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Estilo Victoriano

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Casa en Santo Domingo de Heredia.

En la segunda mitad del siglo XIX, una vez agotados los recursos estilísticos del neoclasicismo, y bajo el impulso de las tendencias románticas que buscaban una mayor libertad de inspiración fuera de las raigambres grecorromanas, aparece un mosaico de tendencias de transición. Son los diversos eclecticismos: neogótico, neorrenacimiento, neorrománico. También se despliegan las formas arbóreas del Art Nouveau. En el estentóreo panorama de “fin de siecle” destaca el llamado Estilo Victoriano, que a su vez es también un abanico de subtendencias: Queen Anne, Italianate, Stick.

El romanticismo europeo fue una huida del prosaico mundo industrial hacia la naturaleza y la originalidad primitiva. Se rechazó la geometría del clasicismo simétrico, junto a todo orden de racionalidad que aludiera a la vida cotidiana. El estilo Victoriano esta intrínsecamente unido a ese espíritu romántico. Su máxima expresión son las residencias Queen Anne, de plantas asimétricas y volúmenes que parodian los castillos medievales por medio de torrecillas.

El desarrollo industrial de los países del hemisferio norte se impone en la actividad constructiva. Comienza la producción seriada de revestimientos de todas clases especialmente metálicos, estructuras de hierro, columnas, frontones, balaustres, pilastras, ventanera, puertas y adornos de madera recortada, labrada y torneada por medio de maquinarias.

Esta oferta permitió a los propietarios de nuevas viviendas adquirir a su gusto el repertorio de terminaciones interiores y exteriores, aplicándolo a una sencilla estructura de tabiques de madera (ballom frame).

La influencia de esta arquitectura residencial se extendió por los Estados Unidos cuyos núcleos urbanos estaban creciendo rápidamente, y por las islas del Caribe pertenecientes al Imperio Británico. En todos los países en donde los británicos mantuvieron una fuerte influencia comercial, y donde penetraron sus capitales la influencia victoriana se aclimató profundamente.

Esta influencia se plasmó a través de los mismos negociantes e industriales británicos que construyeron sus residencias en esos países, así como por los técnicos y empleados locales que viajaron a Gran Bretaña, o que sencillamente imitaron a sus patrones extranjeros al escoger el estilo de sus casas.

Centroamérica recibió la influencia victoriana directamente de los Estados Unidos, preferentemente de la cuenca del Mississippi, cuyo flujo comercial estaba ligado a las repúblicas del istmo.

Arquitectura victoriana en Costa Rica

Según el seminario “Ambientes Victorianos”, las primeras viviendas victorianas en Costa Rica aparecieron en las fincas de café en los alrededores de Cartago por los años 80 del siglo XIX.

Tres razones sustentan esta aseveración:

El auge del cultivo del café en esa zona, con la aparición de asentamientos tardíos por Tres Ríos y San Pedro de Montes de Oca. En el desarrollo de los nucleoides urbanos proliferó la nueva estilística victoriana. El 60% de las casas son urbanas, el 40% rurales.

-La maduración de una industria maderera que podía proveer piezas elaboradas con sierra, tupi, caladoras.

El abandono de las formas del adobe se incrementó a raíz del terremoto de 1910; se buscaron modos de construir más livianos: allí se impuso el -ballom frame- Victoriano, revestido de madera o chapas metálicas estampadas. Si el modelo Victoriano está caracterizado por el énfasis en los hastíales, la presencia de volumetría agregada (bay windows), techos complejos, plantas asimétricas, énfasis en la verticalidad y en las texturas, no todas las viviendas de “espíritu industrial Victoriano” presentan todos esos elementos.

Muchas conservan elementos costarricenses tradicionales del adobe y del bahareque.

La característica compacta de la vivienda se mantiene; se mantiene, en algunas “Victorianas ticas”, el volumen unitario de planta cuadrada y zaguán. Siguen utilizándose los techos a dos aguas de pendiente moderada.

La casa victoriana de entre siglos, oponiéndose a sus antecesoras de origen colonial y republicano, presenta gran riqueza textural y ornamental. En efecto, los muros están revestidos de tablas de madera, puertas y ventanas están enmarcadas de pilastras ricamente molduradas, los balastros tienen diseños atractivos y las columnas finas de madera están coquetamente torneadas.

El clima tropical impone otra variación al modelo europeo americano muy cerrado e introvertido para protegerse del frío. En efecto, la casa victoriana local se abre al exterior generosamente por medio del corredor que, a veces, rodea tres lados de la construcción.

La planta tica da hacia el zaguán presentaba aposentos de tamaño normalizado y cuya función era fijada por los ocupantes, mientras que el modelo Victoriano, respondiendo a una ética familiar sajona, impone una vocación precisa a los espacios; así surgen aposentos para el señor y la señora, para los niños, se impone una sala de costura y otra de juegos.

Ver también:  Casas victorianas en Costa Rica

Referencias:

  • Juan Bernal Ponce. Algunas características de la arquitectura costarricense. Suplemento  30.

Estilo Neomudéjar

 

El neomudéjar es un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló principalmente en la península ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época.1​ El nuevo estilo se asoció especialmente a construcciones de carácter festivo y de ocio, como salones de fumar, casinos, estaciones de tren, plazas de toros o saunas.

En España el estilo neomudéjar fue reivindicado como estilo nacional, por estar basado en un estilo propiamente hispánico. Arquitectos como Emilio Rodríguez Ayuso o Agustín Ortiz de Villajos vieron en el arte mudéjar algo únicamente español y empezaron a diseñar edificios utilizando rasgos del antiguo estilo, entre ellos las formas abstractas de ladrillo y los arcos de herradura.

