Batalla de la Angostura, Puntarenas, 1860.

La noche del 28 de septiembre de 1860, el sector conocido como La Angostura, en Puntarenas, fue escenario de uno de los episodios más dolorosos y controvertidos de la historia política de Costa Rica.

En aquel lugar se enfrentaron las fuerzas del Gobierno de José María Montealegre Fernández, comandadas por el general Máximo Blanco, y un reducido grupo de partidarios del expresidente Juan Rafael Mora Porras, quien había regresado del exilio con la intención de recuperar el poder del que había sido despojado un año antes.

Combate de La Angostura, óleo sobre tela, de Lorenzo Fortino (1860). Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Alajuela.
Provincia de Puntarenas, la Angostura.

La caída de Juan Rafael Mora

Juan Rafael Mora Porras gobernó Costa Rica entre 1849 y 1859. Durante su administración condujo al país en la Campaña Nacional de 1856-1857 contra los filibusteros de William Walker, cuyo proyecto amenazaba la libertad y soberanía de Centroamérica.

Juan Rafael Mora Porras

En 1859, Mora fue reelegido para un tercer periodo presidencial. Sin embargo, el 14 de agosto de ese mismo año fue derrocado mediante un golpe de Estado que llevó al poder a José María Montealegre Fernández.

El expresidente fue expulsado del país junto con su hermano, el general José Joaquín Mora Porras; su cuñado, el general José María Cañas Escamilla; su sobrino y colaborador Manuel Argüello Mora, y otros funcionarios de su Gobierno. Desde Puntarenas fueron enviados a El Salvador a bordo del vapor Guatemala.

El regreso desde el exilio

Mientras permanecía en El Salvador, Mora comenzó a preparar su retorno. Estaba convencido de que todavía contaba con el respaldo de numerosos costarricenses y de que podría recuperar la presidencia.

Antes de su llegada se produjeron movimientos favorables a su causa en Puntarenas. Una figura importante fue el chileno Ignacio Arancibia, hombre de confianza de Mora, quien encabezó el levantamiento en el puerto y logró fortalecer allí el movimiento morista.

Juan Rafael Mora desembarcó en Puntarenas el 17 de septiembre de 1860, acompañado por José María Cañas, José Joaquín Mora, Manuel Argüello Mora y un pequeño grupo de seguidores.

Los moristas tomaron el control de la ciudad y extendieron sus posiciones hacia el río Barranca. Esperaban que desde el interior del país llegaran numerosos partidarios para reforzar el levantamiento, pero ese respaldo no se concretó en la magnitud esperada.

Según Manuel Argüello Mora, alrededor de mil hombres que pretendían sumarse al movimiento no pudieron cruzar el caudaloso río Barranca y fueron disuadidos por la presencia de las tropas gubernamentales.

De esta manera, los partidarios de Mora quedaron aislados en Puntarenas y en clara inferioridad numérica.

La defensa de La Angostura

La Angostura era un estrecho paso terrestre situado entre el estero y el mar, que comunicaba la ciudad de Puntarenas con tierra firme. Por su configuración geográfica constituía un sitio estratégico y relativamente fácil de defender.

Los moristas levantaron allí una trinchera formada con tablas y arena. La posición estaba protegida por varios cañones y aproximadamente ciento cincuenta hombres armados con rifles.

El Gobierno de Montealegre, advertido de la insurrección, envió hacia Puntarenas un ejército comandado por el general Máximo Blanco. Las tropas gubernamentales eran considerablemente más numerosas y disponían de mayores recursos.

La batalla

El ataque decisivo comenzó alrededor de las ocho y treinta de la noche del 28 de septiembre de 1860.

De acuerdo con el informe posteriormente redactado por Máximo Blanco, el combate se inició con un cañoneo que se prolongó durante aproximadamente cuarenta y cinco minutos. Poco después, un grupo de oficiales montados, seguido por un batallón de infantería, cargó contra el atrincheramiento morista.

La lucha fue breve, pero sumamente sangrienta.

