Archivo de la categoría: CULTURA COSTARRICENSE

Montado en la Carreta!

Cuando Costa Rica organizó el transporte de café de San José a Puntarenas, principalmente a finales del siglo XIX y principios del XX, eran no cientos, sino miles, las carretas que llevaban el café hasta el puerto.

Miles de boyeros. Por ejemplo, en determinado momento, Costa Rica llegó a exportar hasta 440.000 quintales anuales de café por la vía a Puntarenas. Cada carreta transportaba 10 quintales, lo que significa que se necesitaban más de 40.000 viajes de carreta hacia Puntarenas en cada cosecha. Una carreta necesitaba 8 días para ir y 8 para regresar y se exportaba el café durante enero, febrero, marzo y abril. En cuatro meses, había que transportar esa cantidad de café. Un carretero, entonces, haría unos 4 ó 5 viajes por temporada, por lo que estamos hablando de entre 8.000 y 10.000 carretas las que participaban en la exportación de café.

Se comprenderá entonces que eran interminables las filas de carretas que iban hasta Puntarenas a dejar el café o que volvían hacia San José. Y este tránsito tenía que ser muy ordenado, si se considera lo angosto de la carretera, los daños que estas sufrían y la topografía.

Aunque en la actualidad aquello podría parecernos algo muy sencillo, tenía sus complicaciones. Por lo tanto, el Gobierno estableció un reglamento sobre cómo debían ser conducidas las carretas y sobre el comportamiento de los boyeros. Para el cumplimiento de dicho reglamento, el Gobierno estableció una policía de carreteras, a caballo, la que constantemente patrullaba en uno u otro sentido para vigilar el cumplimiento cabal de las normas establecidas en el reglamento.

Una de las normas indicadas era la prohibición absoluta de conducir la carreta montado en ella. Esto es, como si fuera un coche de caballos. El reglamento estipulaba que el boyero debía ir al frente de su yunta de bueyes, y no, como sucedía con frecuencia, que, al cansarse el boyero, se sentaba en la compuerta delantera de la carreta y dirigía los bueyes con los pies apoyados sobre el timón. Esa prohibición tenía su lógica pues, si los bueyes no sentían la presencia de su amo, podían espantarse y causar un accidente en aquellas interminables filas de carretas, una muy cerca de la otra.

Múltiples excusas. Ahora bien, era práctica habitual de los boyeros tomar mucho licor durante el viaje. Ya fuera por el frío en las largas noches, por el calor en el día, por cualquier celebración, por cualquier pena que sobrellevar, por lo que fuera, pero tomaban mucho guaro. Cuando estaban tan ebrios que no podían sostenerse en pie, no les quedaba más remedio que montarse en la carreta y dirigir desde allí a los bueyes.

Cuando la Policía los sorprendía en esa situación, de inmediato les ponía una infracción que implicaba una multa, la cual debía ser publicada en el diario oficial. Es así como, en La Gaceta Oficial de la época (1870-1890), se pueden encontrar largas listas con ese tipo de infracciones, que dicen más o menos así:

“Fulano de tal: Un peso de multa por ir montado en la carreta”.

Esto significaba que se había sobrepasado en la ingesta de licor, lo que lo obligaba a abandonar su puesto al frente de sus bueyes. De esta manera se fue asimilando la expresión “estar montado en la carreta” con el estar ebrio, ya que la frase por sí sola no tienen ninguna relación con esa condición.

Era prohibido ir montado en la carreta.

Así trascendió hasta nuestros días. Y los que alguna vez nos “montamos en la carreta” ni idea teníamos de que estábamos emulando la acción de aquellos pioneros que, con sus viajes al puerto, ayudaron a crear la Costa Rica de hoy.

Referencias:

Imágenes ilustrativas, fotografías de Internet.

Costarriqueñismos de Costa Rica.

Mi C.R. de Antaño, Maritza Cartín E.

