lo que hace referencia directa a los títulos de la ilustre casa polaca de los Ossoliński y su escudo de armas histórico.

Esto demuestra que el nombre y los símbolos empleados por el personaje estaban vinculados con una verdadera tradición nobiliaria europea. Sin embargo, el escudo por sí solo no permite confirmar su parentesco exacto con los Ossoliński ni la supuesta relación con el emperador de Austria.

Ahí precisamente reside buena parte del misterio: ¿era realmente un noble europeo o un hombre que construyó alrededor de sí una identidad difícil de comprobar?

Negocios, préstamos y una gran fortuna.

Durante los años que residió en Costa Rica realizó operaciones comerciales y concedió préstamos. El periódico utilizó palabras bastante severas para describir sus actividades financieras y afirmó que cobraba condiciones muy ventajosas para él.

También se dijo que guardaba grandes cantidades de dólares en sus habitaciones y que había traído al país varios millones.

Uno de sus colaboradores más cercanos fue Norman Lewis, quien se desempeñó como ayudante, enfermero y hombre de confianza. Según la crónica de 1965, Ossolin le entregaba incluso cheques en blanco y Lewis conocía muchos detalles de su vida privada.

El duque también depositó gran confianza en el abogado Fernando Alfaro. En algún momento se llegó a creer que Alfaro, Lewis y una tercera persona serían sus herederos.

Pero la historia tomó otro rumbo.

La muerte del duque.

Ossolin de Topor enfermó y viajó a Puntarenas, donde poseía o pretendía adquirir una propiedad. Allí lo sorprendió la muerte, en marzo de 1955.

El reportaje de La República señala el 22 de marzo de 1955. Otras referencias posteriores mencionan el día 24, por lo que la fecha exacta deberá confirmarse mediante el acta de defunción o el registro del Cementerio General.

Lo verdaderamente trascendental fue que murió sin descendientes reconocidos y, aparentemente, sin un testamento válido que dispusiera de toda su fortuna.

Comenzó entonces una complicada batalla judicial.

Una herencia disputada.

Después de su fallecimiento apareció una mujer que aseguraba ser pariente del duque y reclamaba el derecho a heredar sus bienes. También surgieron abogados, antiguos colaboradores y otras personas interesadas en la cuantiosa sucesión.

Norman Lewis habría abandonado posteriormente el país.

En medio del litigio adquirió especial importancia Rafael Ángel Arguedas Ferrero, presidente de la Junta de Educación de San José, a quien la crónica describió como un hombre honrado y enérgico, empeñado en defender los intereses de la institución.

Los tribunales terminaron declarando herederas a varias juntas de educación. El reportaje menciona a las juntas de San José, San Sebastián y La Suiza de Turrialba.

Las estimaciones sobre el valor de la herencia variaron con el paso de los años: algunos periódicos hablaron de 18 millones de colones y otros elevaron la cantidad hasta los 20 millones, una suma extraordinaria para aquella época.

En junio de 1961, la prensa informó que, como resultado de una resolución del Juzgado Tercero Civil de San José, comenzó a entregarse a la Junta de Educación la fortuna dejada sin herederos por Ossolin de Topor.

Una fortuna convertida en escuelas.

1896 Construcción Escuela Buenaventura Corrales (Metálica).
Fotografía de Jorge Salazar

Esta última fue inaugurada el 11 de julio de 1965, al costado sur del Parque Morazán. La información histórica conservada por la Asamblea Legislativa confirma que su moderno edificio fue construido con dinero proveniente de la fortuna de Ossolin de Topor.

El dinero no quedó guardado en las arcas de la Junta de Educación. Fue utilizado en la construcción, ampliación, reparación y equipamiento de centros educativos.

Julio, 1965. Inauguración Escuela República de Perú

El suplemento de La República de noviembre de 1965 mostró algunas de las obras realizadas: edificios modernos, salones de actos, nuevas aulas, mobiliario, pintura, reparaciones y mejores condiciones para miles de escolares.

Entre los centros mencionados se encontraban la Escuela Porfirio Brenes, el Edificio Metálico o Escuela Buenaventura Corrales y la Escuela República del Perú.

1987 Escuela Porfirio Brenes.

El periódico anunciaba además un ambicioso proyecto: levantar seis escuelas, valoradas aproximadamente en un millón de colones cada una, en el plazo de dos años.

La fortuna de aquel hombre solitario y misterioso terminaba así convertida en aulas, pupitres, salones y oportunidades para los niños costarricenses.

El homenaje de la Junta de Educación

En el Cementerio General de San José se encuentra su sepultura, coronada por un gran escudo nobiliario. Frente a este fue colocada una placa que dice:

HOMENAJE
DE LA JUNTA DE EDUCACIÓN
DE SAN JOSÉ
AL DUQUE OSSOLIN DE TOPOR
1968

La placa fue colocada trece años después de su muerte y constituye un testimonio material de la gratitud de la Junta de Educación.

Más allá de los rumores sobre su nacimiento, sus títulos y su verdadera identidad, algo resulta indiscutible: su fortuna dejó una huella profunda en la educación pública costarricense.

Entre la historia y la leyenda.

¿Fue Ossolin de Topor realmente hijo del emperador Francisco José? ¿Pertenecía directamente a la poderosa familia polaca de los Ossoliński? ¿Por qué decidió instalarse en Costa Rica? ¿Cuál era el origen exacto de su enorme fortuna?

Hoy la casa de Osolín de Topor es un restaurante Mc Donald en Paseo Colón.

Muchas preguntas permanecen abiertas.

Su retrato nos muestra a un hombre de mirada intensa y discreta sonrisa. Su antigua residencia del Paseo Colón recuerda los años en que vivió entre los josefinos. Su tumba conserva el escudo de Topór y una placa colocada por quienes recibieron su fortuna.

Quizá nunca logremos separar completamente al hombre de la leyenda. Sin embargo, todavía existen escuelas, documentos y recuerdos que permiten seguir el rastro de aquel misterioso aristócrata que, sin proponérselo expresamente, convirtió su riqueza en una herencia para la cultura y la educación costarricense.


Fotografías

Retrato: Ossolin de Topor.

Residencia: Casa que habitó Ossolin de Topor en el Paseo Colón, San José.

Sepultura: Tumba y placa de homenaje en el Cementerio General de San José. Fotografía publicada originalmente por la página Cementerio General de San José, Costa Rica. Investigación de Christian González para Facebook.

Fuentes consultadas

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