El Tabaco en Costa Rica

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Planta del tabaco con su flor.

Este cultivo es originario de América aunque no se conoce con precisión un lugar específico porque no se le ha encontrado en estado silvestre. Probablemente sea originario del Sur del continente; sin embargo, habita como hierba en la totalidad de los trópicos.

La historia del tabaco como cultivo se inicia desde principios de la Colonia. Los indios conocían y cultivaban el tabaco con mucha antelación a la llegada de los españoles. Lo usaban para fumar y también como hierba medicinal y es por esa razón que lo cultivaban con esmero. Para comprender la cronología de los acontecimientos históricos se establecen tres etapas, las cuales se identifican por sus características específicas. En cada una de ellas se narran los sucesos más relevantes y sus repercusiones en el desarrollo de la vida costarricense.

 

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Etapa Inicial del Tabaco:

Después de 1502, año en que llegaron los españoles a Costa Rica, ellos conocieron el tabaco. A los españoles le impresionó ver cómo los indígenas usaban unas hojas arrolladas, las cuales quemaban por un lado y por el opuesto inhalaban el humo.

El tabaco era usado por los nativos principalmente en las ceremonias religiosas y en las festividades; el humo les provocaba un sopor que los narcotizaba y en ese estado se hacían heridas en sus propios cuerpos.Imagen relacionada

Estas costumbres crearon en los españoles una actitud negativa contra el tabaco; sin embargo, con el transcurso del tiempo y por efecto del intercambio cultural y genético entre ambas razas, en una fecha anónima los españoles aprendieron a fumar y rápidamente esta práctica se difundió en el viejo continente.

En 1605 los pobladores de Cartago emigran a las tierras de San José para sembrar tabaco. El cultivo rindió muy buenos resultados por la fertilidad de los suelos y las buenas condiciones climáticas; por esta razón, la región comprendida entre Barva, Heredia, Alajuela, Ujarraz y San José, se desarrolló rápidamente. Además, las relaciones comerciales entre Nicaragua y Panamá tenían entre los principales rubros la exportación de tabaco.

Etapa del Monopolio:

El desarrollo social y económico lógicamente despertó el interés y la codicia de los españoles; fue así como en 1752 la Corona Española impuso el monopolio del tabaco en Perú y en 1766 en el Reino de Guatemala (estanco del tabaco).

Los beneficios económicos que se alcanzaron como resultado del monopolio fueron muy buenos; entre 1770 y 1780 las ganancias fueron de 1.5 millones de pesos y, veinte años después, este rubro se había triplicado.

Como consecuencia de este éxito económico en 1784 se construye la Factoría del tabaco en San José, en el lugar donde hoy se encuentra el Banco Central.

La Factoría del Tabaco:

La construcción de este edificio marcó las bases del desarrollo de San José; fue en la factoría donde se llevó a cabo toda la administración, compra, almacenaje y venta del tabaco, principal cultivo de esta zona.

La administración de la factoría estaba regida por el máximo poder de la Capitanía General de Guatemala; en segundo lugar jerárquico estaba el factor, que era el administrador general; la seguía luego el fiel de almacenes. La Caja Real era administrada por el contador, que a su vez fiscalizaba al tesorero.

Los agricultores o cosecheros sembraban el tabaco en los terrenos del Valle Central que eran aprobados por el factor para este fin. Las tercenas eran almacenes de la misma factoría, recibían tabaco, lo almacenaban y lo vendían. Se encontraban las tercenas en San José, Heredia, Alajuela, Cartago, Ujarraz, Bagaces, Esparza, Nicoya, Guanacaste, Santa Cruz y Nicoya.

Por orden del Reino de Guatemala, en 1782 se autoriza su siembra únicamente en Costa Rica por lo que la actividad tabacalera se incrementó notablemente, pues desde aquí había que abastecer de tabaco a todo el Reino de Guatemala.

Me encontré este interesante reportaje del Profesor Anastacio Alfaro, donde nos describe de manera más detallada lo referente a este tema.

Referencias:

  • Chaverri Guerrero, Rodrigo. El Cultivo del Tabaco.
  • Revista Instituto Defensa del Café. Anastacio Alfaro.

 

 

 

Juan Rafael Mora Porras…Tercer Presidente de C.R. (biografía)

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Juan Rafael Mora Porras, llamado Don Juanito nace en San José el  8 de febrero de 1814 y  muere en Puntarenas el 30 de septiembre de 1860. Fue presidente de Costa Rica en tres ocasiones consecutivas. Se le reconoce especialmente el mérito de haber conducido al país a la victoria sobre los filibusteros encabezados por William Walker, en la Campaña Nacional de 1856-1857. Precisamente por esa campaña, la Asamblea Legislativa de Costa Rica le declaró «héroe y libertador nacional» el 16 de septiembre de 2010.​ Es uno de los personajes más reconocidos y más importantes de la historia costarricense.

Vida y familia
El matrimonio de Camilo Mora Alvarado y Ana Benita Porras Ulloa —familia liberal que figura entre las fundadoras de la actual capital costarricense—, tuvo cuatro hijos que pertenecieron a la élite política y social del país. No solo Juan llegaría a ser presidente; también lo sería, en 1849, Miguel y José Joaquín obtendría el grado de general. Sus hermanas Ana María y Guadalupe fueron esposas, respectivamente, de José María Montealegre Fernández, que gobernaría Costa Rica de 1859 a 1863, y de José María Cañas Escamilla, general de origen salvadoreño que se distinguió en la guerra contra William Walker.

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Esposa de Juanito Mora

Don Juanito se casó en San José el 24 de junio de 1847 con Inés Aguilar Coeto, hija de Manuel Aguilar Chacón, jefe de Estado de 1837 a 1838. La pareja tuvo ocho hijos: Elena, Teresa, Alberto, Amelia, Juan de Dios, Camilo, Juana y Antonio.

Fue alcalde de San José en 1837 y desempeñó otros cargos públicos, aunque sus principales actividades fueron el comercio, el cultivo del café, la caña de azúcar y los bienes raíces. En 1842, Juan Rafael Mora, que no tenía educación universitaria, formó una sociedad con Vicente Aguilar, que se convertiría pronto en una de las más poderosas firmas comerciales de la época.

