Francisco Morazán Quesada, 23° Jefe Político de C.R., 1842.

José Francisco Morazán Quezada (Tegucigalpa, 3 de octubre de 1792 – San José de Costa Rica, 15 de septiembre de 1842)1​2​ fue un militar y político hondureño que gobernó a la República Federal de Centro América durante el turbulento periodo de 1830 a 1839.

Saltó a la fama luego de su victoria en la Batalla de La Trinidad, el 11 de noviembre de 1827.​ Desde entonces, y hasta su derrota en Guatemala en 1840, Morazán dominó la escena política y militar de Centroamérica.

En el ámbito político, Francisco Morazán fue reconocido por los miembros de su partido como un gran pensador y visionario. De acuerdo a escritores liberales como Federico Hernández de León Lorenzo Montúfar y Ramón Rosa​ Morazán intentó transformar a Centroamérica en una nación grande y progresista; mientras que escritores conservadores como Manuel Coronado Aguilar lo acusan de intentar imponerse por la fuerza por motivos personales;​ finalmente, escritores socialistas como Severo Martínez Peláez​ sugieren que, los liberales dirigidos por Morazán eran los criollos hacendados que habían sido explotados por los criollos guatemaltecos y el clero regular durante la colonia y, con Morazán a la cabeza, pretendían tomar el poder de la región para sí.​ La gestión de Morazán como mandatario de la República Federal promulgó las reformas liberales, las cuales estaban dirigidas a quitar el poder a los principales miembros del partido conservador: los criollos que residían en la Nueva Guatemala de la Asunción y las órdenes regulares de la Iglesia Católica. Las reformas incluyeron: la educación, libertad de prensa y de religión entre otras.​Además limitó el poder del clero secular de la Iglesia Católica con la abolición del diezmo de parte del gobierno y la separación del Estado y la Iglesia.

Con estas reformas Morazán se ganó enemigos poderosos, y su período de gobierno estuvo marcado por amargas luchas internas entre liberales y conservadores. Sin embargo, a través de su capacidad militar, Morazán se mantuvo firme en el poder hasta 1837, cuando la República Federal se fracturó irrevocablemente. Esto fue explotado por las órdenes regulares de la Iglesia y los líderes conservadores guatemaltecos, que se unieron bajo el liderazgo del general guatemalteco Rafael Carrera, y, con el fin de no permitir que los criollos liberales les arrebataran sus privilegios,​ terminaron por dividir a Centroamérica en cinco estados.

Biografía
Primeros años y su educación
José Francisco Morazán Quesada nació el 3 de octubre de 1792 en Tegucigalpa, entonces parte de la Intendencia de Comayagua, Capitanía General de Guatemala, durante los últimos años del dominio español. Sus padres fueron José Eusebio Morazán Alemán y Guadalupe Quezada Borjas, ambos miembros de una familia criolla de clase alta dedicada al comercio y la agricultura.​ Sus abuelos fueron: Juan Bautista Morazán, emigrante corso,​ y María Gertrudis Alemán.​Trece días después de su nacimiento, Morazán fue bautizado en la iglesia de San Miguel Arcángel, por el padre Juan Francisco Márquez.

Francisco Morazán fue en su mayor parte un hombre autodidacta. ​En 1804, sus padres aprovecharon la apertura de una escuela católica en el pueblo de San Francisco donde enviaron al joven José Francisco,​ aunque se desconoce el lapso de tiempo que permaneció en tal lugar.​ Según el historiador e intelectual liberal hondureño Ramón Rosa, Morazán «tuvo la desgracia de nacer […] en esa época triste de aislamiento y la oscuridad total en que Honduras carecía de escuelas. […] Morazán pues, tuvo que aprender sus primeras letras, lectura, escritura, las reglas elementales de la Aritmética en escuelas privadas de pésima organización y sostenidas con una especie de contribución que aprestaban los padres de familia». Las enseñanzas que recibió fueron a través de fray Santiago Gabrielino, nombrado instructor religioso a la de Guatemala el sacerdote José Antonio Murga.