José Fidel Tristán Fernández, Naturalista y Profesor, 1874-1932.

José Fidel Tristán Fernández.

Nació en la ciudad de San José el 6 de setiembre de 1874. Fueron sus padres don Fidel Tristán Céspedes y doña Práxedes Fernández Acuña.

Fidel Tristán Céspedes, padre de José Fidel.

Principió sus estudios primarios en 1880 con el maestro don Jorge Sequeira. Dos años después frecuentó la escuela privada del Presbítero don Bruno Sequeira y luego estudió con don Francisco Picado y con don José Dolores Morales, hasta ingresar, en 1886 en la Escuela Normal y Modelo. Ya por este tiempo montó en su casa de habitación un observatorio meteorológico, cuyas anotaciones vieron la luz en 1888, siendo el primer trabajo suyo que se dio al público.

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Los gritos de la ira! (cuento)

La repela en el cafetal fue terminada en esa tarde. Los jornaleros recibieron el pago, fueron recibiendo los reales en sus manos manchadas del café, las carretas rebozaban del fruto maduro y hacia el oeste el sol dibujaba moribundos destellos de un rojizo encantador.

Por el camino pedregoso y oscurecido, iba caminando Bernardo Acosta de regreso a su rancho. Llegando al bajo por donde se unían las dos quebradas del cafetal, dos siluetas apenas se dejaron distinguir entre la penumbra de esa tarde veraniega. En ese instante a Bernardo Acosta se le clavó una estaca en su corazón. Nunca regresaba por ese camino hacia su rancho, sin embargo esa tarde quiso refrescarse en las aguas de las quebradas

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San José de 1881!!!

Crónica de Francisco María Núñez

Hoy tenemos gracias al periodista-historiador don “Paquito” Núñez, un trocito de nuestra historia urbana, quien rescató a través de sus publicaciones desde 1922, elementos característicos de nuestra ciudad, con una rica descripción urbana, calles, edificios, situación política así también con las bellas costumbres de nuestra COSTA RICA ANTIGUA Y SU HISTORIA

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Caja Costarricense del Seguro Social, su historia.

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), también conocida como la Caja o el Seguro, es la institución pública encargada de la seguridad social en la República de Costa Rica. Su sede central está ubicada en la ciudad de San José, entre las avenidas segunda, cuarta, las calles quinta y séptima.

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Anécdota del Escritor Aquileo J. Echeverría.

EN la primera administración del Licenciado don Cleto Gon­zález Víquez, el poeta y escritor Aquileo J. Echeverría fue llamado a desempeñar una posición oficial.

A la Casa Presidencial llegaban constantemente chismes rela­cionados con las llegadas tardías del poeta a su oficina y la mala voluntad que le tenía al trabajo.

Una mañana se presentó don Cleto, sin previo aviso, a la ofi­cina en que trabajaba Aquileo, y faltando quince minutos para la hora de entrada. Pasó y se sentó en el escritorio de Echeverría. Trans­currieron dos horas y el empleado no aparecía. De repente se pre­senta jadeante, despeinado y sudoroso ante la figura venerable de don Cleto, y sin permitirle que gesticulara palabra, le dijo:

—”Don Cleto, vengo de la Casa Presidencial y de todas par­tes buscándolo a usted para pedirle un favor de mucha urgencia”.

El Licenciado González Víquez, aquel hombre a quien el pue­blo de Costa Rica honró con el título de “Padre de la Democracia Costarricense”, le contestó al poeta:

—”¿De qué se trata, Aquileo?”.

—”Nada, don Cleto. Sencillamente que necesito de usted diez colones”…

Don Cleto, sonriente, le dijo:

—”Aquí los tiene poeta; ESO ME PASA POR ZACALAS”.

Referencias:

Anecdotario Nacional.

La Gastronomía Costarricense

La gastronomía de Costa Rica reúne las costumbres y usos culinarios de los habitantes de dicho país, y es parte de su identidad nacional.