Sin embargo, lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, son en muchos casos obras de estilo neoárabe, puesto que utilizan elementos califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto.2​

Frecuentemente se ha considerado a la plaza de toros de Madrid de Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra de 1874 como el inicio del neomudéjar, que sería seguido por otros arquitectos como Enrique María Repullés y Vargas, Joaquín Rucoba, Augusto Font Carreras, José Espelius Anduaga, Felipe Arbazuza o Aníbal González.1​

 

Plaza de Toros de Madrid

Sus características inmutables serían: la utilización del ladrillo como elemento principal constructivo, y el uso decorativo de motivos islámicos como lazos, rombos, arcos de herradura, etc. Todo ello concebido como herencia de ese gusto por lo exótico propio del romanticismo, y que ya desde el siglo XVIII se dejaba notar en la arquitectura europea, fruto del pintoresquismo.

El Estilo Neo-mudéjar en Costa Rica:

Así, con los nombres de “morisco”, “andaluz” o “español”, el neomudéjar pasó pronto a América de la mano de arquitectos y artesanos peninsulares, o como parte de la oferta del eclecticismo entonces en boga.

De ese modo, por ejemplo, apareció en San José hacia 1893. Se trata del implante que de un balcón morisco se le hizo en Bélgica –su lugar de origen– al prefabricado edificio de estampa neoclásica del que sería precisamente el Edificio la Alhambra San José, llamado el primer rascacielos de S.J.de la firma J. R. R. Troyo, en la calle 2 y las avenidas Central y 2.

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Almacén La Alhambra en San José.

Cosmética y arquitectura.

En la ciudad hay varias aplicaciones superficiales como aquella, casi todas con seguridad de inicios del siglo XX: así, las que adornan la puerta principal y la ventana derecha de la casa que por décadas ha ocupado la Sociedad Teosófica, al pie de la Cuesta de Núñez.

Otras aplicaciones engalanan el vestíbulo del inmueble de la Edificio de la Librería Católica, San José, en la esquina suroeste de la avenida 4 y la calle 1, donde, además del exquisito trabajo de las maderas labradas en los zócalos, luce una delicada pintura de llamativos colores e islámicos motivos en el cielo raso.

Lo impostado de tal decoración –en una casa criolla como esa o en una victoriana como la anterior– no es de extrañar pues, en San José, los lenguajes historicistas se adoptaron muchas veces en las fachadas, mientras que la distribución interior de las viviendas seguía siendo la tradicional.

Tal es el caso de la vivienda que fue del español Mariano Álvarez Melgar. Muy activo entre sus compatriotas, hacia 1912, Álvarez fue vicecónsul de España en nuestra capital, por lo que en el antejardín de su residencia llegó incluso a ondear un pabellón de su país, como muestra una fotografía de época.

 

Ubicada en la esquina suroeste de la avenida 9 y la calle 3 bis, fue construida en ladrillo en 1910 siguiendo una planta, una distribución y una volumetría netamente criollas, mas decoradas por entero en una estética neomudéjar que da a entender su referente.

En el mismo barrio, sobre la calle Central, entre las avenidas 7 y 9, parapetada sobre una terraza y con estrecho acceso de fortín, se encuentra una vieja casa neomudéjar donde por años funcionó un night-club llamado –no en balde– El Alcázar. Arriba se aprecia su simétrica disposición de mezquita, sus volúmenes apenas horadados al frente por tres arcos lobulados, y, en su fachada, las huellas de lo que pudo ser una decoración aplicada, hoy desaparecida.

De castillos a patios. No obstante, en el cruce de la avenida 11 con la calle 3, se ubica nuestra más importante construcción neomudéjar: el llamado Castillo del Moro, San José. Se levantó en ladrillo según un diseño atribuido al ingeniero constructor catalán Gerardo Rovira, y data de 1930.

Encargo del comerciante español Anastasio Herrero Vitoria, la singular vivienda, en efecto, posee una concepción espacial que responde al de una fortaleza morisca, emplazada en el bajo de Amón sobre una plataforma con cocheras como sótano, pedestal al que siguen tres niveles.

La vivienda se realizó con materiales y decoraciones interiores y exteriores traídos enteramente de España por su dueño, y se caracteriza por la profusión de arcos de herradura, ménsulas y almenas, encajes y filigranas, coloridos vidrios y mosaicos; y, rematando el conjunto, se ve una cúpula de bronce que evacúan las únicas gárgolas conocidas en San José: una obra para admirar.

Casi una década después, en 1939, se iniciaba en Cuesta de Moras lo que sería la Casa Presidencial, hoy la Asamblea Legislativa. Diseño del arquitecto José María Barrantes, era un gran edificio neocolonial al que la Segunda Guerra Mundial dejaría sin concluir.

 

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No obstante, todavía en 1943 se terminaría una de sus partes: el denominado originalmente “Jardín de la Madre Patria España”, patio interior que evoca al palacio de la Alhambra y que sería la última manifestación del neomudéjar en la ciudad.

Obra integral en concepción y diseño, se debe al arquitecto catalán Luis Llach, mientras que la excepcional calidad artesanal del modelado es del también español Mario Romero Fucigna. Ambos trabajaron para la empresa constructora Adela viuda de Jiménez e Hijos.

Evocándolo, el investigador Fernando González parece hacerlo también con las otras obras que dejó en la ciudad el arribo de lo moro:

“Allí quedó un oasis, un patio con su fresca fuente, la infaltable agua de los patios islámicos, las arcadas alrededor […], con sus arcos lobulados y sus delicadas y esbeltas columnas, la policromía de los mosaicos, los paños de sebka; es decir, con su intrincada red de rombos sin calados, primorosamente trabajados en yesería; todo forma un bello interior que, si no alcanza la exuberancia del período andaluz Nazarí, lo recuerda, lo recrea y le hace un bello homenaje” (Luis Llach: En busca de las ciudades y la arquitectura en América ).

