carta al lic. cleto gonzález víquez


Siempre buscando algo diferente e interesante me encontré está bellísima carta que les aseguro van a sonreír de oreja a oreja durante su lectura. Que lo disfruten!!!

Barcelona, 6 de enero de 1900.
Señor Licenciado Don Cleto González Víquez
Costa Rica
.
Mi muy respetado y querido amigo:
Reitero a Ud., en un todo, los conceptos de mi última carta fecha 27 de diciembre anterior.
Sigo mejorando, pero, a paso de tortuga, y mi convalecencia será larga, no menos de tres meses, lo que me contraría infinito pues anhelo vivamente estar ya de regreso.
Lo que queda en pie y aterrador es el problema monetario. Con el producto de la venta de mi relojillo y de unas pocas colecciones de estampillas que traje de Costa Rica, aumenté en algo mis flaquísimos fondos, pero, en tanto poco, que apenas si me alcanzarán para tirar del carro de mi perra vida hasta fines del mes corriente.

Los especialistas de Paris y la maldita casa de salud de los Champs Elysées, me ordeñaron tan cruelmente, de modo tan hondo, que cuando salí de aquella ciudad venia casi limpio.
Aquí no tengo más amparo que el bondadosísimo de don César, y ése es netamente moral, porque el pobre apenas si pasa con su exiguo sueldo. A don Manuel María no puedo ocurrir, porque él tuvo la bondad de prestarme, generosa y espontáneamente, dos mil francos para editar la tercera edición de Concherías, que, a propósito, va muy adelantada a pesar del retraso que sufrió durante los 22 días de mi gravedad, y del que ha tenido con la aglomeración de trabajo que las Pascuas y Año Nuevo traen a las imprentas.

La tipografía Elzeveriana es la que me lo está haciendo. La cubierta del libro la dibujará el popular artista Apeles Mestres y llevará la obrita como anzuelo de oro, una carta-prólogo de Rubén Darío. En primeros días de febrero saldrá mi libro para Costa Rica.
Volviendo a lo mío, mi situación es clara. mejor dicho, oscurísima. Terminados los reales con que cuento, lo que sucederá a fines de mes, no me queda otra puerta abierta que la del Hospital Público. Tendré que ampararme a la caridad oficial.
La idea de este paso no lastima mi orgullo, le hablo con toda sinceridad, porque no veo nada en mí que me acredite a mis propios ojos con derecho a mayores consideraciones que aquellas de que disfrutan los infelices a quienes se da entrada en ese establecimiento.
Tan desvalido como ellos estoy, y tal vez, ellos no tengan tan bien merecida su miseria, como yo que la he labrado con mis propias manos y es hija legitima, no de una fatalidad caprichosa y cruel, sino de mis locuras y extravíos.

Le hablo con el alma desnuda. Sería un insensato si me quejara de mi suerte. He forjado mis cadenas y justo es que las arrastre,
Pero si puedo convenir en llegar al fondo, en descender al último peldaño solo. no puedo avenirme sin protestar, sin acudir antes a todos los medios posibles, para evitar arrastrar conmigo, en mi caída, a mi viejo padre, a mi esposa e hijos, en fin, a mi familia, a los seres que me quieren y para quienes serviría de tormento saber mi situación y no poder remediarla o aliviarla; verme caído y no poder tenderme la mano. Pensando en esto, y fiado en su bondad, que bien probada tengo, me atrevo a rogarle que invente algún recurso para favorecerme, que yo dejaré de gravitar sobre Uds. apenas pueda emprender mi viaje de retorno, lo que como lo he dicho, anhelo vivamente y lo que por ahora es imposible. Apenas si puedo sostenerme en pies. No me permiten levantarme más de una hora cada día, cuando hace buen sol, y las dos veces, que rompiendo la consigna, he alargado el tiempo más allá de lo prescrito, lo he pagado caro: la primera porque me dio un fuerte vahído del cual volví con una descomposición mortal y la segunda, porque me atacó una calentura que me duró dos días, de modo que, no he vuelto a probar fortuna en el campo de los ensayos y ahora cumplo al pie de la letra con lo que el médico ordena, guardando, hasta en los más mínimos detalles, una disciplina germánica. ¡Quiero cura
rme! ¡Quiero vivir! Y aunque a veces desalentado y triste recuerdo “El Tren expreso de Campoamor”; y digo para mis flacuras con la autora de la carta modelo: “cuando quise morir, Dios no lo quiso, y hoy que quiero vivir, Dios no lo quiere”, sacudo pronto mi nostalgia y auxiliado Con mi voluntad me conforto y hago frente al otro yo que harto de sufrimientos y ayunos, dentro de mi predica y entona alabanzas a las dulzuras del descanso y habla de rendimientos.
No y no. No me rindo, no quiero, no debo rendirme y aun después de quemado el último cartucho, lucharé con palos, con piedras, con los dientes, con las uñas. ¡Es tan amable la vida!
Hoy hace un día espléndido. Enero le hurtó a mayo una de sus mañanas rebosantes en luz, en color, en alegría, y brinda con sus glorias a los dichosos ciudadanos de la Ciudad Condal.
Desde mi ventana que da al hermoso jardín de esta espléndida mansión—antiguo palacio de uno de los potentados barceloneses—miro desfilar las largas ringleras de convalecientes, que en grupos o aislados, sostenidos por las Hermanas de la Caridad o solos, según el grado de su fuerza, bañan en sol los esmirriados cuerpos, las quijadas barbudas y amarillentas, los rostros terrosos o marfilinos; las melenas revueltas o los grandes panes de pelo, que habrá deshacer hebra a hebra, porque no hay peine que los penetre, ni los famosos de cacho del popular Cholo; y al lado de esto. como contraste arlequinesco, las cabezas rapadas a navaja por el médico o trasquiladas en pintoresca tragedia por las manos pecadoras (le algún novel practicante. que hará estremecer de ira las cenizas del legendario Fígaro, rey y señor del gremio de las gentes de manos sedosas y lengua suelta. y con tristeza y envidia les miro y pienso en mis pobres huesos casi atrofiados por la inercia de las largas crueles horas de cama-
Quiero hablarle de algo que le puede interesar. Sírvase prestarme atención: trato de que se trasplante a Costa Rica una novedad útil y productiva que he encontrado en España y que significa una mejora notable en el servicio de correos y cuya implantación no acarreará gasto alguno al Gobierno, proporcionándole, por el contrario, como aquí le proporciona, entradas muy regulares.
Me refiero al sello que le acompaño y que se pega a las cartas que urge lleguen a su destino, amén del franqueo acostumbrado, y que no sufran las demoras de la correspondencia corriente que dimanan de la necesaria e indispensable clasificación, por cantones, calles, números, etc.