A nivel sociocultural, se trata de una cocina con un intenso mestizaje, fuertemente condicionado por su entorno tropical, y muy próximo a la dieta mediterránea a causa de una mezcla basal entre grupos sudeuropeos, levantinos y sefardíes. Existen también notables aportes de origen africano, indígena, afroantillano, oriental, latinoamericano y de otras partes de Europa.1​2​3​

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El Duelo, Cartago, 1870.

Ciudad de Cartago, Costa Rica , 1870.
Sobre las calles adoquinadas, la sombra de un carruaje se proyectó sobre la bruma que poco a poco se fue disipando para dar paso a una llovizna apenas ligera. Los caballos dirigían el coche a todo galope a la plaza principal. En su interior un elegante hombre de avanzada edad observaba detrás de la ventanilla, la hermosa iglesia de San Nicolás en cuya fachada resaltaba un bello vitral , que había sido traído en barco desde España. Al paso del carruaje el frío viento congelaba su mirada inquisidora que en conjunto con su fruncido seño le daban aspecto de un furioso dios mitológico. Era necesario, según él acabar con aquella aventura desbocada, restaurar el orden natural, limpiar el honor mancillado. Se batiría en duelo con el amante de su mujer.

Ella al lado suyo lloraba desconsoladamente, deteniendo las lágrimas que rodaban en su mejilla con un pañuelo de seda bordado con finos encajes y pedrería. Pertenecían ambos a familias del más alto abolengo de la ciudad. Por muchos años fueron felices uno al lado del otro, hasta que por órdenes del gobernador de Cartago, el marido fue enviado en misiones diplomáticas a Chile relacionadas con el comercio del café e intercambio de bienes suntuarios con aquel lejano país. Ella pasaba meses enteros sumida en soledad en su elegante mansión cercana a la plaza mayor de la ciudad, hasta que un día un amor secreto entró como viento tempestuoso en su corazón, aquel que le daría un nuevo motivo para alegrar sus mañanas y provocarle hermosos sueños al anochecer. Pero aquella felicidad prohibida acabaría pronto al ser sorprendidos besándose en el solar de la residencia por su propio marido que acababa de llegar de uno de los viajes por el cono sur.

Iglesia de San Nicolas, Cartago.

Al terminar la calle, un candil a medio iluminar sirvió de punto de referencia final para anunciar a los viajantes de que el destino había llegado. La plaza de artillería sería el escenario del duelo. Luego todo serían trajes empapados, lanzamiento de improperios, lluvia sobre los rostros, sombreros al aire, sangre en el suelo, pechos abiertos y llanto en el único rostro que se vio llorar por esos solitarios lugares, el de aquella mujer que vió morir a dos hombres. Uno que le dio prestigio y al menos una felicidad construida según las normas de una sociedad basada en el honor, el recato y las buenas costumbres y el otro al que no importó romper esas absurdas reglas para estar con él porque para el verdadero amor, según ella, las reglas no existían.

Al final de esa tarde en la llamada «Ciudad de las Brumas», mientras la neblina comenzaba a disiparse y convertirse en una lluvia ligera y las campanas de la Iglesia de San Nicolás daban las cinco en punto, dos gatillos habían sido accionados, dos balas salieron del cañón y dos pechos al mismo tiempo fueron perforados. Ambos murieron en el acto.

De la Pluma de Nadeo.

Mauro Fernández Acuña, Biografía, 1846-1905.

Mauro Fernández Acuña (San José, 19 de diciembre de 1843-16 de julio de 1905) fue un abogado, maestro y político costarricense. Fueron sus padres Aureliano Fernández Ramírez y Mercedes Acuña Díaz Dobles. Huérfano de padre desde temprana edad, fue su madre -que era maestra, así como lo fueron sus hermanas – quien se ocupó de su educación.

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La Novia del Presidente!