En 1808, José Francisco se trasladó junto a su familia a Morocelí, El Paraíso (El Paraíso). ​Allí trabajó en los terrenos heredados por Don Eusebio Morazán. Además, tuvo la oportunidad de laborar como empleado de la alcaldía. En 1813 la familia se mudó a Tegucigalpa. Una vez allí, el Sr. Eusebio puso a su hijo bajo la tutoría de León Vásquez, quien le enseñó derecho civil, proceso penal y notariado. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de aprender a leer francés en la biblioteca de su tío político, Dionisio de Herrera, lo cual le permitió familiarizarse con las obras de Montesquieu, el contrato social de Jean-Jacques Rousseau, la Revolución francesa, la historia de Europa, así como las biografías de los líderes griegos y romanos. Esta dedicación y espíritu de superación, llevó de vez en cuando a José Francisco a destacar en su ciudad natal, donde llegó a representar los intereses de algunas personas ante el tribunal colonial.

El 7 de agosto de 1820, Narciso Mallol, tendría como secretario del ayuntamiento Mayor de Tegucigalpa, al Licenciado Dionisio de Herrera y un año más tarde contaría con los servicios del joven Francisco Morazán quien fungiera como secretario del ayuntamiento y luego de defensor de oficio en procesos civiles y criminales.

Matrimonio y familia
Francisco Morazán se casó con María Josefa Lastiri en la Catedral de Comayagua el 30 de diciembre de 1825. De este matrimonio nació en San Salvador Adela Morazán Lastiri en 1838: la única hija de Morazán. María Josefa pertenecía a una de las familias más ricas de la provincia de Honduras. Su padre fue el comerciante español Juan Miguel Lastiri, quien jugó un papel importante en el desarrollo comercial de Tegucigalpa. Su madre fue Margarita Lozano, miembro de una poderosa familia criolla en la ciudad. María Josefa era una viuda quien se había casado primeramente con el terrateniente Esteban Travieso, con quien procreó 4 hijos. A su muerte, Lastiri heredó una fortuna. La herencia de María Josefa y el nuevo círculo de amigos poderosos e influyentes, que salieron de este matrimonio, ayudaron en levantar en gran medida los negocios del propio Morazán, y por consiguiente sus proyectos políticos.

Fuera de su matrimonio, Francisco Morazán fue padre de un hijo, Francisco Morazán Moncada, quien nació el 4 de octubre de 1827 de la relación del general con Francisca de Moncada, hija de un conocido político nicaragüense llamado Liberato Moncada. Francisco Morazán hijo vivió en la casa del matrimonio Morazán-Lastiri, y acompañó a su padre en Guatemala, El Salvador, Panamá, Perú y finalmente en Costa Rica. Después de la muerte de su padre, Francisco Morazán Moncada se radicó en Chinandega (Nicaragua), donde se dedicó a la agricultura. Murió en 1904, a los 77 años de edad. El general Morazán también tuvo un hijo adoptivo llamado José Antonio Ruiz. Él era el hijo legítimo de Eusebio Ruiz y la dama guatemalteca Rita Zelayandía, quien entregó a su hijo al general Morazán, cuando el muchacho tenía solamente 14 años de edad. José Antonio acompañó a su padre adoptivo en las varias acciones militares y se convirtió en un general de brigada. Murió en Tegucigalpa en 1883.

Inicios de su carrera política y militar
La Capitanía General de Guatemala se independizó de España en 1821.​Fue en ese entonces cuando Francisco Morazán comenzó a tomar parte activa en la política. Trabajó en el ayuntamiento de Tegucigalpa, donde se desempeñaba como secretario del alcalde Narciso Mallol y como defensor de oficio en casos judiciales en materia civil y criminal, entre otras cosas. Esto le permitió a Morazán llegar a adquirir un gran conocimiento de la estructura y funcionamiento de la administración pública de la provincia. Así también le permitió entrar en contacto cercano con los problemas de la sociedad colonial.

