Cuentos de Mi Tía Panchita, Carmen Lyra

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LOS CUENTOS DE MI TIA PANCHITA, escritos por Carmen Lyra (María Isabel Carvajal), están considerados ya como clásicos dentro de la literatura infantil de Costa Rica y centroamericana. La gracia prodigiosa de que están animados, el sencillo y rico lenguaje poético que los adorna, y su proyección fabulosa desde las raíces mismas de la tradición e imaginería de los pueblos de Centroamérica, hacen de su lectura un permanente goce y regocijo estético, sólo posible por la mano diestra y madura de esta magnífica escritora costarricense, que supo encontrar con gran habilidad el hilo dorado de la fantasía que conduce al corazón de los niños. Primera edición, 1920 en Ediciones del Repertorio Americano; esta edición electrónica cuenta con las ilustraciones originales de Juan Manuel Sánchez.

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Cuentos de Mi Tía Panchita

 

Referencias:  

  • Carmen Lyra, Cuentos de Mi Tía Panchita.
  • Sitio de Lewis Carroll.

Libro del Centenario de Juan Santamaría

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Recoge el Instituto .de Alajuela en este libro y las ofrece a la juventud costarricense, algunas de las manifestaciones de alto civismo que se produjeron con ocasión del Centenario de Juan Santamaría, 29 de agosto de 1931. En esa fecha nuestro colegio se convirtió en centro de la ciudadanía costarricense y llevó a cabo, mediante la colaboración del Gobierno y de las mejores intelectualidades del país, una brillante serie ele actos patrióticos que tuvieron verdadero carácter de apoteosis. Cumplió así una de sus fundamentales exigencias sociales el colegio y vio sus esfuerzos coronados por el mejor de los éxitos. Nunca se habían visto en Alajuela festejos tan hermosos y constructivos ni nunca antes de entonces la ciudad había vivido. gracias a la labor de su Instituto, horas de más intenso fervor ni de tan exquisita espiritualidad.

Desgraciadamente no podemos incluir en el libro todo lo que se escribió y dijo; dificultades editoriales y de recopilación del material nos obligan, muy a nuestro pesar, a dejar fuera, páginas que hubiéramos querido insertar pero que no hemos tenido a mano; pedimos cumplidos perdones y esperamos que las deficiencias se excusarán en vista de lo difícil que resulta recoger todo lo que se produce en una oportunidad como la dicha. En cierto modo este libro es una continuación del bellísimo tomo publicado en 1926 por don Luis Dobles Segreda con el sugestivo título de “El Libro del Héroe”. Como aquél, éste también es un libro de amor que prueba la devoción de Alajuela y de Costa Rica por sus héroes y por sus tradiciones, y su manera de entender la patria.

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libro del centenario de juan santamaría 1831-29 de agosto-1931

 

Referencias:

  • Libro del Centenario de Juan Santamaría. Instituto de Alajuela, Segunda Enseñanza. 1879.

Comernos el caballo! Anecdotario Nacional.

Anecdotario Nacional

CUANDO el famoso crac financiero de 1929, que arruinó a muchas gentes, el Doctor Fernando Quirós Madrigal, médico alienista, debido a varias circunstancias, dejó de recibir la mesada que el Gobierno de Costa Rica le remitía a Alema­nia para que atendiera al pago de su pensión y de sus estudios pro­fesionales. Desesperado, nervioso, el Doctor dispuso invertir los po­cos dineros que le quedaban en comprar billetes de lotería. Había que asomarse a la suerte por la única ventana abierta que es la lotería.

Una tarde, en un café, el Doctor Quirós se dio a la tarea de curiosear los billetes que había comprado; deseaba cerciorarse cuáles eran los premios en efectivo y a cuánto montaban. Pero cuál no sería la sorpresa al ver que el primer premio consistía en un her­moso caballo de raza fina y de carrera…

Uno de sus compañeros, estudiante también, al ver la cara de tristeza que puso el médico alienista al terminar de leer el plan del sorteo de la lotería, le pregunta:

—”¿Qué te pasa, Fernando, que estás poniendo una cara tris­tona?”.

Y el Doctor Quirós Madrigal no tardó en contestar:

—”Nada, hijo. Que si pegamos el “gordo”, o le pedimos una beca al Gobierno de Costa Rica, O TENDREMOS QUE COMERNOS EL CABALLO”

Referencias:

  • Anecdotario Nacional Costarricense.

Tráigalo a Costa Rica para que aprenda mañas…Anecdotario Nacional

Anecdotario Nacional

EN tiempos del Gobierno del General don Tomás Guardia, arribó a nuestras playas un general sudamericano. La sociedad costarricense y el gobierno, se apresuraron a agasajar y a tributarle honores al distinguido visitante.