Referencias:

  • Universidad de Barcelona (ed.). «Refuncionalizaciones polémicas, plazas de toros y arquitectura neomudéjar: algunos ejemplos en España». Consultado el 24 de noviembre de 2009.
  • UNED (ed.). «Neomudéjar versus neomusulmán: definición y concepción del medievalismo islámico en España.». Consultado el 23 de julio de 2012.
  • Reportaje de La Nación El neomudéjar. La estética historicista española que dejó su huella en San José. 17 nobiembre 2013.

Algunas Características de la Arquitectura Costarricense Por Juan Bernal Ponce.

Resumir los momentos descollantes de la arquitectura costarricense en tan breve espacio sería un intento temerario; por ello sólo anotaremos algunas de las características peculiares, si cabe decir, características costarricenses, de la arquitectura de los períodos llamados colonial, republicano y victoriano. Antes de responder a la pregunta ¿existe una arquitectura costarricense?, que sirve como título a esta conferencia, anotaré algunos conceptos básicos en que se basa la respuesta:

-En determinados períodos y lugares se generó una manera propia de construir, un estilo, sea este Egipcio, Griego, Gótico. Estas civilizaciones tuvieron capacidad de difusión cultural, y estos estilos fueron adoptados por otras naciones.

-Muy pocos estilos de arquitectura son exclusivos de un solo país; al difundirse forman parte de vastas tendencias regionales y continentales. Así sucedió con el estilo “barroco eclesiástico”, que vino de España y tomó en América innumerables formas. Seguir leyendo Algunas Características de la Arquitectura Costarricense Por Juan Bernal Ponce.

Período Contemporáneo (1980-2011) de la Arquitectura en Costa Rica

A partir de 1972 abrió la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica, primera en el país, con la visión de crear una arquitectura responsable con el entorno, liderada por los arquitectos Rafael Ángel García, Jorge Bertheau y Edgar Brenes. El primer arquitecto graduado fue Ibo Bonilla en 1977, y con él se integraron al medio nacional nuevas generaciones de profesionales que se caracterizaron por mantener una actitud de diseño experimental, interesados en contribuir con la resolución de los problemas nacionales. Antes de finalizar el siglo, otras universidades públicas y privadas habían abierto la carrera de arquitectura.

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Plaza de la Cultura, San José (sitio webelsalvador)

Alrededor de 1980 la industria turística del país recibió un nuevo impulso, favorecida por los procesos de paz de la región, la sensibilización del turismo internacional hacia los recursos naturales y la biodiversidad, y por la promoción de las políticas de conservación de áreas silvestres y de parques nacionales dictadas por el Estado en la década anterior.​

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Edificio Ovni, San José. (Grupo Yoses)

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Período Republicano (1848-1920) de la Arquitectura Costarricense.

La vida como república se empezó a consolidar con la exportación e importación, en especial la exportación de café, cacao y banano (de hecho hasta 1840 no circuló moneda y las transacciones se hacían con granos de cacao) y cada uno tuvo un impacto específico y duradero en la arquitectura local.

El café de Costa Rica empezó a cultivarse de manera generalizada en la década de 1830, sobre todo en San José. Las primeras exportaciones fueron hacia Chile y posteriormente alcanzaron el mercado de Gran Bretaña.

En Costa Rica, el cultivo comercial del banano inició a mediados de la década de 1880. Fue desarrollado por el estadounidense Minor C. Keith, quien había obtenido un contrato con el Estado para terminar el ferrocarril que comunicaría la parte central del país con el puerto caribeño de Limón. El contrato aseguró a Keith la explotación del ferrocarril y de 800.000 acres de tierra en diversas partes del país durante 99 años.

Basílica de los Ángeles en Cartago, Luis Llach, 1890. El santuario data de 1635 y es el objetivo de la mayor peregrinación anual del país por bendiciones de la «Negrita».

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Período Colonial Español (1560-1848) de la Arquitectura Costarricense.

A principios del siglo XVI, justo antes de la llegada de los españoles, la población del territorio actual de Costa Rica alcanzaba las 400.000 personas, la mayoría de ellas concentradas en el Pacífico Norte y en el Valle Central pero en 1611 esa población ya se había reducido a solo un poco más de 10.000 personas, un descenso de más del 90% en 42 años.

En 1523, Carlos V promulgó una serie de ordenanzas, las cuales determinaban que, siempre que se fundaran ciudades lejos de las costas, se repartieran “ plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor y sacando de ella las calles a las puertas y caminos principales”.

En 1564 se fundó y trazó la ciudad de Cartago en el valle del Guarco, en el lugar donde confluyen los ríos Purires y Coris . En 1575 fue trasladada al sitio donde se emplaza actualmente.  Junto a las dos únicas ciudades españolas que sobrevivieron durante gran parte del período colonial (Cartago y Esparza), estaban también los pueblos de indios Barva, Aserrí, Curridabat, Ujarrás, Pacaca, San Bernardino de Quepo y Nicoya.

La arquitectura eclesiástica de los siglos XVI y XVII era muy sencilla y estaba representada por los cuatro templos que tuvo Cartago en ese tiempo: la parroquia de Santiago Apóstol, la iglesia de San Nicolás Tolentino, el templo y convento de San Francisco y la iglesia la Soledad, la cual cumplía también funciones de beneficencia. De la misma época son el convento franciscano de Esparza y los templos de doctrina ubicados en el Valle Central y en la península de Nicoya.