El 28 de noviembre de 1821 llegó a Guatemala una nota del general Agustín de Iturbide sugiriendo que el Reino de Guatemala, y el Virreinato de México, formaran un gran imperio bajo el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba. ​La Junta Provisional Consultiva declaró que esta no era una orden inmediata para tomar tal determinación, sino una opción; por lo que era necesario explorar la voluntad y escuchar la opinión del pueblo de Centroamérica.​ Con esta idea, se celebraron cabildos abiertos en diferentes partes del Reino, ya que la nueva forma de gobierno debía ser decidida por el congreso que se reuniría en 1822.

La cuestión de la anexión a México provocó divisiones al interior de cada una de las provincias dado que unas ciudades estaban a favor de esta y otras en contra. En Honduras, por ejemplo, Comayagua ―a través de su gobernador José Tinoco de Contreras― se pronunció a favor de la anexión; pero Tegucigalpa, la segunda ciudad más importante de la provincia se opuso a la idea de la misma. ​Esto provocó que Tinoco tomara acciones represivas contra las autoridades de esa ciudad. Ante esta situación se organizó en Tegucigalpa un ejército de voluntarios, con el fin de contrarrestar la agresividad de Tinoco y defender su independencia. Fue durante estos acontecimientos que Francisco Morazán se enlistó como voluntario, al servicio de las autoridades de Tegucigalpa. Fue designado como capitán de una de las compañías, por decisión de los jefes oficiales que organizaron las milicias. Así comenzó la vida militar de Morazán y su lucha contra los intereses conservadores.​

Tegucigalpa, sin embargo, no pudo mantener su oposición, y se vio obligada a reconocer su anexión a México el 22 de agosto de 1822. La anexión al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide duró poco, porque este abdicó el 19 de marzo de 1823, y el 1°. de julio de ese mismo año, Centroamérica proclamó su independencia definitiva, y se convirtió en las Provincias Unidas del Centro de América.26​Posteriormente, el 25 de septiembre de 1824, Francisco Morazán fue nombrado Secretario General del gobierno de su tío político y primer Jefe de Estado de Honduras, Dionisio Herrera, y firmó la primera constitución de ese país. Luego, el 6 de abril de 1826, se convirtió en Presidente del Consejo Representativo.

Antecedentes de la República Federal
Artículo principal: República Federal de Centroamérica

Escudo de la República Federal de Centroamérica (1824-1839).
Luego de la independencia de Centroamérica de España en 1821, y su posterior emancipación absoluta del 1 de julio de 1823, la nación centroamericana quedó finalmente libre e independiente. Esta nueva nación pasó a llamarse Provincias Unidas de Centroamérica, y quedó conformada por los estados de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.​ Al año siguiente, el Congreso Constituyente se reunió en la Ciudad de Guatemala con el objetivo de decidir cual sería el sistema de gobierno a través del cual se regirían los destinos de la joven nación. En la mesa de debates se presentaron dos propuestas diferentes:

Los liberales apostaban por un gobierno federalista, influenciado por la Constitución de los Estados Unidos (de 1787) y por la de Cádiz (de 1812). ​ Este tipo de gobierno le daba a cada Estado mayor independencia o autonomía de administrarse y de crear sus propias leyes y reformas, entre otras cosas; pero siempre bajo la supervisión del Gobierno Federal, garante de una Constitución.

Los conservadores, por otro lado, se inclinaron por un gobierno centralista. A través de este sistema, deseaban un centro de control y administración único. En este sistema, las decisiones y leyes eran adoptadas en la capital de la nación y se aplican a todos las demás estados por igual.

Después de debatir las dos propuestas, los liberales, quienes eran mayoría, hicieron valer esta ventaja y ganaron el derecho de adoptar la ‘tesis federalista’, ante el descontento de los conservadores.

