Iglesia de San Isidro Labrador. San Isidro, Vázquez de Coronado

Autor de la obra: Teodorico Quirós. 1930-1935

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Actualmente el Cantón de Coronado tiene una magnífica Iglesia, una obra de arte de estilo neogótico, que es realmente un monumento histórico arquitectónico de las generaciones pasadas. Antes de que se construyera este imponente templo existía una pequeña iglesia en el mismo sitio donde se edificó la actual, por ser considerada como un lugar apropiado, por ser una llanura, por tener una hermosa vista al valle de San José. El padre Rubén Fernández llamó al Arq. Teodorico Quirós y le encargó la confección de los planos de la nueva iglesia por los que cobró 4 mil colones, pero se le pagaron 3 mil 600 por un atraso que hubo. Seguir leyendo Iglesia de San Isidro Labrador. San Isidro, Vázquez de Coronado

Antigua Hacienda la Lornessa, Santa Ana. Hoy Centro de Conservación de Santa Ana

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Habitado muy escasamente desde el siglo XVII por españoles descendientes de los conquistadores, el sitio o paraje llamado Santa Ana lo componían, sobre todo, grandes fincas.
Fue una de esas haciendas, llamada Santana, la que le dio el nombre al lugar. Era más bien un punto intermedio entre Escazú y Pacaca (actual Ciudad Colón), que servía como lugar de reunión en la ruta que por ahí pasaba y comunicaba con el océano Pacífico y con Cartago. En el siglo XVIII, el cura Pomar y Burgos, uno de los fundadores de San José, instaló un oratorio en los predios de la que hoy conocemos como antigua hacienda la Lornessa, ocupada actualmente por el área recreativa Santa Ana, de propiedad estatal.
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La edificación original de la casa de la hacienda data de 1767. Es probable que esa construcción haya sido hecha de paja y que posteriormente se haya levantado la estructura de adobes que aún sobrevive, con sus marcos, barrotes y puertas de madera y su techumbre de caña brava y teja de barro. Por su configuración puede observarse fácilmente que lo construido en bahareque es un añadido posterior a ese volumen original, al igual que los corredores. Su contenedor es austero y fresco en su penumbra, apenas rota por pequeñas ventanas cuadradas. Posee las características esenciales de la construcción colonial y mestiza de adobes.

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Iglesia de Santa Ana

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Fotografía, Fotopaises.com

En l870, se inició la construcción del templo católico. Fue don Ezequiel de Jesús Morales quien sintió la necesidad del pueblo de Santa Ana de levantar un templo y cimentar el pensamiento religioso como rector moral. Pasando a la acción don Matías Robles regala la tierra. Don Ramón Pérez diseño y dirigió la construcción que a partir del 19 de marzo de 1870 creció hasta terminarse el 1880. En 1884 llegan las primeras imágenes, y por encargo de don Ezequiel de Jesús Morales.

En 1913 don Jorge Volio tuvo a su cargo la Parroquia y la adornó con finos ornamentos de Suiza. El padre Manuel Zavaleta le sigue y agrego el presbiterio y el coro, adquirió la imagen de San Isidro Labrador, construyó la gruta a la Virgen de Lourdes. El cura Miguel Ángel Benavides continuó la labor reparando el templo agrietado por lo temblores de 1924. En 1950 el Presbítero Wilfredo Blanco, cambia el diseño de las torres y coloca otras que cambiaron el diseño original. En 1957 llegó a Santa Ana el Presbítero Padre Chanito muy apreciado en el pueblo. Importó de Italia unas puertas de cedro que por su talla agregaron arte religioso y realce. El edificio actual aún recuerda la vieja iglesia, los muros de piedra, los sillares, las columnas de cedro de una pieza y el techo de teja, Los feligreses aprecian la visita al templo tan bonito y el pueblo agradece a sus iniciadores y demás padres por la constancia en conservarlo y sembrar la fe católica, que produjo gente buena.

