
En La Garita de Alajuela, unos antiguos muros evocan el tiempo en que llegar al Valle Central desde el Pacífico significaba recorrer caminos difíciles y someter las mercancías a vigilancia.
La aduana fue parte de esa ruta: un lugar donde el tránsito comercial se encontraba con las autoridades encargadas de controlar las cargas y cobrar los derechos correspondientes.
Su historia permite comprender la importancia de este paso mucho antes de las carreteras modernas. También recuerda que detrás de los vestigios de piedra hubo funcionarios, comerciantes, viajeros y disposiciones que ordenaban la circulación de bienes.
Un origen anterior a Braulio Carrillo:
La reseña Las aduanas en Costa Rica, disponible en el repositorio de la Universidad para la Cooperación Internacional, sitúa el primer establecimiento aduanero en las inmediaciones del Río Grande entre 1780 y 1790. Lo vincula con la Factoría del Tabaco y con la vigilancia para impedir el contrabando de ese producto.
Es importante distinguir ese origen de la construcción o transformación de edificios posteriores. Aunque un estudio de la Universidad de Costa Rica relaciona el establecimiento de la aduana con Braulio Carrillo, hay documentación que demuestra la existencia de un puesto en la Garita del Río Grande antes de su gobierno. Por ello, no conviene atribuirle a Carrillo el inicio de toda la historia aduanera del lugar.

El camino y sus cobros:
Una referencia documental precisa aparece en la Ley número 137 del 14 de agosto de 1827, citada por la Procuraduría General de la República. Para ayudar a componer el camino, se dispuso cobrar en la Garita del Río Grande un real por cada tercio introducido por la ruta de Puntarenas y Nicaragua, y medio real por cada cabeza de ganado mayor. La sal, la palma y el algodón producidos en el Estado estaban exceptuados del primer cobro.
Este antecedente permite ver la relación entre tránsito, recaudación y mantenimiento de caminos. El puesto no era simplemente un edificio aislado: formaba parte de la organización de una vía necesaria para comunicar el interior con el Pacífico.
Una propuesta para eliminar el peaje:
El catálogo del Archivo Nacional conserva la referencia a un expediente de 1829 sobre un proyecto para suprimir el establecimiento de la Garita del Río Grande y dejar libre el paso. La propuesta contemplaba abolir el peaje y destinar el edificio a beneficio de los transeúntes.
La iniciativa encontró oposición: el Poder Ejecutivo y el Consejo expusieron razones para negarle sanción. Según la descripción del expediente, se planteaba corregir los abusos y molestias del puesto mediante reglas, en lugar de eliminarlo. Este documento muestra que la vigilancia del camino también generaba discusiones sobre los intereses del Estado y las condiciones de los viajeros.
Centinelas y un nombre que perduró:
Mariana Campos, en un artículo publicado en la revista Herencia de la UCR en 2005, explica que una guarnición vigilaba la aduana y mantenía centinelas en garitas para proteger los depósitos y evitar el contrabando. A esas garitas vincula el nombre del distrito.

La misma investigación sitúa el lugar dentro de la ruta comercial hacia Puntarenas y recoge la memoria de sitios de descanso del camino. Así, la historia de La Garita une el control fiscal con la experiencia cotidiana de quienes viajaban y transportaban productos.
Su importancia militar en 1842:
La aduana tuvo además una dimensión defensiva. Una semblanza de Florentino Alfaro publicada en la Revista de los Archivos Nacionales señala que, durante los acontecimientos de 1842, Braulio Carrillo le ordenó dirigirse con Matías Granados y 200 hombres a guarnecer la aduana fortificada de La Garita, en el camino de Puntarenas.
La orden ilustra el valor estratégico de este paso durante la crisis que terminó con la caída de Carrillo. Su importancia iba más allá de las mercancías: también estaba ligada al movimiento de tropas.
El edificio visto por un viajero:
La reseña Las aduanas en Costa Rica reproduce una descripción atribuida a Wilhelm Marr, correspondiente a su visita de 1852. El viajero situaba la aduana en la pendiente oriental del Río Grande y describía una construcción de cal y canto semejante a una fortaleza. Según ese relato, las cargas que iban al puerto o regresaban de él debían atravesar el patio por donde pasaba el camino.
La descripción ayuda a imaginar la relación entre edificio y paisaje: la topografía y la ruta concentraban el tránsito en un paso vigilado.
Las ruinas y la memoria:
Una fotografía reproducida en una publicación de CIDICER-UCR, acreditada al Álbum Granados y sin fecha indicada, muestra las ruinas con puertas y ventanas todavía reconocibles. Es un testimonio visual valioso para comparar con las fotografías posteriores de los muros.



En 2005, el artículo de Herencia describía una pared semidestruida y un rótulo que identificaba el lugar como Antigua Aduana, Patrimonio Histórico. Mencionaba también el Tajo La Aduana, cuyo nombre conservaba la memoria del establecimiento. Esa descripción corresponde al momento del estudio y no debe tomarse como una comprobación de su estado actual.

Los vestigios invitan a recordar una Costa Rica en la que los caminos, los puestos de vigilancia y el comercio hacia el Pacífico estaban estrechamente ligados. Conservar su historia permite reconocer el significado de unas piedras que, a primera vista, podrían parecer solamente una ruina.
Las ruinas fueron declaradas Patrimonio Histórico Nacional en el 2001.
Fotografías:
1. Fotografía histórica: «Ruinas de la antigua Aduana de La Garita. Álbum Granados, sin fecha. Reproducida en una publicación de CIDICER, Universidad de Costa Rica, página 140».
2. Detalle del muro: «Detalle de los muros de la antigua Aduana de La Garita. Imagen incluida en Mi Costa Rica de Antaño en 2017; autor y fecha de toma no identificados».
3. Alberto Solorzano. CR Antigua vista por el lente fotográfico de la historia.
Referencias:
● Mariana Campos. «Pasado y presente de las comunidades costarricenses». Herencia, vol. 18 (2), 2005, pp. 85-96; sobre La Garita, pp. 91-92. https://archivo.revistas.ucr.ac.cr/index.php/herencia/article/download/9988/9395/14237
● Procuraduría General de la República. Opinión jurídica OJ-042-2005, 31 de marzo de 2005, apartado histórico: Ley 137 de 1827. https://www.pgrweb.go.cr/DOCS/Dictamenes/1/P/J/2000-2009/2005-2009/2005/8EBC7.html
● Archivo Nacional de Costa Rica. Catálogo: expediente relativo al proyecto de 25 de marzo de 1829 sobre el establecimiento de la Garita del Río Grande. https://archivodigital.go.cr/
● «El General don Florentino Alfaro». Revista de los Archivos Nacionales. https://dgan.go.cr/ran/index.php/RAN/article/download/1042/915
● Las aduanas en Costa Rica, reseña disponible en el repositorio UCI, pp. 5-7. https://ucipfg.com/Repositorio/MAF/MAF05/Semana1/LASADUANASENCOSTARICA.pdf
● Hábitat, historia artística y literatura en América Central, CIDICER-UCR, p. 140: fotografía del Álbum Granados.
● Investigación de Mi Costa Rica de Antaño.