Almacén El Gallito

Un gallito centenario

Hace un siglo un joven de 17 años, sin experiencia y con cero capital, creó El Gallito

Edición 713

Este gallito nunca ha cantado en las mañanas, y a diferencia de los de su especie, que viven apenas unos ocho años en promedio, es el único que lleva ya un siglo a cuestas. ¿Su secreto? Ser el responsable de endulzar el paladar de los ticos por décadas.

Todo comenzó así: corría 1909 cuando un joven costarricense de tan solo 17 años, con un título de contador pero sin ninguna experiencia decidió comprarle a su padre un pequeño negocio, ubicado al costado oeste del Mercado Central en San José. El joven se llamaba Raúl Odio Herrera y el establecimiento El Gallito.

En ese entonces el panorama era poco alentador.

Se trataba de una Costa Rica de pocos habitantes (unos 400.000) en la que el fomento a la industria era nulo y, por lo tanto, el financiamiento se hacía imposible.

En esa época, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la consecuente recesión hicieron más difícil cualquier emprendimiento.

Por eso, don Raúl tuvo que iniciar su negocio con cero colones de capital, dos empleados, una tostadora de café y un pequeño molino de cacao.

Al principio, vendía únicamente café tostado y molido, pero poco después los panecillos de cacao que hacía junto con sus ayudantes se hicieron famosos en la ciudad josefina.

Aprendió sin maestro

En esa época en nuestro país se comercializaban unos famosos chocolates franceses llamados Menier.

Don Raúl sabía que los dos ingredientes que aparentemente contenían eran azúcar y cacao, y al contar con un molino decidió experimentar para crear los propios.

Pero le faltaba algo. Algo, que según él mismo reconoció en sus memorias, fue el inicio de lo que hoy es El Gallito Industrial: los moldes. Los encontró –y gratis– en una antigua fábrica de chocolates que había dejado de funcionar hacía ya muchos años.

Entonces improvisó un fogón hecho de ladrillos y experimentó.

Los primeros salieron amargos: hacía falta manteca de cacao. La obtuvo y siguió experimentando: ya no eran amargos, pero salían un poco deformes.

Importó un libro de Inglaterra y ahí aprendió cómo solucionar el problema.

Iniciaba la década de 1920 y ya había nacido el chocolate tico por tradición: el Milán.

Todos estos años de pruebas fueron algo más que eso.

Paralelamente a su pasión por lo dulce, El Gallito se desarrollaba como almacén: abarrotes, artículos de primera necesidad, galletas importadas, granos, café tostado y molido, estaban entre las muchas cosas que se podían encontrar en él.

La fábrica de chocolates también seguía creciendo y con ella la necesidad de maquinaria más potente.

Los ahorros que don Raúl tenía en una alcancía llena de monedas de dos colones eran insuficientes, aunque más de una vez lo salvaron de una emergencia.

Se aventuró una vez más, y junto con su hermano y su primo, creó una mezcladora que por años les funcionó mejor que la que después importaron de Alemania.

Fue tanto el empeño y la tenacidad que hasta su propia azúcar y manteca de cacao fabricó para mantener a flote el negocio.

Frutos de la tenacidad

En 1948, las dificultades económicas de El Gallito se empezaron a atenuar.

Ese año se nacionalizó la banca y se dieron créditos amplios a la industria nacional.

A raíz de esto, la empresa se separó en dos razones comerciales: El Gallito Industrial y Almacén El Gallito.

En 1950 El Gallito Industrial trasladó su planta a Guadalupe y con la ayuda del hijo de don Raúl, el químico Óscar Odio, se creó un laboratorio de control de calidad en la empresa.

La producción aumentó y a la par de los ya creados Milán y Tapita, surgieron los caramelos, los confites, las pastillas (mentas y violetas) y los turrones, entre muchísimos otros productos y marcas.

El crecimiento continuó y en la década de los 60 se exportó a Centroamérica, y en los 70 a Europa.

