La Cegua, Leyenda Costarricense.

Según la leyenda, la Cegua es un ser monstruoso que se aparece de noche por caminos solitarios a los hombres mujeriegos que viajan solos, generalmente a caballo (o en automóvil o motocicleta, en relatos más modernos), bajo la forma de una hermosa muchacha.

Es descrita como una joven muy linda, blanca (o morena, según la versión), de rostro ovalado, ojos negros y grandes, largo pelo rizado de color negro y boca preciosa, con labios rojos como sangre, con una voz divina que arrulla como canto de sirena, y de cuerpo con curvas pronunciadas, esbelto y tentador. Va vestida de negro completo o de blanco y en algunas ocasiones, con un vaporoso vestido de color rosado, y en otra versiones, con un lujoso vestido de época.

La Cegua (del náhuatl, cihuatl, mujer), también conocida como Segua o Tzegua, es un personaje de las leyendas mexicanas y centroamericanas.​ Es un ser espectral que se materializa por las noches en caminos solitarios, solicitando ayuda para que la lleven a algún poblado cercano. El espanto generalmente se aparece a los hombres mujeriegos en la forma de una mujer muy hermosa, la cual luego se transforma en un monstruo con la cabeza de un caballo. El mito de la Cegua es de origen mesoamericano y está relacionado con el mito de la Siguanaba, con algunas variantes, y en parte, con el de la Llorona. El término «cegua» utilizado para denominar a este monstruo se encuentra más difundido en Costa Rica y Nicaragua, y ha inspirado obras literarias, teatro, cine, música, cómics y otras manifestaciones culturales.

Versión Costarricense de la leyenda:

La versión costarricense de la leyenda narra que el origen del fantasma estaría en una hermosa mujer de la ciudad de Cartago, quien, sin embargo, no guardaba ninguna consideración a sus padres pues era muy orgullosa, a los que con frecuencia humillaba y desobedecía, pues se decía ser muy infeliz de ser pobre.

Un día, esta bellísima joven recibió una invitación de un acaudalado y buen mozo español para asistir a un baile, a lo cual su madre se opuso, pues el joven era reconocido por sus atributos de conquistador y poco formal con las muchachas. Ante la negativa de su mamá, la joven estalló en ira y blasfemó contra ella y llenó de improperios su humilde hogar; su madre la observaba y lloraba en silencio, ante la actitud de su hija, pero a la joven no le bastó con insultar, sino que en un momento dado levanto su mano para abofetearla, pero no había levantado completamente aún su mano, cuando de la nada salió una mano negra, con grandes uñas (o una bruja, según otras versiones) y sostuvo la mano de la hija ingrata, lanzándole una maldición:

«Te maldigo mala mujer, por ofender y pretender golpear a quien te dio la vida, desde hoy y para el resto de los siglos los hombres a ti se acercarán, pero por tu espantoso rostro de ti correrán».

Otra versión también cuenta que ésta una mujer, que fue muy vanidosa, se enamoró de aquel acaudalado hombre español, quien abusó de ella. Siendo así, ésta quedó condenada a vagar por la eternidad buscando a hombres infames.

Así es como desde entonces la Cegua se aparece de pronto en el camino, insinuante y provocadora, pidiendo a algún jinete que la lleve en su caballo, argumentando que va al pueblo más cercano y no hay hombre que se resista a tan hermoso cuerpo y dulce ruego, pero una vez que sube en ancas al caballo su cara se transforma en la de una horrible bestia similar a la de un caballo relinchando.

En la provincia de Guanacaste, también en Costa Rica, la Cegua, además de aparecerse a los hombres en los caminos, también podría aparecerse en los bailes y fiestas de los pueblos, en donde coquetea con cuanto hombre se le acerca. Aquel que logra conquistarla, la acompaña al descampado de la pampa guanacasteca, y bajo un frondoso árbol de guanacaste, entregarse a sus amoríos, hasta que bien avanzada la noche, cuando el hombre por fin intenta besarla, ocurre la metamorfosis. La manera de huir o escapar de ella es ponerle o mostrarles semillas de mostaza, a la Cegua le gusta mucho las semillas de mostaza; al llegarle el olor, la Cegua deja de perseguir a su víctima y pretende comer las semillas, pero como sus manos se convirtieron en cascos de caballo, vomita su alma al no poder hacerlo; así la víctima está salvada.

Referencias:

-Ferrero, Luis. Pensándolo bien. EUNED, 2001. ISBN 9968-31-195-2. p.220
-Ferrero, Luis (2002). Mil y tantos tiquismos: costarricensismos. EUNED. ISBN 9789968311816. Consultado el 10 de noviembre de 2019.
-«Tinta Fresca: Juro que vi a la Segua – AMP – La Nación». www-nacion-com.cdn.ampproject.org. Consultado el 20 de noviembre de 2019.
-Mántica, Carlos (1 de enero de 1989). El habla nicaragüense y otros ensayos. Libro Libre. ISBN 978-9977-901-88-6. Consultado el 14 de diciembre de 2019.
-La Cegua en el mundo prehispánico Archivado el 24 de octubre de 2019 en la Wayback Machine.. Consultado el 24 de octubre del 2019
La Llorona, la Cegua y la Banshee.