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Iglesia San Nicolás Tolentino, Cartago

En un principio la estructura de los templos era de madera y paja. Después era de paredes de adobe y techo de teja y de una sola nave –con pies derechos cuando el ancho de la iglesia exigía ese apoyo–. Una espadaña o un sencillo campanario albergaba las campanas.

Iglesia de Orosi. Construida en 1743 por frailes franciscanos, está fabricada en gruesas paredes de adobe, posee una línea arquitectónica sencilla que le da un aspecto humilde y a la vez sobrio.

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Período de Cacicazgos (2000-1560 a.C.) de la Arquitectura Costarricense.

Durante esta época se empezaron a desarrollar redes de comercio a larga distancia. Las regiones del Caribe y el Pacífico Sur se insertaron al circuito comercial de Panamá, Colombia y Ecuador, mientras que la zona del Pacífico Norte se conectó con el circuito de México y el resto de Centroamérica. El Valle Central se relacionaba con ambos circuitos.

En la región arqueológica del Gran Chiriquí, específicamente en la confluencia de los ríos Sierpe y Térraba, en la zona conocida como Diquís (Pacífico Sur), se encuentran vestigios de asentamientos y objetos de manufactura especializada: esferas de piedra monumentales agrupadas en geometrías asociadas a fenómenos astronómicos y/o de orientación, que denotan avanzados conocimientos matemáticos, climáticos y tecnológicos, así como una complejidad social y económica para administrar grandes asentamientos urbanos.

Los arqueólogos insisten en que las “bolas de piedra” fueron símbolos de identidad y/o de autoridad,4​ situación que se ha mantenido por milenios, ya que en la actualidad todavía flanquean instituciones públicas, comercios y residencias, continúan presentes en el imaginario colectivo asociadas a la pintura, literatura y escultura, como en el caso de los arquitectos-escultores Jorge Jiménez Deredia5​ e Ibo Bonilla.

Los pueblos autóctonos crearon asentamientos como el área arqueológica de Guayabo, con un área de más de 250 hectáreas, montículos, espacios para uso ceremonial, doméstico y funerario, plazas, acueducto y calzadas de cientos de kilómetros conectando las principales rutas de comercio, vestigios de una civilización que se cree floreció entre los años 1.500 a. C. al 1400 d. C. El tipo de vivienda que utilizaban era el “rancho” (habitación rectangular o redonda, sin paredes, o con paredes construidas de cañas que dejaban pasar el aire y techo de dos aguas, que no llega al suelo, cubierto con hojas de palmera y culmina en la cúspide con una vasija de barro para evitar goteras) cuyo interior contaba con hamacas para socializar y dormir.​

Maqueta de una interpretación de una parte del asentamiento urbano en Monumento Nacional Guayabo, declarado Patrimonio Mundial de la Ingeniería.

El complejo fue declarado monumento nacional para su protección oficial y dada su importancia de desarrollo tecnológico, pasó a ser desde el año 2009, Patrimonio Mundial de la Ingeniería según la Sociedad Americana de Ingeniería Civil (American Society of Civil Engineers, ASCE.)​

En la Región Norte (actual provincia de Guanacaste), los chorotegas y nicaraos construían sus viviendas rectangulares con vigas, paja y piso de tierra. Las casas de los señores principales, llamadas por los conquistadores templos o palacios, eran más grandes y estaban ubicadas en la plaza principal o calle real.

Diorama que representa un palenque de los pueblos autóctonos del Valle Central y la región Atlántica de Costa Rica

Los españoles les llamaron palenques a los conjuntos de habitaciones fortificadas de los pueblos Quepoa, Coctú, Boruca y Torucaca, ubicados en el Pacífico Sur. Los describieron como fuertes defensivos, rodeados de empalizadas y con puertas a manera de puentes levadizos. En general estos núcleos se localizaban en sitios estratégicos, cerca de afluentes de agua y terrenos de labranza.​

El conquistador español Vázquez de Coronado describió las casas y el pueblo de Coctú de la siguiente manera:

“Tiene ochenta y cuatro casas puestas por buen orden: al principio de cada punto una casa y luego dos en triángulo, y sucesivamente va ciertas órdenes de a tres y luego cuatro en cuadra, asentadas cada casa de una de otra cuatro pies, antes menos que más y con gran compás; y entre cuatro casa se hace una placeta, a la cual va por callejones hechos a mano, porque las casa están altas del suelo como media vara de medir; En cada casa destas viven veyte y cinco vezinos con sus mujeres e hijos, y en algunas más y menos como tienen la familia. Caben en cada casa cuatrocientos hombres. […] Son redondas y las vigas que tienen de gordor de dos bracas; son de paja muy bien puestas y muy altas, y el remate de arriba a manera de chapitel.”2​

En la región del Caribe predominaba la vivienda circular con techo cónico (U Suré). Investigaciones recientes acerca de este tipo de vivienda (en especial en la baja Talamanca) ponen de manifiesto una amplia red de relaciones simbólicas, místicas y de convivencia, tanto en la escogencia de los materiales como en la construcción de las viviendas. Cada uno de los pasos refleja la cosmovisión indígena.

Referencias:

  • Altezor, Carlos. Arquitectura urbana en Costa Rica. Exploración histórica 1900-1950. Cartago, Editorial Tecnológica de Costa Rica, 1986.
  • Fernández, Andrés. Un país, tres arquitecturas. Art nouveau, Neocolonial Hispanoamericano y Art Decó en Costa Rica 1900-1950. Cartago, Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2003.
  • Troyo, Elena y otros. Historia de la Arquitectura de Costa Rica. San José, Fundación de Museos del Banco Central, 1998.
  • Fumero, Ana Patricia. El advenimiento de la modernidad en Costa Rica: 1850-1914. San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004. San José, Editorial Costa Rica, 1978.
  • González, Alfredo y González, Fernando. La Casa Cósmica Talamanqueña y sus Simbolismos. San José, Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED), 1989.
  • Gutiérrez, Manuel. La casa de adobes costarricense. San José, Departamento de Publicaciones de la Universidad de Costa Rica, 1972.
  • Gutiérrez, Samuel. Arquitectura Caribeña Puerto Limón, Bocas del Toro. Colombia, Editorial Escala Limitada, 1991.
  • Woodbridge, Richard. Historia de la Arquitectura en Costa Rica. Cartago, Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2003.
  • Fonseca Zamora, Oscar (1992). Historia antigua de Costa Rica: surgimiento y caracterización de la primera civilización costarricense. Universidad de Costa Rica. 