Vida Política

​En 1847 fue elegido vicepresidente de la República,​ cargo al que renunció al año siguiente, para volver a ocupar ese puesto al subsiguiente. El golpe militar del general José Manuel Quirós, que obligó a renunciar al mandatario José María Castro, lo convirtió en gobernante del país hasta que se declarase la elección de su sucesor, que ganó el mismo don Juanito.

Entre los primeros éxitos logrados durante su gobierno estuvieron el reconocimiento de la independencia costarricense por España y la creación por Pío IX de la diócesis de Costa Rica (1 de marzo de 1850), cuyo primer obispo, Anselmo Llorente y Lafuente, fue consagrado al año siguiente en Guatemala.

En una época en que los militares tenían gran influencia en la política del país y en la que la existencia de un solo cuartel facilitaba a su comandante ponerse de acuerdo con las familias poderosas para cambiar al presidente, Mora decidió crear un segundo cuartel, lo que venía a significar un desconfianza hacia Quirós, el militar más poderoso de entonces. Este así lo comprendió y se levantó en armas el 3 de junio de 1850, pero las fuerzas que envió don Juanito a combatirlo lo derrotaron.​

El Congreso Constitucional le confirió el título de Benemérito de la Patria, por Decreto No. LXXXVI de 25 de junio de 1850.

A pesar del triunfo sobre Quirós, las cosas no se le dieron fáciles a Mora, que tenía en contra una inteligente oposición dirigida por Castro y un Congreso en gran parte adverso. Llegó incluso a presentar su renuncia, que no fue aceptada. Don Juanito optó entonces por disolver la cámara y llamar a nuevas elecciones para obtener un Parlamento fiel, cosa que consiguió.

En 1853 fue reelegido. Mejoró la carretera de Cartago al puerto de Puntarenas, vía que contribuyó a acelerar el desarrollo económico del país, y dictó otras disposiciones progresistas que se realizaron durante su mandato.

Intento de recuperar el poder y muerte

En el extranjero, don Juanito preparaba la invasión para recobrar el poder; viajó a Estados Unidos en busca de ayuda y armas. El 17 de septiembre de 1860 desembarcó en Puntarenas —acompañado de su hermano, el general José Joaquín, de su cuñado, José María Cañas y su sobrino Manuel Argüello—; los moristas tomaron la ciudad y se apoderaron de una franja de terreno que llegaba hasta el río Barranca. El gobierno de Montealegre reaccionó rápidamente enviando una fuerza militar que derrotó a Mora en la batalla de La Angostura. Don Juanito buscó asilo donde su amigo el cónsul británico Richard Farrer —con don Ricardo, como se le conocía en Costa Rica—, con quien él había tenido negocios; así, le había vendido una hacienda cafetalera ubicada en Guadalupe y en 1854 su gobierno le había dado la concesión para construir y explotar una vía férrea entre San José y Puntarenas—, pero terminó entregándose.

Fue fusilado en el lugar denominado Los Jobos el 30 de septiembre de aquel año junto al general Ignacio Arancibia (un chileno que había partido

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Fusilamiento de Juanito Mora

 

hacia California en la época de la fiebre del oro, pero que se había quedado en Costa Rica, radicándose en Esparza y que se había distinguido en la guerra contra los filibusteros). Dos días después, ejecutaron también a Cañas.

 

Sepultura de Mora
Un grupo de amigos —los cónsules británico, Farrer, y francés, Juan Bonnefil (Jean Jacques Bonnefil Hydemayra), los yernos de este, Santiago Costantine y Julio Rosat, más el capitán Francisco Roger— lograron que el cadáver no fuera arrojado a las aguas y le dieron sepultura el mismo día de su ejecución en el antiguo cementerio del estero en una fosa cavada por ellos mismos; dos días después enterraron también a Cañas. Casi seis años más tarde, el 20 de mayo de 1866, Bonnefil retorna al lugar junto con Constantine y cuatro marineros (Carlos Leonara, Enrique Ligoneff, Francisco Hervé y Guillermo Noubée) y exhuma los cadáveres, que mantiene brevemente en su residencia de Puntarenas para luego llevarlos su casa en San José, ubicada diagonal al Hospital San Juan de Dios, lugar en el que permanecen durante más de 20 años, hasta que el 13 de enero de 1885 son trasladados al Cementerio General de la capital costarricense.

Ver también:  Plaza Juan Rafael Mora PorrasLas dos Casas del Presidente Mora, Campaña Nacional

Referencias:

  • Vargas Araya, Armando (2007). El lado oculto del presidente Mora: resonancias de la Guerra Patria contra el filibusterismo de Estados Unidos (1850-1860) (1.ª edición). San José, Costa Rica: Eduvisión. p. 432

Campaña Nacional de 1856

La Campaña Nacional de 1856-1857 fue un conflicto bélico que se desarrolló entre marzo de 1856 y mayo de 1857, el cual enfrentó a la República de Costa Rica, encabezada por su presidente Juan Rafael Mora Porras, contra el ejército filibustero estadounidense al mando de William Walker, como consecuencia de la ocupación filibustera en la vecina Nicaragua desde 1855. Sus episodios más sobresalientes son la Batalla de Santa Rosa (20 de marzo de 1856), la Batalla de Rivas (11 de abril de 1856), y la Campaña del Tránsito (noviembre de 1856-mayo de 1857). En Costa Rica, se considera a la Campaña Nacional de 1856-1857 una importante etapa de la historia costarricense, dado que dio impulso al proceso de construcción del estado-nación en Costa Rica, y representa la consolidación de la independencia y el inicio del proceso de formación de la identidad nacional.

La Campaña Nacional fue un conflicto que involucró directamente tanto a Costa Rica como a Nicaragua, en menor medida, a los demás países centroamericanos, y de forma indirecta, a Estados Unidos, Reino Unido y el Imperio francés. Históricamente, se le ha dividido en dos fases de desarrollo estratégico militar: el primero entre marzo y abril de 1856, que inició con la Batalla de Santa Rosa (20 de marzo), en Guanacaste, y el Combate de Sardinal (10 de abril), en el cantón de Sarapiquí, en Costa Rica, que culminaría finalmente con la Batalla de Rivas (11 de abril) en Nicaragua, en el cual la historia costarricense destaca el episodio de la quema de un mesón donde se había refugiado el enemigo, acto realizado por Juan Santamaría. La posterior aparición de la peste del cólera entre las filas costarricenses motivó su repatriación tras esta batalla y la consecuente diseminación de la enfermedad por el país, que costó la vida de 10.000 costarricenses, el 10% de la población nacional.

