El príncipe de Barranca: Segismundo de Prusia en Costa Rica.

En las montañas de Barranca, Puntarenas, lejos de los palacios europeos y de las solemnidades de la realeza, vivió durante medio siglo un verdadero príncipe alemán.

No llegó a Costa Rica rodeado de sirvientes ni buscando una vida de privilegios. Aquí cambió los uniformes de la Marina, los salones imperiales y las ceremonias de la corte por una finca, una cocina de leña, sembradíos, ganado y cientos de colmenas.

Su nombre era Guillermo Víctor Carlos Augusto Enrique Segismundo de Prusia, aunque la historia costarricense lo recuerda sencillamente como el Príncipe Segismundo de Prusia.

Un príncipe emparentado con las grandes casas de Europa

Segismundo nació el 27 de noviembre de 1896 en Kiel, Alemania, en el seno de la poderosa Casa de Hohenzollern.

Casa de Hohenzollern.

Fue hijo del príncipe Enrique de Prusia y de la princesa Irene de Hesse y del Rin. Su tío paterno era Guillermo II, último emperador de Alemania, y su tía materna era Alejandra, esposa del zar Nicolás II de Rusia.

Además, Segismundo fue bisnieto de la reina Victoria del Reino Unido por ambas ramas de su familia.

Reina Victoria de Inglaterra.

Su infancia transcurrió en un mundo de palacios, oficiales, institutrices y rígidas normas cortesanas.

Cuando llegó a la juventud sirvió como oficial de la Marina alemana, siguiendo la tradición militar de su familia.

Pero el mundo en el que había nacido comenzó a desaparecer después de la Primera Guerra Mundial. La caída del Imperio alemán en 1918 transformó para siempre la vida de la familia imperial y de muchos de sus parientes.

Matrimonio y partida hacia América

El 11 de julio de 1919, Segismundo contrajo matrimonio con la princesa Carlota Inés de Sajonia-Altenburgo, hija del último duque reinante de Sajonia-Altenburgo.

Matrimonio.

La pareja tuvo dos hijos: Bárbara, nacida en Alemania en 1920, y Alfredo, nacido en Guatemala en 1924.

En 1922 Segismundo disolvió oficialmente su casa principesca y viajó a Guatemala para hacerse cargo de una plantación de café. Aquella primera experiencia agrícola no produjo los resultados esperados y la familia regresó temporalmente a Alemania.

Sin embargo, Segismundo ya no parecía interesado en recuperar la antigua vida cortesana. Su mirada continuaba puesta en Centroamérica.

A finales de 1927, él, su esposa y sus dos pequeños hijos emprendieron un nuevo viaje. Esta vez su destino sería Costa Rica.

Arribándose a Puerto Limón.

La prensa costarricense dejó constancia de su llegada. En 1927, El Diario de Costa Rica anunció que el príncipe Segismundo había arribado al país a bordo del vapor alemán Teutonia. La nota indicaba que venía con la intención de permanecer largo tiempo, dedicarse al negocio del café y posiblemente adquirir una finca que trabajaría personalmente.

Diario de C.R., 1927.

El proyecto finalmente tomaría otro rumbo: en Barranca desarrollaría cultivos de cítricos, ganadería y, especialmente, un próspero apiario.

Una nueva vida en Barranca

Finca del Príncipe Segismundo,
Barranca, Puntarenas

Segismundo adquirió una propiedad en San Miguelito de San Miguel de Barranca, en la provincia de Puntarenas. La finca había pertenecido a Guillermo Gehrels, un texano de ascendencia alemana.

Llegando a Puntarenas (imagen ilustrativa).

En aquel momento la propiedad era modesta. Tenía una pequeña casa de dos dormitorios, un establo, algunos terrenos y un apiario con unas veinte colmenas.

El cambio tuvo que ser impresionante.

Segismundo había nacido en un palacio de Kiel y Carlota en el castillo de Altenburgo. Sin embargo, en Costa Rica comenzaron prácticamente desde cero, en una casa con piso de tierra y cocina de leña.

Allí no había reverencias, guardias imperiales ni elegantes recepciones. Había tierra que trabajar, animales que atender y una familia que debía abrirse camino en un país lejano.

Poco a poco, la propiedad creció. Se sembraron árboles frutales, especialmente cítricos; se adquirió ganado, se criaron cerdos y se desarrolló una pequeña planta para producir almidón de yuca.

Pero la actividad más sobresaliente de la finca fue la apicultura.

La miel del príncipe

Las aproximadamente veinte colmenas que existían al comienzo llegaron a convertirse en un apiario de unas 250 colmenas.

Apiario (imagen ilustrativa).