Etapas y Regiones de la Arquitectura Costarricense.

Aunque los procesos no son continuos, el desarrollo de la arquitectura en Costa Rica se divide en:

  1. Período Antiguo de la Arquitectura Costarricense (10000-2000 a.C.)
  2. Período de Cacicazgos (2000-1560 a.C.) de la Arquitectura Costarricense.
  3. Período Colonial Español (1560-1848) de la Arquitectura Costarricense.
  4. Período Republicano (1848-1920) de la Arquitectura Costarricense.
  5. Período Contemporáneo (1980-2011) de la Arquitectura en Costa Rica

Por sus influencias bioclimáticas el país se divide en Valle Central, región norte (llanuras de San Carlos, Río Frío, Sarapiquí y Santa Clara)caracterizadas como calientes y húmedas, región Caribe (Limón, Tortuguero, Baja Talamanca, Guápiles, Siquirres y Matina) de clima típico caribeño, región Pacífico norte (Guanacaste, Puntarenas, Esparza, Orotina, Garabito y Quepos) caliente y seco, y región Pacífico sur (Valles del General, Diquís, Coto Brus, Coto Colorado y Península de Osa) de clima que oscila entre caliente muy húmedo a moderado al interior.2​

El sector predominante es la región central, consistente en una fosa tectónica llamada popularmente Valle Central (por estar rodeada de montañas), con una altura media de 1.200m sobre nivel del mar, temperatura modal de 24 grados Celsius, humedad ambiental media de 60% y régimen pluvial entre 1.500 y 3.000 milímetros anuales y que aglutina el 62% de la población en un 16,7% (8.528.400 km2 ) del territorio nacional donde se concentran las ciudades de mayor tamaño, comercio y servicios administrativos: su capital San José, Alajuela, Heredia, Cartago y otras emergentes como San Ramón, Palmares, Grecia, Barva, San Rafael, Santa Bárbara, Santo Domingo, Tibás, Moravia, San Isidro, Desamparados, Alajuelita, San Pedro, Curridabat, Tres Ríos, Paraíso y otros

Referencias:

  • [1] Elena Troyo y otros (1998). Historia de la arquitectura en Costa Rica. Fundación Museos del Banco Central. ISBN 9968-9795-4-6.
  • [2] |Junta de Andalucía: Guía de arquitectura y paisaje de Costa Rica. id=ISBN 978-84-7595-283-3
  • [3] |Guía Histórica de Costa Rica, Arquitectura

Antigua Casa Presidencial

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1955

El asentamiento de la élite se asentó en los alrededores de esta calle, comenzó a fines de 1870 con la construcción de la vivienda del dictador liberal Tomás Guardia (promotor del ferrocarril al mar Caribe).

Su casa se usó después para albergar las oficinas centrales de la yUnited Fruit Company, y por algunos años fue la Casa Presidencial.

Hoy en este lugar se encuentra el Tribunal Supremo de elecciones.

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Tribunal Supremo de Elecciones, Paseo Las Damas.

El San José de antaño con sus iconos arquitectónicos.

El símbolo arquitectónico de San José por excelencia, desde que fue inaugurado en 1897, ya no fue la Catedral o el Palacio Nacional sino el Teatro Nacional, orgullo también “nacional” —aunque para ese entonces pocos lo conocían en otras partes del país—. Según algunos viajeros, a la mitad del precio (todos especularon entre un millón de colones, francos, libras esterlinas, dólares su costo) hubiera cumplido las mismas funciones, ya que permanecía la mayor parte del año cerrado, demasiado rico para una capital periférica y para el deleite de una microscópica élite.Resultado de imagen para teatro nacional, foto antigua

Como opinaba Frank Carpenter en 1925: “Fue para los ricos y las clases pudientes de San José que este teatro fue construido. Ni un décimo de la población del país vive en la capital, y de estos no más que un décimo son los que pueden pagar para ir al teatro.”

George Palmer Putnam, azorado de la “suprema extravagancia” del Teatro, para un pueblo aislado de 40, 000 habitantes, entrevistó al político más popular entre los viajeros y pidió su opinión al respecto: Cleto González Víquez. Aunque éste, indudablemente estaba orgulloso del progresismo del teatro, en su opinión: “la mitad del dinero nos hubiera dado un amplio y buen teatro para San José. Y piense en los caminos que el otro medio millón nos hubiera dado.” González explicó al Putnam que un coche no podía avanzar más de una docena de millas desde el Teatro Nacional en dirección a los alrededores de la ciudad por la falta de buenos caminos. A pesar de las críticas, en lo que todos coincidieron fue que el lujo y la arquitectura interior y exterior del Teatro Nacional, lo situaban entre los mejores de la América Latina y era digno de cualquier ciudad en Europa (el mayor halago que podían hacer los extranjeros a las élites). Aunque el Teatro abría sus puertas cuando llegaba alguna compañía extranjera, también fue utilizado para los eventos sociales de la burguesía, como los bailes a los cuales se refirió la inglesa Lilian Elwyn Elliott en 1925: “El baile anual que ofrece el Presidente es la función social por excelencia en San José, donde las verdaderas hermosas josefinas (mujeres de la élite de San José) hacen su entré e en sociedad.”