Superada la epidemia del cólera, se inicia la segunda fase, conocida históricamente como la Campaña del Tránsito. Esta inició en noviembre de 1856 y culminó en mayo de 1857. La Campaña del Tránsito tuvo como objetivo principal el control de la ruta del río San Juan, a través de la cual los filibusteros recibían reabastecimiento de suministros y hombres. Dio inicio el 22 de noviembre con la Batalla del puerto de San Juan del Sur, y se continuó con el Combate de la Trinidad (22 de diciembre), toma de vapores filibusteros en el río San Juan (23 de diciembre), combates del Castillo Viejo (16 de febrero de 1857), el Fuerte de San Carlos (febrero-marzo) y la isla Ometepe (marzo-abril), para culminar con las batallas de San Jorge (marzo-mayo) y Rivas (abril-mayo), en las que se involucraron las otras repúblicas centroamericanas. La Campaña Nacional culminó con la rendición de William Walker el 1 de mayo de 1857.

Denominaciones
El término “Campaña Nacional” fue acuñado por el presidente Juan Rafael Mora Porras con el objetivo de definir la trascendencia de la guerra que se iba a librar en procura de garantizar la libertad y soberanía de los pueblos centroamericanos. Debido a esto, el nombre “Campaña Nacional” es utilizado esencialmente en Costa Rica para definir los acontecimientos que involucraron la participación directa del país en el conflicto. Otros términos usados en Costa Rica para denominar este episodio de la historia nacional son Gesta del 56, Guerra de 1856, Guerra contra los filibusteros y Guerra Patria.

En Nicaragua, el conjunto de los hechos de la guerra civil librada entre legitimistas y democráticos que llevaron al ascenso al poder de William Walker y que motivaron la participación costarricense en dicho conflicto se conoce como Guerra Nacional de Nicaragua, sin embargo, en Costa Rica, las batallas libradas en Nicaragua antes de la Batalla de Santa Rosa el 20 de marzo de 1856, así como algunas de las batallas ocurridas entre abril y noviembre de 1856, cuando Costa Rica no participó de la guerra por enfrentar la epidemia del cólera, no se consideran parte de la Campaña Nacional, aunque sí se toman como uno de sus antecedentes directos. En el resto de los países de Centroamérica, el conjunto de estos hechos bélicos, así como sus causas y consecuencias, se conocen como Guerra Nacional Centroamericana o Guerra centroamericana contra los filibusteros.

Antecedentes
La causalidad de la Campaña Nacional de 1856-1857 es múltiple y compleja:

  • Situación económica, política y social de Costa Rica durante la década de 1850, en medio de un auge importante producido por la exportación del café a Inglaterra, que le permite consolidar la formación, modernización y profesionalización de las fuerzas armadas.
  • Situación política de Nicaragua, sumida en una guerra civil entre dos partidos políticos que llevará a uno de ellos a intentar obtener la victoria reclutando tropas mercenarias extranjeras.
  • Intereses geopolíticos y estratégicos de las potencias de la época, en especial de Estados Unidos y Gran Bretaña, que buscan controlar la ruta del tránsito a través del río San Juan, Lago de Nicaragua e istmo de Rivas, por el potencial que representa para la construcción de un canal interoceánico.
  • Política expansionista de los Estados Unidos durante el siglo XIX, en especial por parte de los estados sureños, cuya economía agrícola, dependiente de la esclavitud, les empuja a la anexión de nuevos territorios ante el avance del movimiento abolicionista en los estados del norte, más industrializados.

Costa Rica en la década de 1850

Juan Rafael Mora Porras, héroe nacional y libertador de Costa Rica.
A inicios de la década de 1850, con el ascenso al poder del gobierno del presidente Juan Rafael Mora Porras, la situación de Costa Rica era promisoria.​ La supresión de los localismos que enfrentaban a las principales ciudades del Valle Central (Alajuela, Cartago, Heredia y San José), que anteriormente había provocado inestabilidad política, como la Batalla de Ochomogo (1823) y la Guerra de la Liga (1848), permitió la consolidación central del poder, la formación de un ejército supeditado a la autoridad del Ejecutivo, y el establecimiento de relaciones internacionales con Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y España, permitiendo el reconocimiento del país como estado independiente en el exterior.

El país se encontraba en medio de un auge económico y social producido por la bonanza del café, cuyos precios a nivel internacional permitieron la dinamización de la vida económica y social de la nación. La exportación del café permitió el enriquecimiento de pequeños y medianos productores agrícolas, que prosperaron con la venta del “grano de oro” al exterior, el cual era transportado en carretas desde el Valle Central hasta Puntarenas, en la costa del Pacífico, de donde era exportado a Europa, principalmente a Inglaterra,​ a través de los buques pertenecientes al capitán inglés William Le Lacheur, amigo personal del presidente Mora.