Posteriormente, el 22 de noviembre de 1824, bajo el lema «Dios, Unión y Libertad», la Constitución fue aprobada y la nación pasó a llamarse República Federal de Centroamérica.​ Bajo la nueva Constitución, resultó electo presidente Manuel José Arce del Partido Liberal, quien prometió transformar la economía y la sociedad centroamericana a través de sus reformas liberales, pero a los pocos meses Arce se encontró con una gran oposición por parte de los conservadores, quienes por su influencia social y enorme poder económico, no permitieron ningún tipo de avance en sus programas de gobierno. Al estar convencido de sus limitaciones, Arce terminó por abandonar sus programas de gobierno y decidió aliarse con el partido de la oposición. Esta nueva posición de Arce, le dio a los conservadores el control del gobierno federal casi por completo.

En 1826, el doctor Miguel Echarri28​ quien por motivos de política interna había sido expulsado de Colombia y se había establecido en Honduras, aprovechó para iniciar en la masonería al joven Francisco Morazán y a Dionisio de Herrera (quien fungía como jefe supremo de Honduras).

Golpe de Estado en Honduras de 1827
Artículo principal: Golpe de Estado en Honduras de 1827
El Gobierno Federal encabezado por Manuel José Arce pretendía disolver el Congreso Federal, y por ello convocó a una reunión que se celebraría en Cojutepeque el 10 de octubre de 1826, para elegir a un Congreso extraordinario. ​ Esta medida de orden inconstitucional fue rechazada por el jefe de Estado de Honduras, Dionisio de Herrera.

Manuel José Arce disolvió en octubre de 1826 el Congreso y el Senado intentando establecer un sistema centralista o unitario aliándose con los conservadores, por lo que se quedó sin el apoyo de su partido, el liberal. Como resultado, se produjo un conflicto entre el Gobierno Federal y los Estados, pronunciándose en contra Dionisio de Herrera y Mariano Prado, jefe del Estado del Salvador.

Arce entró en conflicto con Dionisio de Herrera por lo que la Asamblea Nacional convocó a nuevas elecciones en Honduras, pero Herrera hizo caso omiso de este decreto ya que según la constitución de Honduras su mandato expiraba hasta el 16 de septiembre de 1827. Arce decidió expulsar a Herrera​ por estas razones, pero bajo el pretexto de proteger las plantaciones de tabaco en Los Llanos (Santa Rosa de Copán), propiedad del gobierno federal. Arce encargó al Teniente General Justo Milla ejecutar el golpe de Estado, quien el 9 de abril de 1827 y al mando de 200 hombres, se apoderó de Comayagua —la capital del Estado—, le dio captura a Herrera y lo envió a una prisión de Guatemala.

Mientras Milla se ocupaba de consolidar el poder en Comayagua, Morazán escapó de las tropas federales. Salió de la sitiada capital en compañía de los coroneles Remigio Díaz y José Antonio Márquez, con el propósito de obtener refuerzos en Tegucigalpa. Su plan era retornar y liberar a la capital del Estado. A su retorno de Tegucigalpa, él y su ejército de 300 hombres se estacionaron en el rancho La Maradiaga, donde se enfrentó a las fuerzas de Milla el 29 de abril de 1827. Tras la batalla, Milla tomó el poder de Honduras (10 de mayo) y Morazán huyó a Choluteca. Posteriormente viajó a Ojojona, donde se reunió con su familia en junio. Allí fue aprisionado por 23 días y trasladado a Tegucigalpa por orden del Comandante Ramón de Anguiano.

Salió bajo fianza y se fue a La Unión (El Salvador) en junio de 1827, con la intención de emigrar a México. En esta localidad, se encontró con Mariano Vidaurre, un enviado especial de El Salvador en Nicaragua. Vidaurre convenció a Morazán de que, en ese país, él podría encontrar el apoyo militar que necesitaba para expulsar a Milla del territorio hondureño. Francisco Morazán se trasladó a la ciudad de León (Nicaragua) el 15 de septiembre, donde se reunió con el comandante de armas del Estado de Nicaragua, coronel José Anacleto Ordóñez conocido como Cleto Ordóñez. Para Morazán la reunión dio sus frutos, pues el líder nicaragüense le proporcionó armas y un contingente de 135 hombres. A estos milicianos se les unieron las tropas del coronel Zepeda de El Salvador, y algunas columnas de voluntarios hondureños en Choluteca (Honduras).