En orden de importancia mencionaron el Asilo Chapuí

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Asilo Chapuí

(en la Calle a la Sabana), que más parecía a la residencia de un multimillonario rodeada de fuentes y jardines en las afueras de la ciudad, que a un hospital. Equipado con todas las facilidades modernas, al asilo los viajeros iban en “visita guiada”, conducidos por las personalidades médicas del hospital que se enorgullecían de mostrar los últimos avances en materia de salud, higiene e infraestructura moderna que se financiaba con la Lotería Nacional. La australiana Winifred James que estuvo en San José en 1912 quedó tan gratamente sorprendida del asilo que manifestó: “Si yo estuviera loca, escogiera estar loca en San José, ya que jamás he visto o escuchado o incluso soñado con un Asilo para dementes como el que hay ahí.”

Y Frank Carpenter rememoró de manera jocosa la anécdota que un compatriota suyo le contó acerca del asilo: “fácilmente comprendo porque los costarricenses necesitan un asilo para dementes. Será para internar a los hombres que convencieron al pueblo de construir el teatro.” Por supuesto, que estas no fueron más que fachadas “guiadas y jocosas” que no patentizaron las duras realidades cotidianas que vivían las y los internos del asilo. Los comentarios sobre el teatro y el asilo así como otros edificios modelo en San José, también revelan el fuerte prejuicio del extranjero occidental que por un lado criticaba la uniformidad de la ciudad como una prueba del atraso en la ciudad, y por otro, cuando conocían algunos nuevos edificios públicos que sí reunían esos requisitos modernos y eran “prototipos de la modernidad arquitectónica y de la higiene”, se mofaban como una pequeña capital podía pretender tal aspiración que no iba acorde con sus posibilidades económicas, ni con su escasa población y posición periférica.

En la década de 1900 según los viajeros, además del Teatro y el Asilo, los edificios más representativos en la ciudad fueron el Palacio de Gobierno, la Catedral y el Palacio Episcopal, el Museo Nacional, el Liceo de Costa Rica, el Colegio Superior de Señoritas, el Edificio Metálico, el Colegio Seminario, la Penitenciaría, el Hospital San Juan de Dios, el Banco de Costa Rica, el Matadero Municipal, entre otros. A medida que se construyeron nuevos edificios cobraron también relevancia como la Biblioteca Nacional o el Edificio de Correos. El Museo Nacional, no por su edificio, sino por sus ricas colecciones de arqueología y de la flora y fauna del país fueron altamente valorados por su la diversidad y el tamaño de las colecciones. Elliott señalaba que la excepción en Centroamérica era Costa Rica que tenía en un museo los tesoros artísticos, históricos y etnográficos del país, contrario a Guatemala o México cuyas grandes ciudades mayas o aztecas en el exterior no necesitaban de museos. A pesar de ello, Elliott resaltó que: “en cuanto a la habilidad y precisión en trabajos en piedra y a la perfección del arte cerámico, Costa Rica no tiene comparación. Iré más largo y afirmo que hay ciertos ejemplos de cerámica al sur de Costa Rica, del tipo Chiriquí, que son los especímenes de cerámica más finos producidos sin el uso de la rueda, que el mundo haya visto.”

Es evidente, que la diferencia, al menos de la fachada de la ciudad, con respecto al siglo anterior fue una mayor complejidad en el espacio urbano. La capital, sede de la “nación”, con nueva infraestructura, servicios públicos y arquitectura, que además de convertirse en símbolos arquitectónicos y puntos de referencia en la ciudad fueron también la expresión material del proyecto liberal que incluyó diversos ámbitos como la educación y la salud, entre otros.

En el siglo XIX, resaltaban sobre la cuadrícula de adobe y teja las torres de la Catedral y el Palacio Nacional en el corazón originario de la ciudad colonial. La polvorienta Plaza Central, rectora del espacio público en la mayor parte del siglo XIX y sede del activo intercambio comercial del Valle Central reflejado en el mercado de los sábados, definía la jerarquía urbana y social.

Pero en el siglo XX, aunque la ciudad de un piso de adobes y tejas perduraba en la impronta urbana, San José a vista de pájaro, aparece ahora más extendida, con un espacio urbano más especializado, comunicada por un tranvía eléctrico y el ferrocarril. Una ciudad, con nuevos espacios públicos, parques arborizados y enzacatados, con nueva infraestructura y nuevas reglas sociales para su uso, en cuyos jardines se instalaron los nuevos monumentos de campañas y héroes nacionales, pilar ideológico del proyecto liberal y de la creación de un nuevo espacio cívico en la ciudad. Las entradas a San José, fueron desde finales del siglo XIX dos paseos arborizados que conectaban a la ciudad con los suburbios. Y las élites se segregaban en barrios exclusivos, al mismo tiempo, comenzaban a consolidarse al sur y noroeste de la ciudad los primeros barrios populares (aunque los viajeros escasamente lo señalaron).

Referencias:

  • Quesada Avendaño, Florencia. Modernización entre Cafetales.