Este proceso permitió la consolidación de una clase burguesa agroexportadora, una “oligarquía cafetalera”, que se estableció en la cúspide de la jerarquía social de la nación, pues había encontrado en la exportación del grano una temprana fuente de estabilidad que le había engendrado riqueza y poder.​ Este sector agroexportador se convirtió en la base económica del estado, su principal motor de desarrollo.​

Mapa de Costa Rica en 1850

Secundario a la riqueza económica de esta élite, la sociedad costarricense se volvía cada vez más compleja y diversa, mejor integrada y económicamente más dinámica,​ reflejado esto último en una activa venta de víveres, lo que permitió el desarrollo y diversificación del comercio interno.​ A la vez, se importaron nuevas modas y tecnologías que permitieron la apertura de vías de comunicación y el mejoramiento de los viejos caminos,​ como el camino de mulas entre San José y Puntarenas, el cual fue vital para la economía colonial. Con el objetivo de favorecer la expansión económica con la exportación del café, el presidente Mora impulsó políticas orientadas a la construcción y mejoramiento de caminos y puertos, contratos de navegación, código de comercio, firma de tratados, habilitaciones, creación del primer banco estatal, venta de terrenos y otros. Durante la década de gobierno del presidente Mora en Costa Rica, el país experimentó un excepcional progreso. Se fortaleció el poder central del Estado, se desarrollaron las instituciones públicas y políticas, se elevaron los ingresos del país de 15.000 a 500.000 pesos, se realizó un desenvolvimiento de la salud pública, la educación y la cultura.​ San José empezó a perder de prisa el perfil de aldea que había tenido durante la colonia, para irse convirtiendo rápidamente en una urbe.​ El presidente Juan Rafael Mora, contando con la asesoría y capacidad técnica de algunos ciudadanos europeos, como el ingeniero alemán Franz Kurtze, hizo construir importantes edificaciones como el Palacio Nacional, el Teatro Mora, el Hospital San Juan de Dios y la Fábrica Nacional de Licores.​ En el puerto de Puntarenas, el casco urbano creció con la expansión vertiginosa del comercio exterior.

San José en 1856

El crecimiento económico, no obstante, también tuvo otros efectos sociales y políticos. Mientras por un lado la burguesía u oligarquía cafetalera se consolidaba, los campesinos pobres, desposeídos de las tierras comunales por la privatización de las mismas, se volvieron al trabajo asalariado, volviéndose jornaleros. En el caso de los indígenas, estos se vieron desplazados del Valle Central, por lo que se vieron obligados a movilizarse a las montañas, sobre todo hacia la Cordillera de Talamanca, ante la colonización agrícola.​

Aunque el futuro de la nación parecía brillante, no obstante existían tensiones allende sus fronteras, dado que desde 1854 en la vecina Nicaragua se vivía una guerra civil que amenazaba la seguridad del país, a lo que se sumaba la reclamación de Nicaragua sobre el territorio del antiguo Partido de Nicoya (anexado a Costa Rica desde 1824),10​ y los intereses de las potencias de la época sobre la ruta interoceánica a través del río San Juan.11​ Ante esto y con el ascenso de Juan Rafael Mora a la jefatura del Estado, se inició un proceso de fortalecimiento y modernización de las fuerzas armadas, al mando de José Joaquín Mora Porras, hermano del presidente. El número de las tropas ascenderá hasta 9000 hombres durante los años previos a la Campaña Nacional.

Ejército de Costa Rica

 

Uniformes de la oficialía del ejército de Costa Rica utilizados durante la Campaña Nacional 1856-1857. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.

 

Costa Rica se independiza de España en 1821 junto a Centroamérica, y formalmente deja de ser un Estado soberano dentro de la República Federal de Centroamérica, para convertirse en República de Costa Rica, el 31 de agosto de 1848 bajo el mandato del Presidente Castro Madriz.

Para la década de 1850, era un país poblado principalmente por familias campesinas que residían, en su mayoría, en el Valle Central, y que se dedicaban a la producción agrícola y algunas pocas al comercio y exportación; fundamentalmente al cultivo del café, motor de desarrollo del país por su exportación a Inglaterra. En los primeros años de vida independiente hubo conflictos civiles como el de 1823 entre los partidarios de la anexión al Imperio Mexicano de Iturbide en Cartago (y luego Heredia) y las tropas republicanas de Alajuela y San José, que salieron victoriosas; pasando San José a ser la nueva capital del Estado. Así aunque se sucedieron diversos golpes para derrocar al gobernante de turno, el medio socio-político en que vivía la población era relativamente pacífico. Destacando el derrocamiento y fusilamiento del líder centroamericano liberal Francisco Morazán en 1842 (quien a u vez había derrocado y exiliado al Jefe de Estado, el costarricense Braulio Carrillo), y sepultando junto a él, el ideal liberal de una República Federal Centroamericana. Respecto a Costa Rica que era entonces un Estado libre dentro de la República Federal de Centroamérica (1824), tenemos desde 1820 a 1830 venía gestándose la conformación de un ejército nacional, regido por los viejos códigos militares coloniales españoles. Este ejército estaba compuesto por un batallón de infantería y un cuerpo de caballería, que eran comandados por oficiales que incluían dos sargentos, un teniente, un capitán de infantería, un capitán de caballería, un sargento mayor y un coronel.

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Juan Rafael Mora

En lo que se refiere a la infantería, un reducido número de sus componentes eran soldados rasos con formación militar, a los que se les conocía como veteranos, mientras que la gran mayoría era cuerpos de reservistas voluntarios o milicianos, que interrumpían ocasionalmente su vida civil para recibir instrucción militar y educación en el manejo de armas, con el compromiso de acudir en la defensa del territorio nacional cuando se les convocara.

Este tipo de organización fue reestructurada entre 1824 y 1838 por órdenes emanadas de las autoridades a cargo de la República Federal de Centroamérica, incrementando el número de la soldadesca de 135 hombres en 1826 a 2000 en 1832. Este número de efectivos continuó creciendo posterior a la caída de Francisco Morazán en 1842, y a la declaración de la República (independiente de Centroamérica) en 1848, de modo que para el año 1850 el ejército nacional contaba con 5000 hombres.

William Walker

Estas medidas fueron aplicadas con el propósito de crear condiciones para mantener el orden, debido a que la falta de disciplina de las tropas y de orden entre las oficialías había transformado al ejército en un instrumento de las facciones que promovían divisiones y conflictos regionales, basados en localismos.

Con el ascenso del presidente Juan Rafael Mora, -quien era hermano del breve ex presidente Miguel Mora, y había sido Vicepresidente de Castro Madriz y que ya había enfrentado antes, una grave tentativa de Golpe de Estado- éste decide reorganizar el ejército. Como consecuencia, el General José Manuel Quirós y Blanco, se había opuesto a la creación de un segundo cuartel en San José que debilitaría su hegemonía militar, e intentó dar un golpe de Estado a Juan Rafael Mora en 1850, como ya antes lo había hecho con éxito en 1838 a Manuel Aguilar (junto a Braulio Carrillo), o a Castro Madriz en 1849. Esta vez el General Quirós es derrotado por el Presidente Mora, exiliándose brevemente, para luego curiosamente, incorporarse dentro del Estado Mayor de Mora en la Campaña de 1856, donde alcanza su muerte heroicamente en abril de 1856.