Las cartas que llevan estas estampillas y que requieren señas precisas de la calle y número a donde van destinadas, son clasificadas en la oficina donde se depositan y llegan a la oficina destinataria en paquete separado que Ocupa en la valija el primer lugar.
Apenas las recibe la administración recoge la lista, las cuenta rápidamente y las entrega a los mensajeros ad-hoc. En Barcelona son muchachos ciclistas. Cada uno de ellos tiene su barrio o cuartel, como aquí se dice, Repasan éstos las cartas brevemente para enmendar cualquier yerro de la oficina de depósito y puestas en regla saltan a sus máquinas y pedaleando en firme despachan su cometido. Entregan la carta, recogen la firma del interesado o de quien lo representa, cobran quince céntimos por el servicio y vuelven a las oficinas donde se compara la lista con que se queda la administración, con las firmas recogidas por los mensajeros. Estos no derivan otro sueldo que el que les produce ese servicio.
Para experimentar por mí mismo su eficacia, le dirigí una carta al señor Luna, gerente de la Imprenta Elzeverina, que vive lejísimos del centro.
Estas cartas, claro está que no se ponen en buzones, me refiero a las de servicio interior, sino que deben ser entregadas en las ventanillas del correo.

He aquí lo pasó: la entregué. Registraron el nombre y señas; la entregaron al mensajero. Tomó éste su máquina y partió como un rayo. Yo emprendí viaje tras él no sin requerir antes mi modesto Waltam (que en paz descanse). Llego donde el señor Luna; tardé en esto, andando lo más ligero que entonces podía, 34 minutos.
En mi carta había advertido a Luna que tuviera la bondad de apuntar la hora exacta en que la recibiera, o cuál era el objeto. Comparadas las horas de nuestros relojes resultó que discrepaba en segundos, La carta había llegado a su destino en nueve minutos.
Al día siguiente pedí una audiencia al administrador, me fue concedida y ese amable caballero me dio los siguientes datos: sale y llega de esta ciudad diariamente un promedio de dos mil cartas urgentes, las que producen a 20 céntimos, 400 pesetas diarias o sean 146,000 pesetas al año, igual 29,000 duros, 58,000 colones como quien no dice nada.
Como los mensajeros ganan quince céntimos por carta, resulta que cobran diariamente 150 pesetas por las dos mil que distribuyen. Salen, pues, los mensajeros, a cuatro pesetas cada uno diarias, lo que aquí es un sueldo regio.
Agregó el administrador: como estos timbres sólo tienen circulación dentro de España, son estimados por los por los filatelistas. Las casas que comercian con sellos aquí pagan por el ciento, seis pesetas, para revenderlas fuera con ganancia.
Yo escribí a la casa Maury de Paris, incluyéndole una muestra y ofreciéndole envíos. Me contestó que tomaría hasta 20.000 sellos a razón de diez francos el ciento. Vista la utilidad pensé publicar un aviso ofreciéndolas pagar a siete pesetas. Para vencer a los competidores ganando siempre tres francos más el diez por ciento que existe actualmente a favor del franco contra la peseta.
. . . En eso me enfermé,
Noto, volviendo a leer lo escrito, que el administrador de correos al darme el dato no estableció diferencia entre las cartas recibidas y enviadas, sumando en junto el producto de aquéllas y éstas, cuando debió contarse solamente a las que de aquí se expidan, lo que merma el total apuntado exactamente en la mitad, quedando por consiguiente la cifra que a Barcelona corresponde reducida a 73,000 pesetas. Igual a 14,600 duros, o 28,000 colones.
Creo que la cosa vale la pena de meditarse. El Gobierno no tendrá más gasto que el que ocasione el grabado de los sellos.

Muy feliz me consideraré si con esto puedo servir a la patria y a Uds.
El diario “‘La Vanguardia” y la revista “Actualidades” me piden trabajos sobre Costa Rica. Hágame el favor de hacerme enviar el Anuario Estadístico y las Memorias últimas para tomar los datos.
Para “Actualidades” necesito la fotografía de Ud. y de sus dignos compañeros los ministros y algunas vistas de edificios, paisajes, etc., que quiere el director intercalar en fotograbados en el texto de un trabajo,
Otórguele perdón a esta larguísima carta y créame siempre interesado en su prosperidad personal y en los triunfos de su atinada y recta administración.
Soy de Ud. leal amigo y S. S.,
(f) Aquileo J. Echeverría
P. D, Dígnese acusarme recibo; mal portado. Vale

Referencias:

Publicada por LUIS GERARDO ZUMBADO·JUEVES, 19 DE JULIO DE 2018·9 MINUTOS en su página de Facebook.

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