Monumento a Juan Santamaría

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El Gobierno del Lic. Bernardo Soto Alfaro (1886-1889) dispuso, mediante el Acuerdo N.º LXXXIII del 8 de junio de 1887, erigir en la ciudad de Alajuela un monumento a la memoria de Juan Santamaría, para perpetuar de ese modo el recuerdo glorioso de aquel héroe de la Campaña Nacional de 1856.
La decisión de la estatua reveló que el pueblo costarricense no fue un actor marginado como en los demás países centroamericanos, sino que supo levantar la bandera de la reivindicación de su propio héroe y darle su lugar aunque fuera de origen humilde.
El 28 de julio de 1887, el Congreso Constitucional de la República asignó la cantidad de cinco mil pesos del tesoro público para auxiliar la construcción del monumento referido (Decreto No. L). Finalmente, por Acuerdo N.º CXCI del 22 de agosto de 1888, se dispuso que el monumento de Juan Santamaría se erigiera en una nueva plaza que se haría al sur de la plaza principal de Alajuela. 
El diplomático costarricense Lic. Manuel María Peralta Alfaro encomendó al escultor francés Arístide Croisy, la elaboración de la estatua de Juan Santamaría. Arístide Croisy de origen campesino, nació en Ardennés, región fronteriza del norte de Francia. La guerra franco-alemana de 1870-1871 que le tocó vivir marcó con fuerza al artista en sus temas patrióticos con los cuales triunfó en su brillante carrera artística. 
La estatua la fundió Durenne y se hizo de bronce indestructible para simbolizar la inmortalidad. En la estatua, el soldado Juan, en sandalias y sin dejar el fusil-bayoneta, levanta la antorcha. En los dos bajorrelieves adyacentes, firmados por Gustave Deloy, se le ve salirse del rango al hacerse la pregunta ¿quién quiere quemar el Mesón? Y luego, en el segundo bajorrelieve tiene lugar el incendio del Mesón y la muerte de Juan.
El pedestal está rodeado de follajes de palmas,robles y laureles, símbolo de la gloria con el escudo de Costa Rica; las máscaras de leones representan la fuerza y la soberanía nacional. La inscripción reza así: Juan Santamaría, 11 de abril de 1856. Monumento erigido por suscripción pública, con el concurso del gobierno, al héroe muerto por la patria en la Batalla de Rivas de la guerra nacional contra los filibusteros”. 
Con dos cañones de 1886 —manufacturados en Francia— termina la configuración de un verdadero monumento democrático a los caídos, en donde sobresale la estatua de Juan Santamaría en su pedestal. Levanta la antorcha que fue real y también se vuelve símbolo de soberanía y libertad. 
El 15 de setiembre de 1891, durante la Administración del Lic. José Joaquín Rodríguez Zeledón (1890-1894), se inauguró la estatua de Juan Santamaría en la ciudad de Alajuela. Junto a la representación oficial exteriorizada en los discursos del secretario de Guerra, don Rafael Yglesias Castro; del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Lic. Ricardo Jiménez Oreamuno, y del representante de la Municipalidad, don Marcelino Pacheco, en un mar de banderas, el pueblo acudió de muchos lugares de la República. Testimoniaba que antes había contribuido recogiendo dinero para financiarla, ahora exteriorizaba su júbilo por el reconocimiento definitivo al héroe nacional.
Referencias:
  • Historiadora Laura María Rivera Figueroa.
    Departamento de Servicios Parlamentarios Asamblea Legislativa,2010.

Parque Nacional y el Monumento Nacional, San José, 1851-1900.

En 1873 se habilitó un espacio público como parte de los terrenos aledaños a la Terminal del Ferrocarril del Atlántico, convirtiéndose en un importante punto de desarrollo en la ciudad.

Dicho lugar adquirió el nombre de «Parque Nacional» en 1895, tras ser elegido para la instalación del Monumento Nacional, un homenaje a la Campaña Nacional de 1856-1857, un conflicto bélico contra el filibustero William Walker. 

1919-Fotografía de Manuel Gómez Miralles.

Este Parque emblemático se ubica en Avenida Las Damas, Ave. 3, Calles 15 y 19, San José.

Parque Nacional en San José 1929(M.G.Miralles)
1939 Costado Sur Parque Nacional, Fotografía de Gino Lacangero.

Constituye en uno de los espacios abiertos más relevantes de la capital que en sus inicios se conoció como la Plaza de la Estación, nombre dado en razón de su cercanía a la terminal del Ferrocarril al Atlántico.

1937. Fotografía Jorge Salazar

El Monumento Nacional; conjunto escultórico que incidió en el cambio de nombre al parque. El mismo ha sido escenario de importantes celebraciones patrias a lo largo de este siglo.

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Primera Iglesia Evangélica Centroamericana

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Situada en Avenidas 6 y 8, Calle 1

En Febrero de 1891, arribaron a Costa Rica Guillermo Mc Connel y Minne Mc Connel. Pareja de misioneros originarios de la ciudad de Dallas, Texas, Estados Unidos. Buscaban evangelizar en lengua castellana y para tal fin se establecieron en la ciudad de San José. Pronto adquirieron un terreno y luego lograron levantar un templo en ladrillo, con dos edificaciones adicionales en madera, a lo interno del solar. Las edificaciones de madera fueron utilizadas como casa del pastor y aulas para la escuela dominical. Ellos fundaron la Primera Iglesia Evangélica Centroamericana en habla castellana. Con el paso del tiempo, la congregación se proyectó a distintas comunidades del país con los más variados nombres.

A inicios de la década de 1950, la congregación tomó la decisión de levantar un nuevo templo, que fuera más grande y adecuado para la cantidad de fieles que asistían a los servicios religiosos. Posiblemente en 1955 se demolió la antigua iglesia y para el 31 de Diciembre de 1956, el Pastor David Lewis (estadounidense) inauguró en el mismo sitio la actual iglesia. En la década de 1960, la conducción del templo fue asumida por un pastor costarricense.