Las medidas preventivas aplicadas por Juan Rafael Mora iban destinadas a poner al Ejército bajo la autoridad civil del Ejecutivo y así fortalecerlo. Sin embargo, también se ha argumentado que Mora tenía la percepción de que el país podría entrar en conflicto bélico con la vecina Nicaragua en cualquier momento, debido a las diferencias limítrofes entre ambos países producidas desde la anexión del Partido de Nicoya en 1824, pero incrementada especialmente a partir de 1840 por la influencia ejercida por los intereses estadounidenses.​

También, la presencia de Henry L. Kinney en la Mosquitia desde 1854 fue interpretada como una amenaza a la integridad territorial del país, que se verá confirmada un año más tarde por el desembarco de William Walker en El Realejo. Finalmente, es muy posible que el fortalecimiento del aparato militar costarricense en esta década esté también influenciado por el interés de los británicos (principales clientes del café costarricense y a la vez, proveedores del nuevo armamento nacional), de organizar una fuerza que pueda contrarrestar las intenciones subrepticias estadounidenses de dominar la ruta del río San Juan.

Armamento utilizado por el ejército de Costa Rica durante la Campaña Nacional 1856-1857. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.

En el proceso de re-estructuración del ejército, la primera medida del presidente Mora fue establecer un segundo cuartel en San José, en abril de 1850, para de este modo debilitar la fuerza del comandante del ejército al evitar la concentración de toda la fuerza armada en manos de un solo hombre. Ante esto, el comandante de San José, José Manuel Quirós y Blanco, se sublevó a principios de junio, pero la rebelión fue contenida y Quirós exiliado, con lo que el presidente logró consolidar su autoridad sobre los cuarteles al colocar a la cabeza del ejército a hombres de su confianza, como su cuñado el general José María Cañas y luego su hermano José Joaquín Mora Porras, quien inició la modernización del ejército.

José Joaquín Mora Porras, hermano del presidente Mora, comandante en jefe del Ejército de Costa Rica y más tarde, comandante supremo de los ejércitos centroamericanos durante la Campaña Nacional.

En 1851, se adquiere un nuevo armamento en el Reino Unido: en Londres, el cónsul de Costa Rica Edward Wallenstein compra en Birmingham 1000 llaves de fusil y dos cajones con rifles Minié con bayoneta, que envía por barco a Puntarenas. En 1852, se nombró al coronel polaco Fernando von Salisch como jefe instructor del ejército, con la misión de profesionalizar las fuerzas armadas y entrenarlas en el tiro con puntería a diferentes distancias.21​ Además, ingenieros prusianos residentes en el país, el coronel Alexander von Bullow y los capitanes Franz Blotemberg y Paul Stupinagel, impartían regularmente sus conocimientos sobre estrategia militar,​ reemplazando los códigos militares coloniales españoles por la disciplina militar inglesa y las tácticas militares napoleónicas, convirtiendo de este modo a un grupo de campesinos descalzos con muy poca noción de la disciplina marcial, en un cuerpo armado profesional.

Para 1854, las tropas llegan a 6500 efectivos y se decide aumentarlas a 9000. Ese mismo año el cónsul Wallenstein compra en Inglaterra 200 fusiles, 20 000 tiros, dos baterías de montaña, cuatro baterías de campo de ocho libras y 300 barriles de pólvora. En 1855, llegan a Puntarenas en el bergantín Esperanza y la barca América, propiedad del comerciante inglés William Le Lacheur (quien se encarga de la exportación del café costarricense al Reino Unido), 500 rifles Minié, tres baterías de cañones de campaña de tres piezas de bronce cada una y dos de fortificación, todas con su correspondiente parque e idénticas a las utilizadas por el ejército inglés en la Guerra de Crimea. En febrero, arribó al país el coronel Pierre Barillier, experto militar en calidad de asesor táctico, enviado por el emperador francés Napoleón III, gracias a las gestiones realizadas en París por el secretario adjunto del presidente Mora, Adolphe Marie, y el embajador Gabriel-Pierre Lafond de Lurcy. El Segundo Imperio francés envió, además, un cargamento de armas y pertrechos de guerra, traído por Marie y Barillier, que se integraron al Ejército Expedicionario de camino a Rivas.​

Para comienzos de 1856, el ejército de Costa Rica se elevaba a 7000 hombres aproximadamente, entre veteranos y milicianos. El 27 de febrero, y ante la inminencia de la invasión filibustera en Guanacaste, el presidente Mora ordenó al cónsul Wallenstein la compra de otros 2000 fusiles, parar cerrar toda la compra en Europa en 2440 libras esterlinas (el 25% del presupuesto de la República),24​ y decreta elevar el número de tropas a 9000, el 9% de la población de aquella época (100.000 hab.), apelando para ello a dos justificaciones:​

Que la presencia de Walker en Nicaragua era una amenaza para la integridad territorial nacional, que debían incorporarse en el ejército 1000 milicianos de Alajuela y 1000 de Heredia, ya que el ejército estaba compuesto solamente por hombres de San José, Cartago (las dos provincias más pobladas del país),​ y Moracia (Guanacaste, colindante con Nicaragua), situación que se venía dando desde 1850.