Sin embargo, fue en 1979, cuando se cumplió el 70 aniversario de El Gallito que, bajo la dirección de Raúl Odio hijo, se organizó una gran campaña de imagen, mercadeo y publicidad que aumentó las ventas como nunca.

¿Quién no recuerda el anuncio de la cascada de chocolate con música de Abracadabra? O mejor aún: ¿Quién no ha visto el logo de Gallito que se creó desde esa época?

El gallito se hizo gringo

Cuando en 1962 una compañía suiza le ofreció a don Raúl Odio comprarle El Gallito Industrial, el señor se negó sin dudarlo porque olfateó que a la compañía todavía le quedaba mucha vida en manos ticas.

Treinta años después, en 1992, la situación fue diferente.

Don Raúl Odio había fallecido en 1986, existían dificultades económicas para obtener las materias primas y se carecía de fondos para crear la tan necesaria nueva planta.

Eso aunado a una muy buena oferta de compra por parte de la más grande compañía estadounidense de alimentos, Kraft Foods (propiedad de Philip Morris), hizo que en 1994 se concretara la venta de El Gallito Industrial.

El Almacén es lo único que permanece hoy en manos de Raúl Odio hijo.

En ese negocio, que cuenta con varias sucursales en la GAM, se comercializan artículos para fiesta y paradisplay .

Con Kraft, El Gallito Industrial se modernizó en materia de maquinaria y recursos.

Actualmente, cuenta con 550 empleados directos en Costa Rica y sigue exportando sus productos a Centroamérica, y a otros mercados del mundo en donde la trasnacional se encuentra presente.

Además, ha seguido la tradición de la que fue la primera asociación solidarista de trabajadores del país y ha obtenido certificaciones ISO de calidad y de medio ambiente, entre otras.

Con la transición, algunos dulces inquilinos se despidieron –como los inolvidables guaritos–, y otros vinieron a tomar su lugar –como los chocolates Milka–.

Sin embargo, el sabor que dan la herencia, la tradición y la añoranza se mantiene gracias a un gallito que hace 100 años, sin tener que cantar al amanecer, se mantiene bien despierto en el recuerdo de los ticos.

La historia de El Gallito está llena de fechas especiales.

1909

Raúl Odio Herrera, a los 17 años, funda El Gallito al costado oeste del Mercado Central en San José.

1948

La empresa se divide en El Gallito Industrial y Almacén El Gallito.

1949

El Gallito Industrial crea su asociación de empleados; primera asociación solidarista fundada en Costa Rica.

1950

Se traslada la planta de El Gallito a Guadalupe, en el lugar que hasta hoy es conocido como la rotonda de El Gallito.

1960

Con la apertura del Mercado Común Centroamericano, empezó la exportación de productos Gallito a Centroamérica. Un incendio consume el local que estaba por el mercado y el Almacén se traslada a Avenida Segunda.

1970

Se empieza a exportar a Europa.

1979

Se crea logo actual y se inicia agresiva campaña de imagen.

1994

En junio, Kraft Foods compró la mayoría de acciones de El Gallito Industrial.

2000

La nueva planta se ubica en La Ribera de Belén.

2009

El Gallito cumple 100 años de haber sido fundada

Fuente Entrevista con Raúl Odio hijo.

Dos nombres

El negocio El Gallito que don Raúl Odio le compró a su padre había sido una panadería propiedad de un francés que en el rótulo de su negocio tenía el símbolo que por tradición ha representado a su país: un gallo. Cuenta Raúl Odio hijo, que la gente al no poder pronunciar bien el nombre del extranjero, decidió bautizarla como la panadería de El Gallito.

Milán… No se sabe a ciencia cierta por qué don Rául bautizó así a la primera barra de chocolate que creó, pero su hijo especula que lo hizo debido a la influencia que la región de Milán, Italia, ha tenido en la fabricación de maquinaria para producir estos dulces.

Fuente Entrevista a Raúl Odio hijo.

El Financiero, Estilos de Vida, César Brenes Quirós

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