Jefe Supremo de Costa Rica

José Trinidad Cabañas, compañero de armas de Morazán
Derrotado por el general Carrera, Morazán abandonó El Salvador y fue a refugiarse a la población panameña de David (Chiriquí), que en esa época era parte de Colombia. Radicado allí, Morazán, concibió, por insinuación de los enemigos de Carrillo, la idea de invadir Costa Rica.62​La oposición a Carrillo era realmente minoritaria, pero su fuerza radicó en la petición de ayuda extranjera que estos hicieron.62​Costa Rica, aunque no le interesaba particularmente, le servía para sus propósitos expansionistas en el resto de Centroamérica, además de que podría proporcionarle hombres, armas y dinero,​ ya que el regresar a Centroamérica y enfrentarse de nuevo con Carrera, era uno de sus objetivos.

El 7 de abril y sin ningún contratiempo, la flota de Morazán que era compuesta por cinco buques desembarcó en el puerto de Caldera, Costa Rica, pero su marcha no la emprendió hasta el 9 del mismo mes. «Carrillo dictó un decreto en el que mandaba a reunir todo el ejército para la defensa del Estado contra el enemigo extranjero», su plan defensa contemplaba un grupo de hombres a cargo del salvadoreño Vicente Villaseñor, quien con su traición, truncaría dicho proyecto de defensa. «Carrillo no deseaba el derramamiento de sangre, por lo que pensó en hablar con Morazán (…) Carrillo fracasó en su invitación a Morazán. El general invasor tenía ya concertada una entrevista y no precisamente con el mandatario costarricense, sino con Villaseñor, quien le entregaría las fuerzas que habían sido puestas a sus órdenes», así él y Vicente Villaseñor firmaron el Pacto de El Jocote. El acuerdo preveía la integración de un solo cuerpo militar, la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, la expulsión de Braulio Carrillo y otros miembros de su administración, y la instalación de un gobierno provisional bajo el mando de Francisco Morazán. «Con detenimiento leyó Carrillo el pacto traicionero. Él sabía que podía hacerle frente a las fuerzas de Morazán, pero también que se desataría una ola de sangre. Si a Morazán y a Villaseñor eso los tenía sin cuidado, a él le preocupaba profundamente. Pensaba que si él era la persona en discusión se haría a un lado, abandonaría el país, sacrificaría su obra (…) Convino Carrillo en dar su aprobación al pacto, previas algunas modificaciones». ​El 13 de abril de 1842, las fuerzas de Morazán entraron en la ciudad de San José, «una hora más tarde Carrillo inició su destierro» hacia El Salvador.

El primer acto de Morazán fue abrir las puertas del Estado a refugiados políticos costarricenses y centroamericanos. Además, el nuevo gobernante se dedicó a derogar algunas de las leyes emitidas en la época de Carrillo y se dedicó a otras reformas. Asimismo convocó a una Asamblea Constituyente la cual lo nombró jefe supremo del Estado de Costa Rica.

A su arribo a Puerto Caldera, «Morazán traía consigo un documento que se conoce como Proclama de la Caldera; en este ofrecía a los costarricenses devolverle la libertad a Costa Rica y proclamaba la guerra contra Carrillo, a quien llamaba tirano, déspota, ignorante y sanguinario», calificativos que «Morazán olvidaba de que él era no menos acreedor de estos epítetos, como no tardó en experimentarlo dolorosamente el pueblo a quien prometía devolver la libertad». ​Para el mes de septiembre de 1842, Morazán ya había perdido la mayor parte del apoyo inicial que lo había llevado al poder en Costa Rica. Su presencia en Costa Rica había despertado un gran temor en el resto de estados centroamericanos: Guatemala declaró a Costa Rica país enemigo; El Salvador rompió relaciones, y Honduras y Nicaragua desconocieron el gobierno de Morazán. Los cuatro estados se organizaron en la llamada «Confederación de Guatemala», una unión militar contra Costa Rica en la que acordaron «auxiliarse mutuamente y hacer causa común en caso de que se atacara la independencia de todos y de cualquiera de ellos». ​A esto también se sumó que el 29 de julio de 1842, Morazán, en un largo manifiesto, comunicó a los costarricenses su intención de rehacer la Unión Centroamericana por la fuerza de las armas.

Muerte

Tumba de Morazán en el Cementerio de Los Ilustres, en San Salvador (El Salvador).

El 11 de septiembre de 1842 estalló en Alajuela un movimiento popular contra el gobierno de Morazán. Cuatrocientos hombres encabezados por el portugués Antonio Pinto Soares, Ante estos hechos, Morazán y sus hombres logran repeler los ataques y se replegaron en el cuartel general. Desde allí le hicieron frente a los insurrectos que según el historiador Montúfar ascendían a mil hombres.

La lucha continuó encarnizada y tenaz. A medida que el conflicto era desfavorable a los sitiados el Capellán José Castro propuso una capitulación a Morazán garantizándole la vida, pero él se negó. Después de 88 horas de lucha, Morazán y sus colaboradores más cercanos decidieron romper el sitio. El general José Trinidad Cabañas con 30 hombres hizo posible la retirada de Morazán y sus oficiales cercanos hacia Cartago.

No obstante, la insurrección se había extendido hasta ese lugar y Morazán tuvo que solicitar ayuda de su supuesto amigo Pedro Mayorga, sin embargo, este le traicionó y le brindó facilidades a los enemigos de Morazán para capturarlo junto a los generales Vicente Villaseñor, Saravia y otros oficiales.68​ El general Villaseñor quiso suicidarse con un puñal y resultó herido gravemente. Cayó al suelo bañado en sangre pero sobrevivió. El general Saravia murió luego de sufrir una terrible convulsión.

Posteriormente una «burla de juicio» se llevó a cabo,67​ en la cual Morazán y Villaseñor fueron condenados a muerte por las autoconstituidas nuevas autoridades.67​De acuerdo al historiador William Wells: «La junta que emitió esta bárbarica resolución estaba compuesta por Antonio Pinto (hecho comandante general en ese momento), el padre Blanco, el infame doctor Castillo, y dos españoles de apellidos Benavidez y Farrufo».

Después de estos hechos, los condenados fueron trasladados al paredón de fusilamiento​ localizado en la plaza central de la ciudad. Antes de llevarse a cabo el acto de ejecución, Morazán le dictó su testamento a su hijo Francisco. En este, el general estipuló que su muerte era un «asesinato»​ y además declaró: «No tengo enemigos, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y deseo el mayor bien posible».​ Posteriormente le ofrecieron una silla y la rechazó. Al general Villaseñor, que se encontraba sentado e inconsciente y bajo el efecto de un sedante,[cita requerida] Morazán le dijo: «Querido amigo, la posteridad nos hará justicia» y se persignó.

Según relata el historiador Miguel Ortega, Morazán pidió el mando de la escolta, se abrió la negra levita, se descubrió el pecho con ambas manos y con voz inalterada ―como quien da órdenes en una parada militar―, mandó: «¡Preparen armas! ¡Apunten!». Entonces corrigió la puntería de uno de los tiradores y finalmente gritó: «¡Apunten! ¡Fue…!». La última sílaba fue apagada por una descarga cerrada. Villaseñor recibió el impacto de los plomos en la espalda y se fue de bruces. Entre el humo de la pólvora, se vio que Morazán alzó levemente la cabeza y musitó: «Aún estoy vivo…».​ Una segunda descarga acabó con la vida del hombre al cual José Martí describió como «un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, quizás el único que haya producido la América Central»​ En octubre de 1842, los gobiernos de Centroamérica, satisfechos de que Morazán hubiese desaparecido, reanudaron sus relaciones con Costa Rica.

En 1848, el gobierno de José María Castro, envió los restos de Morazán a El Salvador, cumpliendo uno de sus últimos deseos.