Correos de Costa rica 
25 Marzo 2008, Martes 10:am 
Este día Correos de Costa Rica en un evento en la Iglesia de Santa Ana presentó a toda la comunidad santaneña el sello conmemorativo de la Iglesia de Santa Ana Edición limitada. Este es un proyecto de Correos de Costa Rica donde incluyo a las mejores Iglesias de todo el territorio nacional evento llamado Las Iglesias de Costa Rica.
El templo fue construido entre 1870 y 1881 con el sistema constructivo propio de esa época, es decir, mediante sillares de piedra y mampostería. Estéticamente sigue la tipología neoclásica para edificaciones religiosas, por lo que cuenta con tres naves regulares, altar mayor y presbiterio, además de dos alas auxiliares al fondo. Posee una fachada sencilla, de tres puertas iguales y frontón triangular, rematado apenas con una cruz. Todo el conjunto está flanqueado por dos torres de campanario igualmente construidas de piedra que le brindan cierta esbeltez al edificio.
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Fotografía, Fotopaises.com
En 1943 la estructura fue intervenida por el arquitecto José María Barrantes y embellecida con todo tipo de decorados neobarrocos en estuco y molduras de concreto. Sin embargo, a fines de los años 70 la comunidad determinó devolverle al edificio su austera apariencia original, mediante la remoción de todo lo agregado en aquel momento. El resultado de esta intervención es notable, tanto exterior como interiormente. Además, el templo resalta por estar emplazado en el corazón mismo del centro histórico de la población.
Referencias:
  • ticoindex.com
  • Guía de Arquitectura y Paisaje C.R.

Capitanía de Puntarenas y su muelle

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En 1938, durante la administración de León Cortés, fue construida la actual capitanía; donde se administraba la importación y exportación. Con un estilo colonial, se encuentra junto a la entrada del muelle. Tanto en el pasado, como en el presente, este sitio alberga empleados gubernamentales de diferentes instituciones como del Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico y en la actualidad a funcionarios del área de turismo y seguridad pública. Seguir leyendo Capitanía de Puntarenas y su muelle

Iglesia de Esparza, Puntarenas

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La primera ermita de Esparza data de 1574, así como el Convento de San Lorenzo, cuyo primer cura fue fray Diego de Guillón; en 1576 fue erigida en Parroquia, dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria; actualmente sufragánea de la Diócesis de Puntarenas, de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica.

Hermosa vista del Templo Parroquial de la Ciudad Primada del Espíritu Santo de Esparza, Puntarenas, Costa Rica.

 

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Fotografía Sicultura

Fotografías de Maritza Cartín

 

La Ciudad del Espíritu Santo de Esparza fue fundada en el Valle de Coyoche, en el año 1574.

En el año 1676, tenía población de 100 habitantes, según documentos de la época.

En 1686, los piratas ingleses, al mando de Cook saquearon la ciudad, obligando a sus habitantes a retirarse hacia el interior del país. Años más tarde, fue nuevamente saqueada por el pirata Morgan y sus bucaneros.

En 1693, el entonces gobernador, don Manuel Bustamante y Rivero, reunió a los habitantes del Valle que se encontraban dispersos y les obligó a construir casas y formar una ciudad en el sitio que hoy ocupa Esparza.

En 1718, don Diego de La Haya Fernández, Gobernador de nuestro país, en documento para la historia, describió a la ciudad en los siguientes términos:

“Se compone de una iglesia de horcones, paredes de barro, cubierta con teja. Un Convento de San Francisco hecho del mismo material. Catorce casas de familias españolas y algunas gentes sencillas y pobres”.

La Historia y la leyenda se confunden en Esparza, uno de los pueblos de mayor edad en nuestro país. Es así como han ido surgiendo algunas leyendas como la de “La Campana de Oro”, que hace referencia a una campana robada por el pirata Morgan, o la leyenda de “La Quebrada del Cura”.

  

Referencias:

  • Información brindada por Roberto Pereira, Forcos
  • Fotografías de Internet.

Y aquello era una fiesta!

