En el cafetal, una historia de la vida real…una historia muy tica. ¡Vale la pena leerla!

Miren que bello lo que me encontré por ahí. Me encantó esta historia de la vida real, está historia llena de nuestra gente, de nuestra tierra. Aquí les comparto!
En el cafetal, una historia de la vida real…una historia muy tica. ¡Vale la pena leerla!

Estoy a la espera de que llegue el agua dulce o el café a la media mañana, para que se me quite el frío que hasta adormece las manos, mientras tanto una bendita cuiscana en el peor de los casos me cae entre un ojo y me deja ese sufrimiento que arde y arde todo el día, mientras supero el confisgado colerón me va cayendo un bendito grano de café entre la bota ¡ay Dios mío, como incomoda,otro colerón! Y queriéndomelo sacar pero sin quitarme el canasto que ya estaba casi lleno pa evitarme la fatiga y ¡tas! se me revienta la cincha, el canasto al suelo y el café regado por todo lado. ¡Bendito Dios que tengo mi cintura sana pa agacharme a juntarlo!

Entre la cuiscana en el ojo, el grano de café en la bota y el que ya había cogido esparcido en el suelo, me estaba yo ahogando del chichón y entre queje y queje escucho una voz melodiosa a la distancia que dice ¡ Ya llegueeeeee, vengan a tomar agua dulce! Y santo remedio, no hubo nada que opacara la bendición de sentir el vaho de esa agua dulce nublarme los lentes, calientito calientico. Y fue así como volví a la vida, de vuelta a cafetal y un bandolazo mojado en la cara me dio la bienvenida, salvada que andaba yo un pañuelo guardao y seco, pa secarme esa sensación tan refea que le queda a uno en la cara después de semejante mecatazo.

Y así pasó el día, escampó pasado el mediodía, cuando ya íbamos a almorzar, un almuercito echo en hojas y en fogón, me he quitao el canasto y encima de unas hojas me he sentado, estaba yo plácidamente almorzando y comienza a llegarme ese olor bastante raro y pos ¿sabe usted qué era? Un confisgado peón no se había aguantado y sus necesidades había hecho y tapao con hojas pa que nadie sospechara ¡Que desgracia la mía que eso antes de sentarme yo no lo pensara!

Pero así es la cosa en el cafetal, cada quien se diseña su sanitario y se va pal monte a hacer sus necesidades, eso cualquier cogedor de café de cepa lo debe de saber.

Llegó la tarde, ¡por fin vamos a medir! 8 cajuelas y tres cuartillos fueron, contando hasta el café que se me cayó en el suelo, todos me ven siempre con cara de picados porque no por rajar rajando pero yo soy el más rápido del corte y solo maduritico echo al canasto.

Llegó la hora de cargar el caballo que aguanta unos 4 sacos cada vez, después, misión terminada, a lo largo veo la chimenea tirando humo que me dice que el café de la tarde está casi listo, una vez en mi casa llegó el tiempo de descansar y tranquilo yo duermo para ir mañana otra vez al cafetal.

Pidiendo a Dios que esta vez ni un gusano, ni una bejuca, me toquen a mi enfrentar, aunque si toca toca, un buen campesino a eso no le teme, un campesino de verdad piensa que si volviera a nacer le pediría a Dios volverlo a ser.

¡Y yo soy un gran campesino!

Pensado con cariño para quienes cada día hacen esta gran labor.

La Actualidad de Pérez Zeledón a un Clip. Publicado: 

Quien escribe, Yuri Fallas.

Gracias Yuri Fallas por tan hermoso relato. Nunca tuve la oportunidad de coger café pero usted me trasladó al cafetal y por hoy pude sentir esa sensación tan bella.

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