
En la esquina de avenida 10 y calle 20, en San José, se encuentra el Cementerio de Extranjeros, conocido también como Cementerio Protestante.
Sus lápidas conservan nombres y recuerdos de personas que llegaron desde otras tierras y de familias que hicieron de Costa Rica su hogar. Su historia permite acercarnos a un aspecto de la vida josefina: las dificultades que enfrentaban quienes profesaban una religión distinta de la católica, incluso al momento de morir.

Un lugar para quienes necesitaban una sepultura
Durante el siglo XIX, la prohibición de sepultar a personas no católicas en los cementerios administrados por la Iglesia planteaba un problema para los extranjeros de otras creencias y sus familias. La creación de un camposanto para ellos respondió a esa necesidad, en un país que estrechaba sus relaciones comerciales con Europa y recibía nuevos habitantes.

En su estudio publicado en Revista Herencia, Flory Otárola recoge la inscripción de una placa colocada en uno de los muros del cementerio. Esta señala que el Gobierno lo concedió en febrero de 1850, a solicitud de Federico Chatfield, encargado de negocios de Su Majestad Británica.


Las gestiones diplomáticas se vinculaban con los tratados internacionales que contemplaban garantías para el culto y el entierro de ciudadanos extranjeros. El cementerio formó parte de ese proceso de reconocimiento de las necesidades de las comunidades no católicas.
El terreno original y el cambio de 1877
La historia del cementerio comprende diferentes etapas. Según Wilton Nelson, en su Historia del protestantismo en Costa Rica, el terreno concedido en 1850 ocupaba la cuña formada por la unión de las avenidas 10 y 12.

En 1877, el Gobierno otorgó una parcela mayor al norte de la anterior, al otro lado de avenida 10. El terreno original fue posteriormente devuelto al Gobierno.

Por su parte, una publicación de la Universidad de Costa Rica registra la formalización legal del Cementerio Extranjero mediante una escritura de abril de 1877. Así, 1850 corresponde a su origen, mientras que 1877 aparece relacionado con el nuevo terreno y su establecimiento jurídico.

Una administración que cambió con el tiempo
La investigación La Iglesia Anglicana en Costa Rica. Perspectivas históricas explica que, desde sus comienzos, el cementerio estuvo administrado por una junta formada por creyentes de distintos credos. Más adelante, su gestión quedó vinculada con la Iglesia Episcopal y la congregación de El Buen Pastor.

La separación se produjo por etapas. Una guía del Centro de Patrimonio sitúa un cambio institucional en 1947; la investigación universitaria señala que hacia 1950 una junta asumió la administración, aunque continuó la colaboración con la iglesia. Según este último estudio, esa colaboración administrativa y financiera terminó a finales de los años ochenta, durante el episcopado de Cornelius Wilson.
Más que un cementerio protestante
Aunque su nombre recuerda a los extranjeros y a la comunidad protestante, el camposanto también alberga a costarricenses y personas de diversas creencias.
La página de Revista Herencia publicada en 2007 describe epitafios en distintas lenguas, cruces y símbolos masónicos. Registraba entonces 378 criptas, una cifra que debe entenderse como parte del estudio de aquella época.

Otárola menciona también al doctor Alejandro Carit y a Juan Bansbach entre los propietarios de derechos en el cementerio. Esta referencia documenta su relación con el lugar, aunque por sí sola no confirma que sus restos estén allí.
Nombres que cuentan historias
Los libros conservados por SINABI permiten identificar algunas sepulturas. Rafael Obregón Loría señala que Aloysius Keyworth Osborne, quien llegó a Costa Rica en 1871 como contabilista del ferrocarril, falleció en San José el 5 de agosto de 1889 y fue enterrado en el Cementerio de los Extranjeros, cerca de la tumba de Charles R. Lordly.
El nombre «Cementerio Protestante» también aparece en la vida cotidiana de la ciudad. En un anuncio del Diario de Costa Rica, del 2 de agosto de 1939, se ofrecía un trapiche que podía verse donde Edgar Guevara, «contiguo cementerio protestante».
El camposanto servía, por tanto, como referencia para localizar propiedades y negocios.

Un archivo de la memoria josefina
Cada inscripción ofrece una posibilidad de investigación: un apellido, una procedencia, una fecha o un vínculo familiar. Entre esas lápidas se conserva parte de la historia de quienes cruzaron fronteras y encontraron en Costa Rica un lugar donde vivir.
El Cementerio de Extranjeros merece ser recordado por esa memoria humana. Su historia nos acerca a una ciudad construida por personas de diferentes orígenes y creencias, cuyas huellas todavía pueden leerse en la piedra.
Fuentes consultadas:
- Flory Otárola. Cementerio de San José: historia, creencias y arte dentro de sus muros. Revista Herencia, volumen 20, números 1–2, 2007.
- Wilton Nelson. Historia del protestantismo en Costa Rica. 1983.
- La Iglesia Anglicana en Costa Rica. Perspectivas históricas. Trabajo universitario, 2008.
- Centro de Patrimonio Cultural. Circuito de turismo cultural: distrito Catedral.
- Rafael Obregón Loría. La Masonería en Costa Rica, segundo período, página 55. Biblioteca Digital de SINABI.
- Diario de Costa Rica, 2 de agosto de 1939, página 8. Hemeroteca Digital de SINABI.
- El Cementerio de Extranjeros: memoria plural con valor patrimonial e histórico, Delfino. CR. Fotografías .
- Investigación Mi CR de Antaño.
En ese cementerio fue sepultado mi bisabuelo Arturo Wolf Bonny. En los anos 80’s fuimos informados que había un plan para que el cementerio fuera demolido para ampliar calles. Se nos pidió que removiéramos los restos de nuestros familiares. Hicimos caso y trasladamos al bisabuelo a Jardines del Recuerdo donde yace hoy en dia. Después de décadas, el cementerio extranjero sigue ahi. No se si se trataba de un aviso falso para quitarnos las tumbas o si de verdad hubo un plan que luego se cancelo.
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