Archivo de la etiqueta: Cuentos y Leyendas

El Fantasma de los Llanos, Leyenda Costarricense.

Se trata del alma en pena de un caballero montado a caballo, que se aparece en la pampa guanacasteca las noches de luna llena.

La leyenda cuenta que se trata del hijo de un administrador de una hacienda de Guanacaste, un muchacho apuesto pero de mal carácter que quería conseguirlo todo a su manera aunque fuera por las malas.

Se enamoró de una hermosa joven que era sobrina suya, la cual no correspondía su amor, por el carácter de él y por ser familiares. Además, ella estaba enamorada de un humilde sabanero que trabajaba en aquella hacienda, con quién se veía a escondidas a la sombra de un pequeño árbol de guanacaste. Allí les sorprendió el amante quien, despechado, quiso matar de un tiro a la muchacha, pero interponiéndose el enamorado sabanero, la bala ultimó la vida de ambos.

Enterado el padre de la joven de lo sucedido, con el dolor de su alma maldijo al asesino, condenándole a vagar por los llanos sin descanso por todos los siglos de los siglos.

«Dicen que es el alma de don Alfonso que arrepentido vaga por los siglos de los siglos.»—Jesús Bonilla.
«El fantasma de los llanos.»

Referencias:

Zeledón Cartín, Elías (2000). Leyendas costarricenses (4ª edición). Heredia, Costa Rica: Editorial de la Universidad Nacional. pp. 286 páginas. ISBN 9977-65-133-7.

La pasajera Fantasma, Leyendas costarricenses.

Esta leyenda está relacionada con las leyendas urbanas sobre el autoestopista fantasma, es decir, la leyenda sobre el fantasma de una mujer que se aparece a la orilla de una carretera desolada a altas horas de la noche, detiene un taxi y lo aborda, solicitándole al conductor que la lleve a una dirección, generalmente una casa que está cerca de un cementerio. Cuando ha llegado al destino, desciende del vehículo y le indica al chofer una casa donde le pagarán el servicio, mientras penetra en el camposanto y desaparece. El taxista, intrigado, llama a la puerta de la casa y narra la historia, tras lo cual, las personas que habitan allí, confundidas, le enseñan una fotografía de la mujer. Cuando el taxista afirma que esa es la persona que solicitó el servicio, le informan que ella lleva muerta ya muchos años, y que está enterrada en una tumba en el cementerio cercano. En otras versiones de la leyenda, el fantasma simplemente desaparece dentro del vehículo.

Referencias:

Zeledón Cartín, Elías (2000). Leyendas costarricenses (4ª edición). Heredia, Costa Rica: Editorial de la Universidad Nacional. pp. 286 páginas. ISBN 9977-65-133-7. Consultado el 14 de octubre de 2011.

La Procesión de las ánimas, leyenda costarricense.

La procesión de las ánimas es conocida en todo el país, pero es especialmente popular en Cartago y Puntarenas. Se trata de la aparición, a la medianoche, de una procesión de personas vestidas de negro, con capuchones sobre la cabeza, que van rezando, llevando en cada mano una vela de cebo encendida y una pequeña cruz. Se supone que estas personas son almas de difuntos (ánimas) que se encuentran en el Purgatorio. En otras versiones, la procesión se aparece en el interior de alguna iglesia, siempre a medianoche, cuando se supone que el edificio está cerrado. También podía aparecerse en los panteones.

En una historia, una viejecita observó una noche la procesión de las ánimas sin reparar que era una aparición. Una de las ánimas se acercó a la ventana de su casa y le entregó una vela encendida, que ella decide guardar. La visión se repite por varios días, y la viejita continuó guardando las velas hasta que cayó enferma, empeorando cada vez hasta casi la muerte sin que las medicinas le ayuden. El sacerdote del lugar la visita para darle los santos óleos y ella le cuenta la extraña visión. El sacerdote busca las velas y descubre horrorizado que se trata de huesos humanos. Procede a realizarse un rito de expiación y entierran los huesos en el cementerio. La mujer mejora milagrosamente a los pocos días.

Esta leyenda se encuentra relacionada con la leyenda española de la Santa Compaña, y se encuentra también presente en otros países de América Latina.

Referencias:

Zeledón Cartín, Elías (2012). Leyendas ticas de la tierra, los animales, las cosas, la religión y la magia. Editorial Costa Rica. p. 294. ISBN 978-9977-23-984-2. Consultado el 5 de enero de 2013.

La Monja del Vaso con Agua del Hospital San Juan de Dios, Leyendas Costarricenses.

La Monja del Vaso con Agua, llamada simplemente la Monja del Vaso o también, la Monja del San Juan de Dios, es un fantasma legendario del folclor costarricense que, según la leyenda, se pasea por los pasillos del Hospital San Juan de Dios en San José, el hospital más antiguo de Costa Rica, llevando en la mano un vaso con agua que ofrece a los enfermos.

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El Dueño de Monte, Leyenda de C.R.

El Dueño del Monte, también llamado Viejo del Monte, es un personaje de leyenda del folclor centroamericano. Se trata de un fantasma que vaga por montañas, bosques y potreros despoblados, lanzando grandes alaridos que hielan la sangre, los cuales pueden ser escuchados desde mucha distancia.

