Casa del Dr. Ricardo Jiménez Núñez

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Un siglo de antigüedad, intervenciones inadecuadas, años de abandono y un incendio fueron los grandes obstáculos que la casa del Dr.Ricardo Jiménez Núñez, en Guadalupe, logró sortear para levantarse hoy de las cenizas con su señorío victoriano original.

Este emblemático inmueble guadalupano fue prácticamente rescatado de las cenizas, tras un proceso de restauración dirigido por el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura y desarrollado por la empresa América Ingeniería y Arquitectura.

Construida en 1909 como residencia para el médico costarricense Ricardo Jiménez Núñez y su familia, esta casa es una de las pocas edificaciones patrimoniales que sobrevive en Guadalupe, cantón de Goicoechea.

“Además de ser hermosa, esta casa tiene una gran importancia arquitectónica pues es un edificio pionero en el sistema constructivo de chapa metálica que se empezó a utilizar hasta después del terremoto de Cartago en 1910 como una solución antisísmica”, declaró la directora del Centro de Patrimonio, Sandra Quirós.

Según explicó la arquitecta, esta técnica consiste en un armazón de madera forrado con láminas de metal troqueladas que simulan ladrillos y que configuran la cara externa de las paredes. Por su parte, las paredes internas se construyeron con bahareque que combina barro y caña.

Otro material abundante en esta construcción es la madera, la cual se utilizó para los pisos, cielos, la baranda del corredor exterior y la escalera.

Deplorable. De acuerdo con la información proporcionada por el Centro de Patrimonio, los principales daños en el edificio fueron causados por el estado de abandono y descuido en el que permaneció por muchos años.

“Don Ricardo (Jiménez) murió en 1946 y durante 60 años la casa estuvo en manos de sus hijos. En el año 2006 , ellos se la vendieron al actual propietario Joaquín Chiang Hown”, dijo Quirós.

En el 2006, Chiang realizó unas obras dentro del inmueble sin la supervisión del Centro Patrimonio las cuales causaron daños graves a la estructura. “Se levantó el piso original de madera para chorrear un piso de concreto. El Centro interpuso una denuncia ante el Ministerio Público y finalmente el propietario fue sentenciado a pagar una multa de ¢10 millones para resarcir los daños causados al patrimonio”, detalló Quirós.

A ese dinero se le sumaron ¢40 millones financiados por el Centro para completar el monto total que se invirtió en las obras de restauración: ¢50 millones.

Asimismo, desde el año 2006 el edificio permaneció abandonado a su suerte y se convirtió en refugio de vándalos e indigentes.

El 13 de diciembre del 2008 se produjo un incendio en circunstancias que no están claras, el cual destruyó gran parte de la escalinata de madera y afectó las paredes de bahareque y las láminas metálicas de las fachadas.

“Actualmente, el edificio está en desuso, pero esperamos que el dueño sepa aprovechar esta hermosa casa en un proyecto que beneficie a la comunidad”, dijo Quirós.

Fuente: La Nación, Andrea Solano B., 9/11/2010

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