Las tropas gubernamentales lograron atravesar la defensa y apoderarse de la fortificación. Los partidarios de Mora, superados ampliamente en número, no pudieron contener la embestida.

Las cifras de muertos y heridos varían según las fuentes. Manuel Argüello Mora afirmó que las fuerzas del Gobierno sufrieron más de sesenta muertos y cien heridos, mientras que entre los moristas hubo alrededor de cincuenta bajas. Máximo Blanco, por su parte, informó que sesenta de sus hombres habían quedado fuera de combate entre muertos y heridos.

Aunque no es posible establecer una cifra definitiva, los testimonios coinciden en que el enfrentamiento ocasionó numerosas víctimas en muy poco tiempo.

La derrota y captura de Mora

Tras la caída de La Angostura, la insurrección quedó prácticamente destruida. Juan Rafael Mora buscó refugio en Puntarenas y posteriormente se entregó a las autoridades, con la esperanza de que se respetara la vida de sus compañeros.

Un consejo de guerra organizado apresuradamente condenó a muerte a Juan Rafael Mora Porras, Ignacio Arancibia y José María Cañas Escamilla. José Joaquín Mora, Manuel Argüello, Manuel Cañas y Leónidas Orozco fueron sentenciados al destierro perpetuo.

Juan Rafael Mora Porras e Ignacio Arancibia fueron fusilados en Puntarenas el 30 de septiembre de 1860.

José María Cañas no fue ejecutado ese mismo día. Su sentencia fue confirmada mediante un decreto del Consejo de Gobierno reunido en San José y fue fusilado el 2 de octubre de 1860.

Así terminó, de manera trágica, la vida de dos de las figuras más sobresalientes de la Campaña Nacional contra William Walker.

Doña Micaelita y la tradición porteña

El artículo publicado en julio de 1946 por la revista Del Puntarenas de Ayer y Hoy recoge una tradición oral relacionada con aquellos acontecimientos.

Según el relato, una mujer porteña conocida cariñosamente como doña Micaelita, esposa del cónsul colombiano en Puntarenas, habría protegido temporalmente a Juan Rafael Mora. Para ocultarlo de quienes lo buscaban, lo habría escondido dentro del toldo de su cama matrimonial.

Este episodio procede de recuerdos transmitidos por antiguos habitantes de Puntarenas y debe presentarse como una tradición oral, no como un hecho plenamente comprobado mediante documentación oficial. No obstante, refleja la simpatía y lealtad que el antiguo mandatario todavía despertaba entre una parte de la población porteña.

El mismo recorte afirma que Mora requisó las embarcaciones disponibles en el puerto y estableció con ellas una línea de protección marítima, desde donde se habría mantenido fuego contra las fuerzas gubernamentales que avanzaban por tierra.

Un episodio que dividió al país

La Batalla de La Angostura no fue una lucha contra un invasor extranjero, sino un enfrentamiento entre costarricenses. De un lado se encontraba el Gobierno establecido después del golpe de Estado de 1859; del otro, quienes consideraban que Juan Rafael Mora era el legítimo presidente de la República.

El triunfo de las fuerzas gubernamentales consolidó temporalmente el poder de José María Montealegre y terminó con el intento de Mora de regresar a la presidencia. Sin embargo, los fusilamientos de Mora y Cañas dejaron una profunda herida en la memoria nacional y continúan siendo objeto de discusión histórica.

Con el paso de los años, la figura de Juan Rafael Mora fue reivindicada. En reconocimiento a su papel durante la Campaña Nacional de 1856-1857, fue declarado Héroe y Libertador Nacional por la Asamblea Legislativa en 2010.

La Angostura permanece, por tanto, como símbolo de una dolorosa paradoja: el hombre que encabezó la defensa de la soberanía costarricense frente al filibusterismo terminó fusilado por sus propios compatriotas, en la misma ciudad portuaria donde había intentado iniciar su regreso al poder.

Periódico De Puntarenas Ayer y hoy, Julio de 1946.

Referencias

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