El inmueble fue construido con una estructura de concreto armado y paños de fachada en bloques de concreto, erigiéndose gracias al trabajo voluntario y el aporte económico de los fieles. Se dice que para la elaboración de los bloques de concreto se tuvo que importar una máquina de los Estados Unidos, por cuanto no había muchas de este tipo en el país. El templo posee un diseño arquitectónico muy sencillo, tanto en lo externo como en lo interno. Las paredes internas carecen de ornamentación y en ellas únicamente podemos apreciar los ventanales. Cada pared lateral cuenta con un juego de tres ventanales, que a su vez se dividen en tres secciones, poseen un estilo francés y los pequeños cristales que los conforman son trasparentes. Al fondo sobresale el espacio del escenario en donde se ubica un grupo musical los días de culto y en cuya pared se instaló un ventanal circular, similar a un rosetón y con vidrios de colores. Los pisos son de mosaico en tonos crema y gris, reservándose el gris para crear una alfombra central que conduce del pórtico de entrada hasta el escenario. Su capacidad es de trescientas personas que se distribuyen entre la planta baja y en el mezanine localizado en la parte frontal del inmueble. Al costado Sur del templo y adosado al mismo se ubica la Casa Pastoral, hoy día ocupada por unas oficinas. En la parte posterior del templo, se construyó un comedor con cocina y unas aulas para la escuela dominical.

Referencias:

  • Centro de Investigación y Conservación del  Patrimonio Cultural. Ministerio de Cultura. Carlos Ml. Zamora Hernández.
  • Fotografías varias de Internet.

Edificio de la Librería Católica, San José

Librería catolica sj
Fotografía Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural

 

Ubicada en Avenida 4, Calle 1 se levanta una enorme casona solariega, con patio central y de influencia colonial, que perteneció al comerciante e inmigrante cubano-español Francisco de Mendiola Boza. La vivienda se mantuvo dentro del ámbito de la familia durante la mayor parte del siglo XX y hacia mediados de ese siglo. Una de sus propietarias estableció en parte de la edificación, la Escuela de Comercio Isabel de Mendiola, para impartir clases de mecanografía. A mediados de la década de 1980, Isabel de Mendiola Zaldívar vivía sola en la casona y al morir  heredó el inmueble a las Temporalidades de la Iglesia Católica. En 1991, los nuevos dueños sometieron la vivienda a un proceso de remodelación y acondicionamiento para instalar la Librería Católica, que hasta ese momento se ubicaba en el sector del sótano de la Curia Metropolitana.

Entrada principal

Hoy día, también funcionan en el inmueble conocido como “anexo de la Curia”, algunas oficinas  administrativas,  la  pastoral familiar,  la  catequesis y Radio  Fides.

Descripción arquitectónica:

Las paredes externas de la vivienda son de ladrillo y las internas de tablilla biselada. El ingreso principal da al bulevar de la calle 1. Un amplio recibidor crea un espacio sumamente agradable con detalles de ornamentación muy elaborados en el cielorraso y de clara influencia morisca; mientras que los zócalos de las paredes de esta sección, presentan trabajos artesanales en madera sumamente detallados. Posee otro acceso sobre la avenida 4 y posiblemente por este sector entraban carretas y caballos, provenientes de sus fincas en Puriscal; pues todavía en la década de 1980 subsistían en la parte posterior de la vivienda, aperos, monturas, arneses y otros implementos empleados para los caballos y carruajes de su propiedad. El patio central es bastante amplio, de forma cuadrangular y está bordeado por un pasillo perimetral provisto de balaustrada de concreto. El patio, en tiempos de los Mendiola era enzacatado y con árboles de limón dulce. Los actuales dueños lo tapizaron en mosaico rústico y le instalaron en el centro una fuente. Las antiguas habitaciones fueron convertidas en oficinas y en algunos casos sus pisos de madera cambiados por terrazo.Los pisos de los corredores son de terrazo con decoraciones y posiblemente correspondan a una remodelación de la década de 1970 y los de la entrada principal son estéticamente los más valiosos por su diseño floral o de motivos geométricos. La cubierta es de láminas de hierro galvanizado y todo el sistema de cerchas es de metal, como producto de las remodelaciones implementadas por sus actuales dueños. El horario de atención de la librería es de 8 a.m. a 5 p.m.

Patio Principal

Referencias:

  • Carlos Manuel Zamora Hernández. Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural. Ministerio de Cultura.
  • Fotografías de Fuera del Aula. Blog

Ermita de Copey de Dota, San José, 1901-1950…ya extinguida por el fuego!

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Imagen relacionada
Iglesia de Copey de Dota (Fotografía Andfer.com)
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Destruida por un incendio (La Nación)

La iglesia de Copey de Dota, construida en 1928, era una edificación sencilla, que como otras del área fue construida con estructura de madera y forro exterior de chapa metálica, con un trabajo interior artesanal en tablilla de madera que cubre los paños y también separa sus tres naves con dos muy logradas arquerías en ese mismo material. Esas y otras características apuntan a clasificarla dentro de esa arquitectura victoriana criolla, tan propia de nuestras áreas rurales.  

Así, de clara tipología eclesial, su nave central ostenta al frente una sencilla torreta de campanario de base cuadrangular y cubierta piramidal rematada por un campanil, que posee tres óculos circulares y destaca sobre la cubierta a dos aguas.

Posee además un modesto pórtico de arcos rebajados, mientras en el resto del edificio, las puertas y ventanas son de arco de medio punto. Más antiguos, a juzgar por sus materiales rollizos, son dos sencillos cuerpos posteriores que completan el contenedor y cumplen el papel de sacristía y confesionario.

Fue declarada patrimonio histórico arquitectónico mediante Decreto N° 28296-C de La Gaceta N° 239 del 9 de diciembre de 1999, lo que constituye un intangible legado cultural.

Lamentablemente dicha iglesia fue destruida por un incendio, que la consumió en la madrugada del 06 de agosto de 2017.

Referencias: