
1871-Costado norte del Parque Central, sobre avenida 2ª. Esta casa estaba junto al Cuartel Principal, Hoy es ocupada por lo que fue el cine Palace y el Cuartel por el Teatro Melico Salazar o cine Raventós
Luis Naranjo, Fotografías Antiguas de C.R.

1871-Costado norte del Parque Central, sobre avenida 2ª. Esta casa estaba junto al Cuartel Principal, Hoy es ocupada por lo que fue el cine Palace y el Cuartel por el Teatro Melico Salazar o cine Raventós
Luis Naranjo, Fotografías Antiguas de C.R.

1871- La calle 2ª en el cruce con la avenida 2ª, a la espada estaría la Soda Palace. Esta calle se conoció como la Calle del Congreso. La segunda casa con balcón correspondió a la casa en que nació en 1819 el presidente don Juan Rafael Mora Porras. Posteriormente estuvo el Cine Central y hoy es un centro comercial
Ver también Las dos Casas del Presidente Mora
Referencias:

Referencias:
Ubicado entre Calles 26 y 28 en el Paseo Colón de San José. Fue una sala muy gustada por su gran tamaño y sus funciones especiales para escuelas con actividades variadas. Tenia un sistema Surround excelente y una pantalla gigante para super producciones en 70mm.
Seguir leyendo Cine Universal, Paseo Colón, San Jose, 1970´s.
Era una casona de madera vieja donde llegaban un público amante del entretenimiento. Allí se reunían por las tardes y noches y gozaban de diferentes eventos desde excelente música como operetas, zarzuelas hasta obras teatrales de diferentes grupos.




El Teatro Variedades es un teatro y sala de cine ubicado en San José, Costa Rica. Junto con el Teatro Nacional de Costa Rica y el Teatro Popular Melico Salazar, se le considera uno de los tres grandes teatros de la capital costarricense.

GALERÍA:





Se encuentra ubicado en calle 5, entre avenidas central y primera, en el distrito del Carmen. Inaugurado en 1892, es el teatro más antiguo de esta capital centroamericana, y además, fue también su primer cine, pues en él se proyectaron las primeras producciones cinematográficas llegadas al país, en 1906.

El Teatro Variedades es uno de los elementos históricos, arquitectónicos y culturales más importantes de la capital de Costa Rica, por lo que fue declarado patrimonio histórico-arquitectónico en 1999.
Seguir leyendo Teatro y Cine Variedades, San José, 1892.
En esa misma esquina estuvo por muchos años la Casa de Salud que albergó consultorios médicos.


El favorito de la capital se ubicaba al costado sur del Parque Central de S.J. (esquina Suroeste de Avenida 4 y Calle Central).

Con un lobby muy elegante y una sala de gran tamaño con 2 pisos de butacas, tenía siempre los estrenos cinematográficos más importantes.
Su propietario el señor José Raventos Coll, quien lo inauguró en el año 1958.

El Cine Rex cerró sus puertas en 1999. Aunque el cine ya no existe, su edificio sigue en pie, aunque renovado, sirviendo como testigo de la historia y la evolución arquitectónica y cultural de San José.
Hoy su lobby es un restaurante de comida rápida y su gran sala una tienda por departamentos.
Referencias:
Fotos varias de Internet.
Periódicos antiguos de CR.
Investigación de Mi CR de Antaño.

TEATRO TOVAC:
El Teatro TOVAC funcionó desde 1924 hasta el 14 de noviembre de 1936 donde lo demolieron e iniciaron la construcción del Gran Cine Libano en el año de 1937.
Seguir leyendo Antiguo Teatro Tovac, luego, Gran Cine Libano, San José, 1936.
Diseño del arquitecto alemán Paul Ehrenberg. Se estrenó el 14 de noviembre de 1935, con la película Quiéreme siempre , protagonizada por Grace Moore.

El Hotel Washington se encontraba en pleno corazón de San José sobre Calle Primera, Avenida Cuatro, Costado Sur de la Catedral Metropolitana, era una hermosa edificación edificada en el siglo XIX.
Seguir leyendo Hotel Washington, San José, 1916.

La imagen de la Costa Rica de ayer nos lleva hasta la Avenida Central. El edificio a la izquierda ya no existe, pero aún existen en ese sitio la heladería Pops y la Librería Lehman. La foto data de finales de la década de los sesenta


Como respuesta al obispo Thiel y a su preocupación por el estado espiritual de su rebaño, monseñor Sanabria apuntó: “por otros medios atendió solícito el Prelado al adelanto cultural del clero y de los fieles”.
“Al del clero, disponiendo que en la Curia Eclesiástica hubiese depósito de algunas obras científicas de carácter eclesiástico que podían adquirir los sacerdotes en favorables condiciones, y al de ambos, recomendando a algunas librerías las obras que mejor pudieran servir para el progreso cultural y religioso de todos. Es de justicia decir que entre las librerías religiosas o de criterio católico, que mejor satisfacieron (sic) aquellas recomendaciones del Prelado, la que más se distinguió fue la fundada por don Antonio Lehmann” ( Monseñor Bernardo Augusto Thiel. Segundo Obispo de Costa Rica ).
Seguir leyendo Librería Lehmann, San José, 1851-1900.
Nuestros mayores se valían de cualquier cosa para inducir miedo a los más pequeños y así mantener el orden del hogar.
Esta era una viejita que vivía cerca del río Virilla en una casucha destartalada por el tiempo, usaba para taparse del sol un gran sombrero de “tule”, hoja amplia de la planta del mismo nombre. Seguir leyendo La Tulevieja


Década de 1970 El «Paso de la Vaca», en la calle ocho de la ciudad capital, San José de CR, observándose el todavía activo «MERCADO BORBÓN». Foto de autor desconocido.
«Recuerdo que una vez me hicieron ir a traer una encomienda cerca 

del Mercado Borbón, a unos doscientos metros al norte del antiguo Almacén La Granja, en calle ocho, avenidas cinco y siete camino a la antigua Botica Solera, Barrio México.
En mis escasos once años lo que más recuerdo es que se me dijo que era por el “Paso de La Vaca” y es hasta ahora que ya sé por qué se le ha denominado con este nombre; bueno, eso creo…
¿Qué origen tiene la denominación “El Paso de La Vaca”?
Me lo contó un anciano que se las sabe todas, de esos que no pierden ni el mínimo detalle de lo visto o escuchado.
San José era una ciudad “pichoncita”, tanto que las casas, al igual que las primeras plumas, iban apareciendo aqui y allá, entre verdura y sosiego. La gente fraternizaba un tanto, pero de lejos. El rudo trabajo apenas les permitía el tiempo de hacer la colación en familia, rezar el rosario, y cuando más antes de recogerse, salir a la “tranquera”, a comentar sobre el día de trabajo y escuchar algunas viejas leyendas o historias; a la vez, el poder compartir con algún vecino o viajero que con dificultad pasara por sus casas.
Los domingos asistían todos a la misa, y las comadres hablaban ya que era la única oportunidad para charlar y chismear, mientras regresaban en compañía de las vecinas.
Por aquella época -la de esta leyenda- se tenía, como ahora, mucha veneración por los santos y era difícil que en cada casa no se hallaran algunos, aunque fueran en pintura. Sobre todo los San José eran imprescindibles, con la ventaja de que lo mismo servía para la fiesta del patrono, que para figurar en el indispensable portal de fin de año.
Las mujeres, pues, tenían todos sus camarines en que alojaban muellemente las doradas imágenes, y era de verse la solicitud con que limpiaban y acicalaban al Niño Dios o pegaban un cuerno o una oreja -como ahora-, al buey o la mula, si la humedad se había atrevido al sacrilegio.
Y acertó a darse una vuelta por aquí un escultor que venía de Guatemala, recomendado al señor cura de Cartago, sumamente hábil en tallar madera. Todos a una quisieron proveerse de santos de bulto. Pero la desgracia era que el escultor cobraba caro. No hubo más que una casa de unos tales Abarca que pudiera costear los suyos. Y el artista se quedó, y los hizo precisamente al acercarse el fin de año.
He aquí que las comadres salían una mañana a misa despachadas por su pobreza, y una dijo:
-Vayan a ver el portal de Ñor Abarca…
-¿Qué tal les resultaron los santos? Son bonitos, pero yo creo que no los pueden bendecir.
-¿Y eso?
-¡Pues no va el fuerero ese, el artesano, y le hace los animales imperfectos! En vez del buey y la mula, hizo la mula y una vaca; y es que como a todos los Abarca los llamaban “bueyes” porque trabajaban muy fuerte desde que salía el sol hasta que se acostaba, eran tan trabajadores como los bueyes. Y además de esto, es que la familia de Ñor Abarca eran todos hombres y ninguno se le había casado. Ñor Abarca le dijo al artesano que le ponían tetas o no lo pagaba.
-Si, pero dicen que el cura les dio el permiso para que no les sirviera de mala tentación.
La noticia cundió allí mismo; y por la casa de Ñor Abarca desfiló todo San José, a ver la vaca del paso Y como la cosa era tan singular en realidad, después había quién preguntará:
-¿Me da razón dónde vive fulano?
-Coja allí, por la calle de los Abarca…
-No sé dónde vivirán…
-¡Hombre: aquellos que llaman los “bueyes”, los del paso de la vaca!
-¡Aja! Dios se lo pague.»
Referencias:
-Investigación Mi CR de Antaño.
-Fabio Baudrit “El Paso de la Vaca y otros relatos”, Editorial Costa Rica.
-Fotografías varias de Internet.