La producción creció tanto que la miel era almacenada en estañones y exportada a Alemania. Así, aquel descendiente de emperadores y reyes se transformó en uno de los apicultores más singulares de la Costa Rica de entonces.

Exportación de miel a Alemania
(imagen ilustrativa).

Segismundo no fue un propietario ausente. Participaba activamente en la administración de la finca y se caracterizaba por su disciplina, austeridad y fuerte sentido del trabajo.

Con los años, la propiedad llegó a superar las cien hectáreas.

Casa del Príncipe Segismundo en San Miguelito, Barranca).

Alrededor de 1932, la familia construyó una hermosa casona de madera de dos pisos. Poseía una amplia biblioteca, mobiliario y recuerdos enviados desde Europa y un mirador en la parte alta desde el cual se divisaba el golfo de Nicoya.

Casa del Príncipe de Prusia.

La residencia estaba rodeada de palmeras, naranjales y abundante vegetación. La vivienda, pintada en tonos claros con detalles oscuros y cortinas color rojo bermellón, se convirtió en el corazón de la finca.

En 1933 llegó a Costa Rica la madre de Segismundo, la princesa Irene de Hesse y del Rin. Permaneció alrededor de seis meses en San Miguelito e intentó convencer a su hijo de que regresara a Alemania.

No lo consiguió.

Segismundo había decidido que su vida estaría en Costa Rica.

Dos pequeños príncipes en tierras puntarenenses

Bárbara y Alfredo crecieron de una forma muy distinta a la que se habría esperado para dos niños de sangre real.

En lugar de correr por los pasillos de un palacio, lo hicieron entre árboles frutales, potreros y colmenas. Algunas fotografías familiares los muestran subidos en los árboles junto a los trabajadores de la finca.

La familia del Príncipe.

Los niños recibieron lecciones de una institutriz alemana llamada Erna Moglich. Bárbara también estudió en el Colegio Superior de Señoritas de San José.

Alfredo recordaría años después que aprendió a nadar en el mar de Puntarenas y que, cuando la familia bajaba al pueblo para recoger la correspondencia o comprar provisiones, aprovechaba para darse algún chapuzón en el río Barranca.

Su madre temía que se acercara al río, pues en aquella época era caudaloso y se hablaba de la presencia de caimanes.

En 1938 los hermanos viajaron a Europa para visitar a su abuela. Segismundo puso como condición que Alfredo fuera enviado a un internado en Suiza, pues deseaba mantenerlo alejado del adoctrinamiento nazi que dominaba las escuelas alemanas.

La Segunda Guerra Mundial sorprendió a los jóvenes en Europa y los mantuvo separados de sus padres durante varios años.

La familia durante la guerra.

El conflicto mundial afectó seriamente la economía de la finca. Las exportaciones de miel hacia Alemania fueron suspendidas y la familia comenzó a experimentar dificultades económicas.

Costa Rica declaró la guerra a Alemania en diciembre de 1941. Muchos ciudadanos de origen alemán residentes en el país fueron perseguidos, detenidos o enviados a campos de internamiento.

El pasado de Segismundo como oficial de la Marina alemana despertó sospechas, pero no fue detenido ni trasladado a los campos de concentración establecidos en San José. Permaneció en su propiedad de Barranca.

Pasada la guerra, Alfredo regresó a Costa Rica. Aunque estudió agronomía, no compartía el entusiasmo de su padre por dirigir la finca. Esto provocó frecuentes diferencias entre ambos.

Príncipe Alfredo trabajo en el Instituto Costarricense de Electricidad.

Alfredo trabajó posteriormente en distintos proyectos, entre ellos labores relacionadas con el Instituto Costarricense de Electricidad, empresas de transporte e importación y la administración del hotel de la isla Jesusita, en el golfo de Nicoya.

Su hermana Bárbara decidió permanecer en Europa y en 1954 se casó con el duque Christian Ludwig de Mecklemburgo-Schwerin.

GALERIA:

El enigma de Anastasia Romanov

La vida del príncipe Segismundo estuvo relacionada con uno de los misterios más comentados del siglo XX: la supuesta supervivencia de la gran duquesa Anastasia Romanov.

Durante su infancia, Segismundo había conocido a los hijos del zar Nicolás II de Rusia, pues eran sus primos hermanos. Después de la ejecución de la familia imperial rusa en 1918 apareció una mujer llamada Anna Anderson, quien aseguraba ser Anastasia.

La mayoría de los miembros de las familias reales europeas la consideró una impostora. Segismundo, en cambio, creyó reconocer en ella a su prima.

Según las versiones conservadas, le envió una serie de preguntas relacionadas con recuerdos familiares que solamente Anastasia habría podido conocer. Las respuestas lo convencieron.

En 1957 viajó a Alemania y se reunió personalmente con Anna Anderson. Segismundo sostuvo hasta su muerte que aquella mujer era realmente su prima Anastasia.

Décadas después, los estudios genéticos demostraron que Anderson no pertenecía a la familia Romanov. No obstante, la firme defensa que el príncipe hizo de ella continúa siendo uno de los capítulos más intrigantes de su historia.

Algunas crónicas atribuyen a esta controversia su alejamiento de la realeza europea. Sin embargo, debe recordarse que Segismundo ya se había trasladado a Guatemala desde 1922. Su partida hacia América también estuvo vinculada con las transformaciones políticas y económicas que siguieron a la caída del Imperio alemán.

Los últimos días del príncipe

Segismundo permaneció ligado a su finca costarricense hasta el final de su vida.

En noviembre de 1978 fue internado en el Hospital Monseñor Sanabria de Puntarenas debido a una enfermedad pulmonar. Lo acompañaba Florentino Vindas, uno de sus trabajadores más cercanos y administrador de confianza de la familia.

El príncipe murió el 14 de noviembre de 1978, pocos días antes de cumplir 82 años. La causa fue un enfisema pulmonar, enfermedad que quienes lo conocieron relacionaron con su costumbre de fumar constantemente cigarrillos Piel Roja.

Su hijo Alfredo lo había visitado poco antes de su fallecimiento, pero tuvo que regresar a la isla Jesusita, donde trabajaba como administrador del hotel. Allí recibió por telegrama la noticia de la muerte de su padre.

Segismundo fue sepultado en el cementerio de Esparza. Al funeral asistieron su esposa, sus colaboradores más cercanos y un pastor luterano que viajó desde San José.

Carlota regresó años después a Alemania, donde murió en 1989. Sus cenizas fueron llevadas posteriormente a Costa Rica y depositadas junto a los restos de su esposo.

De esta manera, aquellos dos miembros de antiguas casas reales europeas quedaron unidos para siempre a la tierra costarricense que habían escogido como hogar.

El final de la casona

Después de la muerte de Segismundo, la finca comenzó a decaer. Carlota, ya anciana y afectada por la pérdida de su esposo, no pudo continuar administrándola.

La casona quedó abandonada y fue víctima de numerosos saqueos. Desaparecieron cuadros, vajillas, muebles, libros y muchos de los recuerdos familiares que habían sido llevados desde Europa.

Se perdió así buena parte del mundo que Segismundo y Carlota habían construido durante medio siglo en San Miguelito de Barranca.

Su hijo Alfredo vivió muchos años más en Costa Rica. Falleció en 2013, a los 88 años, y fue sepultado en Purral de Goicoechea. Con él desapareció el último príncipe prusiano que habitó nuestro país.

De los palacios europeos a la tierra costarricense

La historia de Segismundo de Prusia parece sacada de una novela.

Nació entre emperadores y reyes, sirvió como oficial de Marina, conoció a la familia del último zar de Rusia y terminó sus días como agricultor y apicultor en las montañas de Puntarenas.

Durante más de cincuenta años hizo de Costa Rica su hogar. Aquí trabajó la tierra, produjo miel, crió a su familia y finalmente fue sepultado.

Su historia nos recuerda que el pasado costarricense no se escribió únicamente en los edificios oficiales ni en las calles de San José.

También se escribió en una casona de madera, escondida entre las palmeras y los naranjales de San Miguelito de Barranca, donde un príncipe europeo cambió los palacios por el campo, las ceremonias por el trabajo y el bullicio de las cortes por el laborioso zumbido de las abejas.

Mi Costa Rica de Antaño.

Fuentes consultadas

  • El último príncipe de Barranca, reportaje publicado por La Nación, 29 de septiembre de 2013.
  • Revista de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas.
  • Prussian Prince Moves to Costa Rica, The New York Times, 22 de diciembre de 1927.
  • Referencias genealógicas y biográficas de la Casa de Hohenzollern.
  • Algunas fotografías tomadas de Llama Púrpura/Purple Flame (video de YouTube).

Un comentario en “El príncipe de Barranca: Segismundo de Prusia en Costa Rica.”

  1. Fascinante leer este relato, traido a la vida con las fotografias, de este aristocrata Europeo que escribio como un cuento, una aventura de su apego y contribucion a la agricultura e industria de nuestra Patria. Admirable su trabajo de investigacion historica. A su correo le incluyo una foto del imponente castillo Hohenzollern en Hechingen… Felicitaciones…

    Me gusta

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.