De estos 9000 soldados, 4000 marcharían al frente de batalla en Guanacaste y Nicaragua en lo que Mora y su Estado Mayor denominaron como Ejército Expedicionario; 1500 quedarían acantonados para defender Puntarenas, el puerto más importante del país, la ciudad de Liberia, la más grande de Moracia, y el puesto fronterizo de Sapoá, para contener una eventual invasión filibustera.​ El Ejército Expedicionario tuvo una organización jerárquica, con el presidente Mora como su Capitán General y Comandante Supremo, unido a un Estado Mayor, seguido de un segundo cuerpo donde figuraba la oficialía, compuesta de generales de división, coroneles, mayores, capitanes, tenientes y subtenientes. El estrato inferior estaba compuesto por sargentos primeros y segundos, mientras que la base la componían los cabos y soldados rasos. El Ejército Expedicionario se encontraba dividido en tres grandes cuerpos: caballería, infantería y artillería, que marchaban al paso del toque de tambor de una banda militar.26​ Cada soldado raso costarricense iba armado con un fusil con bayoneta, mientras que los oficiales de caballería llevaban sable y revólver.​ El ejército también contaba con un cuerpo de médicos, que estaba al mando de un Cirujano Mayor, puesto ocupado por el médico, cirujano y naturalista alemán, Dr. Karl Hoffman Brehner. Además, el ejército llevaba varios capellanes, uno de los cuales fue el presbítero Francisco Calvo, quien llevó un registro minucioso de los fallecidos durante la contienda. Cuando Juan Rafael Mora Porras declaró la guerra a los filibusteros, el 1 de marzo de 1856, a sus espaldas tenía un ejército bien preparado.

Filibusteros

 

Fotografía de 1856 que retrata a un filibustero. Museo Histórico-Cultural Juan Santamaría, Alajuela

 

Con el nombre de filibusteros se denominó al grupo de seguidores, principalmente estadounidenses, pero también de otras nacionalidades, que conformaron el ejército de William Walker durante su campaña en Nicaragua. La mayoría de estos hombres habían viajado hacia ese país con la aparente intención de seguir su camino hacia California, pero muchos de ellos decidieron quedarse en aquel país. No se sabe en exactitud cuántos filibusteros había en Nicaragua al inicio de la Campaña Nacional, aunque el número más bajo que se ha calculado es de 2.000. El ayudante general P.R. Thompson reporta un número de 2.843 hombres en las filas filibusteras, más los voluntarios y civiles locales que colaboraron con el ejército filibustero, alcanzando los 3.500 hombres aproximadamente. Sin embargo, la compañía naviera que llevó a la mayoría de los filibusteros hacia Nicaragua reportó que había transportado a 12.000, pero no todos ellos se enlistaron en el ejército de Walker.

Clásicamente, se les ha dado un perfil de jóvenes aventureros militares interesados únicamente en el saqueo. Muchos de los soldados de Walker respondían a este perfil, especialmente los veteranos de la guerra entre México y Estados Unidos y a muchos fugitivos de la justicia estadounidense. Sin embargo, gran cantidad de ellos tenían otras expectativas al momento de su llegada al país centroamericano. Había algunos cuya motivación era religiosa, pues creían que debían llevar la evangelización a la población centroamericana, mayormente católica. Entre este grupo había varios pastores y misioneros protestantes que realizaban actividades religiosas. De los nombres más conocidos, destaca el de Sarah Pellet, que también fue dirigente del movimiento por los derechos de la mujer en Estados Unidos.

Había también un grupo que tenía motivos políticos. Estos provenían del sur de Estados Unidos y estaban interesados en defender la esclavitud, que era el principal motor económico de los Estados Sureños. También había en ellos varios liberales, que estaban en contra de la esclavitud, asociados a grupos progresistas del medio-oeste de los Estados Unidos, que pensaban que Walker era un revolucionario democrático liberal. Entre este grupo predominaban europeos, principalmente alemanes y franceses, que habían participado en las revoluciones liberales de sus países en 1848. Entre estos se hallaban también cincuenta cubanos exiliados en Nueva York luego del fracaso de la rebelión contra el régimen colonial español en Cuba en 1851. Estos cubanos se relacionaron con grupos liberales en Nueva York y posteriormente entraron en contacto con Walker. Tuvieron cargos importantes durante su gobierno, ya que sirvieron de intermediarios entre éste y el pueblo nicaragüense gracias al idioma y a practicar la religión católica. Además, muchos de ellos creían, igual que algunos nicaragüenses, que la manera de alcanzar el desarrollo era la americanización de los países hispanoamericanos.

Finalmente, había un grupo que eran colonos atraídos con la esperanza de encontrar nuevas tierras, principalmente luego de que Walker promulgara en 1855 un decreto de colonización donde se otorgaban 250 acres de tierra pública a los inmigrantes y 100 más si traían a su familia con ellos. El decreto, publicitado por los periódicos estadounidenses, atrajo colonos provenientes del norte de Estados Unidos y de California. Muchos de estos colonos no tenían la intención de engrosar el ejército de Walker, sino que esperaban únicamente ocupar la tierra, sin embargo, algunos de ellos fueron obligados a enlistarse, como el caso de un ebanista neoyorquino de nombre Thomas Hupput.

Una vez en Nicaragua, los nuevos colonos se establecían en el sur del país, en la zona dominada por los hombres de Walker. La mayoría se asentó en Granada. El ejército de Walker vivía en los cuarteles de la plaza principal y en el convento al lado de la iglesia de San Francisco, mientras que los oficiales vivían en las casas y las haciendas abandonadas o confiscadas a la élite granadina durante la toma de la ciudad en octubre de 1856. Muchos de los colonos que no se enlistaron en el ejército de Walker convirtieron estas casas en pequeños negocios, mientras que otros probaron suerte en la búsqueda de oro en las minas de Chontales. Los filibusteros que no vivía en Granada, habitaron en otras ciudades como Masaya, Rivas, Managua, San Carlos, León y Matagalpa. Estos establecieron negocios, hoteles, tiendas, restaurantes y consultorios médicos en las ciudades de la ruta del tránsito, mientras que otros adquirieron haciendas en la región de Nandaime y la ruta del San Juan.