Legado
Alta es la noche y Morazán vigila.

Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.
—(Pablo Neruda: Canto general, XXXI).
Francisco Morazán se convirtió en un mártir y un símbolo de la República de Centroamérica. Él dio su vida, aunque sin éxito, tratando de preservar la unión de estos países. Es evidente, también, que su muerte contribuyó, en cierta medida, para que cada una de estas naciones sean hoy países independientes.

Su imagen se puede encontrar en billetes, logotipos, sellos postales, instituciones, ciudades, departamentos, escuelas y parques, entre otras cosas que preservan su legado. El Salvador fue uno de los primeros países para rendir tributo a Morazán. El 15 de marzo de 1882, el presidente Rafael Zaldívar develó un monumento en su memoria, ubicado en la Plaza Francisco Morazán, y, el 14 de marzo de 1887, la Asamblea Nacional de la República de El Salvador sustituyó el nombre del Departamento de Gotera por Departamento de Morazán, «para perpetuar el nombre del gran líder de la Unión Centroamericana».​También el presidente Doroteo Vasconcelos nombró en su honor la aldea «San» Francisco Morazán. En Honduras, se cambió el nombre del departamento de Tegucigalpa a Francisco Morazán en el año 1943. En Guatemala, la ciudad guatemalteca de Tocoy Tzimá se convirtió en Morazán el 15 noviembre de 1887. En Nicaragua, se fundó Puerto Morazán en 1945.

Parque Morazán, San José, Costa Rica

En el ámbito político la idea de la integración se conserva en la mente de muchos centroamericanos. Por ejemplo, el Parlamento Centroamericano (Parlacen) es una institución política consagrada a la integración de los países de Centroamérica, que representa una versión moderna de la histórica República Federal de Centroamérica, aunque sin contar con Costa Rica, pero que incluye a Panamá y a la República Dominicana. ​En el pasado varios intentos infructuosos se han hecho para restablecer la Unión (1851, 1886 y 1921).

El legado de Morazán está también presente en las artes. La primera obra de registro en El Salvador se titula La tragedia de Morazán, escrita por Francisco Díaz (1812-1845),​ que es una dramatización de la vida del presidente de América Central. Asimismo, en Honduras se escenificó la obra teatral de Luis Andrés Zúñiga Portillo llamada Los conspiradores (1916), el cual fue un drama histórico que honra las virtudes de Francisco Morazán.​ En su libro Canto general, Pablo Neruda también rinde homenaje al «caudillo liberal» con un poema a América Central. ​Estatuas y bustos de Francisco Morazán se puede encontrar en Chile, Panamá, El Salvador, Estados Unidos, España, Honduras, Costa Rica y Nicaragua, entre otros.

Referencias:

  1. Becerra, Longino: Morazán revolucionario. Tegucigalpa: Editorial Baktun, 1992.
  2. Bardales, Rafael: Pensamiento político del general Francisco Morazán. Tegucigalpa: Editorial Universitaria, 1985.
  3. Díaz Chávez, Filánder: Pobre Morazán pobre. Tegucigalpa: Guaymuras, 1988.
  4. Fernández Guardia, Ricardo: Morazán en Costa Rica. San José (Costa Rica): Lehmann, 1942.
  5. Ficklen, John Rose: Central America and Mexico.
  6. Jiménez Solís, J. Jorge: Francisco Morazán: su vida y su obra. México: Programa Textos Escolares Nacionales, 1958.
  7. Montes, Arturo Humberto (1958). Libro Mex, ed. Morazán y la Federación Centroamericana (1ª edición).
  8. Martínez López, E. (1931). Biografía del general Francisco Morazán (2.ª edición).
  9. Santana, Adalberto: El diario de Francisco Morazán. México: PUDEL/UNAM (Programa de Difusión de Estudios Latinoamericanos).
  10. Santana, Adalberto: El pensamiento de Morazán. México: UNAM, 1992.
    1. Escoto, Julio (1992). El General Morazán marcha a batallar desde la muerte.

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