Cualquiera que haya hecho ese viaje a bordo del tren al Atlántico, más conocido bajo el seudónimo de “El Pachuco” (para los ferrocarrileros el Nº 101), concordarán en que hablo de una experiencia inolvidable, llena de colorido y folclor.

Por que no solo un medio tranquilo y oportuno de transporte, no, con él llegaba la vida a los pueblos.

La gente usaba su mejor traje (el de “dominguera” que llamaban) para viajar e incluso salir a verlo pasar. Desde muy temprano se levantaba a los chiquillos, se les daba el desayuno, que por lo general era “burrita” con huevo frito, tal vez plátano o banano, la cosa era que quedara lleno, para que no quedara pidiendo “cochinadas de camino”, después se le vestía y peinaba con bastante “glostora” para controlarle el pelo rebelde, no sin antes sermonearlo o advertirle, so pena de un cosco, que cuidara de no ensuciarse, ni andarse “encaramando” en todo lado, ni andar pidiendo porque “no se anda plata” y mucho menos ponerse a jugar en el coche, en síntesis: “Va a andar sosega’o”. Una vez amonestado, se sacaba al “querubín” a mirar aquel pueblo ambulante entre los coches azules.

Ya desde que los vecinos lo veían a uno “catrineado” le soltaban la pregunta “Aja vecina ¿vade paseo? Y casi siempre la respuesta era menos emotiva: “No que va, mandaditos”.

En cada estación era lo mismo, ir y venir de gentes (y “gentecillas”) apuradas para tomar el tren o para recibir algo o alguien. No faltaban las tristes despedidas también, tal vez del hijo que dejaba el terruño para estudiar o trabajar allá en “la capital”, o enamorados que por una u otra razón se alejaban con un beso en la grada del balcón y una lágrima. Los solitarios, aburridos miraban, quizá con nostalgia, por las grandes ventanas todo aquel movimiento.

Una de las estaciones más bellas y dinámicas, era la de Siquirres, “la ventana del Caribe”, para los capitalinos.

Allí siempre estaban sus negros hablando a voz fuerte en inglés, mientras cargaban cacao en los vagones, siempre audibles entre el ruidoso gentío, los grotescos escapes del tren al detenerse y la campanilla de patio que encendía la locomotora.

Otros, que sabían hacerse oír, eran sus comerciantes de alimentos tradicionales, quienes con ingeniosos estribillos publicitarios captaban la atención. ¿Quién no recuerda a una señora bajita y gorda, con un delantal blanco y limpio que se paseaba con una enorme palangana de aluminio gritando: “pescado, bofe chicharrones”? ¿O aquel negro corpulento de caminar ligero que vendía  (y aún vende) “pati” cerrando sus frases con un silbido fuerte y rítmico? Si, ese que decía “llévelo, rico, caliente el pati de Lay”. Silbaba y volvía con: “pruébelo, delicioso con chile, pati de Lay”.

Igual podríamos memorar a la negra que con una tina grande sobre la cabeza a la usanza africana, ofrecía “pan_bon y cocadas”, al negro flaco que traía cajetas de coco sobre las hojas de naranjo y melcochitas blancas con franjas rojas, al popular “Boli” (diminutivo de Bolívar) quien se ganaba la vida con sus deliciosos copos y granizados, entre otros que aprovechaban los minutos que permanecía el tren para no solo hacer  sus “centavitos”, sino también culturizar con sus platillos a los viajeros, que ya esperaban esa cálida bienvenida de aquel pueblo alegre, que con cariño nombraban “La Siquiera”.

Muy lamentablemente “El Pachuco” ya no recorre las venas de hierro de la provincia. Su pito lejano que encendía la algarabía se ahogó entre excusas burocráticas y provecho de algunos pocos, para “consuelo de tontos”.

Más su inmenso legado y bellos recuerdos, esos no nos abandonarán nunca.

 Referencias:

  • Cuentos y leyendas, anécdotas e historias de Vida. Provincia de Limón, editado por Yanory Álvarez Masís, del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, Certamen de Tradiciones Costarricenses, 2008