Un día, entre el coro de amigos, el militar hizo estas consideraciones:

—”Tengo un muchacho de dieciocho años que está completando el ciclo de su educación inglesa. Luego pasará a Francia para que tome algo del refinamiento francés. Después irá a la Madre Patria donde hará estudios profesionales, y cuando tenga 28 ó 29 años, lo traeré a Costa Rica”.

Uno de sus amigos lo interrogó:

—”General, ¿la intención es simplemente de paseo?”. A lo que el huésped, contestó:

—”No señores, es para que aquí corone sus estudios”.

La sorpresa de los circundantes fue grande. Le manifestaron al pundonoroso militar que aquí no había universidad ni nada en qué perfeccionar los estudios de un muchacho que venía de los principales centros de la civilización.

Una sonora carcajada se dejó oír, y luego la voz del General don Tomás Guardia, allí presente, que decía:

—Tráigalo a Costa Rica PARA QUE APRENDA MAÑAS…

Referencias:

  • Anecdotario Nacional Costarricense.

Max Jiménez Huete…Anecdotario Nacional.

Anecdotario Nacional
MAX JIMENEZ HUETE fue de los primeros en revo­lucionar en Costa Rica la poesía.

Aparte de ser Max Jiménez Huete un hombre de gran fortuna, fué también un bohemio elegante. Su mayor satisfacción era reunir a sus amigos y agasajarlos espléndidamente. Viajó por toda Europa y América. París, Viena, New York, La Habana, fueron asiento de sus exposiciones de arte pictórico.

Una noche, en el Círculo de Amigos del Arte, el poeta se encontraba reunido con varios de sus amigos. La reunión se animaba como era natural, se conversaba de todo lo relacionado con el arte y la literatura.

El lírica ramonense Rafael Estrada, ya fallecido, muy amargado y decepcionado, se quejaba de la indiferencia del costarricense por todo lo que fuera arte y literatura. Se dolía del poco estímulo para con los valores nacionales.

Entonces, el poeta Jiménez Huete, dándole la razón a su compañero Estrada, tuvo una de sus más inteligentes e ingeniosas salidas, que le mereció el aplauso de todos.

Con aquella ironía conque hablaba para criticar, y con aquella voz de trueno que se gastaba, dijo:

“El costarricense, señores, ES AGUILA EN EL NORTE, CONDOR EN EL SUR Y ZOPILOTE EN COSTA RICA”…

Referencias:

  • Anecdotario Nacional Costarricense.

La Leyenda de la Princesa Dulcehe.

Oleo rescate dulce povedano
Pintura del Maestro Povedano sobre la leyenda de Dulcehe.

Fué en el cumplimiento de esta promesa donde ocurrió ese episodio de leyenda, el rescate de la hermosa Dulcehe, que el hábil pincel de! Maestro Povedano ha recogido, para enriquecer con su cuadro admirable no sólo nuestro escaso acervo artístico sino también el tesoro de nuestra tradición. colonial, al dar con su inspiración nueva vida a aquella escena, ciertamente digna de la magnanimidad de Vázquez de Coronado. Oportuno -es recordarlo pues que, como ha dicho Unamuno, la historia no es sólo la letra, el documento escrito, sino también la leyenda que recogiendo los hechos los embellece con un suave encanto y matiza su aridez con los amables tintes del ensueño. Seguir leyendo “La Leyenda de la Princesa Dulcehe.”

El gobernador que empinaba el codo.

 

Un día de agosto del año 1606 caminaba hacia el pueblo de Aserrí, procedente de la ciudad de Cartago, un indio güetar con una botija a las espaldas, metida en una red de cabuya. Este indio era noble, de estirpe de caciques, circunstancia que conforme a las leyes de Indias le permitía anteponer a su nombre de Diego Piagua el título de Don, que no tuvo el conquistador Juan Vázquez de Coronado, no obstante la ranciedad y el brillo de su linaje.

Aserrí era en aquel tiempo uno de los lugares más importantes de la provincia de Costa Rica. Formaba un corregimiento y había en él varias encomiendas pertenecientes a viejos conquistadores, como el capitán Juan Solano y Alonso de Bonilla. Su patrón era y sigue siéndolo San Luis de Tolosa, cuya fiesta celebra la Iglesia Católica el 19 de agosto, y la botija de vino de España que D. Diego Piagua llevaba a cuestas debía servir para festejar la memoria del santo hijo de Carlos II, rey de Napóles y de Sicilia. D. Francisco Hernández, otro noble indio, gobernador de Aserrí, la había pedido con tan piadoso designio al capitán Francisco de Ocampo Golfín, alcalde ordinario de Cartago y yerno del encomendero Juan Solano. Seguir leyendo “El gobernador que empinaba el codo.”