Que a cualquier persona le roben la novia o el novio, eso es un asunto mundano de todos los días. Pero que al hombre que fue tres veces Presidente de Costa Rica, Presidente del Congreso y Presidente de la Corte, le “den vuelta”, eso es un caso muy diferente e interesante, y máxime cuando el nuevo dichoso novio fue también otro mandatario.

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Historia de los Archivos Nacionales, San José, 1881.

Archivo Nacional, Zapote.

El Archivo Nacional de Costa Rica es una institución desconcentrada del Ministerio de Cultura y Juventud. Es la entidad rectora del Sistema Nacional de Archivos la cual administra el patrimonio documental costarricense y colabora con el control del ejercicio notarial del país. Sus fines son preservar y difundir el acervo documental, garantizar el acceso a la información, favorecer la transparencia en la gestión administrativa y sustentar la toma de decisiones. El trabajo con el patrimonio documental es una parte de su quehacer, pero no la única. Igual importancia tienen la rectoría del Sistema Nacional de Archivos y la custodia y facilitación de los documentos notariales.

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José Joaquín Mora Porrás, 1818-1860, biografía.

José Joaquín Mora Porras - Wikipedia, la enciclopedia libre

José Joaquín Mora Porras (San José, Provincia de Costa Rica, 21 de febrero de 1818 – San Salvador, El Salvador, 17 de diciembre de 1860) fue un político y militar costarricense, hermano de los presidentes de ese país Juan Rafael Mora Porras y Miguel Mora Porras.

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UNA BARANDA PARA SEBASTIÁN.

A continuación deseo compartir con la comunidad Mi C.R. de Antaño los cuentos del señor Mauricio Perva, un excelente escritor costarricense y quien me ha entretenido en gran manera con su manera tan real de narrar sus bellas historias…

El vapor había llegado al puerto de Limón en aquella cálida y húmeda tarde de mayo, las maletas estaban dispuestas en la entrada de la estación del ferrocarril. Sentados en la larga banca metálica estaba esa familia europea recién llegada. Fue una travesía larga y agotante. Habían salido desde España, huyendo del embate bélico que había iniciado un año atrás en el Imperio Austro-Húngaro. Ahí estaba sentada la madre con sus seis meses de gestación, una española nacida en Alcalá de Henares de bellos cabellos castaños que caían hasta su cintura. Al lado de la mujer que pasaba los treinta años, estaba pensativo y tan serio aquel mozo nacido en Viena, de bigote prominente, de evidente calvicie y de porte impecable desde su fina camisa color blanca, hasta sus botas de cuero con broches metálicos, y al otro extremo de la banca color verde, juguetones e inocentes, estaban tres niños rubios, de ojos celestes y tan parecidos a su padre. Junto a la madre, la única niña de aquel matrimonio -emparentado con la casa real de los Habsburgo de Austria-, tocaba con gran suavidad el fecundo vientre de su madre. Tenía aquella niña algo tan especial, había en su mirada ternura y amor. Era la hija mayor.

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El Cine en Costa Rica.

Fondo de cine | Instagram story template, Icon, Marketing concept

El cine de Costa Rica es la producción cinematográfica realizada en este país o fuera de él por profesionales costarricenses o con financiamiento principal de costarricenses. En la actualidad, la producción de cine en Costa Rica es modesta, predominando la producción de documentales, cortometrajes y la industria publicitaria. La creación de largometrajes ha sido más bien escasa, aunque a partir de la segunda década del siglo XXI ha ido incrementándose la producción de nuevos filmes de ficción, principalmente producción independiente.

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Teatro Universitario, Universidad de C.R., San José, 1950.

Fotografia de Pablo Molina, 2019.

Historia:
El Teatro Universitario surge a raíz del respaldo del Lic. Rodrigo Facio Brenes quien creyó en la validez y necesidad de integrar el teatro en el seno de la Universidad de Costa Rica, institución ligada a la creación, perpetuación y utilización del conocimiento de la cual era rector.

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