Durante la ocupación de Nicaragua, el régimen filibustero logró mantener algunas instituciones estatales, en las cuales los funcionarios eran tanto extranjeros como nicaragüenses. La élite granadina, especialmente, tuvo muchas relaciones con los filibusteros en el ámbito social y económico, en reuniones, bailes y banquetes promovidos por los dueños y empresarios hoteleros y hacendados europeos y estadounidenses. El Young American Pioneer Club of Nicaragua, un club social fundado por estadounidenses, fue un importante lugar de convivencia social entre ambas partes. También, algún sector de la élite granadina estableció lazos matrimoniales con los filibusteros, aunque parece ser que la alta sociedad nicaragüense rechazaba estos enlaces. Entre el sector popular también hubo mucho contacto con los filibusteros, ya que estos de encontraban en el mercado de Granada, donde gran cantidad de campesinos e indígenas de Masaya acudían a venderles sus productos a los extranjeros. Otro sitio de encuentro eran los negocios establecidos por los norteamericanos, que incluían ferreterías, peluquerías, tiendas de ropa, sastrerías, consultorios médicos y de dentistas, boticas, restaurantes, y una escuela de idiomas dirigida por un cubano que ofrecía clases de inglés, castellano y francés. También había socialización entre ambas partes durante las festividades populares, las celebraciones religiosas y las actividades culturales como obras teatrales, conciertos musicales y la celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos el 4 de julio.

No obstante todo esto, también hubo actos de violencia de algunos filibusteros hacia la población nicaragüense, cuyo temor hacia los filibusteros fue creciendo. La relación entre ambos grupos comenzó a deteriorarse con el estallido de la guerra centroamericana contra Walker. El régimen del estadounidense comenzó a volverse más autoritario y violento, en especial cuando comenzaron las proclamas a favor de la esclavitud. La mayoría de los nicaragüenses cambió su actitud hacia los ocupantes, volviéndose más hostiles hacia ellos. Otros estragos como la destrucción de Granada, el saqueo de las haciendas y la muerte de miles de centroamericanos fueron importantes motivos que propiciaron este cambio.

Ver también Juan Rafael Mora Porrás…biografía

Referencias:

  • Molina, Iván; Palmer, Steven (2011). Historia de Costa Rica (2.ª edición). San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica. p. 222. ISBN 978-9968-46-024-8.
  • Vargas Araya, Armando (2007). El lado oculto del presidente Mora: resonancias de la Guerra Patria contra el filibusterismo de Estados Unidos (1850-1860) (1.ª edición). San José, Costa Rica: Eduvisión. p. 432. ISBN 978-9968-521-96-3.
  • Bosch, Juan (1993). De Cristóbal Colón a Fidel Castro: el Caribe frontera imperial (8.ª edición). Santo Domingo, República Dominicana: Editorial Corripio. pp. 547-548.
  • Arias, Raúl Francisco (2007). Los soldados de la Campaña Nacional (1856-1857). San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad Estatal a Distancia. p. 398. ISBN 978-9968-315-46-3. Consultado el 17 de febrero de 2014.
  • Walker, William (1970). La guerra en Nicaragua (en inglés). Versión castellana por Ricardo Fernández Guardia de The War in Nicaragua (Mobile, S. H. Goetzel & Company, 1860) (2.ª edición). San José, Costa Rica: Editorial Universitaria Centroamericana. p. 431. Consultado el 21 de febrero de 2014.
  • Obregón Loría, Rafael (1991). Costa Rica y la guerra contra los filibusteros. Alajuela, Costa Rica: Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica. p. 409. ISBN 978-9977-953-13-7. Consultado el 22 de febrero de 2014.
  • Montero Barrantes, Francisco (1890). Elementos para la historia de Costa Rica, volumen 2. San José, Costa Rica: EUNED. ISBN 978-9968-312-83-7. Consultado el 15 de marzo de 2014

 

 

La ley de la ambulancia.

José Rafael Gallegos Alvarado fue el Jefe de Estado que implantó la Ley de la Ambulancia en 1834.

La Ley de la Ambulancia fue una norma legal emitida en Costa Rica en 1834, durante la administración de José Rafael de Gallegos y Alvarado. Según esta Ley, el gobierno del Estado de Costa Rica (dentro de la República Federal de Centro América) debía ambular, rotar o errar cada cuatro años por las ciudades de Alajuela, Heredia, Cartago y San José.

Causas
Desde 1563 la Ciudad de Cartago había sido la capital de la Provincia de Costa Rica, pero en 1823 la capital fue pasada a la Ciudad de San José tras la Independencia con respecto a España y la Batalla de Ochomogo. Cartago fue capital de Costa Rica durante 260 años, y por supuesto sus vecinos no aceptaron dejar de ser la sede del gobierno.

José Rafael Gallegos Alvarado fue el Jefe de Estado que implantó la Ley de la Ambulancia en 1834.

Por otro lado, con base a los estudios del historiador Iván Molina Jiménez, en la primera mitad del Siglo XIX los habitantes de lo que hoy es la República de Costa Rica no se identificaban como costarricenses, sino como heredianos, alajuelenses, nicoyanos, etc. No había una clara identidad nacional como país independiente (Costa Rica era un Estado de la República Federal de Centro América). Esta política amateur era controlada por cabildos, lo cual favorecía una identidad más localista en oposición a una política centralizada. En ese contexto, ninguna ciudad quería ser gobernada por otra, y todas querían ser la capital. El localismo fue la principal causa de la Batalla de Ochomogo, la Ley de la Ambulancia, y la Guerra de la Liga.​

En 1833 los vecinos de Cartago pusieron al cartaginés José Rafael de Gallegos y Alvarado como Jefe de Estado de Costa Rica, y lo usaron para devolver la capital a Cartago. El plan era establecer la Ley de la Ambulancia para que la capital se pasara a Alajuela, luego Heredia, y cuando llegara a Cartago se quitaría la Ley de la Ambulancia.

 

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Tres antiguas capitales de Costa Rica, su ubicación geográfica.

Puesta en práctica:

La Asamblea Legislativa, marcada en esa época por el Localismo, aprobó esta Ley en marzo de 1834.

Los Poderes Legislativo, Ejecutivo, y Judicial se trasladaron en mayo de 1834 a la ciudad de Alajuela. Tanto el traslado como la instalación de las autoridades en esa ciudad originaron problemas y dificultades de variada índole.

Rápidamente se volvió obvio, que la villa colonial de Alajuela, con una economía de ganadería y caña de azúcar, con solo una escuela y una calle adoquinada, no tenía la infraestructura para ser la capital de un Estado.2​ En San José, la oposición al gobierno de José Rafael Gallegos Alvarado estableció un periódico llamado “La Tertulia” para burlarse del Jefe de Estado, la Ley de la Ambulancia, y los campesinos de Alajuela.