En algunas historias el Viejo del Monte es descrito como un gigante de alta talla, corpulento, cubierto de pelo largo de pies a cabeza, el cual enseña a través del pelo un solo ojo grande, redondo y brillante, similar a los cíclopes. En la región de Guanacaste, Costa Rica, sobre todo en Bagaces, se le describe también con la forma de un sabanero monstruoso, con largas barbas y cabello espeso y enredado, de apariencia estrambótica, que se aparece por los potreros, montado a caballo, espantando al padre sin cabeza.

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Un Santo Milagroso

En poco tiempo había cundido por una parte de la provincia de Alajuela, la fama de una imagen milagrosa de San Jerónimo, de la que se contaban cosas extraordinarias, por no decir milagros. Los vecinos de San Pedro de la Calabaza (Hoy San Pedro de Poás, cabecera del cantón de Poás, provincia de Alajuela) y de La Sabanilla (Distrito del cantón de Alajuela. Hoy Sabanilla) se mostraban particularmente entusiastas, y la reputación del santo llegaba ya hasta la propia capital de la provincia, donde, para decir verdad, tropezaba con bastante escepticismo; pero no se debe olvidar que los alajueleños (Nota 3: El autor usa el gentilicio alajueleño, pero el uso que ha prevalecido es el alajuelense para referirse a lo perteneciente o al natural de Alajuela. Fin de la nota 3) son incrédulos empedernidos. Tuvieran o no razón los conciudadanos de Juan Santamaría (Nota 4: El tambor alajuelense, héroe de la guerra de 1856 contra los filibusteros norteamericanos. Fin de la nota 4) en mostrar desconfianza respecto de San Jerónimo, es lo cierto, que ya no había rosario, vela de angelito (Nota 5: Como en Colombia, angelito se llama al niño muerto, siempre que tenga muy poca edad. Fin de la nota 5) ni otra fiesta alguna en que no hallara santo de imagen presente. Todos se disputaban la honra insigne de hospedarlo, aunque fuese más que algunas horas, y sus frecuentes viajes eran triunfales, en medio de lucido acompañamiento que no le escatimaba la música, ni los cohetes, ni las bombas.

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El gobernador que empinaba el codo.

 

Un día de agosto del año 1606 caminaba hacia el pueblo de Aserrí, procedente de la ciudad de Cartago, un indio güetar con una botija a las espaldas, metida en una red de cabuya. Este indio era noble, de estirpe de caciques, circunstancia que conforme a las leyes de Indias le permitía anteponer a su nombre de Diego Piagua el título de Don, que no tuvo el conquistador Juan Vázquez de Coronado, no obstante la ranciedad y el brillo de su linaje.

Aserrí era en aquel tiempo uno de los lugares más importantes de la provincia de Costa Rica. Formaba un corregimiento y había en él varias encomiendas pertenecientes a viejos conquistadores, como el capitán Juan Solano y Alonso de Bonilla. Su patrón era y sigue siéndolo San Luis de Tolosa, cuya fiesta celebra la Iglesia Católica el 19 de agosto, y la botija de vino de España que D. Diego Piagua llevaba a cuestas debía servir para festejar la memoria del santo hijo de Carlos II, rey de Napóles y de Sicilia. D. Francisco Hernández, otro noble indio, gobernador de Aserrí, la había pedido con tan piadoso designio al capitán Francisco de Ocampo Golfín, alcalde ordinario de Cartago y yerno del encomendero Juan Solano. Seguir leyendo El gobernador que empinaba el codo.

La Carreta sin bueyes

 

«Por el camino sonaron chirrido de rueda y eje, tumbos de llantas sonoros flotados en desniveles. “¡Alguien, si no el boyero que por el camino viene!” Los ojos y los oídos eran clavos resistentes. En vilo por el asombro, ya que nada la sostiene, en la noche desolada, ¡vio la Carreta sin Bueyes!»
Carlos Luis Sáenz.
«La Carreta sin Bueyes».

la carreta sin bueyes

Se trata del fantasma de una carreta que deambula por las noches las callejuelas de alguna ciudad, especialmente aquellas dónde viven jóvenes libertinos o matrimonios que pelean constantemente. También se comenta que aparece cerca de la casa de alguna persona que se ha vuelto muy codiciosa o un avaro que acaba de morir. En ambos casos, la presencia del espectro es una advertencia a los pobladores que corrijan su forma de vivir y busquen el buen sendero. Seguir leyendo La Carreta sin bueyes

El Padre sin cabeza…

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Mito seguramente concebido en tiempos de la inquisición, durante la cual cortaban la cabeza a brujos, hechiceros, hombres y mujeres de mal vivir.

Dice la tradición que se le aparece a los hombres y mujeres que trasnochaban debajo de un árbol frondoso en el cual se puede ver una gran puerta de un templo.

La persona pasa la puerta y se encuentra una gran sala y al final un sacerdote cantando misa en latín.

Atraído y cargado de pecados la persona oye atentamente pero a la hora de la consagración al dar la cara el sacerdote se le ve sin cabeza y esta chorreando sangre entre sus manos.

Despavorido sale de aquel lugar y queda varias semanas sin habla, cambiando así su vida para siempre. Seguir leyendo El Padre sin cabeza…

El Cadejos

el cadejos

Vení temprano le decía Juan a su padre que por sus largas borracheras no paraba en su casa ni de día, ni de noche. A lo cual contestaba este “hijo de Dios en mi casa cuídame tu a mi familia, madre que te engendró y padre respeto por Dios quiero yo”.

 Aburrido de estas palabras que a diario escuchaba, decidió darle un escarmiento, consiguió un cuero negro, varias cadenas de perro y se escondió a su espera. Seguir leyendo El Cadejos