Según “La Tertulia”, en Alajuela solo sabían hablar “…de vacas, bueyes y caña de azúcar”. En el libro “Los años de la Ambulancia”, el historiador Jorge Sáenz Carbonell explica que casi nunca había Cuórum, pues “…a los diputados les daba pereza ir en mula hasta Alajuela”.1​ A inicios de 1835 los diputados de San José aprobaron una moción para que la próxima capital no fuera Heredia sino Esparza, por ser ciudad más antigua de Costa Rica, abriendo la posibilidad de que Nicoya llegara a ser capital del Estado. Por supuesto, esto era una burla más a la Ley de la Ambulancia.

 

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Cansado de las humillaciones y ataques contra su persona, José Rafael Gallegos Alvarado renunció en marzo de 1835. A los pocos días fue electo como Jefe de Estado el Licenciado Braulio Carrillo Colina de San José, quien tenía como prioridad quitar la Ley de la Ambulancia para establecer un gobierno más profesional.

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Braulio Carrillo Colina

Don Braulio Carrillo intentó devolver la capital a San José, así que derogó la Ley de la Ambulancia en agosto de 1835, y estableció la capital en un pueblo llamado San Juan del Murciélago (actual Tibás), entre San José y Heredia. Mientras allá se construían los edificios necesarios, los poderes Ejecutivo y Judicial residirían en San José, y la Asamblea Legislativa en Heredia.

Esto provocó una insurrección en Cartago y Alajuela, a la cual se sumó después Heredia. Las ciudades sublevadas designaron como Dictador a Nicolás Ulloa Soto. Esta rebelión originó la Segunda Guerra Civil de Costa Rica, que se conoce como la Guerra de la Liga.

Después de varias batallas en dos semanas de combate, la Milicia de San José se impuso a las demás ciudades y ganó la guerra civil. De esta manera San José se consolidó como capital de Costa Rica.

Consecuencias:

  • La ciudad de Alajuela fue capital de Costa Rica por dos años.
  • La derogación de la Ley de la Ambulancia conllevó a la Segunda Guerra Civil de Costa Rica o Guerra de la Liga en 1835.
  • Después de la Guerra de la Liga, San José se consolidó como Capital de Costa Rica.

 

Referencias:

  • Sáenz Carbonell, Jorge. “Los años de la ambulancia”. EUNED, Costa Rica, 1989.
  • Villegas, Guillermo y Soto, Enrique. “Alajuela y la Ley de la Ambulancia”. APEHP, Costa Rica, 1989.

Historia Precolombina de Costa Rica

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La historia precolombina de Costa Rica abarca desde el establecimiento de los primeros pobladores hasta la llegada de Cristobal Colón a América.

Hay evidencias arqueológicas que permiten ubicar la llegada de los primeros seres humanos a Costa Rica entre el 10000 y el 7000 a. C. Durante el II milenio a. C. ya existían pequeñas comunidades agrícolas sedentarias.

Entre el 300 a. C. y el 300 d. C. muchas comunidades pasaron de la organización tribal o gentilicia, basada en relaciones de parentesco, escasamente jerarquizada y de producción autosubsistencial, a una organización jerarquizada, con caciques, líderes religiosos o chamanes, artesanos especialistas, etc. Esta organización social surgió por la necesidad de organizar la producción y el intercambio y dirigir las relaciones con otras comunidades, así como las actividades ofensivas y defensivas. Estos grupos establecieron divisiones territoriales más amplias para producir más alimentos y controlar las fuentes de materias primas. Seguir leyendo “Historia Precolombina de Costa Rica”

Monumento Nacional

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Monumento Nacional ubicado en el Parque Nacional, San José.

 

Se le considera el monumento más importante de Costa Rica, puesto que representa el triunfo de las naciones centroamericanas​ contra los invasores extranjeros conocidos como filibusteros, los cuales, bajo el mando del estadounidense William Walker, intentaron conquistar Centroamérica entre 1855-1857.

La defensa de la independencia y la soberanía de Costa Rica, encabezada por el entonces presidente Juan Rafael Mora Porras, es conocida en Costa Rica como la Campaña Nacional de 1856-1857, hecho histórico considerado como determinante para la formación de la identidad nacional costarricense.

Imagen relacionada

El Monumento Nacional, una escultura fundida en bronce sobre un pedestal, donde se observan cinco figuras femeninas portando armas, una de ellas caída, que representa a los soldados muertos en la contienda, mientras la otra, que representa a William Walker, huye. La mayor figura, que se yergue en el centro del conjunto con un gorro frigio, símbolo de la libertad, y enarbolando el pabellón nacional, representa a Costa Rica, que sostiene a Nicaragua, con la espada rota, mientras indica el camino y arenga a las otras repúblicas, Guatemala (con el hacha), El Salvador (con la espada) y Honduras (arco y flechas) a combatir a los invasores.

El monumento se halla sobre un pedestal en el que se hallan cuatro bajorrelieves que representan:

La batalla de Santa Rosa (20 de marzo de 1856).
La batalla de Rivas (11 de abril de 1856), con el episodio del incendio del mesón por Juan Santamaría.
La toma del río San Juan.
Los líderes de la Campaña Nacional, encabezados por Juan Rafael Mora.
La batalla de sardinas que fue un encuentro

Fue terminado de esculpir en París en 1891, y develado el 15 de septiembre de 1895 por el mandatario Rafael Yglesias Castro.​

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Louis-Robert Carrier-Belleuse

El Monumento Nacional de Costa Rica es un conjunto escultórico, obra del francés Louis-Robert Carrier-Belleuse.

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El Río Virilla…su nombre

El río Virilla empieza a citarse en 1647 en un documento en que Ignacio de Aguilar y Agustina de Ulloa venden a Diego de Ocampo Figueroa.

Se vuelve a citar como lindero el nombre DELVIRILLA en 1651 y en 1663. Posteriormente el nombre de río ELVIRILLA aparece EL VIRILLA y AL VlRILLA. En las inmediaciones de este río tuvo una finca Elvira de Torres, hija de Salvador de Torres. La tradición de que el nombre ELVIRILLA es un diminutivo de Elvira parece confirmarse si se relaciona con el nombre de Elvira de Torres.